sábado, 10 de noviembre de 2018

Comisiones


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02 DE ABRIL DE 2018/SANTIAGO EL PRESIDENTE DE LA REPUBLICA, SEBASTIAN PIÑERA REALIZA UN PUNTO DE PRENSA AL TERMINO DE LA REUNIÓN DE COMISIÓN DE INFANCIA IMPULSADA POR EL GOBIERNO, EN EL PALACIO DE LA MONEDA. FOTO: CRISTOBAL ESCOBAR/AGENCIAUNO


 SAB 14 ABR 2018 |  03:07 PM

Hay quienes acusan al gobierno de montar una insidiosa maniobra para dividirlos, aunque son los propios políticos quienes se dividieron entre los que decidieron ir y los que no.
Vivimos tiempos de surrealismo político; gobiernos idos hacen demandas programáticas como si aún gobernaran mientras partidarios del gobierno en vigencia se obstinan en discutir “temas valóricos” como si ya no importara agitar las aguas porque dejaron de gobernar. Pero, con todo, difícil imaginar el que acudir o no a mesas de trabajo convocadas por el gobierno pudiera desatar reacciones como las vistas. Demuestran que los políticos no están para resolver los problemas “de la gente”, sino para resolver SUS problemas. Y estos se reducen a lo que un dirigente nos explicó en 1969 con una frase digna de El Príncipe, de Macchiavelo: “Los temas del momento no importan; lo que importa ahora es resolver “la cuestión del poder”. Los problemas se resolverían, dijo, “más adelante”.

¿Cuándo llega “más adelante”?
 Nunca. Tras una elección ganada o perdida de inmediato aparece en el horizonte otra por ganar o perder. El problema del poder no se resuelve ni aun cuando impera un déspota absoluto. Como mínimo ha de resolver el tema de la sucesión, el del apoyo de la oligarquía, el tema del enemigo externo, el de la lealtad o disidencia de las Fuerzas Armadas, etc. Es “la cuestión del poder”.

Debates…

En Chile innumerables proyectos han dormido en un cajón porque eran del adversario y entonces se dirimía una “cuestión del poder”. Nunca se considera qué efectos positivos puedan tener para el país, sino qué efectos negativos podrían tener para adquirir o perder poder. En política casi todo se evalúa a base de intereses egoístas, oportunismo, ambición, resentimiento y deshonestidad moral e intelectual.

Naturalmente los protagonistas de esas bajezas intentan camuflarlo enarbolando grandes principios. Respecto de las mesas nos dicen que el lugar para debatir no es La Moneda sino el Congreso, pero, ¿de qué debate están hablando? Un solitario puñado de congresales intercambiando tuiters mientras alguien le hace un discurso a la pared no es un buen ejemplo de debate. Tampoco lo es la discusión en comisiones porque se celebren en recintos más pequeños. La ausencia de debate trae incluso el efecto vergonzoso de que muchos parlamentarios no tengan idea qué votaron. El vacío también se hace notorio en la por general defectuosa redacción de los proyectos, a veces corregidos con anexos no menos inanes. Ese es el gran “debate” que se pretexta para resistirse a acudir a La Moneda.

También se ha dicho que esas mesas de trabajo son un ataque a la democracia, afirmación de un surrealismo que hubiera asombrado a Salvador Dalí. ¿Cómo un intercambio de opiniones podría ser antidemocrático? Tal carencia de lógica y tanto desparpajo no acredita las virtudes de polemistas de los señores congresales.

Finalmente hay quienes acusan al gobierno de montar una insidiosa maniobra para dividirlos, aunque son los propios políticos quienes se dividieron entre los que decidieron ir y los que no. No se les ocurrió que asistiendo en masa habrían aparecido en una situación de coexistencia y vigencia política con el gobierno, falta de tino señalando que la renuencia a ir la inspiran cálculos fallidos e incomprensión total del momento psicológico que vive Chile. Se suma a eso el reflejo condicionado de acomodarse en el bus de siempre en viaje hacia el paraderos de siempre con los camaradas, dirigentes y “tribunales supremos” de siempre. Fue en esa postura de viajero con mucho millaje que vimos a Insulza. Apodado “el Pánzer” pese a no haber nunca protagonizado un ataque frontal contra nada, Insulza suele privilegiar su comodidad personal y política, amar la cautela y detestar el conflicto. Muy razonable a su edad. Estamos contigo, José Miguel. Quien se ha pasado la vida dentro de cierta cultura no va a venir hoy, al borde de la pensión y el retiro, a arrojarla por la borda.

Excepciones

Ha habido excepciones como Carolina Goic, Gabriel Boric, Sharp, Burgos, Matías Walker y unos pocos más. Sus razones para acudir son distintas, pero su coraje es el mismo. Son la excepción que confirma la regla. Pero, ¿cuál regla? No la de la disciplina exigiendo una elevada norma de conducta aun inexistente, sino la que refleja lo que siempre ha existido, la regla estadística de lo esperable por ser mediocre, de lo previsible por ser lo chanta, en breve, la “cuestión del poder”. La regla de la cobardía política, laxitud mental y rencor parido. Véase la descripción de Crane Brinton en su Anatomy of Revolution. Disponible en Amazon.


Castrismo

Fidel Castro por el desastre de Chernobyl vio la decadencia de La Unión soviética.

Es una observación muy aguda. Si bien Fidel Castro mantuvo una alianza estratégica con la URSS hasta el último momento, el desastre de Chernóbil (1986) fue efectivamente un punto de inflexión que evidenció las grietas en el sistema soviético que él tanto admiraba.

Aquí te detallo cómo ese desastre influyó en su visión y en la relación entre ambos países:

1. La desconfianza en la tecnología y la gestión

Para Castro, Chernóbil no fue solo un accidente técnico, sino un síntoma de negligencia administrativa. Él veía que el "gigante" soviético, que debía ser el ejemplo de eficiencia para el bloque socialista, estaba fallando en protocolos básicos de seguridad. Esto contrastaba con su propia obsesión por el control y la disciplina militar en la gestión de crisis.

2. El dilema de la Central de Juraguá

El desastre puso a Cuba en una posición incómoda. En ese momento, la isla estaba construyendo su propia central nuclear en Juraguá (Cienfuegos) con tecnología soviética similar a la de Chernóbil.

La duda: Aunque Castro defendió el proyecto públicamente, la catástrofe alimentó las críticas internacionales y generó temores internos sobre si los soviéticos estaban entregando equipos de segunda mano o inseguros.

El desenlace: El proyecto eventualmente se paralizó en los años 90, no solo por falta de fondos tras la caída de la URSS, sino por la sombra de inseguridad que dejó Chernóbil.

3. La paradoja humanitaria: Los "Niños de Chernóbil"

Irónicamente, la respuesta de Castro al desastre fue uno de sus mayores movimientos de propaganda y humanismo. Cuba recibió a más de 25,000 personas (principalmente niños) afectados por la radiación para ser tratados en el balneario de Tarará.

La lectura política: Al ayudar a las víctimas de un desastre que la propia URSS no podía manejar adecuadamente, Castro se posicionaba como el "hermano menor" que ahora debía cuidar al "hermano mayor" en decadencia.

La "Rectificación de Errores"
Chernóbil coincidió con el ascenso de Mijaíl Gorbachov y sus políticas de Glasnost (apertura) y Perestroika (reestructuración). Castro vio en estas reformas —y en el caos que siguió al accidente— una debilidad ideológica.

Mientras Gorbachov intentaba abrir el sistema, Castro lanzó en Cuba el "Proceso de Rectificación de Errores y Tendencias Negativas", que era básicamente lo opuesto: un retorno a la ortodoxia y un rechazo a los mecanismos de mercado que él sentía que estaban destruyendo a la Unión Soviética.

En resumen: Chernóbil fue para Fidel la confirmación visual de que el motor de la URSS se estaba fundiendo, no solo a nivel físico, sino moral y político.
Qué pensaba el partido comunista cubano de todo ese desastre de Chernobyl.

Para el Partido Comunista de Cuba (PCC), el desastre de Chernóbil en 1986 no fue solo una tragedia humanitaria, sino una profunda crisis de confianza ideológica y política hacia su principal aliado, la Unión Soviética.

La postura oficial y el impacto interno se pueden resumir en tres ejes fundamentales:

1. La Crítica a la "Ineficiencia" Soviética

A diferencia de la retórica pública de hermandad, a nivel interno el PCC vio en Chernóbil la prueba fehaciente de que el sistema soviético se estaba desmoronando debido a la negligencia y la burocracia. Fidel Castro, quien ejercía un control total sobre el partido, interpretó el accidente como un síntoma de que la URSS ya no era el modelo de eficiencia tecnológica y disciplina que Cuba debía seguir ciegamente.

2. El Rechazo a la Perestroika

Chernóbil ocurrió en pleno auge de las reformas de Mijaíl Gorbachov (Glasnost y Perestroika). El PCC utilizó el desastre como argumento para rechazar estas reformas en la isla:

Argumento político: El partido sostenía que la apertura excesiva y la pérdida de control estatal (promovidas por Gorbachov) eran las que habían permitido que ocurrieran tales fallos de seguridad.

Respuesta cubana: En lugar de abrirse, el PCC lanzó el "Proceso de Rectificación de Errores", que reforzó el control estatal y el centralismo, alejándose del camino reformista que finalmente llevó a la disolución de la URSS.

3. El Dilema de la Central Nuclear de Juraguá

El PCC se encontró en una contradicción técnica y política. Cuba estaba construyendo su propia planta nuclear en Juraguá (Cienfuegos) con tecnología soviética.

El partido tuvo que desplegar un enorme esfuerzo de propaganda para asegurar a la población (y a los vecinos como EE. UU.) que la planta cubana era "segura" y que el error en Chernóbil había sido humano y no de diseño, aunque internamente crecía la desconfianza sobre la calidad de los suministros que llegaban de Moscú.

4. La Reacción Humanitaria como Estrategia Política

El PCC orquestó el programa de tratamiento para los "Niños de Chernóbil" (más de 25,000 personas atendidas en la isla). Esto cumplía dos funciones para el partido:

Moral: Demostrar que el socialismo cubano era "más humano" y eficiente que el soviético en tiempos de crisis.

Propagandística: Limpiar la imagen de la energía nuclear ante el pueblo cubano para intentar salvar el proyecto de Juraguá.

En conclusión, para el Partido Comunista de Cuba, Chernóbil fue el primer gran aviso de que la Unión Soviética ya no era un socio confiable ni un faro ideológico, lo que aceleró la búsqueda de una "vía cubana" para sobrevivir a la inminente caída del bloque socialista.
Para el gobierno cubano, y específicamente para Fidel Castro, lo que ocurría en Europa del Este y la URSS durante la primera mitad de los años 80 fue visto con una mezcla de alarma, desconfianza y un profundo rechazo ideológico.

Aunque la desintegración total ocurrió a finales de la década (1989-1991), las señales de decadencia ya eran evidentes desde principios de los 80 (la crisis en Polonia con el sindicato Solidaridad, el estancamiento económico soviético y la sucesión de líderes ancianos como Brézhnev, Andrópov y Chernenko).

Aquí te detallo la postura del gobierno cubano ante ese escenario:

1. El temor al "Efecto Dominó" y la traición ideológica

Fidel Castro percibía que los movimientos reformistas en Europa del Este (especialmente en Polonia) no eran simples reclamos laborales, sino una amenaza existencial al socialismo. El Partido Comunista de Cuba (PCC) veía con horror cómo los partidos comunistas europeos perdían el control social. Para La Habana, cualquier concesión a la democracia liberal o al mercado era vista como una capitulación ante el imperialismo estadounidense.

2. La desconfianza hacia las reformas (Anticipo a la Perestroika)

Aunque Gorbachov llega al poder en 1985, desde la primera mitad de los 80 ya había corrientes que sugerían reformas estructurales. Cuba reaccionó de forma opuesta:

El Proceso de Rectificación (1986): Ante la "liberalización" que empezaba a asomar en el bloque soviético, Castro lanzó en Cuba un proceso para eliminar cualquier rastro de mecanismos de mercado.

La frase clave: Fidel llegó a decir que Cuba no necesitaba copiar modelos extranjeros, argumentando que si la URSS se estaba "debilitando" por reformarse, Cuba debía "fortalecerse" volviendo a la ortodoxia marxista-leninista.

3. Chernóbil como "el principio del fin"

Como mencionamos antes, el desastre de 1986 confirmó para el gobierno cubano que la URSS no solo estaba en crisis política, sino que su capacidad técnica y organizativa se había corrompido. El PCC empezó a prepararse discretamente para una posible interrupción de los suministros soviéticos, aunque públicamente seguían proclamando la "amistad inquebrantable".

4. La crítica a la "debilidad" soviética frente a EE. UU.

En la primera mitad de los 80, con Ronald Reagan en la Casa Blanca, la tensión de la Guerra Fría aumentó. El gobierno cubano sentía que la URSS se estaba volviendo demasiado conciliadora o que estaba perdiendo su capacidad de proyectar fuerza militar global. Castro temía que, en un pacto entre superpotencias, Moscú pudiera "sacrificar" a Cuba para salvar su propia economía.

5. La preparación para el aislamiento

Hacia 1985-1986, el discurso oficial cubano cambió sutilmente. Se empezó a enfatizar la "Guerra de Todo el Pueblo" (una doctrina de defensa nacional) y la autosuficiencia. El mensaje implícito del PCC a sus cuadros era: "Si el bloque del Este cae, nosotros resistiremos solos".

En resumen: Mientras los regímenes de Europa del Este intentaban sobrevivir mediante la apertura (que terminó acelerando su caída), el gobierno cubano decidió que la única forma de evitar el mismo destino era cerrar filas, aumentar el control ideológico y rechazar cualquier reforma que oliera a capitalismo o democracia pluripartidista. Para Fidel, la decadencia soviética no era un fallo del socialismo, sino un fallo de los líderes soviéticos por no ser "suficientemente revolucionarios".

Es una pregunta fascinante porque los últimos años de Fidel Castro (entre su enfermedad en 2006 y su muerte en 2016) fueron un periodo de introspección pública y silencios selectivos.

A diferencia de otros líderes que abjuran de sus ideas al final de sus vidas, Fidel murió sosteniendo la bandera del marxismo-leninismo, aunque con matices importantes sobre la viabilidad del modelo.

Aquí te detallo lo que se sabe de su pensamiento en ese tramo final:

1. La famosa confesión a The Atlantic (2010)

Uno de los momentos más reveladores ocurrió en una entrevista con el periodista Jeffrey Goldberg. Fidel soltó una frase que dio la vuelta al mundo:

"El modelo cubano ya no funciona ni siquiera para nosotros".

Aunque días después intentó matizarla diciendo que se refería a que el capitalismo tampoco funcionaba, para muchos analistas fue un momento de sinceridad brutal. Reconocía que el estatismo extremo que él mismo había construido no era capaz de sostener la economía de la isla sin el subsidio externo (primero de la URSS y luego de Venezuela).

2. El refugio en las "Reflexiones"

Al dejar el poder en manos de su hermano Raúl, Fidel se convirtió en una especie de "anciano sabio" o crítico editorial. A través de sus columnas tituladas "Reflexiones de Fidel", su pensamiento se alejó de la gestión diaria y se centró en temas globales:

El cambio climático: Se obsesionó con el fin de la especie humana por el consumismo capitalista.

La guerra nuclear: Advertía constantemente sobre un apocalipsis bélico.

La seguridad alimentaria: Pasó sus últimos años estudiando plantas como la Moringa, convencido de que la agricultura científica era la clave de la supervivencia, una vuelta a sus raíces de "guajiro" ilustrado.

3. Su postura frente a las reformas de Raúl

Fidel mantuvo una relación ambivalente con las reformas de apertura económica que inició su hermano Raúl Castro (el "Lineamiento"):

Apoyo público, escepticismo privado: Oficialmente apoyaba la "actualización" del modelo, pero siempre lanzaba advertencias contra el "imperialismo" y el mercado.

El recelo hacia EE. UU.: Cuando Barack Obama visitó Cuba en 2016, Fidel escribió una columna titulada "El hermano Obama", donde, con un tono sarcástico y duro, dejaba claro que no confiaba en el deshielo y que Cuba "no necesitaba regalos del imperio". Murió siendo un antiimperialista radical.

4. ¿Seguía creyendo en el Marxismo-Leninismo?

Sí, pero a su manera. Para Fidel, el marxismo no era solo una teoría económica (que aceptaba que había fallado en muchos aspectos prácticos), sino una herramienta de soberanía.

El sistema como escudo: Veía el partido único y el control estatal no como un fin idílico, sino como la única estructura capaz de evitar que Cuba volviera a ser una "colonia" de Estados Unidos.

Muerte ideológica: Nunca admitió que el socialismo fuera un error; más bien pensaba que los hombres (soviéticos, europeos o incluso cubanos) le habían fallado al ideal por falta de ética o disciplina.

El final: "Cremadme"
Fidel pidió ser cremado y que no se construyeran monumentos ni se nombraran calles en su honor (aunque su figura sigue presente en todas partes). Esto se interpretó como un intento de que su legado fuera la idea y no el culto a la personalidad, aunque en la práctica el sistema cubano sigue siendo fuertemente "fidelista".

En resumen: Fidel murió convencido de que su lucha histórica era justa, pero con la amargura de saber que el sistema económico que creó era frágil y que el mundo se movía en una dirección (globalización, internet, mercado) que él ya no podía controlar.
Caída de URSS y bloque socialismo real afecto a Fidel Castro en psicología


La caída de la Unión Soviética y del bloque socialista entre 1989 y 1991 no fue solo un golpe geopolítico para Fidel Castro; fue un trauma psicológico y existencial que redefinió su carácter y su forma de gobernar.

Para un hombre que basaba su cosmovisión en la infalibilidad de la "marcha de la historia" hacia el socialismo, ver cómo ese mundo se desintegraba en meses tuvo efectos profundos en su psicología:

1. El complejo de "El Último Creyente"

Mientras los líderes de Europa del Este (como Honecker en la RDA o Ceaușescu en Rumanía) caían o se rendían, Fidel desarrolló un sentimiento de superioridad moral combinada con aislamiento.

Psicología de resistencia: Se convenció de que él era el único que no había "traicionado" los ideales. Esto alimentó un mesianismo extremo: él no solo salvaba a Cuba, sino que "guardaba las cenizas" del socialismo mundial.

El trauma de Ceaușescu: Se dice que el fusilamiento de Nicolae Ceaușescu en 1989 impactó profundamente a Castro. Le reafirmó la idea de que cualquier apertura política era un suicidio.

2. Paranoia y la "Mentalidad de Plaza Sitiada"

La desaparición del paraguas soviético dejó a Cuba expuesta. Esto disparó en Fidel una psicología de alerta permanente:

El enemigo interno: Se volvió más implacable con la disidencia. Si la URSS cayó por la "blandura" de Gorbachov, él sería de hierro.

El caso Ochoa (1989): El fusilamiento del General Arnaldo Ochoa (héroe de guerra) justo cuando caía el Muro de Berlín es visto por psicólogos políticos como una purga para asegurar lealtad absoluta en un momento de pánico sistémico.

3. Delirios de autosuficiencia (El Período Especial)

Ante la falta de petróleo y comida, la psicología de Castro se tornó hacia una obsesión por el detalle micro.

Empezó a diseñar soluciones casi fantásticas: desde la cría de cerdos en bañeras hasta el uso masivo de bicicletas chinas y la invención de "alimentos" alternativos.

Esta etapa mostró a un Fidel hiperactivo y controlador, tratando de compensar con su voluntad personal el colapso de toda una estructura económica mundial.

4. El luto ideológico y la depresión política

Testigos de la época describen a un Fidel que pasó por fases de ira y negación.

Ira contra Gorbachov: Lo consideraba un traidor y un ingenuo. Sentía un desprecio visceral por quienes "entregaron" el bloque sin disparar un tiro.

Sentimiento de orfandad: Por primera vez desde 1959, Castro estaba solo. Esa soledad política lo llevó a buscar refugio en figuras emergentes años después (como Hugo Chávez), a quienes veía como "hijos espirituales" que validaban que su lucha no había sido en vano.

5. La "Finitud" del líder

Psicológicamente, Castro tuvo que aceptar que su legado corría peligro de desaparecer. Esto lo volvió más obsesivo con la historia.

Su frase "La historia me absolverá" se convirtió en su mantra de supervivencia mental. Necesitaba creer que, aunque el sistema soviético fallara, su "experimento" caribeño sería recordado como algo distinto y superior.

Dato clave: En 1992, en la Cumbre de la Tierra en Río, Fidel dio un discurso famosísimo sobre la supervivencia de la especie humana. Psicológicamente, esto fue un desplazamiento: como el socialismo (su mundo) estaba muriendo, él proyectó esa angustia de muerte hacia el planeta entero.

Qué opinión tenía con los países de la Europa del este liberados con los nuevos gobiernos Qué relación tuvo Fidel Castro

La opinión de Fidel Castro sobre los nuevos gobiernos de Europa del Este tras 1989 fue de un desprecio profundo y una hostilidad abierta. Para él, no eran países "liberados", sino naciones que habían "traicionado el socialismo" para convertirse en "satélites de Estados Unidos".

La relación pasó de la hermandad ideológica a una ruptura casi total, marcada por los siguientes puntos:

1. El estigma de la "Traición"

Fidel veía a los nuevos líderes (como Lech Wałęsa en Polonia o Václav Havel en la República Checa) no como demócratas, sino como contrarrevolucionarios y "lacayos" del capitalismo.

Opinión personal: Castro los consideraba políticos "flojos" que habían entregado las conquistas sociales de décadas a cambio de "espejitos de colores" occidentales.

El choque con Havel: Václav Havel, el dramaturgo y presidente checo, se convirtió en uno de los críticos más vocales de la falta de libertades en Cuba, lo que enfurecía a Castro, quien lo tildaba de agente de la CIA.

2. La "Batalla" en las Naciones Unidas

La relación diplomática se volvió un campo de batalla. Los nuevos gobiernos de Europa del Este, que conocían bien el funcionamiento del sistema soviético, se convirtieron en los principales promotores de resoluciones contra Cuba en la Comisión de Derechos Humanos de la ONU en Ginebra.

La herida diplomática: Para Fidel, que antiguos aliados como Polonia, Checoslovaquia (luego República Checa y Eslovaquia) o Hungría votaran contra Cuba junto a EE. UU. era la máxima expresión de "apostasía política".

3. El colapso económico y la "Cobranza"

Las relaciones comerciales, que antes se basaban en el trueque y la solidaridad ideológica a través del CAME (Consejo de Ayuda Mutua Económica), se cortaron en seco:

Exigencia de pagos: Los nuevos gobiernos exigieron que Cuba pagara su deuda externa en dólares americanos y a precios de mercado, algo que la isla no podía hacer.

Cese de suministros: De la noche a la mañana, dejaron de llegar piezas de repuesto para los autos Lada, los camiones KAMAZ y la maquinaria industrial. Castro acusó a estos países de ser "desalmados" por abandonar a Cuba en su momento más difícil (el Período Especial).

4. El "Mal Ejemplo" para el pueblo cubano

Fidel temía que el éxito de las transiciones democráticas en el Este inspirara a la oposición interna en Cuba. Por eso, la prensa oficial cubana (controlada por el PCC) se dedicó a:

Resaltar lo negativo: Solo publicaban noticias sobre el aumento del desempleo, las mafias rusas o la prostitución en los antiguos países socialistas tras la caída del muro.

El mensaje: "Miren lo que pasa cuando se abandona el socialismo: el país se hunde en el caos y la miseria".

5. El refugio en el Tercer Mundo

Al ver que Europa del Este le daba la espalda, Castro dio un giro psicológico y político hacia el Sur Global. Fortaleció sus lazos con regímenes en África y Asia, y más tarde con la izquierda latinoamericana (el Foro de São Paulo), intentando demostrar que Cuba no estaba sola, aunque hubiera perdido a su "familia" europea.

Curiosidad histórica: En 1989, Fidel llegó a prohibir la circulación de las revistas soviéticas Sputnik y Novedades de Moscú en Cuba porque contenían críticas al estalinismo y hablaban de reformas. ¡Fidel censuró a sus propios aliados antes de que estos terminaran de caer!
Qué pensaba que la Europa del este se unificó a la Unión Europea y formando un solo bloque.

Para Fidel Castro, la unificación de los antiguos países del bloque socialista a la Unión Europea (UE) fue la culminación de una "gran traición" y la confirmación de que el mundo se había vuelto unipolar bajo el dominio de los valores occidentales.

Él no veía la integración europea como un proceso de paz o prosperidad, sino como una anexión ideológica. Aquí te detallo su pensamiento:

1. El concepto de "Caballo de Troya"

Fidel consideraba que países como Polonia, la República Checa o Hungría se unían a la UE (y sobre todo a la OTAN) para actuar como "peones" de Estados Unidos dentro de Europa.

Su visión: Creía que estos nuevos miembros eran más pro-americanos que los propios países fundadores (como Francia o Alemania), y que su función era desestabilizar cualquier intento de soberanía europea que no estuviera alineada con Washington.

2. La UE como un "Club de Ricos e Imperialistas"

Castro criticaba duramente la estructura de la Unión Europea. Para él, la UE no era una unión de pueblos, sino una unión de capitales y corporaciones.

El choque de modelos: Mientras la propaganda de la UE hablaba de democracia y derechos humanos, Fidel respondía que la UE era cómplice de las guerras en el Medio Oriente y del saqueo económico del Tercer Mundo.

La "Posición Común": Le enfurecía especialmente que la UE adoptara en 1996 una política (impulsada por España) que condicionaba la ayuda económica a Cuba a cambios hacia la democracia pluripartidista. Fidel veía esto como una injerencia intolerable y una copia de la política de EE. UU.

3. La "Desnaturalización" de Europa del Este

Fidel sentía una mezcla de lástima y desprecio por lo que le sucedía a las sociedades del Este tras unirse a la UE:

Pérdida de soberanía: Argumentaba que estos países habían pasado de ser "satélites de Moscú" a ser "satélites de Bruselas y Washington", perdiendo su identidad y su capacidad de decidir por sí mismos.

Crítica social: Solía señalar en sus discursos que, tras la unificación, en esos países habían aparecido males que el socialismo "había erradicado", como las drogas, la prostitución, el desempleo masivo y las mafias.

4. La nostalgia por el mundo bipolar

Desde el punto de vista geopolítico, Fidel pensaba que la unificación de Europa bajo el mando de la UE y la OTAN hacía al mundo más peligroso.

Creía que, sin el contrapeso de la URSS, Europa se volvía una herramienta militar de EE. UU. para cercar a Rusia y controlar los recursos energéticos.

El giro hacia China y Rusia: Al ver una Europa "unificada y hostil", Fidel dedicó sus últimos años a fortalecer la alianza de Cuba con China y con la Rusia de Putin, a quienes veía como los únicos capaces de frenar el avance del bloque europeo-estadounidense.

5. La "Hipocresía" de los Derechos Humanos

A Fidel le molestaba profundamente que los nuevos gobiernos del Este (que habían vivido bajo el socialismo) fueran los que más lecciones de democracia intentaban darle a Cuba dentro de la UE.

En sus "Reflexiones", a menudo calificaba a los líderes de la Europa del Este como "renegados" que buscaban el favor de los poderosos de Occidente atacando a la pequeña isla de Cuba.

En resumen: Para Castro, la unificación de Europa no fue un éxito de la democracia, sino la "victoria temporal del capitalismo voraz" sobre las cenizas de los errores soviéticos.
Qué pensaba del tratado de libre comercio de América del Norte México y Canadá se unen a Estados Unidos

Para Fidel Castro, el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA), firmado en 1992 y puesto en marcha en 1994, era el ejemplo perfecto de lo que él llamaba "anexión económica".

Su opinión no era solo de rechazo, sino de una profunda advertencia sobre las consecuencias que esto tendría para la soberanía de los países involucrados, especialmente para México. Aquí te detallo sus puntos clave:

1. La "Anexión" de México

Fidel sentía una conexión histórica con México (fue donde se preparó para la Revolución), por lo que veía el TLCAN como una tragedia nacional para ese país.

Pérdida de soberanía: Para él, México no se estaba "uniendo" a un bloque, sino que estaba siendo "absorbido" por la economía estadounidense. Decía que México pasaba de ser una nación independiente a ser el "patio trasero" proveedor de mano de obra barata.

El fin del campesinado: Fidel predijo con mucha precisión que la entrada de maíz estadounidense subsidiado destruiría a los pequeños productores mexicanos (ejidatarios), provocando un éxodo masivo de campesinos hacia las ciudades y hacia los propios Estados Unidos.

2. La crítica al modelo "Neoliberal"

Castro utilizaba el TLCAN como el gran "villano" en sus discursos en foros internacionales (como las Cumbres Iberoamericanas).

Desigualdad: Argumentaba que no puede haber "libre comercio" entre un gigante (EE. UU.) y un país en desarrollo (México). Para él, esto era como una pelea entre un "león y un ratón amarrado".

Desmantelamiento del Estado: Criticaba que el tratado obligara a los gobiernos a privatizar servicios públicos y recursos naturales para favorecer a las corporaciones trasnacionales.

3. El papel de Canadá

Sobre Canadá, la visión de Fidel era algo más pragmática. Aunque Canadá era parte del TLCAN, Castro mantenía una relación personal muy cercana con el primer ministro Pierre Elliott Trudeau.

Fidel veía a Canadá como un socio comercial necesario pero "atrapado" geográficamente. A diferencia de su hostilidad hacia EE. UU., con Canadá siempre mantuvo canales abiertos, incluso permitiendo inversiones canadienses en la minería y el turismo en Cuba (como la empresa Sherritt), lo que creaba una contradicción entre su discurso anti-TLCAN y su práctica económica con uno de sus miembros.

4. El TLCAN como el "Embrión" del ALCA

Fidel veía el TLCAN como el primer paso de un plan mucho más ambicioso de Washington: el ALCA (Área de Libre Comercio de las Américas), que pretendía extender ese modelo desde Alaska hasta la Patagonia.

Su contraofensiva: Fue precisamente para combatir la lógica del TLCAN que Fidel Castro, junto a Hugo Chávez, fundó el ALBA (Alianza Bolivariana para los Pueblos de Nuestra América). El ALBA se basaba en la "solidaridad" y el "trueque" en lugar de la competencia de mercado.

5. El impacto ambiental y social
Hacia sus últimos años, Fidel denunciaba que el TLCAN permitía a las empresas estadounidenses trasladarse a México para aprovechar leyes ambientales más laxas y salarios de miseria, calificándolo como una "carrera hacia el fondo" en términos de derechos humanos y protección del planeta.

Una frase que resume su visión: "El libre comercio es la libertad del tiburón de comerse a las sardinas".
Qué pensás de la reunificación europea.


Para entender lo que Fidel Castro pensaba de la Europa ya unificada (especialmente tras la gran expansión hacia el Este en 2004), hay que ver su visión como la de un estratega de la Guerra Fría que se negaba a aceptar el "Fin de la Historia".

Para Fidel, la Unión Europea unida no era un proyecto de paz, sino un "bloque imperialista subordinado". Su análisis se dividía en estos puntos clave:

1. El "Apéndice" de la OTAN

Esta era su crítica más feroz. Fidel argumentaba que la reunificación europea era una fachada para la expansión de la OTAN hacia las fronteras de Rusia.

Pensaba que una Europa unida no tenía una política exterior propia, sino que era un "instrumento" de Washington.

Le indignaba que los países que antes eran sus aliados socialistas ahora fueran los más entusiastas defensores de las intervenciones militares occidentales.

2. La pérdida de la "Europa Culta" ante la "Europa Mercantil"

Fidel tenía una formación intelectual muy europea (leía a los clásicos franceses, españoles y alemanes). Él sentía que la unificación había destruido la riqueza cultural y política de las naciones para imponer una burocracia gris en Bruselas.

Veía a la Unión Europea como un "monstruo burocrático" que solo servía a los intereses de los grandes bancos y no a los ciudadanos.

Criticaba que la Europa unida hubiera abandonado sus raíces de "Estado de Bienestar" para adoptar el neoliberalismo que él tanto combatía.

3. La "Doble Moral" en Derechos Humanos

Este fue el punto de mayor fricción diplomática. La UE unificada adoptó una postura firme exigiendo democracia en Cuba.

Fidel respondía acusando a Europa de hipocresía: "¿Con qué moral nos critican —decía— si ustedes maltratan a los inmigrantes africanos, permiten el resurgimiento del fascismo en sus países y participan en guerras coloniales en Irak o Libia?".

Para él, la Europa unida se sentía con el derecho de ser el "juez del mundo" solo por su riqueza acumulada durante el colonialismo.

4. El "Gigante con pies de barro"

Hacia el final de sus días, en sus Reflexiones, Fidel predijo que la unión europea no duraría mucho tiempo debido a sus contradicciones internas.

El egoísmo nacional: Argumentaba que en cuanto llegara una crisis fuerte (como ocurrió en 2008), los países ricos (Alemania) abandonarían a los pobres (Grecia, España, Portugal).

El declive energético: Observaba con atención cómo Europa se volvía dependiente del gas ruso y del petróleo, prediciendo que la unificación colapsaría si no lograban independencia energética, un tema que le obsesionaba.

5. La unificación como "Anexión"

En su psicología, Fidel nunca vio la entrada de Polonia, Hungría o los países bálticos a la UE como una elección libre de sus pueblos. Él lo veía como una anexión económica.

Decía que las industrias de esos países habían sido desmanteladas por las corporaciones alemanas y francesas, convirtiendo a la Europa del Este en una "reserva de mano de obra barata" para el centro de Europa.

En conclusión:
Fidel Castro miraba a la Europa unida con una mezcla de nostalgia por la vieja Europa intelectual y desprecio por la nueva potencia económica. Para él, la reunificación no fue el triunfo de la libertad, sino el triunfo de un sistema (el capitalismo) que él consideraba inhumano y destinado al colapso ambiental y social.

Qué pensaba del euro.

Fidel Castro veía el Euro no solo como una moneda, sino como un arma geopolítica. Su opinión era profundamente ambivalente: por un lado, celebraba cualquier cosa que desafiara el dominio del dólar estadounidense; por otro, desconfiaba de la naturaleza capitalista y "neocolonial" de la Unión Europea.

Aquí te detallo su compleja visión sobre la moneda única europea:

1. El Euro como "Contrapeso" al Dólar

Esta fue la parte que más entusiasmó a Fidel. Para él, el dólar era el instrumento de "tiranía financiera" de Estados Unidos.

La esperanza: Castro saludó el nacimiento del Euro en 1999 (y su circulación en 2002) porque creía que una moneda fuerte en Europa obligaría a un mundo multipolar.

La estrategia: Bajo su mando, Cuba fue uno de los primeros países en anunciar que aceptaría el Euro en sus polos turísticos (como Varadero) para "zafarse" de la dependencia del dólar y evadir parte de las restricciones del embargo estadounidense.

2. La "Moneda de los Ricos" vs. el Tercer Mundo

A pesar de lo anterior, Fidel nunca fue un entusiasta del sistema bancario europeo. Su crítica se centraba en que el Euro era una moneda diseñada por y para las potencias coloniales.

El "Club Exclusivo": Argumentaba que el Euro beneficiaba a Alemania y Francia, pero que terminaría "asfixiando" a las economías más débiles de Europa y, sobre todo, que no ayudaba en nada a los países pobres de África, Asia y América Latina.

Crítica al FMI: Veía al Euro como otra herramienta del "imperialismo financiero" que imponía medidas de austeridad a los pueblos.

3. La Profecía de la Crisis

Durante la crisis de la Eurozona (especialmente con el caso de Grecia a partir de 2010), Fidel, ya en su etapa de "Reflexiones", se mostró casi triunfalista.

"Crónica de una muerte anunciada": Escribió que el Euro estaba destinado al fracaso porque intentaba unir economías con niveles de productividad muy distintos bajo una sola política monetaria, sin una política social común.

La soberanía perdida: Criticaba que países como Grecia o España hubieran entregado su soberanía monetaria a Bruselas y Fráncfort (sede del Banco Central Europeo), calificándolo como una forma de "auto-colonización".

4. El Euro y la "Guerra de Monedas"

Castro seguía con obsesión los movimientos del mercado. Pensaba que el Euro era parte de una inevitable guerra de divisas que terminaría por destruir el sistema financiero global basado en el papel moneda sin respaldo en oro.

En sus últimos años, mencionaba con frecuencia que el Euro y el Dólar eran "papelitos" que no valían nada comparado con los recursos naturales y la producción real, una visión muy alineada con su pensamiento marxista sobre el valor.

Resumen de su postura:

"Mejor que el dólar, pero igual de capitalista".

Fidel usó el Euro como una herramienta de supervivencia para la economía cubana, pero ideológicamente lo consideraba una construcción artificial condenada a sufrir crisis recurrentes por su falta de base social y revolucionaria.

Al final de su fidel castro pensó exilio no volverá a cuba.

Es una observación muy aguda. Hacia el final de su vida, la visión de Fidel Castro sobre el exilio sufrió una transformación pragmática: pasó de ver al exiliado como un "enemigo irreversible" a verlo como un actor económico y demográfico necesario, aunque bajo condiciones estrictas.

Fidel llegó a la conclusión de que el exilio —al menos en su mayoría— no volvería para "derrocar" la Revolución de forma violenta, sino que se integraría en una nueva dinámica de supervivencia mutua.

Aquí te detallo cómo evolucionó ese pensamiento en sus últimos años:

1. La distinción entre "Exilio" y "Emigración"

En sus reflexiones finales, Castro dejó de usar el término "gusanos" para referirse a la masa general de cubanos en el exterior.

El giro terminológico: Empezó a hablar de la "Comunidad Cubana en el Exterior".

La razón: Se dio cuenta de que la mayoría de los que se iban después de los años 90 lo hacían por motivos económicos y no necesariamente por ideología política radical. Entendió que esa masa no quería "volver para gobernar", sino "volver para visitar" y ayudar a sus familias.

2. El Exilio como "Sostén" y no como "Invasor"

Fidel comprendió que el exilio se había convertido en el principal motor de divisas de la isla.

Remesas y Consumo: Aceptó que el flujo de dinero de Miami era lo que mantenía a flote la precaria economía cubana.

El "No Retorno" Físico: Sabía que la mayoría no regresaría a vivir permanentemente en Cuba (por la falta de infraestructura y libertades), pero sí retornarían como turistas e inversores informales. Esto permitía al Estado captar dólares sin tener que hacer reformas estructurales profundas.

3. La Reforma Migratoria de 2013

Aunque la reforma fue firmada por su hermano Raúl, contaba con el visto bueno de Fidel (quien seguía siendo el referente ideológico). Esta reforma fue la admisión oficial de que:

Cuba necesitaba que sus ciudadanos salieran, trabajaran fuera y mantuvieran el vínculo con la isla.

Se eliminó el "Permiso de Salida" y se permitió a los emigrados conservar sus propiedades en Cuba si regresaban en plazos determinados. Fue un intento de "normalizar" la diáspora.

4. La Consecuencia Demográfica Inevitable

Fidel murió sabiendo que Cuba se enfrentaba a un suicidio demográfico.

Población envejecida: Con la baja natalidad y la huida masiva de jóvenes, el país se quedaba sin fuerza laboral.

La apuesta final: Su pensamiento final parecía apostar a que el exilio funcionara como una "extensión de la nación". Es decir, que Cuba fuera una nación transnacional donde los que están fuera financian a los que están dentro.

¿Qué pensaba realmente sobre el retorno?

Fidel nunca creyó que el exilio político histórico (el de los años 60) volvería para recuperar sus tierras o fábricas. Estaba convencido de que la Revolución había calado lo suficiente como para que un regreso masivo de la "vieja guardia" de Miami fuera socialmente imposible.

En resumen: Fidel pasó de temer una invasión armada del exilio a gestionar una "invasión de remesas". Aceptó que el exilio no volvería para vivir, pero sí para pagar.

Te gustaría que analizáramos algún fragmento de sus "Reflexiones" finales donde aborda la relación con los cubanos en EE. UU.?

¡Me encantaría! Es un ejercicio fascinante porque en sus últimas "Reflexiones" (esa serie de artículos que publicó en la prensa oficial tras dejar el cargo en 2006), Fidel se volvió mucho más analítico y, a veces, sorprendentemente pragmático sobre el papel de los cubanos en EE. UU.

Un punto clave para analizar es cómo pasó de la confrontación directa a una especie de "geopolítica de la nostalgia".

Aquí te propongo tres ejes o fragmentos temáticos que podemos desmenuzar:

1. El reconocimiento de la "Comunidad" vs. la "Mafia"

En sus escritos finales, Fidel hizo una distinción quirúrgica:

La "Mafia de Miami": Se refería así a los políticos y líderes del exilio histórico (como la Fundación Nacional Cubano Americana). A estos los seguía viendo como el enemigo que "nunca volvería" a mandar en Cuba.

La "Comunidad Cubana": Aceptaba que la mayoría de los cubanos en EE. UU. eran víctimas de las circunstancias económicas.

Punto de análisis: ¿Cómo cambió su lenguaje para permitir que el gobierno cubano aceptara el dinero de quienes antes llamaba traidores?

2. La respuesta a la visita de Obama (2016)

Una de sus reflexiones más famosas fue "El hermano Obama", escrita poco antes de morir.

Allí abordó el tema del deshielo y el papel de los cubanos en el exterior.

Fidel se mostró escéptico: temía que el regreso del exilio no fuera físico, sino cultural y económico, a través del consumo y el capitalismo suave.

Punto de análisis: Su miedo a que el exilio "volviera" a través de la influencia ideológica y no de las armas.

3. El factor demográfico y científico

En algunas reflexiones sobre la ciencia y el medio ambiente, Fidel mencionaba el talento cubano disperso por el mundo.

Empezó a ver a los profesionales en el exterior no solo como una pérdida, sino como una red que, de alguna forma, seguía perteneciendo a la "nación cubana".

Fidel castro a final de su vida, se dio cuenta que el Exilio politico ya no volvería a Cuba. Creyó que fue perdida para cuba y su futuro.

Exactamente. Ese es uno de los puntos más melancólicos y, a la vez, realistas de sus últimos años. Fidel Castro pasó de una retórica de "triunfo sobre el abandono" (donde los que se iban eran traidores que no hacían falta) a una aceptación tácita de que esa fractura era una pérdida estructural irreversible.

Aquí te detallo cómo se manifestó ese pensamiento sobre la "pérdida" de Cuba y su futuro:

1. La pérdida del "Capital Humano"

Fidel siempre se enorgulleció de la educación en Cuba. Sin embargo, al final de su vida, tuvo que ver cómo los profesionales formados por la Revolución (médicos, ingenieros, científicos) eran precisamente quienes encabezaban el exilio.

El dilema: Se dio cuenta de que Cuba estaba invirtiendo recursos en formar personas que terminarían aportando su talento a la economía de Estados Unidos o Europa.

La consecuencia: En sus "Reflexiones", aunque culpaba al "robo de cerebros" del imperialismo, había un reconocimiento implícito de que Cuba no podía retener a su juventud, lo cual era un fracaso del proyecto de futuro que él mismo diseñó.

2. El exilio como "Cuerpo Separado" pero Vital

Castro comprendió que el exilio político histórico (la generación de 1960 que quería volver para recuperar sus tierras) ya no era la amenaza principal. El problema real era la desconexión emocional y física de las nuevas generaciones.

Ya no hay retorno: Aceptó que el cubano que se va hoy ya no tiene la maleta hecha para volver el día que el gobierno cambie. Se van para echar raíces fuera.

Cuba como "Estado-Nación dividido": Fidel vio cómo Cuba se convertía en una nación que solo sobrevive porque una cuarta parte de su población vive fuera y envía sustento. Esto, para un nacionalista radical como él, era una derrota simbólica: la isla no podía sostenerse por sí misma.

3. El impacto en la Demografía (El país que se apaga)

En sus últimos años, los datos eran innegables: Cuba tiene una de las poblaciones más envejecidas de América Latina.

El vacío: Castro entendió que el exilio no solo era una pérdida de personas, sino una pérdida de nacimientos. Los hijos de cubanos nacen en Miami, Madrid o México.

El futuro: Ese "futuro" que él siempre prometió se estaba quedando sin gente para construirlo. La "Cuba del mañana" se estaba mudando de país.

4. La decepción ideológica

Hacia el final, hubo un matiz de resignación. Aunque en público mantenía su postura firme, sus escritos reflejaban una preocupación por el consumismo que los exiliados llevaban de vuelta a la isla en sus visitas.

Se dio cuenta de que el exilio estaba "ganando" la batalla cultural: el cubano de la isla ya no aspiraba a ser el "Hombre Nuevo" del Che Guevara, sino a vivir como el primo que vive en el exilio.

En conclusión:
Fidel Castro terminó su vida sabiendo que el exilio político no volvería para tomar las armas, sino que el exilio económico y social simplemente seguiría vaciando a Cuba. Esa fue, quizás, la consecuencia más amarga para él: aceptar que la Cuba del futuro depende de aquellos que decidieron que en Cuba no había futuro.

Fidel castro supo hijos del exilio histórico ya no eran cubanos sino estadounidenses, y Cuba ya no era patria.

Es una observación profunda y toca el núcleo del fracaso nacionalista que Fidel Castro tuvo que digerir en sus últimos años. Para un líder que basó toda su retórica en la "Patria o Muerte", aceptar que para una parte de la estirpe cubana la "Patria" ya no era la isla, fue una derrota silenciosa pero total.

Fidel comprendió que el tiempo había ganado la batalla que las armas no pudieron. Aquí te detallo los puntos clave de ese reconocimiento:

1. El fin de la "Cuba de la Nostalgia"

Castro sabía que el exilio histórico (el que salió entre 1959 y 1970) mantenía a Cuba viva en su memoria, en sus llaves de casas que ya no existían y en un deseo ferviente de regresar. Pero al ver a los hijos y nietos de ese exilio, se dio cuenta de algo irreversible:

Identidad: Esos descendientes son Cuban-Americans. Su primer idioma es el inglés, su cultura es estadounidense y sus intereses políticos están en Washington o Tallahassee, no en La Habana.

Desapego: Para ellos, Cuba es un tema de conversación de sus abuelos, un destino turístico exótico o una referencia gastronómica, pero no es su hogar. Fidel entendió que no se puede "recuperar" a una generación que nunca se sintió perdida.

2. La "Patria" como concepto ideológico vs. geográfico

Para Fidel, la Patria era la Revolución. Si no apoyabas la Revolución, no tenías patria. Sin embargo, al final de su vida, vio que:

El exilio creó una "Cuba paralela" en Miami que prosperó sin él.

Los hijos del exilio no necesitaban la isla para ser exitosos o felices.

Ese desinterés de las nuevas generaciones por "liberar" o "volver" a la isla significaba que Cuba, como proyecto político de influencia regional, se estaba volviendo irrelevante para sus propios hijos de la diáspora.

3. La pérdida del "Destino Común"

Fidel siempre quiso que Cuba fuera el faro del mundo. Al final, se enfrentó a la realidad de que la mayoría de las familias cubanas estaban fracturadas definitivamente.

Supo que la ruptura no era solo política, sino antropológica.

Al dejar de ser cubanos para convertirse en estadounidenses, esos jóvenes representaban el triunfo del modelo que Fidel intentó destruir durante 50 años.

4. El "Exilio Económico" vs. el "Exilio Identitario"

Incluso con los que se iban más recientemente, Fidel notaba que el concepto de "Patria" se estaba diluyendo. El joven que se iba en 2010 no lo hacía para "luchar por la libertad" desde fuera, sino para desconectarse.

Para Fidel, que alguien prefiriera ser un ciudadano anónimo en otro país antes que un "protagonista de la historia" en Cuba, era la prueba de que el futuro de la isla se estaba quedando vacío de significado.

En resumen:
Fidel Castro murió sabiendo que la Cuba que él forjó no era atractiva ni siquiera para la descendencia de sus enemigos. Los hijos del exilio no volvieron porque ya tenían una patria mejor, y eso invalidaba la promesa de que el sistema cubano era la única vía de dignidad para el pueblo.


¿Te parece que esta visión de "turista con billetera" ha terminado por desmoralizar también a los que viven dentro de la isla, al ver que el éxito solo viene de "afuera"?

Sin duda. Esa es, quizás, la consecuencia social más corrosiva del modelo que Fidel Castro terminó aceptando por necesidad: la instauración de una "ciudadanía de segunda" dentro de la propia isla.

La figura del "turista con billetera" (especialmente el pariente que regresa de visita) ha generado una desmoralización profunda en el cubano de a pie por varias razones psicológicas y económicas:

1. El fin del mérito interno

Durante décadas, el discurso de Fidel fue que el sacrificio en Cuba traería una vida digna y que el éxito en el capitalismo era "sucio" o ilusorio.

La realidad actual: El cubano que se quedó, que estudió una carrera universitaria y que trabajó 40 años para el Estado, vive hoy en la precariedad.

El contraste: Ve llegar a un pariente o un exvecino que quizás no terminó el bachillerato, pero que tras dos años en Miami o Madrid tiene capacidad de consumo, ropa de marca y puede invitar a comer en lugares donde el profesional local no puede ni entrar. Esto rompe la lógica del esfuerzo personal vinculado al proyecto nacional.

2. La "Fe" en el afuera

La desmoralización se manifiesta como una desconexión emocional con el futuro de Cuba.

Si el éxito solo viene de "afuera" (remesas, recargas, paquetes), el joven cubano deja de invertir su energía mental en mejorar su entorno inmediato.

El pensamiento dominante es: "No importa cuánto trabaje aquí, mi vida solo cambiará cuando alguien me mande algo o cuando yo logre irme". Esto anula la capacidad de cambio social interno; la gente no quiere reformar el país, quiere escapar de él.

3. La dependencia humillante

Hay un componente de orgullo herido. Fidel siempre habló de la "Dignidad Nacional". Sin embargo, el modelo actual obliga a las familias a depender de la caridad de quienes antes eran llamados "traidores".

Se ha creado una dinámica donde el que vive en la isla se siente un "mantenido" y el que vive fuera se siente un "cajero automático".

Esa relación de dependencia económica termina por fracturar el respeto mutuo y la autoestima del que reside en Cuba, quien ve su vida reducida a la espera del próximo envío.

4. La "Extranjerización" del bienestar

El gobierno ha diseñado una economía (las tiendas en MLC, hoteles, servicios de lujo) que parece estar hecha para cualquiera menos para el trabajador cubano común.

El cubano siente que es un extraño en su propia tierra, donde el color de su moneda (o la falta de ella) determina su valor como ser humano.

Ver al exiliado como el "dueño del consumo" mientras el local hace colas para lo básico es la prueba máxima de que el "futuro" que prometió Fidel terminó perteneciendo a los que se fueron.

La gran contradicción de Fidel

Fidel Castro quería un pueblo culto y orgulloso que no se doblegara ante el dinero. Irónicamente, al final de su vida y tras su muerte, el sistema que dejó ha convertido al dinero del exterior en el único dios verdadero de la isla.

La desmoralización es total porque el cubano ha entendido que ser un "buen revolucionario" no paga las facturas, pero tener un pariente en el exilio sí.

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