domingo, 8 de diciembre de 2019

La gran purga

Se requerirían los servicios de un experto en psicología de masas, de un siquiatra o del director 
de un manicomio para realmente entender lo que ha pasado y pasa en Chile.

La conceptualización actualmente en boga, a la que se presta y suma con gran cobardía y no poca estupidez prácticamente toda la prensa, yerra completamente el blanco. En efecto, el describir lo sucedido como una “explosión social” es una afirmación ridículamente tibia a pesar del uso de la palabra explosión. “Explosión social”, pese a lo fuerte que suena, es expresión que se queda irremediablemente corta porque asume el haber determinadas causas o demandas específicas que la han causado, aceptando lo cual habría también que aceptar la existencia de siquiera un mínimo de racionalidad: en efecto, se estaría furioso porque no se ha obtenido tal o cual bien que se deseaba. En un caso así la reacción violenta puede ser y/o parecer excesiva, pero al menos habría un motivo.

Es de dudarse, sin embargo, que sea simplemente un motivo de esa clase, una demanda insatisfecha, el factor que impulsó a impulsa a muchos de los que han sido partes de los episodios de las últimas dos semanas a desatar tal magnitud de furias destructivas. Son de una intensidad que sobrepasa de lejos el simple “patear al perro” suscitado por un enojo corriente derivado de una frustración en particular. Aun en los que sí tienen un motivo no parece que eso baste para explicar tal grado de vandalismo y destrucción vesánica, de un frenesí que recuerda, como lo hizo notar un observador peruano, la rabia demencial y destructiva de los zombies del cine de horror. Cualquiera sean las frustraciones y rencores de un profesor de matemáticas, quien fue detenido y será procesado por su participación en los desmanes, es poco creíble que sólo por sus “demandas insatisfechas” se haya trepado como un simio a una instalación del metro para destruirla salvajemente. Hay algo más en eso, mucho más que una “protesta ciudadana”; hay un delirio demencial, satánico, un deleite enloquecedor en el acto de destrucción como tal, en sí y para sí mismo

¿Cuál es la fuente de ese inmenso caudal de rabia que lleva a sumarse al batifondo nihilista a niñitos bien, a nenes que lo tienen todo y, por lo mismo, ningún motivo para hacerlo? ¿Se trata de una convicción doctrinaria, la creencia de que el mundo es injusto al punto de ser posible y hasta muy legítimo un sentimiento de “santa indignación”? Difícil imaginar, sin embargo, que una generación como los millenials carente de toda disciplina intelectual, cuasi analfabeta y mucho más dada al carrete que al estudio haya llegado a “convicciones” ideológicas. Mucho más probable es que hayan recibido sucesivos lavados de cerebro, primero en los colegios y luego en las universidades, pero por otra parte debe tomarse en cuenta que la pobreza conceptual de dichos lavados no da para otra cosa que cierta disposición a usar una polera con la imagen del Che y cantinflear sobre el socialismo, del cual, dicho sea de paso, nada saben porque nunca lo experimentaron ni tampoco estudiaron. O podría ser que simplemente vean en las “protestas ciudadanas” ocasión para hacer lo que se les venga en gana en medio de casi una absoluta impunidad e incluso, como “bonus track”, con el agradable sentimiento de estar dando muestras de solidaridad con los desposeídos, de idealismo y fraternidad, esto es, haciéndose entonces parte del mejor panorama del año, el carrete perfecto que les permite el plus de sentirse protagonistas, importantes, relevantes, actores sociales, agentes de cambio, machos recios y mujeres de pelo en pecho. Más probable es, sin embargo, que tanto en ellos como en otros, sean estos últimos adultos, pobladores, lumpen, activistas o perdedores de todas las categorías, haya algo mucho más profundo gatillado por el escenario creado por la acción inicial de activistas entrenados. Estos crearon una maravillosa ocasión para dar rienda suelta a una pasión que va mucho más lejos y más al fondo que la reacción de simple enojo ante demandas incumplidas, frustradas; en breve, fue la ocasión ideal para dar salida irrestricta a ese deleite frenético por destruir que en toda época y lugar acecha en las sombras, en lo más profundo y en lo más bajo y primitivo del alma, en la zona más bestial de su cerebro, en el sótano donde se acumulan las frustraciones inherentes a la condición humana, donde se cuecen a fuego lento todas las rabias reprimidas y los complejos mantenidos ocultos a la espera de una oportunidad.

¡Ah, si no se es Miguel Ángel al menos podemos, sin se ofrece la oportunidad, darle un martillazo a una escultura de Miguel Ángel! Y si se es un mediocre, al menos se puede arrojar por la ventana el busto de Andrés Bello y quemar la biblioteca. O siéndose insignificante, pequeño, puede en compensación quemarse algo grande, valioso. Tal vez se necesita que de vez en cuando las masas se administren una lavativa de esa clase para evacuar tanto furor que han acumulado pues habitan en medio de ese producto y llega el momento cuando ya no lo toleran y deben verterlo, “manifestarlo”, darle salida. Y por eso, aunque NO para eliminar las presuntas injusticias sino para darle rienda suelta a su rabia, para librarse de ese odio en sordina, para aliviarse por un rato, necesitan la Gran Purga.

¿Qué otra cosa sino eso es lo que muchos experimentan y disfrutan bajo el piadoso manto de las “demandas sociales” y “protesta de la ciudadanía”? ¿Que los mueve sino el deseo de sacarse esa rabia odiando y destruyendo? Por ahora destruyen cosas, mañana podrían ser personas. Ya nos advierten, con el furor insano de sus rayados, que viene la “guerra social”. Hay que tomarlos en serio….

sábado, 2 de noviembre de 2019

Demandas sociales”, “rabia ciudadana”, etc…


Necio rematado habría que ser para dar crédito a la versión de que los acontecimientos de estos días, ensayo general de un estallido insurreccional,  obedecen a un “clamor ciudadano” despertado por un alza del Metro que entraña unos 300 pesos extras a la semana, menos de lo que cuesta un tarro de Coca-Cola. Y no menos ingenuo es quien crea que hay otras demandas acumuladas de las que dicha alza sería el fulminante. Esta última es la versión oficial de la izquierda y de toda laya de opositores al gobierno, pero, aunque suena más convincente, tampoco resiste análisis.

Aun así muchos la aceptan y ya se habla de la “batalla de Santiago” y/o de “protestas sociales y ciudadanas”, como así lo hace también la llamada prensa de derecha – de propiedad de gente de derecha pero manejada por gente de izquierda–, la cual se esmera por ser políticamente correcta -¡no les vaya a tocar a ellos la próxima vez!– y describe los hechos como propios de una “intensa jornada”, véase Emol.  De modo similar se expresa el progresismo; en ambos casos se asume que una entelequia imaginaria, “el pueblo” o la “ciudadanía” ha salido a las calles a hacer sentir su molestia.

Dicha versión de una ciudadanía molesta saliendo a la calle a expresar su disgusto no resiste análisis; la destruye el sólo catálogo de las imágenes de los “combatientes”  incendiando organizadamente, con aceleradores químicos, 19 estaciones del metro, amen de los saqueos perpetrados por lumpen, delincuentes y “dueñas de casa”, los buses en llamas, el incendio del edificio corporativo de Enel y como preludio a todo eso la saña con que colegiales fuera de sí, la “vanguardia” de la algarada, han destruido las instalaciones del Metro; nada de todo eso habla  del “pueblo” haciendo ver su molestia, sino de un evento organizado en todos sus detalles, con activistas y cronogramas, con planeación y fría determinación, con asistencia de venezolanos de la policía política de dicho país, pero además directa o indirectamente promovido, fomentado, incentivado o al menos aplaudido y vitoreado no sólo hoy sino desde hace años por sectores del “progresismo”, en el cual reina, tras la hipócrita simulación de consternación por los daños, tal júbilo y satisfacción por lo sucedido y por suceder que hemos visto en CNN a una congresala de dicho sector describiendo los hechos como “hermosos”.

¿Cuál ha sido la mecánica de estos acontecimientos, los factores que han hecho posible esta insurrección fríamente calculada para hacer tambalear al gobierno?



La explicación favorita de la izquierda -la cual han usado siempre para un barrido y un fregado– es de que se ha acumulado la rabia y frustración de una inmensa masa de gente al borde de la inanición y que al fin decidió salir a la calle a hacer ver su descontento y expresar sus demandas desoídas haciendo uso de sus derechos ciudadanos. Pero, ¿es acaso esa la situación de Chile, la nación con el más alto PGB de América Latina? ¿Realmente la gente se está cayendo muerta de hambre? ¿Nadie salvo un puñado de jóvenes privilegiados pueden estudiar y llegar a la universidad? ¿Vemos en las calles a miles de patipelados? Claramente no es el caso. Notoriamente Chile no es Haití o Venezuela, ni tampoco Siria. Pero entonces, ¿qué somos y cuál es la causa?

Es verdad que en Chile hay una gran fracción de la población que puede NO estarse muriendo de hambre ni sufriendo penalidades atroces,  pero SÍ está demasiado endeudada, sufre percances económicos, ha perdido pegas u oportunidades y han llevado y llevan vidas poco satisfactorias y/o al borde del fracaso y hasta el desastre; hablamos de profesionales sin clientes, de comerciantes a los que les va mal, de enfermos graves sin atención oportuna, de rezagados de toda laya, de empleados hastiados, de deudas impagas  aunque también de zánganos incapaces de hacer nada por sí mismos, salvo estirarle la mano a sus padres y al Estado y proclamarse como víctimas de injusticias; hablamos de quienes no llegaron ni jamás llegarán donde querían, de resentidos en todos los grados, de marginales, de enrabiados, de emputecidos. Y ciertamente esta parte de la población es siempre numerosa. Bien dice la Biblia: muchos son los llamados, pero pocos los elegidos. En una sociedad consumista, exitista y materialista el no estar en la cumbre o al menos cerca de ella encona hasta la pepa del alma.

Todo eso, sin embargo, no puede ser una explicación de lo que sucede hoy en el país porque es una constante sociológica; en efecto, siempre hay una masa iracunda deseosa de pasar facturas y cobrar venganzas y siempre hay una parte de la población con su rabia a medio hervor, pero por lo mismo dicha permanencia es incapaz de explicar un evento particular, distinto, específico. Una condición NO ES una causa de la misma manera y por la misma razón que la construcción en madera de una casa no es causa de tal o cual incendio que un mal día se desate en ella. Para explicar un evento específico se requieren causas también específicas. Y una de esas causas específicas es que alguien ha agitado y canalizado esas fuerzas del descontento, la frustración y la ira.

Los que abrieron la puerta y los invitaron a pasar…

El descontento no sale ni ha salido por su cuenta y propia voluntad a la calle ni es tampoco el que ha sistemáticamente iniciado incendios de gran envergadura ni saqueado a destajo. El descontento es un estado de ánimo que no congrega ni organiza solo; no ha sido ni es el caso de que miles de personas decidan espontánea y simultáneamente que tal o cual día se van a congregar y luego echar abajo una estación del Metro. El descontento existe privadamente, pero se lo hace existir de modo público cuando hay un agente que lo convoca, lo congrega, lo organiza, manipula y lo desata; es incitado y organizado con una cadena de mando que parte en dirigentes cupulares de organizaciones políticas, luego pasa desde ahí a niveles intermedios y alcanza finalmente las diligencias  estudiantiles usadas para estos efectos del mismo modo como los narcotraficantes usan a sicarios de 15 años para los suyos. Se requieren meses para todo eso. No de la noche a la mañana se prepara mentalmente para “la lucha” a niñitos que aun no saben ni  limpiarse el poto; primero han de ser adoctrinados, persuadidos, palmoteados y ensalzados mientras a la vez se les prometen carreras políticas y se les hace creer en su importancia; se lleva a cabo todo lo necesario para que sientan que sus vidas tienen sentido SIEMPRE Y CUANDO sigan las instrucciones y órdenes que los convertirán en importante agentes de la renovación de la galaxia.

También ha ayudado a abrir esa puerta el clima mental impuesto en un proceso de años por la izquierda de Chile, el discurso políticamente correcto que lo destruye todo y lo justifica todo y a la pasada le ha dado nueva vida, en sectores estudiantiles, a la mitología marxista. Esto último ha sido posible yb preparado por la acción de procesos impersonales de cambio social tales como  la casi total pérdida de control en la formación de las nuevas generaciones, al delirante sentimiento de la juventud de  tener derecho a todos los derechos, a una mentalidad hedonista que no tolera los esfuerzos y penalidades ni menos las desigualdades aun si estas se originan en inevitables y naturales diferencias, a un impulso masivo, feroz, implacable e incesante de asociar el éxito personal a niveles de consumo que sólo pueden alcanzarse a base del endeudamiento y que aun así, si son alcanzados, parecen insuficientes, mezquinos, a todo lo cual se agrega al derrumbe de los valores de la sociedad tradicional, el respecto por la ley y autoridad, etc, etc.

Y los que no cerraron esa puerta…

Tal vez, sin embargo, la causa más directa y eficiente de los incidentes de estos días ha sido la nula voluntad del ejecutivo por cumplir en el momento debido, a tiempo e integralmente, con el primer y más básico deber de todo gobierno pasado, presente o futuro, a saber, mantener el orden público. Eso se ha manifestado en su fracaso en la lucha contra la delincuencia, a la cual iba a “derrotar”, así como en su virtual rendición a la CAM, en su inexistente acción en los sectores Norte del país en los que cunde el sentimiento separatista entre comunidades indígenas que sin duda repetirán el libreto de la CAM, en su fracaso frente al narcotráfico que se ha apoderado de enteras poblaciones y en su extrema debilidad para reprimir y sancionar hechos como los del Metro cuando recién se iniciaban. El gobierno, en su inacción, en su miedo al que dirán de la izquierda y los organismos internacionales, en su tonta creencia que podía “abuenarse” con el progresismo, ha dejado que todo foco de incendio que debió y sólo podía controlarse a ese nivel, como foco, creciera y se convirtiera en una deflagración en gran escala. No ha habido ni hay ese ”estallido social” que cacarean las izquierdas, sino un incendio iniciado en un terreno altamente combustible por incendiarios profesionales a cuya acción se ha sumado la inacción de quienes debían apagarlo.

¿Qué viene ahora?

Tal vez, al fin, el gobierno comience a reaccionar como es debido. La gente decente -catalogada de “fascistas pobres” por algunos imbéciles– ya lo está haciendo y se organiza para defender no sólo sus barrios y casas, sino a los negocios que los suplen y atienden. Todo el que ha podido ha ido a su pega. Grupos de vecinos se juntan para retirar escombros de las “barricadas”.  Los militares y los carabineros son aplaudidos, vitoreados, felicitados. Tal vez no sea demasiado tarde, pero tampoco queda demasiado tiempo para una reacción firme contra quienes directa o indirectamente crean, fomentan o apoyan con un lenguaje sibilino e hipócrita toda situación que debilite al gobierno aunque a la pasada dañe a la población, a esa “ciudadanía” que tanto citan y mentan.


Despertó, pero ¿quienes despertaron y se despertó de qué?



Desde luego despertó la chusma saqueadora, los ciudadanos con instintos depredadores que aun no se habían avivado lo suficiente y sólo robaban a escondidas, tímidamente, una golosina de vez en cuando desde los estantes de los supermercados. Despertó el país que soñaba con la idea de que había un gobierno y acaba de percatarse de que no existe. Despertamos a la realidad de que la demolición de años, perpetrada por la izquierda, contra instituciones de todo tipo, contra ideas y valores, etc, surtió efecto y hoy en día, nadie es capaz de ponerle freno a la demolición. Despertamos a la evidencia de que las élites políticas y económicas se mueren de miedo y buscan hasta el fin abuenarse con el cocodrilo que las devorará. Y se despertó ante la evidencia de que la izquierda es de un modo o de otro, en la política o en la calle, en el gobierno o en la oposición, en las academias o en los colegios, en la Justicia o en la injusticia, una horda destructora sin otra motivación que su resentimiento, su poquedad intelectual y moral, su odio nacido de la bajeza, de la derrota personal, del fracaso, de ser poca cosa y odiar por tanto todo lo que los rodea y por eso de ellos el terrorista con una bomba en la mano sólo es el caso más extremo.

Chile despertó del sueño a la pesadilla. Despertó, suponemos o esperamos, de la ilusión de que el Frente Amplio era una congregación de jóvenes idealistas que iban a cambiarle el rostro a la política pero que se revelan, ahora que despertamos, como una mera patota de mediocridades empapadas en clichés, rencores, lugares comunes, vanidad y esa arrogancia insoportable  de los chantas que intentar elevarse de su condición dando saltitos y haciendo pinitos.

Despertó, el país, del sueño de la “izquierda reciclada que ahora sería democrática, entendiendo el valor de las normas “burguesas” de civilidad, republicanismo, etc. Despertamos de la ilusión de que ya no éramos un país con una población media baja y baja más próxima al estado de barbarie que a la modernidad, salvo cuando esta última se asimila a digitar un teclado con las habilidades sicomotrices de un chimpancé. Se ha despertado de la fantasmagoría piadosa de que encaramos una generación juvenil interesada en la “educación de calidad”.

Sí, despertamos, pero, ¿de qué nos sirve? Despertamos de un sueño más o menos agradable para hundirnos en la pesadilla. Y despertamos ante la evidencia de que otros, lejos de despertar, se han sumido en un sueño aun más profundo, ese que coincide con la estupidez, ese que se expresa en balbuceantes y aterrados aplausos al movimiento de “demandas sociales”, ese que quiere comprarse una póliza de seguro, ese que sueñan las patéticas figuritas de la televisión avivando la cueca, compitiendo unos con otros a ver quien es más progre, a ver quien es más tonto, a ver quien es más servil, más útil.

Vaya despertar el que estamos experimentando….

martes, 22 de octubre de 2019

Las cosas por su nombre (Programa de radio)

 Cecilia Pérez
Las Cosas por su Nombre, fue un programa político actualidad nacional e internacional,  en la Radio Agricultura, entre los años  2013 al 2018,  conducido por don Fernando Villegas junto con doña Cecilia Pérez.


Cosas por su nombre.
9 de Enero de 2018 
27 de Enero de 2018

viernes, 18 de octubre de 2019

Sergio Raúl Melnick Israel


(Santiago, 27 de junio de 1951) es un mago e ingeniero comercial chileno de religión judía. Ha sido gerente general de varias empresas, director ejecutivo de dos canales de televisión, ministro de estado durante la dictadura militar, liderada por Augusto Pinochet, y panelista de programas de conversación. Empresario, director de empresas, miembro del Directorio de la Universidad Mayor y profesor en la Universidad Adolfo Ibáñez, actualmente es también panelista invitado del programa radial Conectados con Agricultura de la Radio Agricultura en Chile, conducido por Sergio "Checho" Hirane y fue panelista en el programa En buen chileno de Canal 13. Es columnista regular del diario La Tercera y de la revista Capital. Es también un estudioso de la cábala, el tarot, el péndulo y la numerología.

Biografía

Nacido en Santiago de Chile en 1951. Egresó de enseñanza media del Colegio Nido de Águilas y la Alianza Francesa. Estudió Ingeniería Comercial con mención en economía en la Universidad de Chile. Hizo su carrera entre los años 1970 y 1973, egresando en tiempo récord de 7 semestres. Posteriormente realizó un Ph.D. in Planning/Futures Research y un M.A. in Interdisciplinary Estudies en la Universidad de California, Los Ángeles, donde también fue ayudante. Hizo su tesis de doctorado con el Decano de la facultad de Planificación, Dr. Harvey Perloff. Empezó su carrera de profesor en la Facultad de economía de la Universidad de Chile, a los 23 años. En 1981 fue nombrado Director del Departamento de Economía de la Facultad, posteriormente en 1984 fue Decano de la misma facultad, y logró el rango de profesor titular de esa universidad en el año 1986.
Fue consultor de la CEPAL, y PNUMA (programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente), entre 1974 y 1976. Fue Jefe del Departamento de Inversiones de ODEPLAN a inicios de los 80, y posteriormente Ministro de Planificación entre 1987 y 1989. Trabajó como vicepresidente ejecutivo del Canal 11 de la Universidad de Chile (1983-1985). Después fue uno de los fundadores del canal de televisión La Red (1991), y su director ejecutivo. Fue columnista de la revista Hoy, y también de la revista Señal de Unisys.
El 20 de marzo de 1987, fue el único sobreviviente de un accidente aéreo ocurrido en San Felipe, luego que la aeronave de la línea Aeroguayacán cayera sobre unos duraznales. Los demás ocupantes de la nave fallecieron en el instante.
Melnick apoyó la candidatura de Augusto Pinochet como Presidente para el Plebiscito nacional de Chile de 1988, indicando que su péndulo dictaminaba que ganaría. También apoyó candidatura a senador del economista Rafael Garay, que tiempo después fue condenado por delitos de estafa.
Se ha desempeñado como gerente general y miembro del directorio de varias empresas: HNS, SQM, Chilectra, Banco Edwards, Chilefilms, Harley Davidson, Toronto Capital y Tramaca, entre otras.
Desde octubre de 2000 es socio y Presidente de Anticipa S.A. y actualmente es director de Precisión, Linsa, Publicidad Hambre, y la Universidad Mayor.
Desde 2002 es profesor de posgrado de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez.
Fue comentarista de tecnología en Televisión Nacional de Chile en los años '80, panelista del programa Claves y sentidos (1998) de UCV Televisión, panelista del programa de actualidad Tolerancia cero (2005-2008) de Chilevisión, y también panelista del programa Manos Libres (2008) de Mega. Desde 2008 participa como panelista permanente de los días viernes en el programa radial Conectados con Agricultura en la radio homónima, y es columnista estable en los blogs del diario La Segunda. Desde 2011 es también columnista estable de la revista Capital.
Es consultor de empresas, y conferencista recurrente en ICARE, empresas, y ha sido expositor en ENADE, como también ha asesorado a Codelco. Sus temas preferentes son tecnología, estrategia, innovación, management, awareness, creatividad, y espiritualidad.3​ Melnick ha sido criticado por el bajo nivel que poseen sus presentaciones.

viernes, 27 de septiembre de 2019

Negacionismo, Dogmatismo


17 Septiembre 2019

Las épocas de cambios “valóricos” lo son también de transformaciones semánticas. Muchas palabras son re-interpretadas, algunas simplemente proscritas, modismos idiomáticos nuevos reemplazan a los habituales y se inventan  vocablos o se modifica el significado de algunos de los existentes. 
Es un proceso inevitable porque las palabras no son meros equivalentes sonoros de las cosas sino expresan posturas frente al mundo, el modo como es percibido, perspectivas y actitudes; en especial es lo que ocurre en la interpretación y evaluación de los actos del prójimo. Hay veces cuando estas modificaciones semánticas reflejan una más perfecta comprensión de su naturaleza, como ocurre en las ciencias físico-matemáticas con las palabras “espacio” y “tiempo”, las cuales tienen hoy significado muy distinto al que tenían cuando imperaba la concepción newtoniana del mundo físico, pero normalmente las trasformaciones de significado suceden en el ámbito de la acción humana.
Véase lo que sucede con el vocablo “negacionismo”.Originalmente fue concebido en Alemania para calificar a quienes se negaban a aceptar los abrumadores hechos del holocausto, pero ahora, en Chile, se emplea para describir a quienquiera dude o someta a examen las creencias del progresismo.  Este desplazamiento del reproche desde el castigo de la negación de hechos al castigo por la negación de creencias es típico de épocas cuando una ideología se apodera de un número sustantivo de feligreses, quienes terminan por depositar en ella no sólo sus pensamientos sino además sus pasiones y necesidades psicológicas, esto es, convierten un sistema de ideas la doctrina de una FE. Fe, o sea una convicción absoluta acerca de la naturaleza de las cosas.
Eso trae consecuencias; la convicción absoluta de lo que sea la Verdad entraña necesariamente una convicción absoluta de lo que es Falso, lo cual, a su vez, multiplica el número de los pecadores caídos en el error porque no hay simetría cuantitativa entre ambos polos; la verdad es “una sola”, mientras lo falso abarca todas las posibles entidades distintas a dicha verdad, convertida ya en Dogma. Simultáneamente lo ajeno al dogma deviene necesariamente en falsedad, mentira, maldad, porfía y eventualmente, hoy, en “negacionismo”. De esto derivan aun más consecuencias: quien niega una verdad evidente y deslumbrante no puede sino ser quien no sólo se obstina en su ceguera, sino además lo hace por mala voluntad, un afán de destruir lo que es “correcto”, por una voluntad de sabotear, esto es, finalmente, por pura maldad. Es el momento en que ya hemos desembocado en la metafísica: la Verdad es el Bien y por tanto lo falso es el Mal. De ahí se deriva que quien niega, duda, sospecha o contradice la verdad es, a fin de cuentas, agente del MAL. El negador ya convertido en negacionista es al mismo tiempo un activista del Mal y en dicha calidad tiene que ser castigado: la ley tiene que sancionarlo, los “progresistas” han de funarlo, lo que haga o diga tiene que ser prohibido, debe ser aislado, neutralizado. En casos extremos debe ser aniquilado.
El “negacionismo” es entonces un término que no se limita simplemente a describir a quien no cree, sino también lo califica, marca, condena y separa de la comunidad, de los piadosos creyentes, de la gente buena, de los que apoyan el progreso, en última instancia lo excluye de la raza humana. Adicionalmente con dicho acto que expulsa a los pecadores del Paraíso de la Buena Fe se fortifica y reafirma la creencia que el descreído niega; en efecto, todo dogma es tanto vez más sagrado e indiscutible cuanto más aleja de sí a quienes lo discuten, tanto más confiable en su verdad cuanto más desconfía de los que se hacen preguntas, tanto más acogedor de almas necesitadas de dogmas mientras más espíritus rebeldes rechaza y castiga. Ante tal Verdad no se rechaza simplemente una Verdad distinta, sino la discusión misma para averiguar la verdad se hace ociosa y sospechosa, intolerable y punible, el primer, sinuoso e hipócrita paso hacia la negación. Completado el círculo de esta dialéctica rabiosa y feroz, el presuntamente agredido por la falta de fe del prójimo se encuentra en condiciones de legítimamente agredir por la Fe y para la Fe.

martes, 24 de septiembre de 2019

Convergencia Progresista



La izquierda converge hacia una nueva y flamante denominación. Ahora no es más la Nueva Mayoría tal como ha dejado de ser tantas cosas, tal como dejó de ser Concertación, de ser Unidad Popular, de ser Frente de Acción Popular, etc.

Una y otra vez su oferta cambia de nombre para desprenderse del fracaso asociado a sus anteriores pieles semánticas y simultáneamente ocultar lo que siempre ha sido y siempre ha pretendido, la construcción del socialismo. En suma, tras tantos trasvestismos verbales la izquierda ya no se atreve a llamarse por su nombre, al socialismo se lo disfraza como progresismo, al comunismo ni siquiera se lo menciona y la dictadura popular no es ya más dictadura sino como dijo memorablemente Saint Just, uno de los líderes de la revolución francesa, el “forzar al ciudadano a ser libre”.

Para este ejercicio de travestismo e hipocresía se escogió una palabra muy adecuada, “progreso” y su avatar activista, “progresismo”. “Progreso” tiene excelente prensa desde el siglo de las Luces hasta el día de hoy. ¿Quién podría estar en contra? El progreso o más bien la palabra que lo menta es exitoso en sí mismo. No necesita explicación, justificación, porque entraña necesariamente el pasar de un estado de cosas a otro mejor. El socialismo, en cambio, carece de esa virtud inmanente porque la experiencia histórica ha asociado dicho término, al contrario, a toda la variedad posible de fracasos y por eso todo el tiempo necesita explicaciones: se fracasó por culpa del “culto a la personalidad”, se fracasó por la acción siniestra del imperialismo, se ha fracasado porque se instauró en el país indebido, ha fracasado porque necesita más tiempo, fracasa porque no se dieron las condiciones, fracasa por el sabotaje de los fachos, etc. Podría decirse que el mayor y único éxito del socialismo ha sido su fertilidad para dar explicaciones acerca de su fracaso.

Amén de sus virtudes intrínsecas y automáticas, el vocablo es el más adecuado para ponerse en sintonía con el talante mental de la izquierda, la cual, como toda Fe, instila en sus feligreses la convicción de ser portadores de la Verdad Revelada, Absoluta e Innegable. La verdad revelada es, en este caso, sinónimo del progreso; en efecto, puesto que cada una de las aseveraciones del sector sobre cada materia o tema posible es INDUDABLE, de ello se sigue que aceptarlas y ponerlas en práctica equivale necesariamente a progresar. Al mismo tiempo, sin embargo, esta Fe, como toda Fe, es susceptible a las herejías. Siendo tan vagos, difusos y contradictorios los dogmas, tan incomprobables por medio de la lógica o el sentido común, es también de entera necesidad que surjan las más diversas interpretaciones acerca de su verdadera” naturaleza. Recuérdense las serias diferencias sectarias nacidas en la Cristiandad desde el siglo III y siguientes relativas a la naturaleza de Cristo. Todos estaban de acuerdo en que era hijo de Dios, pero, ¿cómo se traducía esa filiación en lo relativo a su sustancia? ¿Era simultáneamente humana y divina? ¿Era solamente divina y su presencia como hombre torturado y crucificado una farsa? ¿Era sólo humano? ¿Era de sustancia parecida pero idéntica a la del Señor? La Iglesia trató repetidas veces de subsanar esas diferencias mediante concilios ecuménicos tal como hoy la izquierda -el “progresismo”– lo intenta con reiterados llamados “ a la unidad”. También el nuevo nombre de la coalición intenta lo mismo pues no puede hablarse de convergencia si no hay previamente disidencia, distancia. “Convergencia Progresista” es entonces no sólo una nueva marca registrada sino una invocación para que la mercancía que menta la marca llegue a adquirir realidad. ¡Converged hermanos, a ver si recuperamos el poder! También podría considerarse el nuevo término como un breve obituario pues si acaso hay divergencias que se desean hacer converger es porque no hay ya una doctrina sólida y central que sea ella misma la razón de ser de la izquierda y mantenga a sus fieles natural y tácitamente unidos. Quizás el sólo hecho de no estarse usando la palabra debida, “izquierda”, indica que no se sabe ya qué se estaría mentando con aquella.

domingo, 25 de agosto de 2019

Perdón, perdón, perdón


Por Fernando Villegas - Agosto 21, 20191

Perdón, Perdón, Perdón…

Todo el mundo anda, en estos tiempos tan rebosantes de justicia y rectitud, solicitando lastimeramente perdón por pecados cometidos o que se sospecha se cometieron. Una fábrica de cerveza acaba de hacerlo por sus chistes “sexistas” y un político demócrata candidato a ser candidato a la presidencia de Estados Unidos lo ha hecho por dichos o posturas de hace 20 o más años, por entonces insignificantes en su inocencia e irrelevancia, pero ahora, en tiempos celosos en la defensa de la  dignidad de los géneros, transgéneros, sensibilidades alternativas, etc, etc, constituyen pecado mortal. A quienes no se les exige pedir perdón -quizás porque aun no se descubre que a los 14 años contaban y oían chistes acerca de los homosexuales–  pero que lamentablemente estén cerca de un pecador, a estos se les demanda tácitamente que se apresuren en empujar al canalla al abismo, a rechazarlo, expulsarlo, hacerlo blanco de miradas condenatorias, de gestos de repulsión, de vistosas demostraciones indirectas de estar junto y en coincidencia no con los acusados sino con los acusadores. En el espíritu de estos últimos, los aun no puestos en la lista negra, era de esperarse que reinara, como reina triunfal, el oportunismo y la cobardía; todavía no están los tiempos para que alguien les pida cuentas por su lastimosa, vergonzosa obsecuencia. Tal vez eso suceda en 10 años más.

En efecto, si hay algo peor que la necia arrogancia, fenomenal estupidez, ciego fanatismo, obsesión y malicia de los perseguidores en tiempos de persecuciones es la actitud que adoptan quienes aun no son perseguidos pero temen serlo. Aterrados de que eso ocurra hurgan constantemente su álbum de recuerdos en busca de algún hecho o dicho cometido aun en la más tierna infancia, cualquier fruslería que pueda inculparlos y en el proceso de hacer dicha revisión convierten en abominaciones actos que, en su oportunidad, carecían de toda culpa, fueron cometidos con plena inocencia y/o simplemente siguiendo las costumbres del momento. Un piropo, una casual mirada al trasero, un chiste de mal gusto espetado frente a dos o tres damas, una broma sobre afeminados, cualquier cosa de esa clase de hace muchos años atrás  puede entrañar perderlo todo en cinco minutos. La antigüedad del hecho y por tanto el teórico anacronismo de una posible acusación importa muy poco: para el acusador, para los perseguidores, para los “justos” de estas épocas de “renovación espiritual”, el tiempo no existe, el pasado es pleno presente, la culpa es retroactiva.



En vistas de ese escenario y atmósfera que lo invade todo como una neblina pestilente pero, presuntamente, con olor a sacristía e incienso, se desarrolla un clima aun peor que el descrito por Orlando Figues en “Los que Susurran”, libro en el que se describe la atmósfera imperante en la Rusia Soviética, época y lugar cuando y donde por temor a la delación que pudiera conducir al Gulag o al balazo en la nuca las críticas o posibles críticas o cualquier cosa que pudiera ser interpretada como tal  por la policía o los vecinos, deseosos de comprarse una garantía a costa del prójimo, era apenas susurrada. El clima actual es aun peor porque lo susurrado -si acaso se llega a tanto atrevimiento- no es una crítica política que pudiera tener sentido y consecuencias, sino un simple chiste, un comentario obsceno, cualquier banalidad interpretable por los escudriñadores como un ataque machista, homofóbico, xenofóbico, racista, sexista, etc, etc.



En vistas de eso el ciudadano aun no acusado tiene a su disposición no el susurro sino el silencio y además, si desea una garantía adicional de que no será acusado, puede sumarse al coro de los acusadores y a la horda de los perseguidores del mismo modo como en un colegio los cobardes se convierten en aduladores y acompañantes del matón del curso para eludir la probabilidad de que los tome como blanco de sus abusos. Cuando eso ocurre, cuando masas ciudadanas se desviven por pasar colados y/o sumarse a la horda, cuando toda insignificancia puede ser delatada, condenada y sancionada, cuando el miedo es cosa diaria y motiva las peores cobardías, cuando el fingimiento y la simulación se convierte en norma, cuando el lenguaje se deja embalsamar dentro de un sistema de frases políticamente correctas, en breve cuando todo eso ocurre entonces la atmósfera de la sociedad se hace no sólo pestilente en su mentira e hipócrita piedad, en su actitud santurrona y en la irrupción masiva de envidias y rencores disfrazados de santidad evangélica, sino además completamente intolerable para quienquiera guarde aun en su alma siquiera un gramo de decencia y sentido común.

…Y es lo que vivimos hoy en Chile.

jueves, 8 de agosto de 2019

Landerretche, el listo!


Oscar Landerretche posee una virtud muy escasa en su sector y en verdad casi inexistente en cualquiera: es inteligente. Inteligente significa, en política, que se es capaz de mirar desde y hacia “fuera” de la política, esto es, fuera de los estrechos límites de la disputa por el poder, la cansina repetición de consignas, la rumiación de clichés, las ambiciones descaradamente personalistas y por sobre todas las cosas por encima de las ideologías, esto es, de esas desdichadas aglomeraciones de ideas mal digeridas y aun no excretadas que con la porfía pegajosa con que un chicle se pega en la suela de los zapatos se obstinan en ofuscar el sentido común y no tienen otra vitalidad que la tóxica para exacerbar las diferencias, luego las hostilidades, finalmente el odio.

Landerretche, se supone, es socialista, pero, ¿qué es ser socialista HOY si no se es necio? Si se es, se sigue siendo socialista como ya se era de adolescente algo idiota; si sólo se cree serlo, se sigue uno proclamando socialista por no darse la molestia y quizás la angustia de investigar a fondo si realmente se es; si no se es ni se cree serlo, se sigue proclamando ser socialista sólo en el sentido como uno se proclama “soy amigo de mis amigos” años después que no se los ve, no se los llama, no se comparte nada con ellos y posiblemente estén ya muertos. Es una mera cuestión de inercia y de cortesía a lo que se agrega el deseo de no manifestar abiertamente una ruptura con quienes alguna vez fueron nuestros camaradas y compartimos ilusiones, pololas, bailoteos y tomateras.

Oscar L. debe ser de la última categoría. Es demasiado listo para seguir creyendo, si alguna vez realmente creyó, en el socialismo como modelo social, político y cultural. O en todo caso reconoce desde hace mucho tiempo que dicho experimento esta ya muerto o lleva, a lo más, una letárgica vida no más avispada que la de un zombi y arrastrando, en su estela, desolación y miseria. Pero si bien lo reconoce, no lo proclama. A diferencia de las niñas comunistas que en su candor se declaran más creyentes que nunca en el socialismo, Landerretche, como otros, se limita a “ser” socialista sin más pasión y compromiso que el de un anciano miembro de club social de provincia que visita todavía la sede, pero menos con ganas que por desgana de otra cosa, menos por pasión que por aburrimiento, menos para hacer algo que para no hacer nada intercambiando vaciedades con quienes, después de todo, ha tomado y fiesteado toda la vida.



En eso Landerretche no es distinto a muchos otros, incluyendo a dirigentes, congresales y toda laya de figuras conocidas del socialismo. Como los cardenales de la época de Luis XVI, que ya no creían en Dios, estos fulanos no creen en el socialismo pero, como dichos cardenales, sí creen en las prebendas. El poder, después de todo, es grato por los beneficios que entraña. Daniel de la Vega mencionaba en una de sus felices crónicas a un viejo “luchador social” de los años veinte que, luego de su regreso de un apetitoso pituto diplomático en el Reno Unido, proclamó de vuelta su nuevo credo: nunca más ser pobre.

Por todo eso Landerretche tal vez sea el hombre de los tiempos, el político en condiciones de cuadrar el círculo una vez más en el buen y viejo estilo de la Concertación, esto es, proclamando una cosa absurda y lagrimosa para complacer a los chantas y haciendo otra factible para bien de la nación, pero, ¿lo dejarán serlo? Ya la camarilla política hizo ver su malestar ante la declaración de Landerretche de que quizás no desdeñaría presentarse de candidato a la presidencia de la República. Se le tildó de inmediato de algo así como la encarnación del sueño de las élites. ¿Quién se imagina que es, dijeron, este fulano cuya aspiración no proviene de las “luchas sociales”? Y se agregó que en todo caso una candidatura no puede ser cosa que proclame un individuo, sino debe nacer de un “proceso colectivo”.



¿Proceso colectivo? No se equivoquen con esta lírica expresión; no significa consulta nacional para ver qué quiere la masa ciudadana, sino se refiere a privados procesos de debate interno de los partidos, a los choques entre las máquinas, al confuso y sonoro discurrir de asambleas citadas en un balneario. Todo eso es colectivo, pero sólo en el más estrecho, sectario y auto referente de los sentidos. ¿Y las “luchas sociales”? ¿En qué consisten? Consisten en haber desfilado en la primera fila de una marcha los primeros diez minutos, en proclamarse “actor social “ no frente a bayonetas sino a cámaras y micrófonos, en por enésima vez sacar a relucir las sospechosas glorias de una ya apolillado exilio, en haber sido o ser dirigente sindical. Como Landerretche no puede ostentar ninguna de esas condecoraciones de hojalata, entonces no tiene derecho a manifestarse interesado en la primera magistratura.



Los tiempos del buen sentido pasaron cediendo el espacio a los del delirio y la zalagarda infantil, juvenil y senescente que vemos en estos días, de hecho, desde ya al menos cinco años; la Verdad Revelada del momento aspira a los absolutos, a la República de la Virtud a la Robespierre, a las cacerías de brujas, a los linchamientos, al coro de las letanías progres de hace cien años, pero tal como el período previo se fue, este se desvanecerá. Será eso que se suele llamar “un mal recuerdo”. El sin sentido tiene su hora, pero esta no dura ni treinta minutos. Los síntomas de su decaimiento se ofrecen por doquier por debajo de la gritadera imperante. Landerretche, después de todo, pese a su carencia de “luchas sociales”, tal sea el hombre del próximo avatar político de la nación.

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viernes, 26 de julio de 2019

Los Justicieros


A propósito de los habitantes de un pueblo en Alemania que le reprocharon a Trump que su bisabuelo emigró a Estados Unidos y por tanto, “razonan”, debiera tener otra política migratoria hacia los mejicanos, guatemaltecos, hondureños o somalíes que desean ingresar en masa, inevitablemente se viene a la mente la idea de que entre las muchas variantes desagradables del tipo humano común y corriente -¿pero quizás el tipo mismo sea el desagradable?– que perpetuamente existen o transitoriamente aparecen según los tiempos, tal vez una de las peores sea la del “justiciero (a)” o, en lenguaje bíblico, los “varones justos”. Para ponernos al día agreguemos también a las “damas justas”.

Con esta definición y/o descripción NO nos referimos a personas especialmente dotadas, en su ámbito privado, de un destacado afán y sentido de la justicia a veces llevado a la exageración, la intransigencia y la intolerancia, sino a una categoría ostentosa y socialmente visible pues su membresía es de evidente presencia publica; hablamos menos de personas que de un PERSONAJE, de un rol puesto al día y de moda por las circunstancias y las oportunidades. El justo es majadéramente justo con sus cercanos; el “justiciero” hace ruidosos alardes de ser propietario (a) o concesionaria (o) vitalicio de la justicia y tener potestad para espetar juicios no sólo sobre sus íntimos sino respecto a cualquier semejante; el “varón y dama justo (a)” indican con el dedo a pecadores de todos los ámbitos de la vida nacional con la implícita actitud de quien se cree dueño de la VERDAD y como tal posee patente de jurisprudencia ilimitada; lo hacen con ceño adusto, expresión grave, siempre serios (as), solemnes, puros, santificados, autorizados y bendecidos por el Señor y los santos apóstoles. O simplemente lo hacen sintiendo el apoyo tácito o expreso de una causa que impera y domina, del discurso hegemónico del momento, de la onda que la lleva y por tanto, en segundo plano, de la barra brava que constituye su feligresía.



La categoría abunda o más bien pulula en los medios de comunicación. Encaramados en tribunas audio visuales o atrincherados en reductos de papel, vienen y pontifican sin cesar, acusan, denuncian, revelan, incriminan y sobretodo satisfacen a su audiencia y obtienen así su aprobación. Por convencimiento, por miedo o por trepar en la estimación de aquellos suelen radicalizar semana a semana sus evacuaciones moralistas, su indignación y su aire de mártires a sueldo de la verdad. La proliferación de estos personajes es menos un fenómeno individual en el que casualmente coincidieran muchos ciudadanos (as) que un fenómeno colectivo nacido de circunstancias políticas, culturales y emocionales que durante un lapso imponen un cierto paquete de ideas y actitudes casi con fuerza de ley y en virtud del cual se mide, juzga, castiga o premia. El varón y la dama justa se ponen en sintonía con los tiempos; el varón y dama justa es sencillamente un oportunista; el varón y dama justa (o) es 99 veces de 100 una mediocridad que se está dando el gusto de disfrazar la inanidad de su condición al convertirse en vocero de una inanidad colectiva. Al vocear decires sacralizados por la multitud deja de ser quien simplemente vocea pequeñeces particulares, opiniones sin fundamento, juicios pobretones y clichés y lugares comunes para devenir en portavoz de algo más grande e importante.



El ciudadano común que no goza del privilegio de estar encaramado en ningún medio público de comunicación tiene, sin embargo, una democrática chance de subirse siquiera por un momento -los “diez minutos de fama”– a este bus de la justicia y celebrar su numerito. Quizás sea en una de esas brevísimas entrevistas que celebra la televisión en la calle, la del “¿qué opina usted?” de esto o lo otro. Quizás lo llamen por teléfono para participar en una encuesta de opinión y tendrá entonces la oportunidad de convertirse en agente y representante de la “opinión pública” espetando su anémico pero lapidario juicio. O puede simplemente hacer uso cuando quiera de las “redes sociales” para tras un seudónimo evacuar sus furias, resentimientos, furores y odios y hacerlo a destajo y sin costo. La única condición es la de que, como el “comunicador” conocido y público, adhiera al discurso oficial, aunque hay una diferencia; este justiciero anónimo puede darse el gusto, en compañía de una turba de semejantes, de llevar ese odio u acatamiento de la verdad oficial más a allá de la mera palabrería pues para eso están las funas, los escupos en patota, las tazas de café arrojadas al rostro, las patadas, las Molotov, los insultos, la agresiones.



¿No hay siquiera un átomo de verdad, justicia y razón en lo que propalan estos justicieros? Puede haberlo o más bien PUDO haberlo, pero convertido en opinión de la masa y en cliché de los comunicadores, siempre expertos en el oportunismo y la bajeza conceptual, ese átomo de verdad deriva inevitablemente en una mazamorra de inepcias. Dicha tóxica transformación quizás sea la parte más lamentable, el peor episodio que celebra el justicialismo.

En el plano de la vida cotidiana esta prevalencia de discursos políticamente correctos, voceros de este y feligreses obtusos y furiosos da lugar a un clima asfixiante y a veces peligroso; es la versión Diet del que imperaba en la URSS y el que impera en Cuba, a saber, el del totalitarismo de la idiotez y el afán de venganza de los tarados, el totalitarismo sin balazos en la nuca pero con apaleos verbales y físicos y de una odiosidad convertida en principio espiritual, en norma de valor, en el “como-debe-ser” del momento.

martes, 23 de julio de 2019

Bachelet, La Apóstata


Por Fernando Villegas - Julio 23, 2019

La cristiandad odiaba a los emperadores romanos que desataron persecuciones, cosa no muy difícil de entender, pero sus feligreses odiaron aun más a “Juliano el Apóstata”, (exercuit etiam potestatem 360-363 d.C), porque si bien no los persiguió ni mató ni torturó sino sólo fastidió, despreció y ninguneó, se le supuso un cristiano –sólo fingió serlo para salvar su vida– que había renunciado a su Fe y regresado al culto de los dioses paganos. A estos fulanos, los que se van, se les odia más que a nadie. Se convierten en el “apóstata”, el “renegado”, el “traidor”. Es especialmente así cuando la fe de la que se retiran se encuentra en la flor de su crecimiento y fanatismo. Toda Fe detesta la disidencia y más aun lo hace en su edad temprana, todavía falta de consolidación, aun insegura y vacilante, pero más aun odia a quien renuncia y se suma a una confesión diferente. En ambos casos proyectan una sombra de duda sobre la validez del Credo. Para el cristiano, entonces, todo pagano o ateo era odioso, pero un “apóstata” era pura abominación.

¿Por qué habría de ser diferente con los comunistas, devotos de una fe sin Dios y además sin éxito? Esta fe no se encuentra ni mucho menos en su etapa de florecimiento, pero también en los crepúsculos es cuando las creencias rebozan del máximo caudal de odio y furor contra los descreídos, a quienes, en este caso, culpan de ser causas o al menos síntomas de su decadencia. Por eso y aunque los comunistas detestan por igual a todos sus adversarios, a quienes motejan indiscriminadamente de “fachos” y contra quienes desatan la entera maquinaria de su abundante stock de odio y resentimiento, insultándolos y ensuciándolos de todos los modos posibles en subsidio de no poder ejecutarlos en el buen y viejo estilo de sus camaradas de la fenecida URSS, quienes real o presuntamente se alejan de sus filas disfrutan el honor de ser blancos de una aun más feroz y exacerbada rabia.
Parece ser el caso, hoy, de la Alta Comisionada de los DD.HH de la ONU, madame Michelle Bachelet. Testimonio de eso es el señor Jadué, comunista y alcalde de una comuna de Santiago. Jadué no está ni siquiera en el TOP 1000 de los comunistas más alfabetos de la nación, pero desde luego está encumbrado en el TOP 2 de los más furibundos en sus odios. Entre él y el diputado Gutiérrez es muy difícil establecer quien tiene la primacía. Para verificarlo habría que tomarse la considerable molestia de leer y oir a ambos. Por ahora y a título de ejemplo Jadué dice, respecto a madame Bachelet, que esta en su lapidario informe no puso atención a los “intentos de golpe” contra el gobierno venezolano; incluso afirma o sugiere que los apoyó. Dicho sea de paso, esos supuestos intentos de golpe, vistos desde la retorcida perspectiva mental de Jadué y sus camaradas, parecen ser más que suficientes para exonerar a Maduro y su régimen de sus crímenes. Por eso condenan a Bachelet a la excomunión, por no entenderlo.
“Excomunión”, decimos, porque madame es comunista. Su chapa, aquella con la cual inició y prosperó en su vertiginosa carrera política, fue y es la de socialista, pero dado que el árbol se conoce por sus frutos y dada la crianza de la señora en la RDA, cabe asumir con un 99% de certeza que su fe es la bolchevique. Eso de “socialista” no es, por lo demás, nada sino una manifestación Diet y más “amable” del marxismo, variante confusa e improvisada más verbosa que doctrinaria y militantes de pocas o ningunas lecturas de los textos sagrados y membresía perpetua en la institución del asadismo y el cocteleo. Debido a eso “socialista” suena menos dañino, menos peligroso, con aire campechano, con fragancia a empanadas y a jubilados de ferrocarriles y/o al pachulí de viejos dirigentes del hierro, el salitre y el carbón. En breve, es credo más cercano a Condorito que a Lenín. Una Michelle Bachelet comunista no hubiera sido elegida como candidata de la Concertación, ni siquiera de la NM.
Pero ahora eso ya no importa. Bachelet no será expulsada del templo oficialmente, como se hizo con el filósofo Spinoza en la sinagoga de Amsterdam, con candelabros apagándose y grandes puertas cerrándose, pero de todos modos ha engrosado la lista de los renegados, de los “enemigos objetivos” del socialismo, en este caso del bolivariano. Pero no seamos pesimistas; tal vez se la perdone y restituya a la gloria celestial si viaja a la Araucanía a rendirle pleitesía a la familia Catrillanca.

domingo, 7 de julio de 2019

Carta Profesor Por Fernando Villegas -



La siguiente carta fue enviada al correo de este sitio por un auditor del programa que hago en YouTube. Dado que fueron muchos correos solicitando su publicación, aquí va.

Estimado Sr. Villegas.

He estado escuchando sus comentarios durante días sobre el paro de los profesores. Y me parece que es hora de dar mi opinión al respecto, y que ojalá llegue a sus oídos y a los de muchos.

Soy informático, no profesor. Pero, por esas casualidades de la vida, soy esposo de una profesora. Y he sido testigo de lo que significa ejercer esa profesión en este país miserable y mal agradecido, poblado por una turba de animales que, por lo que se puede apreciar, no sabe ni entender lo que escucha, ni mucho menos, lo que lee.

La jornada de trabajo de mi esposa comienza a las 8:30 de la mañana, y termina, normalmente, a las 3:00 am. Sí, estimado Sr., y me imagino a que eso no se lo leyó a Graham Greene. ¿Cómo lo sé? Porque he estado con ella, trasnochado con ella, intentando ayudarla a terminar con sus labores para que pueda, siquiera, dormir un rato.

Año tras año, ella debe pasar sus jornadas lidiando con unas criaturitas repelentes, porque no se les puede llamar niños, verdaderas amenazas que, desde los cinco años, saben más de drogas y sexo de lo que supo uno al llegar a los 20 años. Con un amor y una paciencia infinitas, ante las que me arrodillo, ella logra tomar a esos orcos que recibe año a año, y transformarlos en algo más parecido a un ser humano. Pero para lograr ese verdadero milagro, debe lidiar con cosas inconcebibles, y que no son los niños:

1.- Los padres y/o apoderados. Son una raza verdaderamente repugnante, compuesta por drogos, displicentes, o padres/madres de bendiciones, de esos que les dejan los críos a la abuela/tía/vecina para irse a chupar. Como buenos millenials, sólo saben exigir de todo, pero no son capaces de dar nada, sobre todo, amor, a sus propios hijos, y ni hablar de los hijos de otros. Podría escribir un libro completo para llorar y también desternillarse de risa, ante las actitudes de estos seres del inframundo, que se comunican principalmente por Whatsapp y Facebook, porque jamás están en persona, y que, pese a los titánicos esfuerzos de mi esposa, no entienden un pepino lo que ella les envía en las comunicaciones o mensajes. La mayor parte del tiempo, ella debe lidiar con las actitudes totalmente despreciables de los padres, o con situaciones graves de abandono, abuso, o cosas peores, que no son para que las vea un profesor, sino para que las vea un tribunal. Y allá va mi pobre esposa, padeciendo todo esto.

2.- El sistema educativo. Producto de las ideas geniales de los políticos post dictadura, que creen que saben de todo pero sólo saben robar, como cualquier flaite; todo profesor en este país jodido debe efectuar un montón de tareas aparte de enseñar; con métodos creados por burócratas buenos para nada, que calentaban la silla e inventaron estos métodos de tortura sicológica sólo para justificar los sueldos millonarios que cobraban por no hacer nada. Cada profesor debe crear una sarta de documentos totalmente inservibles, llamados planificaciones, que son anuales, mensuales y semanales, en las cuales debe apuntar los contenidos que se enseñarán a los niños, con qué métodos se enseñarán, qué materiales utilizará, qué canciones cantará, con qué papel confort les sonará la nariz, con qué sacapuntas les sacará punta a los lápices, en qué sillas se sentarán, cuántos pasos darán desde la entrada del colegio hasta su silla y viceversa, etc, etc.

Además, deberá documentar los resultados obtenidos respecto a la planificación que se entregó. El resultado de todo esto, son horas de horas arrebatadas al descanso y a la vida familiar, para ser consagradas a rellenar estos Rollos del Mar Muerto que, les aseguro, NADIE EN EL MINISTERIO HA LEIDO NUNCA JAMÁS, porque en este país, nadie lee nada, ni siquiera los letreros del tránsito. Siendo así ¿De qué sirvió todo ese padecimiento, todas esas horas sin dormir, todas esas horas sin vivir, los matrimonios destruidos, los hijos abandonados, los padres olvidados, todo, porque hay que rellenar la planificación? Además, para colmo, hay que prepararse cada tanto tiempo para un examen inútil, llamado Evaluación Docente, en que les hacen preguntas tan iluminadas como “¿De qué color era el caballo blanco de Napoleón?”. No, no es chiste, las he leído yo mismo. Y los considero un insulto. Si en informática me pidieran contestar esa basura, plantaría un virus informático en los sistemas, sólo para demostrar mi rabia. Dependiendo de la mentada evaluación, se determina si el profesor conservará su pega, si se le subirá el sueldo en el “escalafón”; y si podrá vivir para luchar otro día. Sigan sumando, por favor, el punto 1 con el punto 2, y vamos viendo el lindo panorama.

3.- Conseguir los materiales para hacer la clase. Sí. Para que se vayan enterando, los profesores NO DISPONEN DE MATERIAL PARA HACER LAS CLASES. He perdido la cuenta de las ocasiones que mi esposa debe, de su propio bolsillo, ponerse para comprar los materiales para los trabajos manuales, para conseguir los equipos necesarios, para vestir a sus niños, porque los papitos corazón tienen plata p’al copete, pero no para ropa. Y pedírselo al colegio, a la municipalidad, al DAEM o al ministerio… es esperar sentado. Yo mismo he andado con ella, buscando materiales, consiguiendo modelos del sistema solar, ilustraciones, libros; material audiovisual, y un largo e interminable etcétera. ¿Pero cómo es posible, están diciendo, que papi estado no se ponga? Les respondo. No sean ciegos. Papi estado sólo se mueve para sacarnos plata, no para salvarnos. Y como aquí se trata de hacer algo bien, papi estado no aparecerá. Así, la que no tiene, resulta que tiene que gastar lo que no tiene para que sus niños puedan aprender a escribir MA-MA. Y ¿quién le agradece por todo esto? Por supuesto, MOYA.

4.- Hacer clases en un glaciar/desierto del sahara. El colmo de los colmos. Ese profe que padece todos los puntos anteriores, además debe hacer su trabajo en una sala que se llueve toda, o que llega a temperaturas en pleno invierno que se acercan al cero (poseo pruebas, que les puedo compartir cuando quieran). Cuando se acerca el verano, es todo lo contrario, las clases se deben hacer en un horno de Auschwitz. Así que, sumemos a los 3 puntos anteriores, el hecho de lograr sobrevivir dentro de este ambiente hostil, digno de survivalista, y de lograr que los niños lo sobrevivan también. Qué lindo, ¿no? Pronto, en las listas de útiles, podremos incluir cuchillos de sobrevivencia, cantimploras, etc. Créanme, no es chiste que son necesarios. Hay que saber hacer fogatas con pedernal o palitos. De nuevo, ¿quién arregla esta situación? Mi esposa, recurriendo a medios de locura para que ella y sus alumnos puedan ver otro día.

5.- Ambiente totalmente hostil. Un profesor debe olvidarse de que tiene vida personal, y enfermarse es un pecado mortal, castigado con las peores penas del infierno. Ni se les ocurra ir al médico, pedir licencia, o ir a sepultar a su padre o a su madre. El DAEM no les perdonará por esto. Quejarse no es una opción. Si alguien se atreve a quejarse, será trasladado a la primera escuela perdida en la montaña, para ir a enseñar a las cabras a decir beee.

6.- Violencia. Sí, hay violencia. Los niñitos muestran la hilacha, y agreden físicamente a sus profesores, y como estamos en los tiempos que estamos, los profesores no pueden ni hacerles ni decirles nada para defenderse, porque los pobres niñitos se pueden traumatizar. Hasta ahora, mi esposa ha tenido suerte, sólo han sido golpes de pies y puño. Pero ¿qué pasará cuando algún angelito de Dios llegue con una navaja, o una automática? Aparte del delantal, pienso regalarle a mi esposa un chaleco de kevlar y un casco táctico. Así quizá llegue a Navidad, para celebrarla con ella. Ojalá pueda decirle Feliz Navidad este año mirando sus ojitos, y no a la lápida en el cementerio.

7.- Sueldo de burla, jubilación de oprobio. Si sumamos todos los puntos anteriores, veremos que la carrera docente es DE ALTO RIESGO. Los mineros de Codelco cobran millonarios sueldos, bonos, y compensaciones eternas porque su trabajo es peligroso. Si vemos todo lo anterior, ¿acaso el trabajo de profesor es un lecho de rosas? No. Pero así y todo, su sueldo depende de cuántas horas trabajan. Si llegan a trabajar menos horas, por el motivo que sea, aparte de la mala cara, los insultos, y el mal trato; recibirán menos sueldo a fin de mes. Díganme, estimados Rambos de teclado. ¿Cuántos de ustedes aguantarían que les bajaran el sueldo, porque tuvieron que salir de emergencia por un hijo, padre, madre, esposa, esposo, enfermos o accidentados? ¿O porque tuvieron que salir a hacer un trámite, gentileza de papi estado de Chile? Ninguno, ¿verdad? ¿Por qué los profes deben aguantarlo? ¿Acaso son una especie de paria, o casta aparte, que debe soportar todo lo anterior, más esto, sin chistar? Y todo para que sus bendiciones aprendan LO QUE USTEDES LES DEBIERON ENSEÑAR. Todo para que sus bendiciones reciban el CARIÑO QUE USTEDES LES DEBIERON DAR. Después de años de servicio, cuando llega el momento de jubilar, cualquiera se va a casa, cobrando su jubilación. Les cuento que los profes no. Los profes son tramitados eternamente por papi estado, de forma que hay casos en que han esperado POR AÑOS recibir el miserable primer pago de su jubilación, sí, una miseria, que no llega ni a la mitad del sueldo que ganaban en sus años de trabajo. Así, muchos profes no se jubilan jamás, y MUEREN ENSEÑANDO, porque no se pueden mantener con esa miseria. ¿Qué le pasará a mi pobre Cucha si yo muero antes que ella? He sacado un seguro de vida pensando en ello. Al menos eso la ayudará un tiempo, porque si no…

8.- La sombra roja. Para colmar la medida del desastre, existen ellos. Los que han crecido leyendo “El Capital” (y lo han leído mal, porque la traducción al español está mala) son una sombra y perenne lastre para los profesores de Chile. Dicen que quieren hacer justicia para ellos, pero sólo los manipulan para lograr sus fines. Ahora mismo, mi esposa ha sido presionada, y amenazada, en el contexto del paro, para seguir adelante con el mismo, a pesar de estar asustada por las declaraciones de la ministra Cubillos de que les descontarán del sueldo los días no trabajados, cosa que, por supuesto, la destruiría, tal cual. Ya la han llamado “traidora” y otras cosas peores; sólo por querer conservar lo poco que le queda. El PC, lejos de ayudar a los profes, sólo los ha utilizado como arma durante años. Tuvieron dos décadas completas para haber solucionado todos estos problemas, y no hicieron nada. Pese a ello, aún hay profes ciegos y desesperados, que creen en el canto de estas sirenas siniestras.

9.- La ofensa gratis y el pago de Chile. Quizá la peor de las puñaladas para un profesor, es ver que, con todo lo anterior a cuestas, el país al que sirve (porque en el fondo, eso es) le da la espalda y los patea en el suelo. Les gritan que son flojos, inútiles e ignorantes, que no quieren trabajar, que abandonan a los niños, que lo único que quieren es plata. A ver, Rambos de teclado: Con todo lo que ya les he dicho, ¿todavía creen lo mismo? ¿Quién ha abandonado a los niños, en primer lugar? ¿No fueron ustedes, padres y madres? ¿Quién ha andado en marchas en pelota, para conseguir matar niños sin pagar caro por ello? ¿No fueron ustedes? ¿Quiénes son los que delegan TODA SU RESPONSABILIDAD de educar a sus bendiciones, en manos de un extraño? Ah, claro, millenials podridos, si es mejor que otro se encargue, así puedo yo seguir chateando en el Starbucks, porque, qué lata, preocuparse de todo esto me frustra, es muy mainstream, ah, deja comentar esta noticia de la Argandoña, no quiero cosas negativas, me frustro. Por supuesto, ustedes no quieren plata, así que pueden criticar a cualquiera que sólo quiere sobrevivir y tener una jubilación decente para pasar en paz sus últimos años. No los he oído gritar para quejarse cuando los de Codelco reciben bonos supermillonarios sobre todos los millones que ya recibían, y tras sólo hacer una espantada de paro de dos días. Claro, eso está en la onda, eso no es mainstream.

Hagamos ya la raya para la suma.

Yo, estando fuera de esta situación, siento un dolor tremendo y temo por mi esposa. La veo sufrir estas ignominias, estas injusticias, y me da rabia. ¡Hasta cuándo! Lo que más me duele, es la traición del pueblo de Chile contra sus profesores. Los han traicionado, y arrojado a la basura, los tratan como esclavos. Sí. El mismo pueblo de Chile, que se cree los Estados Unidos de Sudamérica, y que es muy ario para recibir migrantes, y para apiadarse de sus propios hijos. ¿Para qué tener profesores, si una máquina les puede enseñar? Les cuento que yo programo esas máquinas. Y esas máquinas no se pueden programar para amar a sus hijos, cuidar de ellos, secarles las lágrimas, limpiarles el traste (porque hasta eso hace un profesor) escucharlos, jugar con ellos, DARLES VALORES, TODO LO QUE USTEDES NO SON CAPACES DE HACER. Las máquinas sólo presentarán información para que ellos la lean, no para que les quede en su mente y corazón, para hacerlos mejores seres humanos. Sólo les darán información para hacerlos esclavos más eficientes.

Porque en el fondo, eso es eso lo que ha estado en juego aquí. Y el Estado (no el Gobierno, el Estado) ha mostrado la hilacha bien mostrada durante este conflicto y ninguno de ustedes, ciegos, ha sido capaz de verlo. Si Codelco ruge, el Estado le dará todos los millones que quiera, porque de ellos depende el ingreso de Chile que los políticos se roban. Si los profes intentan rugir, recibirán sólo patadas, porque la educación, para el Estado, es un tumor parásito con el que están obligados a lidiar para conservar las apariencias. Por eso los gobiernos de la Concertación, no de la derecha, eliminaron los ramos que te hacen pensar y sentir desde hace años. Y fue la Nefasta la que eliminó Historia, Ed Física y Artes. O sea, dejó la trampa cazabobos puesta, para que la continuara el siguiente gobierno, fuera el que fuera. Ayer llegaron al colmo. La sra. Ministra Cubillos debería haber estado en el Congreso, para una reunión sobre el problema del paro, pero envió un mail diciendo que no iría, porque debía acompañar al presidente a una actividad. ¿Cuál? Ir a ver el eclipse.

Piensen, chilenos, piensen alguna vez en sus miserables vidas. Abran los ojos y dense cuenta de que, no importa el color, no importa el lado. Al político le servimos idiotas e ignorantes. Mientras más divididos y peleados entre nosotros, mejor porque seremos más manejables y robables. Y un profesor contento en su trabajo, que ilumina las mentes, es la mayor amenaza que puede existir para un parásito político. Es por eso que los quieren destruir.

¿Hay algo más que decir?

martes, 4 de junio de 2019

Nuevo libro de Villegas: lecciones de vida desde la muerte, el infierno o universos paralelos


Con una preventa -que en pocos días- alcanzó las mil unidades vendidas, Fernando Villegas vuelve a la escena literaria con su nueva creación llamada “Grandes Invitados”. A fines de mayo ya estará a la venta en librerías.
El libro número 23 de Fernando Villegas realiza un un análisis a fondo -pero no interminable- acerca de qué es la Justicia, la Vanidad, el Progreso, el Amor, el Odio, la Vejez, el Júbilo, el Humor y muchos otros varios misterios gozosos y dolorosos de la vida, a través de entrevistas en que el autor o su alter ego realiza a sabios muertos de la talla de Stalin, Mark Twain, Jesús, San Pablo, Ghandi y/o a sus avatares paralelos.
Con miles de visualizaciones de sus videos y textos en su nuevo sitio www.elvillegas.cl, la reinvención de Villegas viene de la mano de la creación de esta obra profunda y delirante , la que invita a subirse a la máquina del tiempo y del hiperespacio para conocer la opinión de los Grandes Invitados en los temas trascendentales de la vida.
“Grandes Invitados”, con ilustraciones de Pablo Sánchez, ya está disponible para su compra a través https://tienda.elvillegas.cl/ a un precio de $12.900 y en las librerías más importantes del país.

viernes, 17 de mayo de 2019

El “Más Allá” de Quintana


Por Fernando Villegas - Mayo 17, 2019

El señor Jaime Quintana, de miltancia PPD, quien preside el Senado, está cumpliendo con la misión de enriquecer las actividades de la institución que encabeza incorporando a sus quehaceres el Más Allá, aunque por el momento sin mesa de tres patas.

Lo hizo durante la sesión de la comisión que revisó los antecedentes de Dobra Lusic, candidata del gobierno a ocupar un  curul en la Corte Suprema. Se sabe que Quintana y muchos otros estaban a priori en ánimo de rechazo; ya se habían comprado  – y no es difícil adivinar que se los compraron ganosamente, gustosamente– los rumores y “denuncias” levantadas contra la jueza para desacreditarla. Inspiró dicha oportuna compra, la cual les cayó como anillo al dedo, el hecho de que la señora Lusic no es ciudadana del territorio progre y peor aun, era propuesta por el desalmado gobierno. De haber sido de los suyos no se hubieran creído ni una palabra de lo que se dijo en su contra. Que los respingos morales y éticos del sector dependen exclusivamente del carnet de militancia de los imputados de turno ha sido probado de sobra; cuando se levantaron acusaciones contra Baradit, flamante historiador experto en secretos, se las rechazó con indignación pues el hombre pertenece a ese sector e incluso más, escribe el tipo de historias de horror a propósito de la élite que le hubieran encantado al doctor Mortis y que desde luego les place  a los concesionarios vitalicios del progreso. ¡Imposible aceptar rumores tan mal intencionados en un caso como ese!

En vista de la camotera que se iba a propinar a la jueza,  la cual era inminente y segura, José Miguel Insulsa, quien pese a los tiempos de demencia senil política que se viven conserva su sentido común y decencia, rechazó el inminente rechazo con duras palabras. Habló de una “catarsis” indebida a ser pagada por quien no debía, la señora Lusic. Habló de una mancha para el Congreso. Motejó las acusaciones de rumores que “no merecen comentario”. Etcétera. Fue entonces y para responder a todo eso quizás -¡quizás!– con un atisbo de vergüenza cuando Quintana sacó a relucir como excusa  el “más allá”. Implícitamente aceptó el hecho de la impecable carrera de la candidata, pero agregó que el currículum profesional y el prestigio no eran suficientes, que era preciso ir “más allá”. 

¡Más allá! ¿Cuál más allá? ¿Cuál es ese Más Allá que es preciso escudriñar cuando ya se ha revisado y comprobado todo acerca de los méritos personales de un candidato? ¿Qué hay en ese misterioso territorio que tiene la última palabra para designar o rechazar? No lo sabemos, pero como mínimo esta referencia es una innovación. Hemos sabido de gente cuya candidatura a un cargo se rechaza por deficiencias profesionales o antecedentes criminales, por excesiva o insuficiente edad, por temperamento demasiado inflamable o en demasía opaco o por ser de esta sensibilidad política en vez de aquella otra, de hecho, esta última, la razón más frecuente, pero aun no sabíamos de un rechazo basado en no haberse escrutado aun lo que juzgaba el Más Allá. Punto para Quintana. Ya que el Frente Amplio no ha aportado el frescor juvenil que los incautos presumieron, bienvenida sea como novedad la incorporando de las sesiones de espiritismo. 

Es posible que el “más allá” de Quintana se refiera en realidad, con un lenguaje y semántica alterados, invertido, a un lastimoso más acá consistente en una mezcla de miseria humana, rencores paridos, falta de ideas, de anclajes conceptuales y de mirada política de verdad si por esta entendemos una que hace referencia al bien de la nación y cuya guía es alguna clase de visión con altura -o siquiera pretensiones de altura- suficiente. Pero puesto que no es paladeable ni políticamente conveniente dejar a la vista, en el “más acá”, la hegemonía de dichas bajezas, más vale entonces arrojarlas a ese terreno ignoto y brumoso que no requiere ni exige explicación. Es, sencillamente, el “más allá” inescrutable que lo justifica y legitima todo. 

En cierto sentido Quintana, al hablar del Más Allá, ha salido del clóset de la muerte ideológica que “vive” su sensibilidad.  Es un precursor sin quererlo. Su sector, la entera izquierda o progresismo como ahora gusta llamarse, bien poco tiene ya de positivo que proponerle a la nación pues no posee en carpeta mucho más que no sea la lista semanal de reproches, denuncias, criticas y llamados a dar examen ante alguna comisión dominada por ellos. En todos los sentido que importan e interesan están políticamente muertos. Desunidos, conflictuados, desmoralizados y en plena diáspora, su vida es fantasmagórica en el estilo de los espectros del cine de horror, espíritus rabiosos buscando venganza a costa de los moradores de la casa. Habitan entre sus paredes, en altillos o en rincones del sótano y hacen todo el ruido y desaguisados que pueden. De vez en cuando “se aparecen”. Vienen desde  el lamentable Más Allá confesado por Quintana. Vienen, reprochan, juzgan, sabotean, paralizan y se esfuman hasta la próxima penadura.

domingo, 28 de abril de 2019

De Profetas y Sacerdotes


“¿Cómo olvidar a Fernando Villegas, quien, sin mediar acusaciones concretas ni evidencias, fue crucificado en la plaza pública y suspendido de todo en menos de un día por un reportaje periodístico…?”

Lo dice un columnista de La Tercera, Cristián Valenzuela, quien casualmente ejerce en uno de los medios que me suspendieron “en menos de un día” y sin la menor indemnización pese a mis 25 años de continuo y leal trabajo y boleteo. En todo caso no fue sino una mención al paso para efectos comparativos porque el protagonista de la columna no soy yo sino el señor Baradit, recientemente caído en desgracia para gran parte del mismo público que en un pasado reciente, llevado por esos entusiasmos que incendian la pradera de la emoción y el halago por razones a menudo incomprensibles, lo encaramaron a un elevado pedestal. 
Otros sectores del país como mínimo lo miraban con respeto o siquiera con indiferencia, pero también, llegado el momento, se sumaron a la horda linchadora. En estos tiempos nada es más divertido y regocijante que linchar a alguien. Ahora le tocó a Baradit, quien alcanzó notoriedad merced a una sucesión de libros cuyo propósito es revelar una “historia secreta” que era desconocida, pero hoy ya exhumada merced a las facultades telepáticas del autor. 

No me sumaré a esa horda. No lo haré pese a que una vez el señor Baradit perpetró un absurdo e insultante comentario respecto a mí, más bien una grave y gratuita acusación, la de que yo lo “plagiaba” porque mi último libro publicado por Planeta -otra empresa que me dejó caer en un día o quizás una semana– se titulaba “Chile, una Historia Casi Secreta”, de contenido, propósito, estilo y tono 1000% distinto a lo de Baradit, quien parece que se consideraba y quizás aun se considera concesionario vitalicio de la palabra “secreto”. Tampoco me sumaré a la horda porque crea deficiente su trabajo. ¿Cómo podría? No he leído ni siquiera las solapas de su profusa obra histórica, aunque asumo debe ser atractiva y original o no hubiera concitado tanta atención e interés de parte del público, al cual, hace unos años, vi alineado en interminables colas -en la Feria del Libro- para que les firmara un ejemplar que algunos quizás jamás abrirían. 
Tampoco conozco los detalles del porqué se le lincha. Sólo sé que se le reprochan estentóreamente cosas que dijo hace años, actitudes o posturas que habría tenido en el pasado. Y Valenzuela le reprocha, además, el modo como respondió ante esa reacciòn popular. Por eso y todo lo demás el columnista lo retrata como un “profeta caído” sin otro apoyo que las mesnadas progresistas que ahora lo defienden de los fascistas pobres.

Los Seguidores

Son estos últimos, los defensores a ultranza, los que me interesan en mi calidad de historiador aficionado o siquiera de aficionado a la historia.  Baradit, simple individuo, sólo protagoniza y es víctima de un desagradable episodio biográfico, pero no histórico. Sencillamente en lo que a él respecta  se le puede y se le debe compadecer. Sé muy bien qué entraña caer en manos de una masa enardecida casi siempre por las razones más irrelevantes, o, como en este caso y como está de moda, surgidas de escudriñar maliciosamente el pasado de cada quien con el afán de crucificarlo como si nadie tuviera derecho a no haber sido perfecto de acuerdo al estándar de hoy, como si debiéramos pagar ahora y para siempre por palabras, actos o situaciones remotas y olvidables y que a nadie debieran importar. ¡Ah, pero hoy importan! 
Desenterrar viejos y podridos esqueletos, aun los de mínimo tamaño e irrelevantes hasta en su tiempo, es un pretexto muy útil para azotar al prójimo y de ese modo evacuar las rabias que pululan en el corazón del respetable público; con anacronismos repletos de mala leche ese monstruo de mil cabezas iracundas, aglomeración indistinta y nada de fiar, se puede dar el gusto de “legítimamente” pisotear a los Baradit de este mundo, a quien sea manifieste talento y tenga una obra a sus espaldas, alguna distinción, inteligencia y saber. 

En cuanto a los defensores que alguna vez hicieron de Baradit, según dice Valenzuela, un profeta hoy caído, se requiere otra mirada. En este caso no vale ni la compasión ni la comprensión; aquí vale cierta incredulidad porque de seguro esos defensores no sufren el malestar que sufre Baradit, sino al contrario, disfrutan el goce de sentirse muy superiores a esa muchedumbre que castiga al historiador; deben imaginarse más cultos e inteligentes que los “robots de las redes sociales”; deben alabarse incluso de poseer un  corazón perdonador porque ellos, sofisticados como son, no reprochan los viejos y presuntos pecados de Baradit, sino los relativizan. Al menos lo hacen con él, sólo con él, porque después de todo lo consideran uno de los suyos. ¿No era acaso el profeta? ¿No dijo lo que al fin debía decirse de las élites chilenas que hicieron de nuestra historia un inacabable catálogo de miserias, iniquidades, torpezas y canalladas?   

Pero, por lo mismo, debo en este punto diferir de Valenzuela; Baradit no es sencillamente un profeta caído, el mesías histórico de toda esa gente tan progresista y al día, sino es el Sumo Sacerdote le guste o no al propio Baradit. Ha sido ungido como el Pope de una Iglesia, como administrador de  una doctrina, como autor de un dogma, como el escribano de un estatuto ideológico e histórico. 
En breve, digamos que a esa masa defensora y seguidora le importa un comino lo que experimente Baradit ni tampoco cual sea la Verdad tanto en el caso de la historia de Chile como en el caso de la biografía del autor; lo que le importa es usarlo para continuar sosteniéndose en su arrogante pretensión de ser las encarnaciones aquí en la Tierra y quizás también en el Cielo de lo que es justo, debido, bueno y necesario. Por eso defienden a Baradit. Al hacerlo se defienden y justifican a sí mismos. Pretenden eternizarse en su presunto rol de iluminados y vanguardias. Que etiquetar, encuadrar, inmovilizar y embalsamar a Baradit no sea de ningún provecho para él ni como persona ni como flamante historiador sino sólo para ellos, ahora supuestamente protegidos por un dogma de Fe histórico, les importa muy poco. 
Es, esa comunidad protectora, una entidad congelada en postura que es una impostura. Dicho sea de paso, posiblemente el 99% de ellos ni siquiera lo han leído. Sencillamente sirve a sus hiper hinchados egos, sirve a esas patotas de comunicadores semi analfabetos que comulgan con el Credo debido. Sirve a los “justicieros” que con el ceño fruncido azotan a los mercaderes del templo. Sirve a una manga de solapados hipócritas.

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