lunes, 10 de julio de 2017

¿Transición, transformación, transacción?



¿Transición, transformación, transacción?

Columna de Fernando Villegas: 


Este domingo ya no se está reemplazando una coalición, sino a una persona y su círculo por otro; se sustituye el porfiado personalismo de Bachelet por el presuntamente más eficaz de Piñera; se reemplaza una casta ejecutiva probadamente inepta por otra a la que se supone más eficiente.
Este domingo se inicia un nuevo gobierno en medio de un estado de ánimo nacional en el que imperan, como en la novela de Dickens y quizás con el mismo resultado, Grandes Esperanzas. Estas provienen no sólo de los ciudadanos independientes y los de derecha que votaron por Piñera, sino también de los no pocos votantes que se cuadraron con Guillier pero a regañadientes, incluso con cierto inconfeso temor de que ganara. Quienes, arrastrados por la fuerza de la costumbre y el peso de su entorno familiar y social, sufragaron de ese modo, no recibieron el triunfo de Piñera con jolgorio, pero respiraron en paz como respira quien aceptó hacerle un gran préstamo a un tío en quiebra y eventualmente este no lo pidió. Habría que sumar a los que sí cometieron apostasía en las urnas, cosa de necesidad matemática o no se explica el 55%. Quién sabe cuántos presuntos votantes de la NM nunca lo fueron y despertaron la mañana siguiente con la sensación de haber cometido un negro pecado, pero también con un suspiro de alivio. Es posible que igual sentimiento haya aligerado el alma de Guillier, perdido en un laberinto en cuya única salida lo esperaba, con su meliflua sonrisa de mandarín, el señor Teillier.

Dicha satisfacción clandestina de seguro la experimentaron muy especialmente los contingentes electorales de la decé porque esta colectividad, pese a los majaderos exorcismos de quienes ahora, en su senectud política, proyectan los pinitos y ardores reformistas de su adolescencia física, NO habita el territorio de la izquierda. En puridad no se sabe dónde habita. Hay tantas versiones sobre su vecindario como dirigentes de ese partido. Pero ahora ya no importa …

Superman
Lo que ahora importa es esto: hayan sido de derecha o no, independientes o simpatizantes, “millennials” o ancianos emergiendo de sus lechos para cumplir con su deber cívico, en la gran mayoría de los casos el votante de Piñera no lo hizo para colocar en el gobierno a “la derecha”, como tampoco por amor a los principios liberales que algunos pretenden poner en circulación para derrotar al “progresismo”, sino votaron por Piñera para y por y sólo por Piñera, por el Mesías de la gestión, por Superman y no por el equipo de la alcaldía de ciudad Metrópolis.

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En esta votación por un nombre particular, no por una marca colectiva, el votante de Piñera no hizo sino expresar lo que ya se manifestó en embrión en elecciones anteriores, el ahora acelerado abandono de las por demás tibias lealtades otorgadas por el ciudadano común a las colectividades que ocupan cierta franja del territorio que va desde la derecha a la izquierda, fenómeno que ha ido en paralelo al decaimiento de las posturas políticas basadas en una cultura familiar y personal de toda la vida y su sustitución por el acto de preferir, según la ocasión, a individuos providenciales que parezcan representar lo que en cierto momento se cree necesario. Interesa, hoy, quien parece capaz de entregar la mercancía. El ciudadano no vota como antes por el candidato de una coalición, sino son las coaliciones las que eligen como candidato a quien ya ha sido votado como tal por dicho ciudadano. Los partidos no tienen otra opción que resignarse y ponerse a la cola.
Todo esto es muy sabido. No es misterio el fenomenal descrédito en el que se ha derrumbado la política tradicional, esa cooperativa de socorros mutuos de una casta que se autoperpetúa con pitutos a la medida tanto en Chile como en el extranjero. Ya no asombra que se la catalogue como actividad propia de ineptos y/o corruptos y se la mire con el mayor desprecio. Es la base psicológica que ha alimentado la advertencia ya convertida en cliché de que nos aproximamos al populismo. Sin embargo tal vez el proceso sea mucho más profundo que eso.

Otro paradigma
Bien pudiera ser que el populismo no sea sino la fase inicial de un proceso de mucha mayor envergadura, el de la transición desde las democracias hacia regímenes centralizados al margen del control ciudadano y libres de limitaciones temporales y legales. Hay ya en stock fases bien maduras de eso, como en China, donde acaba de ponerse fin al gobierno corporativo del PC -especie de democracia de club- al terminarse con los límites del mandato del Presidente Xin, quien podría perpetuarse. Con eso el régimen se encamina hacia la fase de la autocracia absoluta.

Detrás de este proceso operan enormes fuerzas demográficas, económicas, tecnológicas, psicológicas y culturales que hacen crecientemente inviable el funcionamiento de la democracia tal como, en otros tiempos, grandes fuerzas hicieron inviables las monarquías. Los sistemas políticos suponen ciertas condiciones y no sobreviven su demolición. Son, como todo, esclavas de Cronos. Hoy esas fuerzas promueven y hasta hacen necesario el surgimiento, desarrollo y consolidación de sistemas de poder cada vez más monopólicos y monolíticos. El modelo previo más simple del sistema que hoy se ve venir fue el del período del “Principado” en el Imperio Romano, donde y cuando todo dependía del autócrata y la fuerza armada era totalmente dependiente de él y sólo de él, pero al mismo tiempo se guardaban las apariencias con un Senado de fachada y una plebe cuyas quejas y demandas se tomaban parcialmente en cuenta. Fue la política del “panem et circenses”. Dicho sea de paso, la “democracia” nunca ha funcionado sino en la medida en que entra en sórdida aleación con elementos no democráticos.

Las vías
Entre las modalidades que manifiestan este proceso hay algunas de opereta latina, como la protagonizada por Chávez y Maduro en Venezuela y la del señor Morales en Bolivia; en otros casos, su dimensión está seriamente preñada de consecuencias globales, como en China; en Rusia tomó una forma entre mafiosa y zarista y es manejada por Putin con suma perfección; en Europa aparece como la rápida disolución de las lealtades partidarias clásicas y la emergencia de líderes a la cabeza de movimientos sosteniendo posturas extremas; en USA un nuevo modelo, indefinible aun pero ya resquebrajando todo lo conocido, asoma su cabeza. Analistas del NYT temen por la de México. Y hay más casos y variantes del proceso, por igual llevando a la personalización y tecnocratización del poder y su alejamiento de la presunta ciudadanía “empoderada”, a la cual hoy se la engaña -“circenses”- con una fantasía participativa y, por otro, se le concede acceso a una suerte de teléfono de emergencia por si un déspota de provincia hizo las cosas demasiado mal. Este es el “panem”.

Chile

Piñera, entonces, por su modo transversal de acceder a La Moneda, tal vez represente mucho más que el reemplazo de una coalición fracasada por otra que aún no prueba si tendrá éxito. Tras la apariencia de continuidad democrática, de luchas de poder entre partidos y coaliciones, quizás estamos viendo el siguiente capítulo de una metamorfosis aun balbuceante. Este domingo ya no se está reemplazando una coalición, sino a una persona y su círculo por otro, se sustituye el porfiado personalismo de Bachelet por el presuntamente más eficaz de Piñera, se reemplaza una casta ejecutiva probadamente inepta por otra a la que se supone más eficiente. La apariencia de agendas y filosofías globales como protagonistas de la historia es más intensa que nunca, pero más hueca que casi siempre. Su ruidosa condición es más histriónica que histórica y revela a cada paso su escasa sustancia. Los chicos del FA lo han detectado muy bien.

¿Cuál será, entonces, el carácter del nuevo gobierno comparado con la historia política previa de la nación? ¿Simplemente la transición desde una coalición a otra, un nuevo turno en el juego de las sillas musicales? ¿Alguna forma de transacción entre los principios de la derecha con los ya instalados por el progresismo? ¿Una transformación desde obsoletos principios semisocialistas por la también obsoleta agenda liberal? Posiblemente una confusa mezcla de todos esos vectores, pero principalmente podría ser otro paso en el camino inaugurado por el primer gobierno de Bachelet hacia formas de Estado, convivencia y gestión política .



Delincuentes huyeron a áfrica 




Los criminales asesinos de policías y asaltan el banco de la décadas 30 en estados unidos, hasta cuándo lo busco la policía si estaban prófugos y por el paso de tiempo, no se tiene indicio de ellos, y no sabe si están vivos o muertos. Cuando archivaban.

Es una pregunta fascinante que toca la realidad del sistema judicial frente al paso inexorable del tiempo. Hablar de la década de 1930 es hablar de la "Era de los Enemigos Públicos" (John Dillinger, Bonnie y Clyde, Baby Face Nelson).

En Estados Unidos, el manejo de estos casos depende de un concepto legal clave: el estatuto de limitaciones, pero con una excepción muy importante.

1. El mito de la "libertad" por tiempo
A diferencia de los robos comunes, existen delitos que nunca prescriben:

Asesinato: En casi todos los estados y a nivel federal, el asesinato no tiene estatuto de limitaciones. Si un criminal mató a un policía en 1934, la orden de arresto sigue técnicamente activa hasta que se confirme la muerte del sospechoso.

Fuga Federal: Si el FBI emitía una orden por "fuga ilegal para evitar el enjuiciamiento", esa orden no expira simplemente porque pasen los años.

2. ¿Cuándo se archiva realmente el expediente?
La policía no suele "cerrar" el caso en el sentido de decir "ya no es un crimen", sino que lo mueven a diferentes categorías:

El límite de la biología
El criterio principal para archivar definitivamente un caso de los años 30 es la probabilidad biológica de vida.

Si el sospechoso nació en 1910, para el año 2010 tendría 100 años.

Generalmente, cuando un sospechoso cumpliría 100 o 110 años, el FBI o las agencias locales suelen clasificar el archivo como "Cerrado administrativamente" bajo la presunción de que el sujeto ha fallecido.

Casos "Fríos" (Cold Cases)
Si no hay indicios de vida o muerte, el caso pasa a ser un Cold Case. No se busca activamente todos los días, pero si aparece una nueva prueba de ADN o se halla un esqueleto con características coincidentes, el expediente se reabre de inmediato.

3. Ejemplo histórico: El caso de los túneles y fugas
Muchos criminales de esa época simplemente desaparecieron. Un ejemplo moderno de esto (aunque posterior a los 30) es la fuga de Alcatraz en 1962. El Servicio de Alguaciles de EE. UU. (US Marshals) ha declarado que mantendrán las órdenes de arresto activas hasta que los fugitivos cumplan 100 años o se demuestre su muerte.

Situación Estado del Caso
Sospechoso identificado pero prófugo Activo (Orden de aprehensión vigente).
Sin pistas nuevas tras décadas Inactivo / Cold Case.
Certeza de muerte o edad extrema (+110 años) Archivado/Cerrado administrativamente.
Dato curioso: En la década de los 30, la identificación era tan rudimentaria (basada en huellas dactilares físicas y fotos) que muchos criminales lograban "borrarse" del mapa cambiando de identidad, algo que hoy, con el ADN y las bases de datos digitales, es casi imposible.

Cuántos estos archivos pasan definitivamente se cierran y pasan al archivo nacional



Para que un expediente criminal de la década de 1930 pase definitivamente a los Archivos Nacionales (NARA - National Archives and Records Administration) en Estados Unidos, debe cumplir un proceso legal y administrativo muy estricto. No todos los casos llegan allí, pero los de esa época tienen una alta probabilidad por su valor histórico.

Aquí te explico cómo y cuándo sucede ese traspaso:

1. El criterio de los "50 años" o "Presunción de Muerte"
Para el FBI y otras agencias federales, un expediente no se envía al Archivo Nacional mientras el caso se considere "abierto" o mientras el criminal pueda estar vivo.

Regla general: Se considera que un expediente es "histórico" cuando han pasado entre 50 y 75 años desde que se cerró administrativamente.

Caso de prófugos: Si el criminal nunca fue capturado, el FBI espera hasta que el sujeto cumpla (o hubiera cumplido) 100 o 110 años. Solo entonces el archivo se declara "cerrado por fallecimiento presunto" y se inicia el trámite de transferencia.

2. ¿Qué archivos se conservan permanentemente?
No todo se guarda para siempre. El sistema legal de EE. UU. divide los documentos en dos tipos:

Temporales: La mayoría de los arrestos menores o robos pequeños se destruyen después de varias décadas (normalmente 20 o 30 años después del cierre).

Permanentes (Los que pasan al Archivo Nacional): Solo el 1% al 3% de todos los documentos gubernamentales se consideran de valor histórico permanente. Los casos de la década de los 30 que involucran asesinatos de policías, asaltos bancarios famosos o figuras de la "Era del Gangsterismo" entran casi siempre en esta categoría.

3. El proceso de desclasificación
Antes de que tú o cualquier investigador pueda ver esos archivos en el Archivo Nacional:

Cierre Administrativo: La agencia (ej. FBI) determina que ya no hay acción legal posible.

Transferencia: Los documentos físicos o digitales se envían a NARA.

Revisión de Seguridad: Se censuran nombres de informantes vivos o técnicas de investigación que aún sean secretas (aunque para casos de 1930, casi todo está ya desclasificado).

4. ¿Cuántos archivos hay de esa época?
Actualmente, la gran mayoría de los expedientes de los "Enemigos Públicos" de los años 30 (Dillinger, Baby Face Nelson, Ma Barker) ya están en el Archivo Nacional en College Park, Maryland.

Si un criminal asaltó un banco en 1935 y desapareció, su expediente probablemente fue transferido al Archivo Nacional entre los años 1985 y 2005, una vez que el FBI se aseguró de que el criminal (si nació cerca de 1900) ya no representaba una posibilidad de captura activa.

En resumen: El archivo no se cierra por "cansancio" de la policía, sino por muerte confirmada o presunta por edad extrema. Una vez cerrado, si el caso tuvo relevancia (como matar a un oficial o un robo federal), pasa a ser propiedad de la historia en el Archivo Nacional.

Qué pasa con las monedas de oro y los billetes de los robos que al final



Esta es la parte más intrigante de la historia de los años 30, porque en esa época el dinero no era solo papel; era oro físico y certificados que hoy valen una fortuna, pero que en su momento fueron un dolor de cabeza para los criminales.

Aquí te explico qué pasó con ese botín:

1. El Gran Cambio de 1933: El Oro se volvió "Ilegal"
Si un criminal robó monedas de oro en 1930, para 1933 estaba en graves problemas. El presidente Franklin D. Roosevelt promulgó la Orden Ejecutiva 6102, que obligaba a todos los ciudadanos a entregar su oro al gobierno a cambio de billetes.

El problema para el ladrón: Si intentabas gastar o cambiar monedas de oro después de 1933, llamabas la atención de inmediato.

El destino: Mucho de ese oro robado terminó enterrado. Los criminales esperaban que la ley cambiara o intentaban sacarlo del país (hacia México o Canadá) para fundirlo y venderlo como lingotes genéricos.

2. Los Billetes Marcados y las Listas de Serie
A diferencia de hoy, en los años 30 el FBI empezó a ser muy eficiente registrando los números de serie de los billetes que los bancos entregaban durante un asalto.

Lavado de dinero "artesanal": Los criminales no podían ir a una tienda con un fajo de billetes robados. Tenían que ir con "pasadores" (personas que cambiaban billetes grandes por chicos en casinos o hipódromos a cambio de una comisión del 30% al 50%).

Billetes quemados: Se sabe que muchas bandas (como la de Barker-Karpis) terminaron quemando miles de dólares porque los números de serie estaban en todas las comisarías y no podían gastarlos sin ser arrestados.

3. El botín que sigue bajo tierra (Tesoros Perdidos)
Debido a que la policía los perseguía constantemente, los gángsters de la Gran Depresión no tenían cuentas bancarias. Su "banco" era un hoyo en el bosque o el sótano de una casa de seguridad.

Muerte repentina: Muchos murieron en tiroteos (como Bonnie y Clyde o Dillinger) sin confesar dónde habían escondido el dinero.

Recuperación actual: De vez en cuando, al demoler casas viejas en el Medio Oeste de EE. UU. o al arar campos, aparecen cajas metálicas con billetes de los años 30. Lamentablemente, el papel suele estar podrido, pero las monedas de oro conservan todo su valor.

4. ¿Qué pasa si encuentras ese dinero hoy?
Si hoy alguien encuentra un botín de un robo de 1934:

Valor Numismático: Un billete de $20 de esa época, si es raro, puede valer miles de dólares para un coleccionista, mucho más que su valor nominal.

Propiedad Legal: Legalmente, ese dinero sigue perteneciendo al banco original (o a la aseguradora que pagó el robo en su momento). Sin embargo, después de casi 100 años, las batallas legales por "derechos de hallazgo" son complejas.

En resumen:
La mayor parte del dinero de los robos de los años 30 tuvo tres destinos:

Fue gastado en sobornos a policías corruptos y médicos clandestinos.

Fue confiscado por el FBI tras las capturas.

Sigue enterrado en granjas de Wisconsin, Minnesota o Illinois, esperando a ser descubierto.

Los descendientes de los ladrones pueden usar esos billetes y monedas robadas. A esta altura del tiempo los billetes ya no están registrados por la policía, si todavía están las listas en archivo de polícia.

Esta es una pregunta con una respuesta que divide lo legal de lo práctico. Si un descendiente encuentra hoy un cofre con miles de dólares en billetes de 1934 y monedas de oro de un robo de su abuelo, se enfrenta a un escenario de película.

Aquí te explico la realidad de esos billetes "calientes" casi 100 años después:

1. ¿Siguen las listas de números de serie en la policía?
La respuesta corta es: Sí, pero no en una computadora.

El Archivo: Esas listas de billetes robados en los años 30 están en microfichas o cajas de cartón en los sótanos del FBI o de las agencias estatales (como la Policía Estatal de Illinois o Indiana).

La Realidad: No existe un sistema automático moderno que detecte un billete de 1934 cuando lo depositas en un cajero. Los bancos modernos buscan billetes falsos, no billetes de hace un siglo que estén en una lista de papel de 1935.

El riesgo: Si intentas depositar una cantidad enorme (digamos $50,000 en billetes de 1934), el banco dará aviso al IRS (Hacienda) y al FBI por "actividad sospechosa". Ahí es donde sacarían las listas viejas de los archivos para ver si coinciden con robos históricos.

2. El valor del dinero: ¿Son moneda de curso legal?
Billetes: Sí, todos los billetes emitidos por EE. UU. desde 1861 siguen siendo moneda de curso legal. Un billete de $20 de 1934 vale $20 en cualquier tienda... pero sería un error fatal gastarlo así.

Monedas de oro: Valen por su peso en oro y por su valor histórico. Una moneda de $20 de oro (Double Eagle) hoy vale más de $2,000 solo por el metal.

3. El dilema de los descendientes: ¿Pueden usarlos?
Aquí es donde la ley se pone estricta. Existe un principio legal llamado "Nemo dat quod non habet" (Nadie da lo que no tiene):

Como el abuelo ladrón nunca fue el dueño legal del dinero (lo robó), sus descendientes no tienen derecho legal de propiedad sobre él, sin importar cuánto tiempo pase. El paso del tiempo no convierte un robo en propiedad legítima.

Lavado de dinero: Si los descendientes intentan vender ese dinero sabiendo que es robado, podrían ser acusados de receptación de propiedad robada o lavado de dinero.

4. ¿Qué pasa si los intentan vender a coleccionistas?
Este es el camino más probable, pero también el más peligroso:

Los coleccionistas de billetes antiguos (numismáticos) son expertos. Si alguien aparece con fajos correlativos de billetes de 1934 en perfecto estado, el coleccionista sospechará de inmediato que provienen de un robo bancario famoso (como los de la banda de John Dillinger).

Si el FBI se entera, confiscará el dinero sin compensar a la familia, ya que técnicamente pertenece al banco original o a la aseguradora (si es que todavía existen).

En conclusión: ¿Qué pasaría hoy?
Si un descendiente encuentra ese dinero:

Si gasta uno o dos billetes: Nadie se daría cuenta. Pasaría como un billete viejo que alguien tenía guardado.

Si intenta usar todo el botín: Desataría una investigación federal. El FBI vería el caso como una oportunidad de cerrar un "Cold Case" histórico.

Un dato curioso: Muchas aseguradoras de los años 30 (como Lloyd's of London) todavía tienen registros de esos robos. Si el dinero aparece, ellas reclamarían la propiedad porque ellas pagaron la pérdida al banco hace 90 años.

¿Te gustaría saber cómo los coleccionistas identifican si un billete perteneció a un asalto famoso.

¡Me encantaría! Es un proceso detectivesco fascinante que mezcla la historia criminal con la precisión de la numismática (el estudio de las monedas y billetes).

Para un coleccionista o un agente del FBI, un billete de un asalto de los años 30 no es solo "dinero viejo"; es una evidencia con ADN histórico. Aquí te explico los tres métodos principales que usan para identificarlos:

1. La "Serie" y el Número de Secuencia
En los años 30, los bancos recibían fajos de billetes nuevos directamente de la Reserva Federal. Estos billetes venían en orden correlativo (por ejemplo: del 0001 al 1000).

El Registro: Cuando ocurría un asalto, el banco informaba exactamente qué rangos de números de serie habían sido robados.

La Identificación: Si un coleccionista encuentra hoy tres o cuatro billetes de 1934 cuyos números de serie son consecutivos (ej. ...45, ...46, ...47), es una señal de alerta roja. El dinero que circula normalmente se mezcla; los billetes correlativos suelen venir de un "fajo" que nunca entró en circulación legal, como el de un robo.

2. El Sello de la Reserva Federal (Los 12 Distritos)
Cada billete de EE. UU. tiene una letra y un número que indica de cuál de los 12 bancos de la Reserva Federal proviene (ej. 7-G es Chicago, 2-B es Nueva York).

Muchos robos famosos, como los de John Dillinger, ocurrieron en el Medio Oeste. Si aparece un lote de billetes impecables del distrito de Chicago (7-G) en una zona donde operaba una banda específica, los investigadores cruzan esa información con las fechas de emisión.

3. Las "Marcas de Banco" o Timbres
En aquella época, algunos bancos locales ponían pequeños sellos de tinta con el nombre de su sucursal o códigos internos en los billetes antes de guardarlos en la bóveda.

Si un billete de 1930 tiene un pequeño sello borroso que dice "First National Bank of...", y ese banco fue asaltado por la banda de Baby Face Nelson en 1934, el billete se convierte automáticamente en una pieza de museo (y en una prueba de un crimen).

¿Por qué es tan difícil para un descendiente venderlos hoy?
El Mercado de Coleccionistas es Pequeño: Si intentas vender un billete "raro" en una subasta importante (como Heritage Auctions), ellos tienen expertos que revisan las listas de billetes robados del FBI que aún se conservan en archivos históricos.

El Valor de la "Procedencia": Irónicamente, si se demuestra que el billete fue robado por un gángster famoso, su valor para un coleccionista sube muchísimo... ¡pero no puedes venderlo legalmente! Es propiedad robada.

Un caso real: Se han encontrado billetes del famoso secuestro del hijo de Charles Lindbergh (1932) décadas después. Gracias a que el FBI publicó los números de serie en folletos por todo el país, esos billetes son rastreables hasta el día de hoy.

A 90 años después del crimen, todavía existen listas de billetes registrados por robos o se perdieron o extraviados por servicio secreto o fbi

Es una de las preguntas más comunes para quienes sueñan con encontrar un "tesoro" de la Gran Depresión. La respuesta corta es: Sí, las listas existen, pero no están donde la mayoría cree.

Aquí te explico qué pasó con esos registros a 90 años de los crímenes:

1. ¿Dónde están las listas hoy?
El FBI y el Servicio Secreto no han "perdido" las listas, sino que las han movido de sus sistemas operativos a sus archivos históricos.

Archivos Físicos: La gran mayoría de los números de serie de robos de los años 30 (como el robo de Lincoln, Nebraska, en 1930 o los de la banda Dillinger) están en microfilmes o cajas en el NARA (Archivo Nacional) y en la sede central del FBI en Washington D.C.

No están en la "nube" policial: Si un policía detiene a alguien hoy, su computadora no saltará con un billete de 1934. Esa información no se digitalizó para el uso diario de las patrullas porque se considera que el crimen ya no es "perseguible" judicialmente debido a la muerte de los autores.

2. El "Manual de Billetes Robados"
Durante las décadas de los 30 y 40, el FBI publicaba folletos y manuales con miles de números de serie que se distribuían a todos los bancos y casinos del país.

Muchos de esos manuales originales sobreviven hoy en manos de coleccionistas y numismáticos.

Si alguien aparece con un fajo de billetes viejos, un coleccionista experto consultará estos libros históricos para ver si el dinero proviene de un asalto famoso.

3. El caso de los "Billetes del Secuestro Lindbergh" (1932)
Este es el ejemplo más claro de que las listas no se pierden.

El FBI mantiene una lista pública y activa de los números de serie de los "Certificados de Oro" que se pagaron como rescate por el bebé Lindbergh.

Aún hoy, casi 100 años después, si uno de esos billetes aparece en una subasta o en un banco, el FBI tiene la orden de confiscarlo de inmediato. Es una lista que nunca "muere".

4. ¿Se han extraviado algunos registros?
Sí, definitivamente. * Muchos robos a bancos pequeños en pueblos rurales de los años 30 fueron investigados solo por la policía local o el sheriff del condado.

Si esa comisaría sufrió un incendio, una inundación o simplemente tiraron los papeles viejos en los años 70 para hacer espacio, esos números de serie se perdieron para siempre. En esos casos, el dinero "robado" es hoy indistinguible del dinero legal de la época.

En resumen:
Si el robo fue famoso (Enemigos Públicos): Las listas están perfectamente guardadas en el Archivo Nacional y en libros de referencia para coleccionistas.

Si el robo fue pequeño: Es muy probable que los registros se hayan perdido con el paso del tiempo y el cambio de tecnología (del papel a la computadora).

El gran riesgo para un descendiente hoy: No es que la policía lo detenga en la calle, sino que al intentar vender el billete a un experto para obtener su valor real (que es mucho mayor al valor nominal), el experto identifique el número de serie en los libros históricos y de aviso a las autoridades.

Los descendientes de criminales que trasladan monedas de oro y plata robados hace 90 años, y vende extranjeros.

Esta es una jugada astuta que muchos han intentado, pero que tiene sus propios riesgos legales y logísticos. Si un descendiente encuentra un botín de monedas de oro y plata de los años 30 y decide venderlas en el extranjero (fuera de EE. UU.), entra en un terreno pantanoso que mezcla el contrabando con el lavado de activos.

Aquí te explico qué pasaría en la vida real:

1. El traslado físico: El primer gran obstáculo
Si los descendientes intentan salir de Estados Unidos con una cantidad significativa de monedas de oro y plata (que pesan mucho), se enfrentan a la Aduana (CBP):

La Regla de los $10,000: Es obligatorio declarar cualquier transporte de dinero o instrumentos monetarios que superen los $10,000 USD.

El valor intrínseco: El oro no se cuenta por su valor facial (una moneda de $20 de oro no vale $20 para la aduana, sino su valor en el mercado del oro, que es mucho mayor).

Si no lo declaran: Si la aduana encuentra las monedas escondidas en una maleta, las confiscarán de inmediato y abrirán una investigación por contrabando. Ahí es cuando el FBI rastrearía el origen de las monedas.

2. ¿Por qué venderlas en el extranjero?
La lógica de los descendientes suele ser: "En Europa o Asia no tienen las listas de robos de bancos de EE. UU. de 1934".

Es cierto: Un joyero en Suiza o un coleccionista en Dubái probablemente no revisará si esas monedas de oro de 1928 fueron robadas por John Dillinger.

El pago: El problema es cómo reciben el dinero. Si el comprador paga por transferencia bancaria una suma grande, el banco del descendiente en EE. UU. preguntará de dónde salió ese dinero (Ley de Secreto Bancario).

3. El rastro de la "Procedencia" (Provenance)
En el mundo de las monedas valiosas (numismática), la procedencia es todo.

Si intentas vender una moneda de oro muy rara y valiosa en el extranjero, el comprador exigirá saber de dónde salió.

Si dices "era de mi abuelo", pedirán pruebas. Sin papeles que demuestren que la moneda fue adquirida legalmente, el valor de la moneda cae drásticamente porque los compradores serios temen que sea "oro de sangre" o propiedad robada.

4. ¿Qué pasa con las monedas de plata?
Las monedas de plata de los años 30 (como los dólares Morgan o Peace) son más fáciles de mover porque son menos valiosas individualmente que el oro.

Muchos descendientes las venden poco a poco en tiendas de antigüedades o mercadillos en el extranjero.

A este nivel "hormiga" (pequeñas cantidades), es casi imposible que la policía o el FBI se enteren. El rastro se pierde por completo.

5. El riesgo del "Lavado de Activos" Internacional
Si el botín es grande (millones de dólares en oro), moverlo al extranjero se considera Lavado de Dinero.

El FBI tiene agregados legales en casi todas las embajadas importantes del mundo (Interpol).

Si una casa de subastas famosa en Londres recibe un lote sospechoso de monedas de EE. UU. de la era de la Depresión, es muy probable que consulten con las autoridades estadounidenses.

En conclusión:
Si los descendientes son discretos y venden las monedas poco a poco como si fueran una herencia familiar común en tiendas pequeñas de Europa o Latinoamérica, probablemente nunca los atraparían. El tiempo (90 años) juega a su favor porque la mayoría de los registros locales se han perdido.

Sin embargo, si intentan vender el "gran botín" de un solo golpe para hacerse millonarios, la tecnología financiera moderna y las leyes contra el lavado de dinero los detectarían más rápido que la policía de 1930.




Un prófugo de la justicia de estos robos de los años 30 , hubiera vuelto a a Estados Unidos después de 53 o 54 años cómo sería el juicio de esta persona, la fiscalía lo lo acusaría a pesar de tanto tiempo y falta de pruebas. Podría ser condenado después tanto tiempo y muy posible falta de prueba.

Este es un escenario digno de una película de Hollywood, pero basado en realidades jurídicas complejas. Si un hombre que asaltó un banco y mató a un policía en 1934 regresara a Estados Unidos en 1988 (54 años después), la situación sería un caos legal.

Aquí te detallo cómo funcionaría ese juicio "imposible":

1. ¿Lo arrestarían al llegar?
Sí. Como mencionamos antes, el asesinato no prescribe. Si había una orden de arresto federal (un Warrant) emitida en los años 30, esa orden permanece en el sistema. Aunque los sistemas ahora sean digitales, las órdenes antiguas de casos graves fueron cargadas en las bases de datos nacionales (NCIC). Al entrar con su nombre real, el sistema daría una alerta.

2. El desafío de la Fiscalía: ¿Hay pruebas?
Aquí es donde la defensa tiene la ventaja. Después de 54 años:

Testigos: La mayoría de los testigos oculares (cajeros del banco, otros policías) probablemente han muerto o tienen más de 80 años, y su memoria sería cuestionada por cualquier abogado ("¿Cómo puede estar seguro de que este anciano es el mismo joven que vio 2 segundos hace medio siglo?").

Evidencia Física: Muchas pruebas de los años 30 (balas, huellas dactilares en papel, ropa) se degradan. Si el almacén de evidencia de la policía sufrió humedad o se perdió en una mudanza, la fiscalía no tiene nada.

Identificación: El sospechoso ya no se parece en nada a su foto de "Se Busca" de cuando tenía 25 años.

3. La estrategia de la Fiscalía (El contraataque)
A pesar de la falta de testigos, la fiscalía intentaría usar:

Documentos Históricos: Si existen confesiones firmadas en los años 30 o testimonios grabados de cómplices que ya murieron, podrían intentar introducirlos (aunque es difícil por el derecho del acusado a carearse con los testigos).

Huellas Dactilares: Las huellas no cambian con la edad. Si las huellas del anciano coinciden con las encontradas en la escena del crimen en 1934, esa es una prueba científica casi irrefutable.

4. ¿Podría ser condenado?
Es muy difícil, pero no imposible.

El "Juicio por Espectáculo": El estado querría dar un mensaje de que "la justicia nunca olvida".

La condena: Si las pruebas son débiles, la fiscalía probablemente ofrecería un acuerdo (Plea Deal). Le dirían: "Confiésalo todo, dinos dónde está el dinero y te damos libertad condicional debido a tu avanzada edad y mala salud".

Cárcel real: Es poco probable que un juez envíe a un hombre de 80 o 90 años a una prisión de máxima seguridad por un crimen de hace medio siglo, a menos que sea un caso extremadamente violento que cause mucha indignación pública.

5. El argumento de la Defensa: "Derecho a un juicio rápido"
El abogado defensor usaría la Sexta Enmienda de la Constitución de EE. UU., que garantiza un "juicio rápido" (Speedy Trial).

Argumentarían que el retraso de 54 años ha hecho que sea imposible defenderse justamente porque sus propios testigos de coartada ya murieron. Si el retraso fue culpa de que el acusado huyó, este argumento es débil; pero si el gobierno no lo buscó activamente, el juez podría incluso desestimar el caso.

Un caso real de referencia:
Aunque no es de los años 30, el caso de James "Whitey" Bulger es similar. Estuvo prófugo 16 años y fue capturado a los 81 años. Lo juzgaron y condenaron a cadena perpetua porque el FBI mantuvo las pruebas intactas.

En el caso de un ladrón de los años 30 regresando 54 años después, lo más probable es que terminaría en un arresto domiciliario o en un hospital penitenciario, más como una curiosidad histórica que como un prisionero peligroso.

Te gustaría que redactara cómo sería el titular de un periódico de esa época si este anciano fuera capturado? Sería algo como "El fantasma de la Gran Depresión vuelve a casa".

¡Me encanta la idea! Esa frase, "El fantasma de la Gran Depresión vuelve a casa", tiene toda la fuerza de la prensa amarillista y dramática de la época.

Si ese anciano de 80 años fuera capturado en los años 80 por un crimen cometido en los 30, el periódico (imaginemos el Chicago Tribune o el New York Post) se vería como una mezcla de nostalgia y asombro.

Aquí tienes cómo me imagino esa portada histórica:

📰 EL DIARIO NACIONAL
Edición Especial | 14 de Octubre de 1988

¡EL ÚLTIMO ENEMIGO PÚBLICO YA NO CORRE MÁS!
EL "FANTASMA DE LA GRAN DEPRESIÓN" VUELVE A CASA EN ESPOSAS

CHICAGO – Después de 54 años de burlar a la muerte y al FBI, el último eslabón de la era de sangre de los años 30 ha regresado. Se llama Arthur "Artie" Miller, ahora un anciano de 82 años con voz temblorosa, pero que en 1934 fue el hombre más buscado tras el asalto al First National Bank, donde cayó abatido el oficial Thomas O’Malley.

"No lo reconozco como el joven que nos disparó, pero sus huellas no mienten", declaró el hijo del oficial asesinado, hoy un capitán retirado de 75 años.

¿JUSTICIA O MEMORIA?
El juicio de Miller promete ser un dolor de cabeza legal. Mientras que el FBI de J. Edgar Hoover (ya fallecido) lo catalogó como una "bestia humana", hoy Miller apenas puede caminar sin su bastón. Sus abogados alegan que juzgarlo hoy es juzgar a un hombre que ya no existe.

EL BOTÍN: Miller se niega a decir dónde están los $40,000 en certificados de oro que nunca fueron recuperados.

LA CAPTURA: Fue detectado en un control rutinario al intentar renovar su licencia de conducir con un nombre falso que pertenecía a un soldado muerto en la Segunda Guerra Mundial.

Lo que diría la opinión pública en ese momento:

Para los ciudadanos de 1988, este hombre no sería solo un criminal, sino una "cápsula del tiempo" viviente.

El morbo histórico: La gente querría saber qué fue de los otros gángsters. "¿Vio morir a Dillinger?", "¿Dónde escondieron el oro?".

El dilema moral: ¿Vale la pena gastar millones de dólares en un juicio para un hombre que probablemente morirá antes de que se dicte sentencia?

El impacto en la policía: Para el departamento de policía afectado, cerrar este caso sería como sanar una herida de casi un siglo.

¿Te imaginas la escena del juicio? El anciano sentado en una silla de ruedas, frente a un fiscal que ni siquiera había nacido cuando se cometió el robo.

la fiscalía se atrevería a acusar una persona después de 52 años con faltan falta de pruebas y hace tanto tiempo

Esta es la pregunta del millón en el derecho penal: ¿Dónde termina la justicia y dónde empieza el absurdo?

La respuesta corta es: Sí, la fiscalía se atrevería, pero no por las razones que imaginas. No lo harían esperando ganar un juicio de película, sino por obligación legal y presión política.

Aquí te explico cómo operaría la mente de un fiscal en ese caso tras 52 años:

1. El deber de "No dejarlo pasar"
Si el crimen es el asesinato de un policía, el fiscal no tiene elección. Si el sospechoso aparece y hay una orden de arresto activa, el fiscal debe presentar cargos. Si decidiera no acusar "porque pasó mucho tiempo", la opinión pública y los sindicatos de policía se le echarían encima, acusándolo de ser blando con un "asesino de policías".

2. La estrategia del "Juicio de Papel"
Como bien dices, no hay testigos vivos o su memoria es inútil. ¿Qué hace la fiscalía entonces?

Apuéstan a la evidencia forense: Si el arma del crimen fue guardada en el archivo de evidencias y hoy se puede hacer una prueba de balística moderna, o si hay huellas dactilares, el fiscal tiene un caso "técnico" que no necesita testigos.

La confesión es el objetivo: El fiscal sabe que su caso es débil. Por eso, acusa al anciano con los cargos más graves para asustarlo y obligarlo a un acuerdo. Le dirían: "Confiésalo todo, dinos dónde está el dinero y quiénes eran tus cómplices, y te dejamos ir a un arresto domiciliario por tu salud".

3. El riesgo de "Malicia Fiscal"
Si el fiscal sabe que no tiene absolutamente nada (ni huellas, ni arma, ni testigos) y aun así lo lleva a juicio, el abogado defensor puede pedir que se desestime el caso por "Falta de Debido Proceso".

En EE. UU., un juez podría decir: "Usted está procesando a este hombre de 85 años solo por publicidad, sabiendo que no puede probar nada". Esto podría arruinar la carrera del fiscal.

4. ¿Por qué el tiempo juega en contra de la Fiscalía?
A los 52 años, el fiscal se enfrenta a la "Presunción de Inocencia" más fuerte del mundo:

Pérdida de Confrontación: El acusado tiene derecho a interrogar a quienes lo acusan. Si los testigos están muertos, el fiscal no puede usar sus declaraciones escritas de 1934 porque el acusado no puede "carearse" con ellos. Un juez serio descartaría casi todo el expediente antiguo por esta razón.

5. ¿Qué pasaría en la realidad?
Lo más probable es que ocurra una "Salida Elegante":
La fiscalía presenta los cargos, el anciano se declara "No Culpable" por falta de memoria (demencia senil o salud precaria), y el juez suspende el juicio indefinidamente. El caso queda "cerrado" para la historia, la policía siente que "atrapó al tipo" y el estado no gasta millones en un juicio que va a perder.

El único escenario donde el fiscal iría "con todo" es si el anciano, al ser capturado, se jacta del crimen o si el dinero robado aparece en su casa.

¿Crees que el anciano guardaría silencio hasta la tumba o que, al verse atrapado a los 80 años, contaría toda la verdad para sacarse el peso de encima? Sería su última oportunidad de ser famoso.

Has dicho
Este mismo personaje en la justicia Estatal no Federal está acusado de haber matado un comisario del condado y sus alguaciles hace más de 55 años, por venganza personal,los policías mataron a su padre y hermano en discutido incidente, el fiscal del condado lo acusaría sin nada prueba, ni siquiera el arma del crimen y huellas digitales.

Aquí entramos en el terreno de la política pura y el honor herido. En un condado de Estados Unidos, el fiscal (District Attorney) es un cargo electo. Su supervivencia política depende de su relación con la policía local y con las familias del condado.

Si este hombre regresa después de 55 años tras haber matado a un comisario (Sheriff) y sus alguaciles (Deputies), el fiscal se enfrentaría a una presión social masiva.

He aquí cómo se desarrollaría ese drama legal "sin pruebas":

1. El factor "Venganza de Sangre"
En la cultura de muchos condados rurales de EE. UU., matar a un Sheriff es un ataque al corazón de la comunidad.

El Fiscal lo acusaría incluso sin pruebas. ¿Por qué? Porque el acto de presentar la acusación es un símbolo. No acusarlo sería visto como una traición a los "héroes caídos".

El fiscal diría en la prensa: "No descansaremos hasta que este hombre enfrente a la justicia, aunque sea lo último que haga".

2. ¿Cómo construir un caso de la nada?
Sin arma y sin huellas, el fiscal usaría la técnica de la "Evidencia Circunstancial de la Venganza":

El Motivo: Presentaría los registros de la muerte del padre y el hermano del acusado. Argumentaría que nadie más en el condado tenía una razón tan poderosa para emboscar a los policías.

La Fuga: En derecho, la fuga inmediata después de un crimen se puede presentar ante un jurado como "evidencia de conciencia de culpabilidad". El fiscal diría: "¿Por qué huyó por 55 años si no fue él?".

Testigos de oídas (Hearsay): Intentarían buscar a nietos o hijos de personas que vivieron en esa época y que dijeran: "Mi abuelo me contó que Artie Miller juró matar al Sheriff antes de irse". (Aunque esto es legalmente débil, influye en un jurado local).

3. El obstáculo del "Debido Proceso"
Aquí es donde el fiscal se estrella contra la pared. Un abogado defensor medianamente astuto pediría la anulación inmediata (Dismissal) basándose en:

Prejuicio por retraso (Pre-trial delay): El defensor argumentará que el estado tuvo 55 años para buscarlo y no lo hizo con diligencia, y que ahora el acusado no puede presentar testigos a su favor (porque murieron).

Falta de evidencia física: Sin el arma y sin huellas, un juez rara vez permitirá que el caso llegue a un jurado. Un juicio por asesinato basado solo en "él tenía un motivo" suele ser desestimado antes de empezar.

4. El "Trato de Honor" (La salida política)
Para evitar la vergüenza de que el juez desestime el caso, el fiscal buscaría una "Declaración de Alford" o un acuerdo:

Le dirían al anciano: "Diga que es culpable y le damos 'tiempo cumplido' (sale libre por los años que ya pasó huyendo o por su edad)".

El fiscal puede decir que "ganó" porque consiguió una condena, y el anciano puede morir en su cama sin pasar un día en la cárcel.

5. La realidad emocional
En un condado pequeño, si el anciano mató a los policías por venganza porque ellos mataron a su padre y hermano en un "incidente discutido", es muy posible que parte del pueblo esté de su lado.

Si el incidente original fue una injusticia policial, el fiscal podría tener miedo de que un jurado local aplique la "Anulación por el Jurado" (Jury Nullification), donde el jurado dice: "Sí, él lo hizo, pero los policías se lo merecían por lo que le hicieron a su familia", y lo declaran inocente.

En conclusión:
El fiscal lo acusaría por orgullo y tradición, pero probablemente perdería el caso en los tribunales modernos por falta de pruebas técnicas. Al final, sería un juicio sobre la historia del condado, no sobre el crimen en sí.

Imaginas que durante el juicio saliera a la luz que la policía realmente asesinó a su padre a sangre fría en los años 30? Eso cambiaría todo el apoyo popular. ¿Te gustaría que redactáramos ese giro en la historia?

Este es el giro que transforma un caso criminal en una leyenda trágica. Si durante el juicio se descubren documentos ocultos o el testimonio de un último testigo moribundo que revela la verdad, el fiscal pasaría de ser el "vengador de la ley" a ser el villano que persigue a una víctima del sistema.

Aquí tienes cómo se desarrollaría ese giro dramático en el tribunal:

El Escenario: El Tribunal del Condado
El juicio está estancado. El fiscal intenta retratar al anciano como un "asesino de sangre fría". De pronto, la defensa presenta una caja de madera vieja, recuperada del sótano de la antigua comisaría antes de ser demolida, o quizás un diario personal del alguacil fallecido.

El Giro: "La Masacre de la Granja Miller"
Se revela que en 1934, el Sheriff y sus alguaciles no estaban cumpliendo con la ley. El padre y el hermano del acusado no eran criminales; eran granjeros que se negaron a ceder sus tierras o a pagar "protección" a una red de corrupción policial.

La Prueba: Aparece un informe forense original de 1934 que fue suprimido. El informe muestra que el padre recibió disparos por la espalda mientras estaba de rodillas.

El Motivo Real: El ataque del acusado contra el Sheriff no fue un "asalto", sino un acto de justicia vigilante (vigilantismo) tras presenciar la ejecución sumaria de su familia.

El Cambio en el Apoyo Popular
En cuanto la prensa local publica estos detalles, el ambiente en el condado cambia radicalmente:

De "Asesino" a "Vengador": La gente empieza a ver al anciano no como un delincuente, sino como el hombre que tuvo el valor de enfrentarse a un sistema corrupto cuando nadie más podía hacerlo.

Protestas en la Puerta del Tribunal: Jóvenes que ni siquiera habían nacido en los años 30 aparecen con pancartas que dicen: "Justicia para los Miller" o "55 años de mentiras son suficientes".

El dilema del Jurado: Se produce lo que en derecho se llama Anulación por el Jurado. Aunque el anciano admita haber disparado, el jurado decide que el acto fue moralmente justificado dadas las circunstancias de 1934.

El Colapso de la Fiscalía
El fiscal del condado se encuentra en una posición imposible:

Si sigue adelante, está defendiendo el legado de policías corruptos y asesinos.

Si retira los cargos, admite que el departamento de policía del condado ocultó un crimen durante medio siglo.

El Final Probable: El fiscal, para salvar su carrera, pide una "Desestimación con Perjuicio" (el caso se cierra y nunca más puede abrirse). El juez, conmovido por la historia, le dice al anciano: "Señor Miller, la ley no puede devolverle a su padre ni sus 55 años de huida, pero hoy este tribunal le devuelve su nombre".

El impacto final:
El anciano sale del tribunal por la puerta principal. Ya no es el "Fantasma de la Depresión", sino un símbolo de la memoria histórica del pueblo.

Pregunta final para cerrar esta historia: ¿Qué pasaría con el dinero robado si se descubre que el "robo al banco" fue en realidad el cobro de la indemnización que el banco y la policía corrupta le habían robado a su familia?

los jurados cuando Ven a los acusados un anciano de 85 años que usa pañales y no recuerda nada

Este es el golpe de gracia para cualquier fiscalía. En el sistema judicial de EE. UU., el jurado no solo evalúa pruebas; evalúa humanidad. Cuando el acusado es un hombre de 85 años, en silla de ruedas, que usa pañales y sufre de demencia, el juicio deja de ser sobre el crimen de 1934 y se convierte en un dilema ético sobre la compasión.

Así reacciona un jurado ante un escenario así:

1. El factor de la "Incapacidad Mental"
Antes de que el jurado decida si es culpable o no, el juez debe determinar si el anciano es competente para ser juzgado.

Si el acusado no puede ayudar a su abogado a defenderse porque no recuerda quién es, ni entiende qué hace en una corte, el juez suele declarar que no es apto.

Pero si el juicio sigue adelante, el jurado ve a una persona que ya no es el "monstruo" que describen los papeles amarillentos. Para ellos, el hombre que disparó hace 55 años ya murió, y el que tienen enfrente es otra persona distinta.

2. La "Simpatía Inevitable"
Por mucho que el fiscal muestre fotos de los policías muertos, el jurado tiene frente a sus ojos la fragilidad humana en su estado más crudo:

El olor y la higiene: El hecho de que use pañales y necesite asistencia básica genera una sensación de lástima que nubla el deseo de castigo.

La mirada perdida: Un acusado que no recuerda el crimen no puede mostrar arrepentimiento, pero tampoco puede mostrar malicia. El jurado siente que castigarlo ahora es como castigar a un niño o a un animal herido.

3. La "Anulación por el Jurado" (Jury Nullification)
Este es el gran temor de los fiscales. El jurado puede estar convencido de que el anciano cometió los asesinatos, pero decide votar "No Culpable" simplemente porque creen que enviarlo a una celda a los 85 años es una crueldad innecesaria.

Pensarán: "¿Qué ganamos con encerrarlo? Ya vivió una vida de fugitivo, ya está pagando con su enfermedad y morirá pronto".

4. La falta de "Peligro para la Sociedad"
El propósito de la cárcel es castigar, rehabilitar o proteger a la sociedad.

El fiscal no puede argumentar que este anciano es un peligro. No puede sostener un arma, no puede correr, no puede planear un robo.

El jurado sentirá que mantener el juicio es un gasto inútil de dinero público (impuestos) que preferirían ver usado en otra cosa.

5. El impacto del Giro Histórico (La corrupción policial)
Si sumamos el punto anterior —que la policía mató a su familia a sangre fría—, el jurado verá al anciano como un superviviente.

En su mente, el marcador está "empatado": la policía mató a su familia, él mató a los policías, y luego pasó 55 años en las sombras. Para un jurado promedio, la cuenta está saldada.

El desenlace en la sala:
Es muy probable que el jurado se retire a deliberar y regrese en tiempo récord (menos de una hora) con un veredicto de Inocente o que se declare un "Jurado en desacuerdo" (Hung Jury) porque nadie quiere ser el responsable de enviar a un anciano en pañales a morir en una litera de prisión.

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