Anestesistas, Acomodaticios, Bolsonudos y Oportunistas. |
Por Fernando Villegas -Junio 24, 2021 Una cierta sub especie inferior del Homo Sapiens Sapiens pero dotada de grandes dotes de supervivencia, siempre hambrienta y siempre ávida, levantó una vez más cabeza y salió de la bodega de trastos donde los arroja la historia toda vez que ya han hecho ostensible su bajeza e incompetencia con los debidos estropicios; son los Anestesistas, los Acomodaticios, los Bolsonudos y los Oportunistas. Se les ve prosperar y multiplicarse con abundancia en tiempos como los que vivimos. Se los reconoce por sus expresiones de complacencia consigo mismos en el disfrute de las posiciones que han alcanzado. Se les distingue en el acto por su coincidencia absoluta con el discurso políticamente correcto del momento. Se multiplican de la noche a la mañana, como una epidemia, en testeras académicas desde donde recitan con salivoso estilo y ufano amor propio blandas mediocridades, en los púlpitos desde donde predican banalidades, en cargos de autoridad, en directorios empresariales, en colegios, en gremios, sindicatos, en todas partes. Son legión. Son legión y el complemento necesario de la otra parte del género humano que coexiste con ellos, la parte constituida por los cobardes, atemorizados, acallados, escondidos y arrinconados. A veces los miembros de esta sub-especie operan como anestesistas. En esos casos, sentados a sus anchas, de piernas cruzadas, sonrientes, sabedores de todo, al tanto de cada misterio y enigma, aparecen en la televisión, la radio, las charlas y cócteles anunciando la Buena Nueva y tranquilizando a las almas temerosas; “no, no habrá comunismo”; “no, no se llegará a ningún extremo”; “no, no se reprimirá a los medios de prensa”; “no, no aplastaremos a la empresa privada”. Etcétera. No a veces, sino siempre, son acomodaticios. Sintonizan instantáneamente con la variante que cada mañana pueda adoptar el discurso políticamente correcto según sea como lo pronuncie el camarada secretario general, el candidato X o Z, el presidente del partido, el dador de pitutos, el gangster de la coalición que reparte cargos y prebendas. Bolsonudos lo son por necesidad. La claridad mental los perdería. Haría notoria su incapacidad intelectual. Son entonces partícipes de esa especial variante de los retardados que llamamos bolsonudos por lo fofo pero abundantemente vacío de sus dichos. En su nivel más bajo son otros tantos Cantinflas y en un nivel más elevado son pedantes magisteriales, repetidores de fórmulas obsoletas, citadores de textos añejos, ingurgitadores de panfletería. Haciendo tal cosa ya por largo tiempo, han llegado a tal grado de inconsciencia que sencillamente no se percatan de cuán estériles y tontos son los eslóganes que reiteran una y otra vez, porfiadamente, tal como los payasos de circo pobre no saben de otro recurso cómico que patearse unos a otros el culo. El oportunismo de esta sub-especie es de rigor. Carentes de inteligencia, no escasean de esa astucia animal que olfatea infaliblemente dónde se halla la presa, el botín, el pituto, el cargo, la nominación, la beca, la asesoría. La misma lengua que les sirve para salivar complacidos mientras espetan sus vaciedades, les sirve, en este caso, para otros menesteres. ¿Dónde moran, cobran, estropean? Por doquier. Pueblan a rebozar las burocracias, su hábitat natural; se les ve en todo género de asambleas dándose la mano unos a otros y firmando acuerdos que no llegan a ninguna parte; calientan sillas y sillones en todas las reparticiones de la ONU; se dirigen a la nación, cada mañana, desde los matinales de televisión; nutren las filas de los “movimientos;” operan como cazadores de brujas de todas las sensibilidades, se suman a los linchamientos,concentraciones, movilizaciones, protestas, funas, demandas, denuncias; no hay aspecto de la vida en que no estén presentes amargándole y arruinándole la vida al prójimo. Son tan abundantes que por momentos pudiera temerse que constituyen la nueva e inevitable evolución humana a la que ya ha llegado la población china, el rebaño controlado, vigilado, adoctrinado, amansado y entontecido por las autoridades. Es el mundo orwelliano de 1984. |
Planeta de simios. |
Es fascinante cómo la novela original de Pierre Boulle (1963) es mucho más cínica y sociológica que las adaptaciones cinematográficas. La historia que mencionas no es el eje central de la trama, pero es uno de los relatos más inquietantes que el protagonista, Ulysse Mérou, descubre sobre la caída de la humanidad en el planeta Soror. Aquí te detallo cómo se desarrolló esa inversión de roles y la triste "adaptación" de la antigua dueña: El Origen: La Pereza Humana En el clímax de la novela, se revela a través de antiguos manuscritos cómo los simios tomaron el poder. No fue una rebelión violenta repentina, sino un proceso de atrofia humana. Los humanos se volvieron tan dependientes de sus sirvientes simios para todas las tareas domésticas que perdieron la capacidad de valerse por sí mismos. El Cambio de Roles La historia específica de la "dueña de casa" sirve como ejemplo perfecto del colapso social: La Inversión: La mujer, que antes trataba a su chimpancé como una mascota o un juguete vestido, comenzó a delegar tanto en él que el simio aprendió no solo a limpiar, sino a administrar el hogar. La Desnudez y la Degradación: A medida que los simios ganaron confianza y los humanos perdieron el lenguaje (por falta de uso y voluntad), las jerarquías se invirtieron. Los simios empezaron a vestirse como señal de estatus, mientras que obligaron a los humanos a desnudarse, reduciéndolos al estado de animales que ellos mismos habían impuesto a los simios anteriormente. La "Adaptación" a su Nueva Vida Lo más perturbador es cómo la novela describe el trato y la aceptación de esta realidad: Trato como Animal de Compañía: El chimpancé, ahora el "amo", no necesariamente trataba a su ex-dueña con crueldad sádica, sino con la misma condescendencia con la que ella lo trataba a él. La alimentaba y la mantenía en la casa, pero como una criatura irracional. La Pérdida de la Chispa: La mujer se adaptó rápidamente porque ya había renunciado a su intelecto mucho antes de la transición física del poder. Simplemente aceptó su papel de "mascota" de la casa, perdiendo la vergüenza y el sentido de identidad humana. El Reflejo de la Sociedad: Esta historia ilustra la tesis de Boulle: los simios no conquistaron el mundo por inteligencia superior, sino porque los humanos dimitieron de su humanidad por pura comodidad. Es un giro bastante oscuro que resalta que el verdadero enemigo en la novela no son los simios, sino la complacencia humana. Para entender cómo ocurrió exactamente esta transición en la novela de Pierre Boulle, hay que mirar el capítulo XXX, donde se lee el manuscrito de un simio anciano que presenció la caída de la humanidad. No fue una guerra, fue una sustitución gradual y psicológica. Aquí te detallo los pasos de esa transformación: 1. El inicio: La educación del "Sirviente Perfecto" Todo comenzó con la moda de tener chimpancés como criados. La dueña de casa (representando a la élite de Soror) dedicaba su tiempo al ocio absoluto mientras su chimpancé aprendía por imitación. El aprendizaje: El simio aprendió a servir la mesa, a limpiar y, eventualmente, a manejar las finanzas de la casa. La dependencia: La mujer olvidó cómo hacer hasta la tarea más simple. El simio se volvió indispensable. 2. El "Grito de la Selva" y el silencio humano El cambio clave ocurrió cuando los simios empezaron a dejar de obedecer. Un día, el chimpancé simplemente dejó de limpiar. La reacción humana: En lugar de imponerse, los humanos (sumidos en la pereza cerebral) se sintieron desconcertados. No sabían cómo obligarlos. El fenómeno del "Cese de hablar": Los humanos empezaron a dejar de hablar entre ellos, comunicándose solo con gestos básicos. La novela sugiere que la humanidad se "vació" por dentro. 3. La humillación sistemática (La inversión) El momento en que el chimpancé toma el control total es sutil pero devastador: El robo de la ropa: El simio comenzó a ponerse los vestidos y trajes de los dueños. Para marcar la diferencia de estatus, obligó a la mujer a quitarse la ropa. En el mundo de Soror, la ropa es el signo de la razón. Al estar desnuda, la mujer fue despojada de su dignidad humana ante sus propios ojos. La dueña en la perrera: El chimpancé no la echó de la casa; la mantuvo en un rincón, dándole las sobras de la comida que ella misma solía comer en la mesa. 4. La aceptación final Lo más triste de la novela es que la mujer no luchó. "Se acostumbraron a su nueva condición con una rapidez aterradora", dice el texto. Ella terminó adoptando una mirada vacía, comenzó a caminar en cuatro patas cuando se le ordenaba y perdió cualquier rastro de vergüenza. La "sirvienta desnuda" se convirtió en un animal de exhibición para las visitas de otros simios que venían a ver a la "antigua dueña" como una curiosidad zoológica. Este pasaje es una advertencia de Boulle sobre el peligro de delegar nuestra inteligencia en otros (o en máquinas). Lo que hace que la historia de esta mujer sea tan perturbadora en la novela es precisamente su proceso mental, o mejor dicho, la extinción voluntaria de su pensamiento. A diferencia de las películas, donde los humanos son salvajes por naturaleza, en el libro de Pierre Boulle se nos describe la psicología de alguien que decide dejar de ser humano. Así era lo que pasaba por su mente: 1. La "Anestesia" Mental Al principio, la mujer no sentía terror, sino una especie de aturdimiento. Al haber delegado todas sus responsabilidades en su chimpancé, su cerebro se volvió "perezoso". Cuando el simio tomó el control y la obligó a estar desnuda y servirle: Pensaba en la comodidad, no en la libertad: Mientras tuviera comida y refugio, su mente anestesiada no veía la necesidad de rebelarse. La pérdida del "Yo": Empezó a verse a sí misma no como una persona, sino como un objeto que reacciona a estímulos (hambre, sueño, miedo). 2. El fenómeno de la "Imitación Inversa" A medida que el chimpancé se volvía más humano en sus gestos, la mujer empezó a imitar a los animales. Vergüenza evaporada: Su primer pensamiento al ser desnudada fue de una breve humillación, pero rápidamente ese pensamiento fue reemplazado por una indiferencia animal. Al no tener que "mantener las apariencias" ante otros humanos (que estaban en la misma situación), el concepto de dignidad desapareció de su mente. Comunicación instintiva: Dejó de pensar en palabras. Sus procesos mentales se redujeron a imágenes y deseos primarios. 3. La sumisión como refugio En la novela se sugiere que, para esta mujer, ser una "mascota" era más fácil que ser una humana responsable. Cero decisiones: El chimpancé decidía cuándo comía y dónde dormía. Ella experimentó una regresión a la infancia más absoluta. El miedo al amo: El único pensamiento complejo que conservaba era el de interpretar el humor de su dueño simio para evitar castigos, tal como un perro observa a su dueño. 4. El vacío final Cuando los simios finalmente se consolidaron como la especie dominante, la mujer ya no "pensaba" en el sentido humano. Si alguien le hubiera preguntado quién era, no habría sabido responder. Se había convertido en un recipiente vacío que solo servía para resaltar la nueva grandeza de los simios. Dato curioso: En la novela, el gran miedo del protagonista, Ulysse, es que su compañera humana, Nova, sea exactamente así: un ser hermoso por fuera, pero mentalmente "muerto" y carente de esa chispa de conciencia que nos hace humanos. Es una visión muy oscura de la evolución: la idea de que si no usamos nuestra mente, la naturaleza (o nuestros herederos) simplemente nos la quitará. tiendo perfectamente el punto al que te refieres. En la novela de Pierre Boulle, hay una escena específicamente diseñada para chocar al lector, donde se describe esta inversión de roles en las calles de la capital de Soror. Aquí te detallo cómo describe la novela ese momento en que las antiguas "amas" pasaron a ser las "mascotas" de paseo: La Escena del Paseo En el manuscrito que encuentra Ulysse, se narra cómo la sociedad de los simios se consolidó. El paseo por la ciudad se convirtió en el símbolo visual de la derrota humana: La Elegancia de la Mona: La chimpancé (la antigua mascota) ahora camina erguida, viste ropas lujosas, usa joyas y quizás lleva un parasol. Se mueve con la gracia y la autoridad que antes pertenecía a la mujer. La Degradación de la Humana: La ex-dueña de casa camina a su lado, pero ya no como una igual. Camina desnuda, lo cual en la lógica de la novela es el signo definitivo de haber perdido la razón y el estatus. La Correa Invisible: A veces se las describe atadas, pero lo más impactante es que muchas veces no necesitaban correa; la sumisión era tal que la humana seguía a la mona por puro instinto de dependencia, como un perro fiel que teme perder a su proveedor de alimento. El Comportamiento durante el Paseo Lo que más le duele al narrador de ese manuscrito es la actitud de ambas: La Indiferencia de la Humana: La mujer no intenta escapar, no pide ayuda y no muestra rastro de la inteligencia que una vez tuvo. Se detiene a observar cosas sin sentido y solo reacciona cuando su ama mona le da una orden o un pequeño tirón. La Vanidad de la Mona: Para la chimpancé, pasear con su antigua dueña es un acto de estatus social. Entre más "fina" o "bien cuidada" fuera la humana antes, más prestigio le daba al simio tenerla ahora como sirvienta o mascota de exhibición. El Significado de la "Sirvienta Desnuda" En la novela, la desnudez no tiene una carga sexual, sino zoológica. Para los simios de Soror, ver a una mujer humana desnuda limpiando la casa o caminando por la calle es tan natural como para nosotros ver a un caballo sin ropa. Este es el punto más oscuro de la crítica de Boulle: la mujer no solo perdió su casa y su ropa, perdió la noción de que alguna vez fue la dueña de la situación. Se adaptó a ser la "sirvienta" porque dejó de pensar en sí misma como un ser superior. Es un recordatorio brutal de que, en esa historia, el ser humano no cayó por falta de fuerza, sino por renunciar a su dignidad a cambio de una vida fácil. humanas cuando va playa. En el contexto de la novela de Pierre Boulle, la playa no es un lugar de vacaciones para los humanos, sino un escenario de observación científica y de su comportamiento más primitivo. Si imaginamos a esta "ex-dueña de casa" llevada a la playa por sus amos simios, o siguiendo el comportamiento de los humanos salvajes en Soror, la escena sería radicalmente distinta a cualquier recuerdo de su vida anterior: 1. El Olvido de los Rituales Para una mujer que antes planeaba sus trajes de baño, protector solar y sombrillas, la playa en Soror se convierte en algo puramente instintivo: Sin Pudor: Ya no existe la noción de "bañador". La humana está allí completamente desnuda, pero no por libertad, sino porque ha perdido la capacidad intelectual de entender qué es la ropa. Actitud Animal: En lugar de recostarse a tomar el sol, se la vería probablemente escarbando en la arena en busca de crustáceos o comida, o simplemente sentada cerca del agua con la mirada perdida, reaccionando solo al calor o al frío. 2. El Trato de los Simios (Los Observadores) En la novela, los simios suelen ir a las zonas donde hay humanos para estudiarlos o capturarlos. Si la "ex-dueña" fuera llevada por su ama mona: Como un perro en la arena: La mona estaría sentada cómodamente, quizás leyendo o conversando con otros simios, mientras la humana corretea por la orilla o se queda sentada a sus pies. El contraste visual: Sería una imagen poderosa de la caída de la especie: la chimpancé vestida con telas finas para protegerse del sol, mientras la humana, cuya piel es más sensible, se quema bajo el sol de Soror sin que nadie (ni ella misma) piense en protegerla, pues ya es considerada "ganado". 3. La Reacción ante el Mar Para los humanos de Soror, el agua es una necesidad básica, no un entretenimiento. El baño: No nadaría por placer o deporte. Se metería al agua para refrescarse o beber (si es agua dulce), moviéndose con la cautela de un animal que teme a los depredadores. La pérdida de la estética: La mujer que antes se preocupaba por cómo lucía en la playa, ahora tiene el cabello enmarañado por la sal y la piel curtida. Sus pensamientos se limitan al momento presente. Esta escena refuerza el mensaje de Boulle: la humanidad es una "capa de barniz" muy fina. Una vez que se pierde la chispa del intelecto y el lenguaje, el escenario más lujoso (una playa paradisíaca) se convierte simplemente en un hábitat de supervivencia. |
Esa es precisamente la mayor ironía de la novela de Boulle. Al situar a los humanos en un entorno urbano moderno, pero tratándolos como animales salvajes o mascotas, el autor logra que el lector se sienta mucho más identificado (y horrorizado) con la situación. En el libro, la sociedad simia no es una civilización primitiva o medieval, sino un reflejo espejo de la Francia de los años 60: Tecnología y Estilo de Vida: Los simios visten ropa de diseñador, fuman puros, conducen coches y tienen laboratorios de investigación científica avanzada. La Paradoja Visual: Imagina a un chimpancé vestido con un traje de negocios, caminando por una acera de una gran metrópolis, llevando a un humano con correa. Para Boulle, el horror no viene de la "monstruosidad" de los simios, sino de la pérdida de la dignidad humana por falta de uso de la razón. La "Imitación": Cornelius explica en la novela que los simios no necesariamente "crearon" todo, sino que empezaron imitando los gestos y procesos de sus antiguos amos hasta que el hábito se convirtió en cultura, mientras los humanos hacían el camino inverso hacia el salvajismo. El papel de la mujer "ama de casa" El ejemplo que diste de la mujer que termina siendo sirvienta de su chimpancé es el clímax de esta sátira. Representa la caída total: de ser la cúspide de la pirámide social (la dueña del hogar) a ser un objeto decorativo o utilitario sin conciencia. Esta estructura social permite a Boulle lanzar una pregunta incómoda: ¿Es la inteligencia un derecho de nacimiento o algo que se debe ejercer para no perderlo? ejemplo que diste de la mujer que termina siendo sirvienta de su chimpancé es el clímax de esta sátira. Representa la caída total: de ser la cúspide de la pirámide social (la dueña del hogar) a ser un objeto decorativo o utilitario sin conciencia. Exactamente. Ese pasaje es el corazón del mensaje de Pierre Boulle: la deshumanización no como un acto de violencia, sino como un proceso de erosión. Lo que hace que ese ejemplo sea tan punzante es la inversión de la jerarquía doméstica. En la psicología del libro, Boulle sugiere que la comodidad absoluta es una trampa. El concepto de la "Atrofia por Comodidad" En la novela, la transición ocurre de manera casi imperceptible a través de tres etapas que explican por qué esa mujer termina en esa situación: La Delegación: Los humanos, cansados de las tareas mundanas, delegan primero el trabajo físico, luego el administrativo y finalmente el creativo a los simios. La Mimesis (Imitación): Los simios, al observar constantemente a sus dueños, comienzan a copiar sus gestos. Boulle describe cómo los chimpancés empezaron a "actuar" como humanos en sus propias casas. El Intercambio: Llega un punto crítico donde el humano ya no sabe por qué hace lo que hace, mientras que el simio ha perfeccionado el hábito. El humano se vuelve la "mascota" porque ha perdido la chispa de la iniciativa. La Sátira de la Clase Media Esa dueña de casa representa a la burguesía que Boulle quería criticar. Al convertirla en una sirvienta desnuda, el autor despoja al ser humano de todos sus símbolos de estatus (ropa, hogar, posición) para demostrar que, sin la intelectualidad, no somos más que animales. Es una imagen perturbadora porque elimina la "excepcionalidad humana". "El hombre es el único animal que puede dejar de ser hombre si se descuida." — Es el subtexto que recorre toda la obra. En ese pasaje específico de la novela, Pierre Boulle describe una escena de una sumisión escalofriante que subraya la pérdida total de la chispa humana. Cuando la chimpancé (que ahora ocupa el rol de "ama") le ordena desnudarse, la mujer obedece de forma automática y mecánica, sin mostrar ni un ápice de vergüenza, resistencia o rastro de dignidad humana. Aquí los detalles de ese momento en la narrativa: La ausencia de pudor: Para Boulle, el pudor es un rasgo de la inteligencia y la conciencia de uno mismo. Al desnudarse frente a su antigua mascota sin inmutarse, la mujer demuestra que ya no se ve a sí misma como un ser humano, sino como un animal doméstico. La mirada vacía: Se describe que realiza la acción con una pasividad absoluta. No hay rebeldía en sus ojos, solo una "pereza mental" que ha borrado siglos de evolución social. El hábito del servicio: Ella acepta su nuevo papel de sirvienta no por miedo a un látigo, sino porque su mente se ha atrofiado tanto que el concepto de "orden" y "obediencia" es lo único que le queda. El mensaje de Boulle Esta escena es fundamental para la tesis del libro: el espíritu humano se suicidó antes de que los simios tomaran el poder. La mujer no es una esclava forzada en el sentido tradicional; es una humana que "dimitió" de su humanidad. El hecho de que sea su propia mascota quien da las órdenes es la humillación final que Boulle utiliza para escandalizar al lector. |
En la novela, Pierre Boulle describe esta transición de una manera degradante para enfatizar que los humanos han perdido todo rastro de cultura, incluyendo los modales en la mesa, que son uno de los pilares de la civilización. La mujer, al ser ahora la mascota y sirvienta de su antigua chimpancé, come de la siguiente manera: Sin utensilios: Ya no utiliza cubiertos, platos ni copas. Come directamente con las manos o incluso directamente del suelo o de un cuenco, como lo haría un perro o un primate en cautiverio. Dieta simplificada: Su alimentación se reduce a alimentos básicos y crudos, similares a lo que los humanos de Soror recolectan en la selva o lo que los simios les proporcionan como sustento mínimo. La pérdida de la "ceremonia": Para Boulle, el acto de comer de un humano civilizado es un ritual social. En el caso de esta mujer, el acto de comer se vuelve puramente biológico y animal; come por instinto, sin conversación y bajo la mirada de su ama simia, quien quizás la observa con la misma curiosidad científica con la que un humano observaría a un animal en un zoológico. La ironía del "entrenamiento" Lo más perturbador es que, en algunos pasajes, se sugiere que los simios "entrenan" a sus mascotas humanas con comida. Si la humana obedece o realiza un truco (como traer un objeto o desnudarse, como mencionaste antes), recibe una recompensa alimenticia. Esto completa el círculo de la sátira: el hambre y la gratificación inmediata son ahora los únicos motores de la voluntad de la antigua dueña de casa. Lo más fuerte de la descripción de Boulle es que la mujer no sufre por dormir así. Su atrofia mental es tan profunda que ha olvidado lo que es una cama. Su cerebro ya no procesa la nostalgia; simplemente acepta el suelo duro como su lugar natural en el mundo. Esta imagen es el cierre del círculo de la pereza mental que mencionaste al principio: ella delegó tanto su vida a los demás que terminó perdiendo incluso el derecho a un descanso digno. Lo que Boulle realmente está subrayando es que la mujer ha regresado a un estado puramente físico. Ella, que antes quizás despreciaba el trabajo manual y se sentía superior por su estatus social, ahora encuentra su único "propósito" en realizar esas tareas básicas para un ser que antes consideraba inferior. Es la culminación de su pereza mental: como dejó de usar su cerebro para pensar, ahora solo puede usar sus manos para obedecer. Cuando la ama chimpancé decide vestir a su antigua dueña de casa, lo hace bajo estas condiciones: 1. Ropa Ridícula y Decorativa La chimpancé no le pone un vestido elegante para que se vea humana; le pone prendas que los simios consideran "tiernas" o "divertidas" para un animal. Pueden ser lazos de colores, tutús, chalecos pequeños o gorros que no tienen ninguna función práctica. El objetivo es que la humana se vea como un juguete viviente. Es la misma lógica que usamos hoy cuando alguien le pone un disfraz de superhéroe o un vestido de encaje a un perro faldero. 2. La Incomodidad de la Humana Para la antigua dueña de casa, la ropa ya no es un símbolo de estatus o protección: Le resulta extraña: Como ha regresado a un estado animal, la ropa le molesta. Intenta rascársela o quitársela porque ya no entiende para qué sirve. Sin función térmica: A los simios no les importa si ella tiene frío; solo les importa que se vea "bien" para las visitas o para salir al parque. 3. La Exhibición Social La ama chimpancé disfruta llevando a su humana vestida a las reuniones con otras amigas chimpancés. Los simios comentan: "¡Oh, qué encantadora se ve hoy tu humana con ese lazo rosa!". Es una burla cruel a la moda humana: la mujer que antes se preocupaba por las últimas tendencias de París, ahora es un maniquí viviente que porta harapos o disfraces absurdos para el entretenimiento de los simios. 4. La Humillación del Espejo Boulle describe momentos en los que, si pusieran a la mujer frente a un espejo, ella ya no reconocería a la mujer elegante que fue. Solo vería a un animal confuso con ropa que no sabe llevar. La pereza mental ha borrado su identidad de tal forma que ya no siente la dignidad que antes le proporcionaba el vestirse bien. El momento del cambio: La primera orden La transición no fue violenta. Un día, la chimpancé, que había estado observando a su dueña durante años y aprendiendo por imitación, simplemente dejó de obedecer y empezó a mandar. La orden: La chimpancé no usó palabras complejas al principio, sino gestos de mando y una actitud de autoridad natural que los humanos habían perdido. Le ordenó a la mujer que le trajera la comida o que le sirviera, invirtiendo el rol de "ama y sirvienta". La reacción de la mujer: Lo más impactante que relata Boulle es que la mujer no se indignó. Debido a su "pereza mental", su primera reacción fue de alivio. Al ser una mujer que ya no quería pensar ni tomar decisiones, le resultó más fácil obedecer a su mascota que seguir dirigiendo su propia vida. La reacción física y psicológica Boulle describe la reacción de la mujer con un cinismo brutal: Docilidad instantánea: La mujer se inclinó y sirvió a la chimpancé con una sonrisa vacía. Para ella, era menos esfuerzo ser una esclava que ser una persona libre. La pérdida de la mirada: En ese instante, el "brillo" de la razón desapareció de sus ojos. Aceptó el nuevo orden jerárquico como si fuera lo más natural del mundo. El inicio de la desnudez: Poco después de empezar a servir, la mujer dejó de preocuparse por su ropa. Si la chimpancé le indicaba que se quitara el vestido porque estorbaba para limpiar o porque quería verla como un animal, la mujer obedecía sin un rastro de vergüenza. Antes de su caída, la mujer que describe Pierre Boulle representa el arquetipo de la alta burguesía de la civilización humana original en el planeta Soror. Su comportamiento era el de una persona que gozaba de un estatus social absoluto, pero que ya mostraba los síntomas de la enfermedad que destruiría a su especie: la apatía. Así era su vida antes de que su chimpancé tomara el mando: 1. Una vida de ocio absoluto Esta mujer no realizaba ninguna tarea física ni mentalmente exigente. Su día a día consistía en: Delegar: Ella no cocinaba, no limpiaba, ni siquiera tomaba decisiones pequeñas sobre su hogar. Todo lo hacían sus sirvientes simios, a quienes veía como máquinas biológicas eficientes. Entretenimiento vacío: Pasaba horas en actividades que no requerían esfuerzo intelectual, como mirar espectáculos simples o dedicarse exclusivamente a su apariencia estética. 2. El refinamiento estético (Vanidad) Antes de terminar desnuda y con collar, ella era la encarnación de la sofisticación: Daba una importancia desmedida a la moda, las joyas y el maquillaje. Irónicamente, esta obsesión con el "adorno externo" fue lo único que los simios conservaron de ella (cuando luego la visten con ropa de mascota ridícula). Se sentía superior a cualquier otra criatura, pero su superioridad era heredada, no ejercida a través de la inteligencia. 3. El trato hacia su mascota chimpancé Es muy interesante notar cómo trataba ella a la que después sería su "ama": La trataba con una condescendencia cariñosa pero ciega. La veía como un animal "muy listo" que podía aprender a servirle el café o a cepillarle el cabello. Nunca sospechó que, mientras ella se volvía más perezosa, su chimpancé la observaba con una inteligencia que despertaba. Ella le enseñó a su mascota, sin querer, cómo funcionaba el mundo mientras ella misma olvidaba cómo manejarlo. 4. La "Atrofia" incipiente Boulle la describe como alguien que ya había dejado de leer, de escribir y de cuestionar el mundo. Si tenía un problema, esperaba que alguien (o algo) lo resolviera. Su lenguaje ya se estaba simplificando; prefería la comodidad del silencio o de las frases hechas. La metáfora de Boulle Para el autor, esta mujer ya era una "mascota" de su propio sistema de comodidad antes de que la chimpancé le pusiera el collar. La transición física (quitarle la ropa, ponerle la correa) fue simplemente hacer visible lo que ya había ocurrido en su mente. Ella ya no usaba su cerebro para nada vital; la chimpancé, al empezar a imitarla, simplemente ocupó el vacío de poder que la mujer dejó por pura flojera. |
Dueña de casa ultimo día como humana racional. El "último día" de la dueña de casa como ser humano en la obra de Pierre Boulle no fue una fecha en el calendario, sino un proceso de renuncia espiritual y mental. No hubo una tragedia ruidosa, sino un silencio definitivo. Ese último día se puede reconstruir a través de los ojos de la mascota chimpancé, que observaba cómo su "ama" terminaba de marchitarse: 1. El último acto de razón En sus últimas horas de humanidad, la mujer probablemente realizó una tarea cotidiana —como cepillarse el cabello o intentar leer una carta— con una dificultad insoportable. La fatiga mental: Boulle sugiere que para estos humanos, pensar se volvió físicamente doloroso. La capitulación: El momento exacto en que dejó de ser humana fue cuando soltó el objeto que la vinculaba a la civilización (un libro, una pluma o un espejo) y decidió que no valía la pena recogerlo. 2. La mirada que se apaga Hay un instante que el protagonista Ulysse describe como aterrador: el momento en que el brillo de la curiosidad desaparece de los ojos. Ese último día, la mujer miró a su chimpancé no como a un animal inferior, sino como a un protector. Al dejar de ejercer su voluntad, entregó el mando. Cuando la chimpancé le hizo un gesto para que se moviera o le trajera algo, la mujer obedeció con una sonrisa de alivio, no de servidumbre. El peso de ser humana era demasiado grande para ella. 3. La transición física: De la ropa a la piel Ese día terminó con un gesto simbólico de despojo: Probablemente se quitó la ropa de seda o el vestido que llevaba, no para dormir, sino porque la tela le resultaba extraña e irritante. Al quedarse desnuda frente a su antigua mascota, no sintió pudor. El pudor es una construcción intelectual; al renunciar a la inteligencia, la desnudez se convirtió simplemente en su nuevo estado natural. 4. El primer sueño como animal Ese último día no terminó en una cama con sábanas limpias. La mujer se acurrucó en un rincón, quizás en la alfombra o sobre un montón de mantas viejas en el suelo. Cerró los ojos por última vez como una persona con nombre y pasado, y despertó a la mañana siguiente como una mascota sin memoria. Ese momento es el corazón de la teoría de la "evolución por imitación" que Pierre Boulle plantea en la novela. Es un proceso casi cinematográfico y profundamente inquietante. Cuando la dueña de casa "dimite" de su humanidad ese último día, la chimpancé no toma el poder por la fuerza, sino por usurpación estética y gestual. 1. El espejo invertido Ese primer día de vacío de poder, la chimpancé hace algo que la humana ya no tiene interés en hacer: mirarse al espejo. Mientras la humana está sentada en el suelo, absorta en un vacío mental, la chimpancé se acerca al tocador. Empieza a manipular los frascos de perfume, las joyas y los peines. No lo hace como un animal que juega, sino con una intención consciente de transformación. 2. El uso de la ropa como símbolo de mando La chimpancé comprende que la autoridad de su ama residía, en parte, en su apariencia. La mascota toma uno de los vestidos de seda de la dueña de casa. Al principio le queda grande o tosco, pero se esfuerza por abrocharse los botones. Al ponerse el vestido, la chimpancé experimenta un cambio psicológico: se siente humana. Al ver que la verdadera dueña ahora está desnuda y no reclama su ropa, la chimpancé asume que el objeto (el vestido) ahora le otorga el estatus. 3. Caminar erguida: El esfuerzo físico Boulle explica que los simios empezaron a caminar erguidos para imitar la altura de sus amos. En ese primer día, la chimpancé se obliga a mantenerse sobre sus dos patas traseras mientras usa la ropa de la mujer. Es un esfuerzo doloroso al principio, pero lo hace para mirar "hacia abajo" a la humana que ahora gatea por el suelo. La verticalidad se convierte en la nueva frontera entre la inteligencia y la bestialidad. 4. La primera orden "en reversa" El momento más fuerte ocurre cuando la chimpancé, ya vestida con la ropa de la mujer y caminando con torpeza pero con orgullo, emite un sonido o un gesto de mando. Le señala a la humana un objeto en el suelo (quizás una taza de café fría o un zapato). La antigua dueña, al ver a su mascota vestida con su propia ropa, no siente rabia; siente obediencia. Se arrastra por el suelo y le alcanza el objeto. En ese instante, el intercambio de almas se completa: la que viste la ropa y camina erguida es la nueva persona; la que está desnuda y sirve es el nuevo animal. |

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