viernes, 4 de enero de 2019

Resistencia y Lucha



Resistencia y Lucha.


Lula, el corrupto e incompetente obeso que gobernó Brasil junto al “Partido de los Trabajadores” y  hoy día en la cárcel pagando por sus latrocinios, ha tenido el descaro, al momento de asumir Bolsonaro, de hacer un llamamiento -¿a quien?– para dar inicio a una temporada de “lucha y resistencia” como si en vez de estar echado de espaldas en el angosto camastro de una penitenciaria estuviese montado sobre un gallardo caballo, espada en mano, llamando a sus huestes al combate.

En el primer momento quien lo oyó pudo asombrarse ante tamaña desvergüenza, pero de seguro no demoró mucho en darse cuenta que no hay, en gente como Lula, en militantes de la sensibilidad de los fracasados y mano larga, en la confraternidad del progreso del bolsillo propio a costa del erario de la nación, otra postura que esa cuando han perdido el poder porque cualquiera sea el lugar donde se hallen, ya sea en la cárcel o en una ONG, en un Congreso o en un puesto de la ONU, ¿qué otro destino, posición, cargo u otro modo mejor y más fácil de ganarse la vida sino en el disfrute del poder, aferrándose a la teta fiscal, a los privilegios, a las prebendas, a los pitutos? Y por tanto, ¿a quien llaman y convocan a la lucha? A sus colegas de fracaso y cesantía, en especial los que NO consiguieron destinaciones de consuelo por mientras tanto. ¿Y contra quién es la lucha? Contra quien los venció y les arrebató todo porque no se trata de una batalla épica contra las fuerza del Mal, el fascismo, la reacción, la globalización, la reacción, etc, sino contra los advenedizos e insolentes que les han sacado el sofá debajo del poto, arrebatado sus escritorios, cerrado los cajones y obturado las espitas de las que manaba abundantemente, hacia sus gaznates, la deliciosa leche del presupuesto del país.

Aunque esta es ya historia archiconocida, a saber, la insaciable hambre por la mantequilla estatal de las izquierdas ahora disfrazadas de progresismo, no dejan, ciertos episodios, de causar pasmo por su descarado extremo, como ocurre con Lula. Por otra parte Lula sólo es un caso de caricatura de una postura ya conocida. La vemos todos los días, aunque diluida, sin tropicalismos, en nuestro país. El llamamiento a oponerse denodadamente contra toda iniciativa, el aire de rescatadores del mundo de la invasión de los extraterrestres, el cinismo o inconsciencia con que suponen que con su derrota se ha perdido una gran oportunidad histórica que lamentablemente los fascistas pobres no entendieron de buenas a primeras, todo eso es cotidiano y en dicho papel se involucran dirigentes a quienes se les presumía, en otros tiempos, una dosis de decencia y sentido común. Son los tiempos. A otros,  viejones a quienes se suponía moderados, se les ve hoy recitar con estridencia el rosario de la izquierda “combativa” refregando sus hombros con jóvenes de barbita y bigote -el uniforme facial del momento–  para ver si se les contagia ese no-sé-qué de modernidad y frescura política que se les atribuye por mucho que no ofrezcan otra novedad que su inexperiencia pues, como es público y notorio, el devocionario al que le prestan su afiliación es apenas algo menos viejo y desde luego mucho menos sabio que el Eclesiastés. Lula, después de todo, ha hecho escuela.



Intitutrices 






Retorno a casa.

Que clase de persona eran institutrices que viajaban a las colonias británicas

Las institutrices que se aventuraban hacia las colonias británicas durante el siglo XIX y principios del XX no eran simplemente "empleadas", sino figuras atrapadas en una paradoja social fascinante. Eran, en su mayoría, mujeres que personificaban la ansiedad de clase de la época victoriana.

Aquí te detallo qué clase de personas eran y qué las impulsaba a cruzar el océano:

1. "Gentiles" pero empobrecidas
La mayoría eran hijas de clérigos, oficiales militares o comerciantes que habían caído en desgracia económica. Eran mujeres educadas y refinadas que, por necesidad, debían trabajar.

El estigma: En aquella época, una mujer de "buena cuna" no debía trabajar. Ser institutriz era la única ocupación aceptable que no les hacía perder totalmente su estatus de "lady", aunque las dejaba en un limbo social: no eran parte de la familia, pero tampoco se mezclaban con la servidumbre.

2. Buscadoras de una "salida" (El excedente de mujeres)
En Gran Bretaña existía el fenómeno de las "superfluous women" (mujeres excedentes). Había más mujeres que hombres en la escala social media-alta, lo que reducía sus posibilidades de matrimonio. Viajar a las colonias (Australia, India, Canadá o Sudáfrica) representaba:

Mejores salarios: El pago en las colonias solía ser más alto que en Londres.

Mercado matrimonial: En las fronteras del Imperio había escasez de mujeres educadas, por lo que muchas viajaban con la esperanza secreta (o explícita) de encontrar un esposo de buena posición.

3. Agentes de la "Civilización"
Eran vistas como portadoras de los valores británicos. Su misión no era solo enseñar francés o piano, sino moldear el carácter de los niños en entornos que los británicos consideraban "salvajes" o "exóticos". Se esperaba que mantuvieran la etiqueta inglesa a pesar del calor sofocante o la precariedad de los asentamientos.

4. Personalidad y Temple

No cualquiera se subía a un barco durante meses. Estas mujeres solían ser:

Independientes: Poseían un coraje inusual para romper con el núcleo familiar.

Resilientes: Debían enfrentarse a enfermedades tropicales, aislamiento social extremo y, a veces, a la hostilidad de los colonos que las veían como un lujo innecesario.

Institutrices en las Colonias Británicas

La figura de la institutriz (o governess) en las colonias británicas durante la década de 1930 representa un capítulo fascinante de la historia social. En esa época, el Imperio Británico todavía era vasto, pero el mundo estaba cambiando rápidamente tras la Gran Depresión y ante la inminencia de la Segunda Guerra Mundial.

Aquí tienes un panorama de lo que implicaba este rol:

1. El perfil y la motivación
Para muchas mujeres británicas de clase media, trabajar como institutriz en las colonias (como India, Kenia, Malasia o Australia) era una de las pocas formas respetables de independencia económica y aventura.

Educación: Eran mujeres instruidas en idiomas (francés, generalmente), piano, dibujo y etiqueta.

Motivación: Huir del mercado laboral saturado en el Reino Unido y buscar un "mejor partido" matrimonial o simplemente una vida menos gris.

2. El "Limbo Social"
La institutriz vivía en una paradoja constante:

Ni sirvienta ni familia: No pertenecía al mundo del servicio doméstico local (compuesto mayoritariamente por nativos), pero tampoco era tratada como igual por sus empleadores coloniales.

Aislamiento: A menudo se sentían solas, atrapadas entre el rígido protocolo británico y un entorno geográfico que les resultaba ajeno y, a veces, hostil.

3. Responsabilidades en las Colonias
En los años 30, su labor iba más allá de los libros:

Preservación de la "Britanidad": Su misión principal era asegurar que los niños no "degeneraran" o se volvieran "demasiado locales". Debían inculcar el acento, los modales y los valores ingleses.

Clima y Salud: Debían lidiar con enfermedades tropicales y el calor extremo, manteniendo siempre el decoro victoriano/eduardiano que aún persistía en las colonias.

Comparativa: Londres vs. Las Colonias (1930s)

Característica En el Reino Unido En las Colonias
Estatus Social Una empleada más, a veces invisible. Símbolo de prestigio y autoridad cultural.
Entorno Urbano o rural inglés, predecible. Exótico, a menudo en plantaciones aisladas.
Competencia Alta; salarios bajos. Alta demanda; posibilidad de mejores ahorros.

La transición hacia el final de una era

A finales de los 30, el modelo empezó a decaer. La mejora de las comunicaciones y la creación de internados de élite en las propias colonias (o el envío de los niños de vuelta a Inglaterra a edades más tempranas) redujeron la necesidad de tener una institutriz residente.

Institutrices en las colonias británicas durante los 30

La figura de la institutriz (o governess) en las colonias británicas durante la década de 1930 representa un capítulo fascinante de la historia social. En esa época, el Imperio Británico todavía era vasto, pero el mundo estaba cambiando rápidamente tras la Gran Depresión y ante la inminencia de la Segunda Guerra Mundial.

Aquí tienes un panorama de lo que implicaba este rol:

1. El perfil y la motivación
Para muchas mujeres británicas de clase media, trabajar como institutriz en las colonias (como India, Kenia, Malasia o Australia) era una de las pocas formas respetables de independencia económica y aventura.

Educación: Eran mujeres instruidas en idiomas (francés, generalmente), piano, dibujo y etiqueta.

Motivación: Huir del mercado laboral saturado en el Reino Unido y buscar un "mejor partido" matrimonial o simplemente una vida menos gris.

2. El "Limbo Social"
La institutriz vivía en una paradoja constante:

Ni sirvienta ni familia: No pertenecía al mundo del servicio doméstico local (compuesto mayoritariamente por nativos), pero tampoco era tratada como igual por sus empleadores coloniales.

Aislamiento: A menudo se sentían solas, atrapadas entre el rígido protocolo británico y un entorno geográfico que les resultaba ajeno y, a veces, hostil.

3. Responsabilidades en las Colonias
En los años 30, su labor iba más allá de los libros:

Preservación de la "Britanidad": Su misión principal era asegurar que los niños no "degeneraran" o se volvieran "demasiado locales". Debían inculcar el acento, los modales y los valores ingleses.

Clima y Salud: Debían lidiar con enfermedades tropicales y el calor extremo, manteniendo siempre el decoro victoriano/eduardiano que aún persistía en las colonias.

Comparativa: Londres vs. Las Colonias (1930s)
Característica En el Reino Unido En las Colonias
Estatus Social Una empleada más, a veces invisible. Símbolo de prestigio y autoridad cultural.
Entorno Urbano o rural inglés, predecible. Exótico, a menudo en plantaciones aisladas.
Competencia Alta; salarios bajos. Alta demanda; posibilidad de mejores ahorros.

La transición hacia el final de una era

A finales de los 30, el modelo empezó a decaer. La mejora de las comunicaciones y la creación de internados de élite en las propias colonias (o el envío de los niños de vuelta a Inglaterra a edades más tempranas) redujeron la necesidad de tener una institutriz residente.

Institutriz ropa tropical.




La vestimenta de una institutriz en las colonias durante los años 30 era un delicado equilibrio entre la supervivencia al calor y la rigidez moral británica. No podía permitirse el lujo de vestir de forma "descuidada" (lo que incluía pantalones o faldas cortas), pues ella era la guardiana del decoro inglés frente a los "trópicos".

Aquí te detallo cómo era su armario típico:

1. El Tejido es Rey: Lino y Algodón
El poliéster no existía y la seda era demasiado cara o delicada para el trabajo diario.

Lino: Era el material estándar. Aunque se arruga con solo mirarlo, permitía que la piel respirara.

Algodón "Aertex": Un tejido con pequeños agujeros que permitía la ventilación, muy popular en el Imperio para actividades de día.

Colores: Predominaban el blanco, el crema, el beige y el caqui. El blanco ayudaba a reflejar el sol y era símbolo de estatus (mantener ropa blanca impecable requería mucho servicio doméstico).

2. Elementos del Uniforme "Colonial"
El Vestido de Día: Usaban vestidos tipo camisero (shirtwaist dresses), ajustados a la cintura con un cinturón fino, pero con faldas que llegaban siempre por debajo de la rodilla.

El Casco de Médula (Pith Helmet): Esencial para evitar la insolación. Aunque hoy lo vemos como un cliché, en 1930 era una pieza de equipo médico preventivo. A menudo se cubría con una gasa de seda para proteger la nuca.

Calzado: Zapatos de lona blanca o cuero ligero (tipo Oxford o con cordones) para protegerse de insectos y serpientes en las caminatas por la propiedad.

3. El Desafío de la Ropa Interior
A diferencia de las flappers de Londres, la institutriz colonial a menudo seguía usando:

Corsés ligeros o fajas: Para mantener la postura "correcta".

Medias de seda o algodón: Incluso a 40°C, mostrar las piernas desnudas se consideraba impropio de una dama encargada de la educación de niños.

Dato curioso: La "hora del té" era el momento en que se cambiaban de ropa. Después de sudar todo el día en lino grueso, se ponían un vestido de tarde más ligero y femenino para cenar con la familia o los invitados.



Que pasó cuerpo de funcionarios del imperio británico cuando se retiraba en reino unido.

Cuando los funcionarios del Imperio Británico (miembros del Colonial Service o del Indian Civil Service) se retiraban al Reino Unido, se producía un fenómeno social y cultural muy particular. A menudo se les conocía como los "Returnees" o, de manera más despectiva en algunos círculos, como los "NABs" (Not At Home in Britain).

Este era su destino y estilo de vida al regresar:

1. El Choque Cultural Inverso
Muchos habían pasado 20 o 30 años en puestos de gran autoridad, con sirvientes y un estatus social elevado. Al volver a la Inglaterra de posguerra (especialmente en los años 40 y 50), se encontraban con:

Falta de estatus: En Londres eran "uno más". Nadie les saludaba con la deferencia que recibían en Nairobi o Delhi.

Domesticidad difícil: Pasar de tener diez sirvientes a tener que lavar sus propios platos o encender la calefacción de carbón era un golpe psicológico y físico.

2. El "Ghetto Colonial": ¿Dónde vivían?
Los funcionarios retirados tendían a agruparse en zonas específicas que compartían un clima o ambiente que les recordaba a su vida anterior o que era asequible con su pensión:

Cheltenham y Bath: Ciudades balneario famosas por albergar a "Coroneles retirados" y exoficiales. Se decía que eran lugares donde se podía vivir una vida de clase media alta con una pensión colonial.

La Costa Sur: Lugares como Bournemouth o Eastbourne eran populares por su clima más suave (dentro de los estándares británicos) y su ritmo de vida tranquilo.

Londres (South Kensington): Conocido a veces como el "distrito de las colonias" por la cantidad de exfuncionarios que frecuentaban los clubes privados de la zona.

3. Los Clubes y Asociaciones
Para combatir la soledad y la falta de propósito, se refugiaban en instituciones sociales:

The Royal Commonwealth Society: Un punto de encuentro clave para mantener los contactos.

Clubes de Pall Mall: Como el East India Club, donde podían leer periódicos de las colonias y hablar con otros que entendían su jerga y sus experiencias.

Overseas Service Pensioners' Association (OSPA): Fundamental para proteger sus pensiones, que a menudo se veían amenazadas por la inflación o por los nuevos gobiernos de las naciones independizadas.

4. La "Pensión Colonial"
Su retiro dependía de una pensión pagada originalmente por el gobierno de la colonia donde sirvieron. Tras la descolonización, esto se volvió un caos burocrático. Muchos vivieron con el temor constante de que sus ahorros perdieran valor, lo que llevó al gobierno británico a asumir finalmente la responsabilidad de muchos de estos pagos para asegurar su subsistencia.

5. Contribución a la vida pública
No todos se quedaban inactivos. Muchos exfuncionarios coloniales terminaron ocupando puestos en:

La academia: Enseñando estudios antropológicos o de administración.

Organizaciones benéficas: Trabajando en ONGs que operaban en las antiguas colonias.

Justicia de paz: Era muy común que los exmagistrados coloniales se convirtieran en jueces locales o figuras de autoridad en sus pueblos de retiro

Como era opinión de retirado.

La opinión del funcionario retirado del Imperio Británico era, por lo general, una mezcla agridulce de orgullo herido, nostalgia profunda y una sensación de ser un extraño en su propia tierra.

Se sentían como reliquias vivas de un mundo que Gran Bretaña intentaba olvidar rápidamente para mirar hacia el futuro. Su mentalidad solía dividirse en estos puntos clave:

1. El sentimiento de "Traición" y Abandono
Muchos sentían que el gobierno de Londres (especialmente bajo los laboristas de posguerra) había "regalado" el Imperio demasiado pronto.

La crítica: Opinaban que las colonias no estaban "listas" para el autogobierno y que su labor de décadas se iba a perder en el caos.

El olvido: Sentían que el público británico no valoraba el sacrificio que hicieron (años de enfermedades tropicales, aislamiento y trabajo duro). Para el londinense de 1955, el exadministrador de Nigeria era un personaje pomposo y anticuado.

2. Nostalgia por el "Prestigio Perdido"
En la colonia, el funcionario era un pequeño rey: decidía sobre infraestructuras, justicia y vida social. En el Reino Unido, era un jubilado más haciendo fila para el pan con su cartilla de racionamiento.

La frase típica: "En Malasia teníamos espacio, teníamos respeto, teníamos sol... aquí solo tenemos lluvia y platos que lavar".

El clima: Odiaban el frío gris de Inglaterra. Muchos pasaban el día pegados a la chimenea, quejándose de que la comida británica era insípida comparada con el curry o las frutas tropicales.

3. Opinión sobre la Nueva Sociedad Británica
Para un hombre que había pasado 30 años imponiendo el orden británico en el extranjero, la Inglaterra de los años 50 le resultaba irreconocible:

Pérdida de disciplina: Les horrorizaba la relajación de las clases sociales y la pérdida de los modales victorianos/eduardianos que ellos habían preservado como en una cápsula del tiempo en las colonias.

El Estado del Bienestar: Muchos lo veían con escepticismo, considerándolo algo que "ablandaba" el carácter británico que ellos creían haber forjado en las fronteras del imperio.

4. La paradoja del "Hogar"
Esta es la parte más triste de su opinión. Durante 20 años llamaron a Inglaterra "Home" (el hogar), pero al llegar descubrieron que su verdadero hogar espiritual se había quedado en los clubes de Nairobi o en las oficinas de Calcuta.

Sentían una desconexión total con sus vecinos, que nunca habían salido del condado.

Sus únicas conversaciones satisfactorias eran con otros "Returnees" en el club, donde podían usar términos en swahili o hindi que nadie más entendía.

Como era la opinión de población británica de los retirados en inglaterra

La opinión de la población británica hacia los retirados del Imperio (los Returnees) pasó de la admiración al desdén, y finalmente a la indiferencia o la burla. Para el británico de a pie que había sobrevivido a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y que vivía en una Inglaterra austera, estos exfuncionarios eran vistos como personajes de otro siglo.

Aquí te detallo las percepciones más comunes de la época:

1. "Los Pomposos y Arrogantes"
La queja más frecuente era que los retirados seguían comportándose como si estuvieran en las colonias.

El choque de estatus: Los británicos locales se burlaban de su tendencia a dar órdenes o a esperar una deferencia que ya no existía en la sociedad de posguerra.

El apodo: Se les llamaba irónicamente "Colonel Blimp" (un personaje de caricatura que representaba al militar retirado, gordo, calvo y ultra-conservador que se quejaba de que "el país se va al traste").

2. "Privilegiados fuera de la realidad"
Existía un resentimiento silencioso. Mientras el británico común había pasado años de racionamiento severo, se percibía que los "coloniales" habían vivido una vida de lujo, sol y servicio doméstico.

La desconexión: La gente los veía como personas que no habían compartido el sufrimiento del Blitz (los bombardeos de Londres). Cuando un retirado se quejaba del frío o de la falta de servicio, la respuesta social solía ser de poco interés o incluso hostilidad.

3. "Aburridos y Monotemáticos"
En los pubs y clubes locales, los retirados tenían fama de ser los "pesados" del lugar.

El "Old Bore": Se decía que solo sabían hablar de "sus días en Poona" o de "cómo se manejaban las cosas en el Sudán".

Incomprensión: Sus historias sobre tigres, plantaciones o disturbios coloniales resultaban ajenas y aburridas para una generación que ahora estaba más interesada en la reconstrucción del país, la llegada de la televisión y el nuevo Estado del Bienestar.

4. El estigma de la "Explotación"
A medida que avanzaban los años 50 y 60, y el sentimiento anticolonial crecía en todo el mundo, la opinión pública (especialmente los jóvenes y la izquierda política) empezó a ver a estos funcionarios con desconfianza moral.

Se les empezó a ver no como "civilizadores", sino como engranajes de un sistema de opresión que Gran Bretaña debía dejar atrás. Esto hacía que muchos retirados se sintieran juzgados y se retrajeran aún más en sus propios círculos cerrados.

Perfil Social en la Cultura Popular
Para entender cómo los veía la gente, solo hay que mirar la comedia británica de la época:

Eran retratados como señores con bigote rígido, que vestían trajes de tweed pasados de moda, que insistían en tomar el té a una hora exacta y que se escandalizaban por la música de los jóvenes o la pérdida de la "disciplina nacional".

En resumen:
La población británica los veía como exiliados en su propia tierra. Eran el recordatorio viviente de una grandeza que el país ya no podía permitirse y que muchos preferían olvidar para centrarse en la modernidad.

Las pensiones.

Como mencionamos anteriormente, la cuestión de las pensiones fue uno de los temas más delicados y estresantes para los exfuncionarios del Imperio Británico que regresaron al Reino Unido en las décadas de 1950 y 1960.

Aquí te detallo cómo funcionaba ese sistema y los problemas que enfrentaron:

1. ¿Quién pagaba la pensión?
A diferencia de lo que se podría pensar, la pensión no la pagaba directamente el gobierno en Londres, sino el tesoro de la colonia donde el funcionario había servido (Nigeria, India, Hong Kong, etc.).

El riesgo político: Cuando estas colonias se independizaron, muchos jubilados temieron que los nuevos gobiernos dejaran de pagarles o que no tuvieran fondos suficientes.

La moneda: Muchas pensiones se pagaban en la moneda local de la antigua colonia. Si esa moneda se devaluaba frente a la libra esterlina, el jubilado en Inglaterra perdía gran parte de su poder adquisitivo de la noche a la mañana.

2. La lucha por la protección (La OSPA)
Para defenderse, los jubilados fundaron la Overseas Service Pensioners' Association (OSPA). Esta organización fue vital para presionar al Parlamento británico.

Su argumento: Ellos sostenían que habían servido a la Corona Británica, no solo a un territorio específico, y que, por tanto, el Reino Unido tenía la obligación moral de garantizar sus ingresos.

El resultado: Tras años de lucha, el gobierno británico terminó asumiendo la responsabilidad de asegurar y complementar muchas de estas pensiones para evitar que miles de sus antiguos administradores cayeran en la pobreza.

3. La inflación: El enemigo silencioso
En la Inglaterra de posguerra, el costo de vida subió rápidamente.

Pensiones congeladas: Muchas pensiones eran fijas y no tenían cláusulas de ajuste por inflación.

Efecto social: Esto obligó a muchos ex "pequeños reyes" de las colonias a vivir en pensiones (boarding houses) baratas en la costa sur de Inglaterra, tratando de mantener las apariencias de su antiguo estatus pero contando cada penique para el té y la calefacción.

4. ¿Y las institutrices?
A diferencia de los funcionarios públicos, las institutrices raramente tenían una pensión formal.

Ahorros personales: Su jubilación dependía de lo que hubieran logrado ahorrar durante sus años de servicio.

Dependencia de la caridad o la familia: Muchas terminaban sus días viviendo con parientes o dependiendo de organizaciones benéficas para "damas de clase media en dificultades" (Distressed Gentlefolks' Aid Association), ya que no tenían las mismas protecciones legales que los funcionarios del gobierno.

En resumen, la pensión era el cordón umbilical que unía al retirado con su pasado imperial, pero también era una fuente constante de ansiedad económica en un mundo que ya no funcionaba bajo las reglas del siglo XIX.

Políticos que pensaban.

La opinión de los políticos británicos sobre los funcionarios retirados y sus pensiones en las décadas de 1950 y 1960 reflejaba la profunda división que existía en el país: por un lado, el deber moral de proteger a quienes sirvieron a la Corona; por otro, la cruda realidad económica de un país quebrado por la guerra.

Aquí tienes los perfiles de pensamiento predominantes:

1. El Bloque Imperialista (Conservadores "Duros")
Políticos como Winston Churchill o los miembros más tradicionales del Partido Conservador veían a estos funcionarios como héroes olvidados.

Qué pensaban: Creían que el abandono de los funcionarios era una "mancha en el honor británico". Para ellos, estos hombres y mujeres eran la espina dorsal que había mantenido la paz y la ley en medio mundo.

Su lucha: En la Cámara de los Lores, figuras como Lord Listowel denunciaban que las pensiones (basadas en salarios de antes de la guerra) eran una miseria ante la inflación de los años 50. Argumentaban que el Reino Unido debía hacerse cargo si los nuevos gobiernos independientes (como Ghana o Somalia) fallaban en los pagos.

2. El Gobierno Laborista (Clement Attlee y el cambio de prioridades)
Tras 1945, el enfoque del gobierno cambió radicalmente hacia el Estado del Bienestar interno (el Attlee Settlement).

Qué pensaban: Aunque no querían dejar a los funcionarios en la calle, su prioridad era el ciudadano en Inglaterra: el NHS y la pensión universal para el trabajador de las fábricas.

La lógica: Veían las pensiones coloniales como una responsabilidad técnica de las colonias. Había un sentimiento de que el presupuesto nacional debía ir a reconstruir Londres y Manchester, no a sostener el estilo de vida de "exiliados" que ya no producían para el país.

3. El Tesoro (El "No" constante)
Independientemente de quién estuviera en el poder, los técnicos del Tesoro fueron los mayores opositores a mejorar estas pensiones.

Qué pensaban: "No hay dinero". Temían que si el Reino Unido garantizaba las pensiones de Nigeria o India, sentaría un precedente financiero catastrófico.

Su estrategia: Intentaron durante décadas pasar la "patata caliente" a los gobiernos independizados, a pesar de que estos a menudo no tenían fondos o veían el pago a ex-opresores como algo políticamente inaceptable.

4. La "Nueva Guardia" (Años 60)
Con el ascenso de políticos como Harold Macmillan ("Vientos de Cambio"), la visión fue más pragmática:

Qué pensaban: El Imperio era el pasado. Había que liquidar las deudas coloniales de la forma más rápida y barata posible para entrar en la modernidad europea.

La percepción: Los retirados empezaron a ser vistos incluso por los conservadores modernos como un grupo de presión molesto que recordaba una era de la que el país intentaba distanciarse.

Resumen del debate en el Parlamento: Los debates de la época (registrados en el Hansard) muestran a políticos de ambos bandos admitiendo que era una "tragedia humana", pero votando en contra de aumentos sustanciales por miedo a la quiebra nacional. Muchos funcionarios terminaron recibiendo "suplementos" mínimos que apenas les permitían llegar a fin de mes.

Cuántos eran.

Determinar el número exacto es complejo porque el "regreso" fue un goteo constante a lo largo de décadas, pero las cifras oficiales del Colonial Service y de las asociaciones de pensionistas nos dan una imagen muy clara de la magnitud:

1. El volumen de funcionarios
En el momento de mayor expansión, justo antes de que empezara la descolonización masiva (alrededor de 1954), el Servicio Colonial contaba con unos 18,000 puestos activos.

Si sumamos a sus familias, hablamos de un grupo de unas 50,000 a 60,000 personas que tenían su vida y sustento ligados directamente a la administración imperial y que eventualmente regresarían al Reino Unido.

Para 1960, la OSPA (la asociación que defendía sus pensiones) logró reunir a unos 6,600 miembros en apenas un año de existencia, lo que demuestra que ya había una masa crítica de jubilados organizados en suelo británico.

2. La cifra de pensionistas (El pico)
Durante las décadas de los 60 y 70, el número de personas que recibían una pensión colonial viviendo en el Reino Unido se estimaba en más de 20,000 ex-oficiales.

A esta cifra hay que añadir a las viudas y dependientes, que a menudo duplicaban el número de pagos individuales.

Curiosamente, para el año 2023, todavía quedaban unos 5,645 pensionistas (incluyendo dependientes) recibiendo pagos bajo estos esquemas, con una edad promedio de 90 años.

3. La "clase" invisible: Institutrices y personal privado
A diferencia de los funcionarios, no existen registros centrales para las institutrices, niñeras o empleados de empresas privadas (como los de la Compañía de las Indias Orientales o plantaciones).

Se estima que por cada tres funcionarios del gobierno, había al menos un empleado del sector privado o doméstico.

Esto sugiere que otras 10,000 a 15,000 mujeres pudieron haber regresado en esa época sin el respaldo de una pensión estatal, diluyéndose en la población británica como maestras o cuidadoras.

4. ¿Dónde se concentraron?
No se repartieron de forma uniforme. Crearon verdaderos enclaves:

El "Cinturón del Curry": Pueblos y distritos donde las carnicerías y tiendas empezaron a vender especias para satisfacer los gustos de estos miles de retornados.

Cheltenham: Llegó a ser conocida como "el cementerio de los elefantes" por la altísima densidad de ex-administradores imperiales que pasaban allí sus últimos años.

Dato curioso: En 1960, el número de miembros de la OSPA era tan significativo que eran capaces de llenar salas de más de 400 personas solo para reuniones anuales en Londres, convirtiéndose en un bloque de votantes pequeño pero muy ruidoso que los políticos no podían ignorar del todo.

Cheltenham.

Cheltenham es, sin duda, el epicentro geográfico de esta historia. Si las colonias eran el escenario de su juventud, Cheltenham Spa fue el escenario de su "largo invierno". Esta ciudad balneario en Gloucestershire se convirtió en el refugio definitivo para los exiliados del Imperio por razones muy específicas.

Aquí te explico por qué Cheltenham se ganó el apodo del "Cementerio de Elefantes" del Imperio Británico:

1. La Arquitectura y el "Espejismo" de Estatus
Cheltenham es famosa por su arquitectura regencia (Regency): grandes fachadas blancas, columnas elegantes y amplios jardines.

Para un funcionario que venía de una mansión en Calcuta o una residencia oficial en Nairobi, una casa en Cheltenham era lo más parecido que podía encontrar en Inglaterra a su antiguo estatus.

Les permitía mantener la ilusión de clase alta, aunque por dentro la casa estuviera fría y no tuvieran servicio.

2. El Clima y la Salud
En el siglo XIX y principios del XX, Cheltenham era un balneario termal.

Se creía que sus aguas eran beneficiosas para el "hígado colonial" (dañado por años de alcohol y malaria).

Además, aunque hoy nos parezca una tontería, se consideraba que el valle donde se asienta la ciudad era un poco más "protegido" y menos agresivo para quienes habían pasado décadas bajo el sol tropical.

3. El "Cinturón de los Coroneles"

La concentración de militares y funcionarios era tan alta que se creó una subcultura propia:

El Club: El Cheltenham New Club era el centro de la vida social. Allí, podías entrar y pedir una bebida en hindi o swahili y el camarero (que probablemente también era un veterano) te entendería.

La "Regla de las Tres P": Se decía que en Cheltenham solo vivían Pensioners, Parsons and Pug-dogs (Pensionistas, Párrocos y Carlinos).

Conversaciones de salón: En las colas de las tiendas, era normal oír discusiones apasionadas sobre la política en Rhodesia o el precio del caucho en Malasia, mientras el resto de Inglaterra hablaba de los Beatles.

4. Educación para los hijos
Cheltenham también era sede de colegios de élite (Cheltenham College y Cheltenham Ladies' College). Muchos funcionarios enviaban a sus hijos allí mientras ellos seguían en las colonias. Al jubilarse, simplemente se mudaban a la ciudad donde sus hijos ya estaban estudiando o donde ya tenían una red de conocidos.

5. La mirada de los locales
Para los habitantes "nativos" de Cheltenham (los que nunca habían salido de Inglaterra), los retornados eran personajes un poco ridículos:

Se les veía caminando con sus bastones de madera exótica, vistiendo trajes de tweed amarillentos y quejándose constantemente de que la "juventud de hoy no tiene disciplina".

Representaban una versión de Gran Bretaña que ya no existía, una especie de museo viviente caminando por la calle Promenade.

Dato curioso: Incluso hoy, Cheltenham conserva un aire distinguido y algo conservador que es herencia directa de esos miles de funcionarios que decidieron "anclar" allí sus barcos después de que el Imperio se hundiera.

Te gustaría que te imagine una escena de un encuentro típico en un salón de té de Cheltenham en 1958 entre una ex-institutriz y un coronel retirado? Sería el resumen perfecto de toda esta atmósfera.



Esta escena bien podría haber ocurrido en el Cavendish Tea Room o en el salón de algún hotel señorial cerca de The Promenade en 1958. Es el retrato de un mundo que se desvanece entre el vapor del Earl Grey y el aroma a lluvia de Gloucestershire.

Escena: El Té de las Cuatro en Cheltenham (Noviembre, 1958)

El Ambiente:
Fuera, la niebla gris envuelve las columnas blancas de los edificios Regency. Dentro, el salón está lleno de muebles de caoba y el sonido metálico de las cucharillas contra la porcelana. El aire está demasiado caliente; los jubilados coloniales siempre tienen frío.

Los Personajes:

El Coronel Arbuthnot: 68 años, bigote amarillento por el tabaco, viste un traje de tweed que le queda un poco grande (ha perdido peso desde que dejó la India).

Miss Eleanor Higgins: 55 años, ex-institutriz en Kenia. Lleva un sombrero de fieltro modesto pero impecable y una estola de piel que ha visto mejores tiempos.

El Diálogo:

Coronel: (Removiendo su té con excesiva energía) — "Le digo, Eleanor, que este país se ha vuelto irreconocible. He tardado quince minutos en que el joven del estanco me entendiera. ¡Quince minutos! Le hablé con total claridad, pero parece que si uno no usa esa jerga de los Teddy Boys, no es nadie."

Miss Higgins: (Asiente con una sonrisa contenida mientras extiende mantequilla en un scone frío) — "Le entiendo perfectamente, Coronel. El otro día, la hija de mi casera me preguntó si en Nairobi vivíamos en chozas. ¡En chozas! Cuando le conté sobre la biblioteca de los Henderson y las cenas de gala, me miró como si estuviera inventando un cuento de hadas."

Coronel: (Suelta un suspiro que suena a derrota) — "Es el olvido, eso es lo que es. Mi pensión ha vuelto a perder valor con la última devaluación. El Tesoro me envió una carta que parecía escrita por un escolar. No tienen ni idea de lo que fue mantener el orden en la Frontera del Noroeste... Ahora solo somos una partida en un libro contable que quieren cerrar."

Miss Higgins: — "A veces cierro los ojos y todavía puedo oler el jazmín de la terraza después de la lluvia en el valle del Rift. Aquí... aquí todo huele a carbón húmedo y a col hervida. Pero al menos tenemos el club, ¿verdad? El martes darán una charla sobre la arqueología en Chipre."

Coronel: (Enderezando la espalda por un segundo) — "Sí, supongo. Aunque ayer vi que han puesto una máquina de música moderna en el pub de la esquina. El ruido es infernal. El mundo se está volviendo muy ruidoso, Eleanor. Y muy pequeño."

Miss Higgins: — "Quizás es que nosotros nos volvimos demasiado grandes para él, Coronel."

El Cierre:
Ambos guardan silencio mientras pasa un grupo de jóvenes riendo fuera de la ventana. El Coronel saca un reloj de bolsillo de oro, lo consulta y lo guarda con un gesto seco. Se quedan mirando el fondo de sus tazas, como si buscaran en las hojas de té un mapa de un Imperio que ya no aparece en los libros escolares de 1958.

¿Qué te parece este ambiente? Refleja bien esa soledad compartida de los que volvieron para encontrar que su "hogar" ya no hablaba su mismo idioma. ¿Hay algún detalle de esta interacción que te llame más la atención?

Cheltenham es una ciudad balneario y borough situada en el condado británico de Gloucestershire, cerca de las ciudades de Gloucester y Cirencester.

El gobierno de india sigue pagando las pensiones de funcionarios británicos.

Esta es una pregunta fascinante que toca las complejas transiciones financieras tras la independencia de la India. La respuesta corta es no, el gobierno de la India ya no paga directamente esas pensiones, pero el proceso para llegar a este punto fue largo y técnico.

Aquí te explico cómo se resolvió este asunto:

El Acuerdo de 1955: El cambio definitivo

Originalmente, tras la independencia en 1947, India era responsable de las pensiones de los funcionarios británicos que habían servido en el "British Raj" (el Servicio Civil de la India). Sin embargo, esto generaba fricciones políticas y económicas.

Transferencia de responsabilidad: En 1955, el gobierno de la India y el Reino Unido firmaron un acuerdo clave. India pagó una suma global (utilizando sus reservas de libras esterlinas acumuladas durante la Segunda Guerra Mundial) al Reino Unido.

Asunción por parte del Reino Unido: A cambio de ese pago único, el gobierno británico asumió la responsabilidad total de pagar las pensiones de sus ciudadanos que habían servido en la India y se habían jubilado antes o poco después de la independencia.

Actualidad: Hoy en día, cualquier pensión de un antiguo funcionario británico de la época colonial es gestionada y pagada por el Reino Unido (a través de organismos como el Foreign, Commonwealth & Development Office).

La excepción: Funcionarios que se quedaron

Existe una pequeña excepción técnica: si un ciudadano británico decidió quedarse a trabajar para el gobierno de la India después de la independencia y se jubiló bajo las leyes indias modernas (fuera de los antiguos tratados coloniales), sus beneficios se rigen por los acuerdos laborales estándar del país, al igual que cualquier otro empleado extranjero.


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