sábado, 2 de noviembre de 2019

Demandas sociales”, “rabia ciudadana”, etc…(2)



Demandas sociales”, “rabia ciudadana”, etc…


Necio rematado habría que ser para dar crédito a la versión de que los acontecimientos de estos días, ensayo general de un estallido insurreccional,  obedecen a un “clamor ciudadano” despertado por un alza del Metro que entraña unos 300 pesos extras a la semana, menos de lo que cuesta un tarro de Coca-Cola. Y no menos ingenuo es quien crea que hay otras demandas acumuladas de las que dicha alza sería el fulminante. Esta última es la versión oficial de la izquierda y de toda laya de opositores al gobierno, pero, aunque suena más convincente, tampoco resiste análisis.

Aun así muchos la aceptan y ya se habla de la “batalla de Santiago” y/o de “protestas sociales y ciudadanas”, como así lo hace también la llamada prensa de derecha – de propiedad de gente de derecha pero manejada por gente de izquierda–, la cual se esmera por ser políticamente correcta -¡no les vaya a tocar a ellos la próxima vez!– y describe los hechos como propios de una “intensa jornada”, véase Emol.  De modo similar se expresa el progresismo; en ambos casos se asume que una entelequia imaginaria, “el pueblo” o la “ciudadanía” ha salido a las calles a hacer sentir su molestia.

Dicha versión de una ciudadanía molesta saliendo a la calle a expresar su disgusto no resiste análisis; la destruye el sólo catálogo de las imágenes de los “combatientes”  incendiando organizadamente, con aceleradores químicos, 19 estaciones del metro, amen de los saqueos perpetrados por lumpen, delincuentes y “dueñas de casa”, los buses en llamas, el incendio del edificio corporativo de Enel y como preludio a todo eso la saña con que colegiales fuera de sí, la “vanguardia” de la algarada, han destruido las instalaciones del Metro; nada de todo eso habla  del “pueblo” haciendo ver su molestia, sino de un evento organizado en todos sus detalles, con activistas y cronogramas, con planeación y fría determinación, con asistencia de venezolanos de la policía política de dicho país, pero además directa o indirectamente promovido, fomentado, incentivado o al menos aplaudido y vitoreado no sólo hoy sino desde hace años por sectores del “progresismo”, en el cual reina, tras la hipócrita simulación de consternación por los daños, tal júbilo y satisfacción por lo sucedido y por suceder que hemos visto en CNN a una congresala de dicho sector describiendo los hechos como “hermosos”.

¿Cuál ha sido la mecánica de estos acontecimientos, los factores que han hecho posible esta insurrección fríamente calculada para hacer tambalear al gobierno?


La explicación favorita de la izquierda -la cual han usado siempre para un barrido y un fregado– es de que se ha acumulado la rabia y frustración de una inmensa masa de gente al borde de la inanición y que al fin decidió salir a la calle a hacer ver su descontento y expresar sus demandas desoídas haciendo uso de sus derechos ciudadanos. Pero, ¿es acaso esa la situación de Chile, la nación con el más alto PGB de América Latina? ¿Realmente la gente se está cayendo muerta de hambre? ¿Nadie salvo un puñado de jóvenes privilegiados pueden estudiar y llegar a la universidad? ¿Vemos en las calles a miles de patipelados? Claramente no es el caso. Notoriamente Chile no es Haití o Venezuela, ni tampoco Siria. Pero entonces, ¿qué somos y cuál es la causa?

Es verdad que en Chile hay una gran fracción de la población que puede NO estarse muriendo de hambre ni sufriendo penalidades atroces,  pero SÍ está demasiado endeudada, sufre percances económicos, ha perdido pegas u oportunidades y han llevado y llevan vidas poco satisfactorias y/o al borde del fracaso y hasta el desastre; hablamos de profesionales sin clientes, de comerciantes a los que les va mal, de enfermos graves sin atención oportuna, de rezagados de toda laya, de empleados hastiados, de deudas impagas  aunque también de zánganos incapaces de hacer nada por sí mismos, salvo estirarle la mano a sus padres y al Estado y proclamarse como víctimas de injusticias; hablamos de quienes no llegaron ni jamás llegarán donde querían, de resentidos en todos los grados, de marginales, de enrabiados, de emputecidos. Y ciertamente esta parte de la población es siempre numerosa. Bien dice la Biblia: muchos son los llamados, pero pocos los elegidos. En una sociedad consumista, exitista y materialista el no estar en la cumbre o al menos cerca de ella encona hasta la pepa del alma.

Todo eso, sin embargo, no puede ser una explicación de lo que sucede hoy en el país porque es una constante sociológica; en efecto, siempre hay una masa iracunda deseosa de pasar facturas y cobrar venganzas y siempre hay una parte de la población con su rabia a medio hervor, pero por lo mismo dicha permanencia es incapaz de explicar un evento particular, distinto, específico. Una condición NO ES una causa de la misma manera y por la misma razón que la construcción en madera de una casa no es causa de tal o cual incendio que un mal día se desate en ella. Para explicar un evento específico se requieren causas también específicas. Y una de esas causas específicas es que alguien ha agitado y canalizado esas fuerzas del descontento, la frustración y la ira.

Los que abrieron la puerta y los invitaron a pasar…

El descontento no sale ni ha salido por su cuenta y propia voluntad a la calle ni es tampoco el que ha sistemáticamente iniciado incendios de gran envergadura ni saqueado a destajo. El descontento es un estado de ánimo que no congrega ni organiza solo; no ha sido ni es el caso de que miles de personas decidan espontánea y simultáneamente que tal o cual día se van a congregar y luego echar abajo una estación del Metro. El descontento existe privadamente, pero se lo hace existir de modo público cuando hay un agente que lo convoca, lo congrega, lo organiza, manipula y lo desata; es incitado y organizado con una cadena de mando que parte en dirigentes cupulares de organizaciones políticas, luego pasa desde ahí a niveles intermedios y alcanza finalmente las diligencias  estudiantiles usadas para estos efectos del mismo modo como los narcotraficantes usan a sicarios de 15 años para los suyos. Se requieren meses para todo eso. No de la noche a la mañana se prepara mentalmente para “la lucha” a niñitos que aun no saben ni  limpiarse el poto; primero han de ser adoctrinados, persuadidos, palmoteados y ensalzados mientras a la vez se les prometen carreras políticas y se les hace creer en su importancia; se lleva a cabo todo lo necesario para que sientan que sus vidas tienen sentido SIEMPRE Y CUANDO sigan las instrucciones y órdenes que los convertirán en importante agentes de la renovación de la galaxia.

También ha ayudado a abrir esa puerta el clima mental impuesto en un proceso de años por la izquierda de Chile, el discurso políticamente correcto que lo destruye todo y lo justifica todo y a la pasada le ha dado nueva vida, en sectores estudiantiles, a la mitología marxista. Esto último ha sido posible yb preparado por la acción de procesos impersonales de cambio social tales como  la casi total pérdida de control en la formación de las nuevas generaciones, al delirante sentimiento de la juventud de  tener derecho a todos los derechos, a una mentalidad hedonista que no tolera los esfuerzos y penalidades ni menos las desigualdades aun si estas se originan en inevitables y naturales diferencias, a un impulso masivo, feroz, implacable e incesante de asociar el éxito personal a niveles de consumo que sólo pueden alcanzarse a base del endeudamiento y que aun así, si son alcanzados, parecen insuficientes, mezquinos, a todo lo cual se agrega al derrumbe de los valores de la sociedad tradicional, el respecto por la ley y autoridad, etc, etc.

Y los que no cerraron esa puerta…

Tal vez, sin embargo, la causa más directa y eficiente de los incidentes de estos días ha sido la nula voluntad del ejecutivo por cumplir en el momento debido, a tiempo e integralmente, con el primer y más básico deber de todo gobierno pasado, presente o futuro, a saber, mantener el orden público. Eso se ha manifestado en su fracaso en la lucha contra la delincuencia, a la cual iba a “derrotar”, así como en su virtual rendición a la CAM, en su inexistente acción en los sectores Norte del país en los que cunde el sentimiento separatista entre comunidades indígenas que sin duda repetirán el libreto de la CAM, en su fracaso frente al narcotráfico que se ha apoderado de enteras poblaciones y en su extrema debilidad para reprimir y sancionar hechos como los del Metro cuando recién se iniciaban. El gobierno, en su inacción, en su miedo al que dirán de la izquierda y los organismos internacionales, en su tonta creencia que podía “abuenarse” con el progresismo, ha dejado que todo foco de incendio que debió y sólo podía controlarse a ese nivel, como foco, creciera y se convirtiera en una deflagración en gran escala. No ha habido ni hay ese ”estallido social” que cacarean las izquierdas, sino un incendio iniciado en un terreno altamente combustible por incendiarios profesionales a cuya acción se ha sumado la inacción de quienes debían apagarlo.

¿Qué viene ahora?

Tal vez, al fin, el gobierno comience a reaccionar como es debido. La gente decente -catalogada de “fascistas pobres” por algunos imbéciles– ya lo está haciendo y se organiza para defender no sólo sus barrios y casas, sino a los negocios que los suplen y atienden. Todo el que ha podido ha ido a su pega. Grupos de vecinos se juntan para retirar escombros de las “barricadas”.  Los militares y los carabineros son aplaudidos, vitoreados, felicitados. Tal vez no sea demasiado tarde, pero tampoco queda demasiado tiempo para una reacción firme contra quienes directa o indirectamente crean, fomentan o apoyan con un lenguaje sibilino e hipócrita toda situación que debilite al gobierno aunque a la pasada dañe a la población, a esa “ciudadanía” que tanto citan y mentan.



Planeta de los simios.



El Último Año de Razón Humana de una Familia.


Cuando los simios decidieron bañar a la Familia Miller ya no en los baños si no jardín, y despues poner poca ropa.

Este momento marcó la transición de "familia desorientada" a "especímenes de exhibición". Para los simios, los baños de la casa Miller eran espacios ineficientes: demasiado pequeños, con tuberías que los humanos ya no sabían usar y difíciles de desinfectar.

La decisión de Aldo y Cora fue puramente logística: el jardín se convirtió en el pabellón de higiene.

La Abolición del Cuarto de Baño.

Una mañana de agosto, Aldo cerró con llave las puertas de los baños de la planta alta. Arthur había intentado usar el lavabo para beber agua directamente del grifo y terminó inundando el pasillo. La infraestructura de la civilización era demasiado compleja para ellos.

1. El Baño de Manguera: La Humillación del Agua.

Cora, la gorila, sacó a los cuatro miembros de la familia al centro del césped.

El Ritual: Con una manguera industrial de alta presión, Cora comenzó a rociarlos uno por uno. El agua fría golpeaba sus cuerpos desnudos.

La Reacción de Arthur: Al principio, el antiguo ejecutivo intentó cubrirse, un último reflejo de pudor. Pero el chorro de agua era tan fuerte que terminó rindiéndose, quedándose de pie con los brazos caídos, dejando que el agua le limpiara la suciedad del jardín.

El Juego de las Hijas: Jane y Susan, por el contrario, empezaron a saltar y a tratar de morder el chorro de agua. Para ellas, el baño ya no era una norma social de limpieza, sino un estímulo sensorial. Reían de forma gutural mientras el agua les empapaba el cabello desaliñado.

2. El Jabón Industrial.

Ya no había aceites perfumados ni sales de baño de Helen. Cora usaba un jabón desinfectante de olor fuerte y acre, similar al que se usa en las caballerizas.

Con un cepillo de cerdas duras, los simios tallaban la espalda de Arthur y Helen. Los humanos aceptaban el contacto físico con una pasividad aterradora; el cepillado les resultaba placentero, casi como un masaje de aseo entre primates.

El Nuevo Concepto de "Ropa": El Tinte y el Trapo

Después del baño, bajo el sol del mediodía para que se secaran al aire, los simios decidieron que los Miller necesitaban una "vestimenta de control". Ya no eran vestidos de seda o trajes de lana, sino algo mucho más rudimentario.

3. La "Poca Ropa" de los Miller

Aldo apareció con una cesta de trozos de lona tosca, de color grisáceo, sin costuras ni botones.

El Tanga de Lona: A cada uno le pusieron un trozo de tela amarrado con una cuerda de cáñamo alrededor de la cintura. Era lo mínimo para evitar infecciones y facilitar el manejo.

El Marcaje: Aldo usó un tinte azul para pintar un número en el hombro de cada miembro de la familia. Así, aunque se alejaran o se mezclaran con otros humanos en el futuro, serían identificables.

Prenda Anterior (1965) Prenda Actual (Agosto 1966) Función 
Ropa interior de encaje / Slips. Tapa-rabos de lona áspera. Higiene básica.
Medias de cristal / Zapatos. Desnudez total de pies a cabeza. Tracción y contacto con el suelo.
Camisas almidonadas. Piel desnuda con marcas de tinte. Identificación de propiedad.
La Imagen Final del Jardín

Al terminar el proceso, los cuatro Miller se quedaron parados en el césped, goteando agua, vestidos solo con sus trozos de lona y sus collares con campanas. Aldo los miró con orgullo desde el porche, mientras fumaba una pipa de la colección de Arthur.
La familia Miller ya no parecía una familia de los suburbios; parecían un grupo de animales de carga en su día de descanso. Arthur se rascó la marca de tinte en su hombro, miró a su esposa y, por primera vez, no intentó decirle nada. Simplemente se sentó en la tierra húmeda a esperar que el sol lo secara.

Esta escena es el réquiem de la civilización en Fairview. El testigo fue Robert Hayes, el antiguo cartero del vecindario, un hombre que se aferraba a su uniforme y a su ruta de entregas como si el cumplimiento del deber pudiera detener la marea de la estupidez humana.

Era una tarde de septiembre, y Robert era uno de los últimos humanos en el suburbio que aún podía leer una dirección y articular una frase completa.

El Encuentro en la Cerca de los Miller

Robert caminaba por la acera, evitando mirar a los chimpancés que ahora conducían las podadoras de césped. Al llegar a la casa de los Miller, se detuvo en seco. El silencio de la calle fue roto por un sonido que no pertenecía a un hogar humano: el tintineo rítmico de varias campanas de bronce.

1. La Visión del Horror.

A través de los arbustos de ligustrina, Robert vio a la familia que conocía desde hacía diez años.

Arthur y Helen: Estaban sentados en cuclillas sobre la tierra húmeda del jardín. Sus pieles, antes protegidas por telas finas, estaban curtidas por el sol y marcadas con esos números azules de tinte en los hombros. Ya no hablaban; Arthur estaba concentrado en morder una corteza de árbol, buscando savia, con una mirada de absoluta vacuidad.

Las Hijas: Jane y Susan jugaban a perseguirse entre los rosales, desnudas excepto por sus collares y los trozos de lona gris. Sus movimientos eran fluidos, pero carentes de cualquier rastro de la elegancia adolescente que Robert recordaba. Cuando Susan vio a Robert, no lo saludó con la mano; se detuvo, mostró los dientes en un gesto de advertencia territorial y emitió un siseo que hizo que a Robert se le helara la sangre.

2. El Espejo del Futuro

Robert sintió una punzada de mareo. Metió la mano en su bolsa de correo y sacó una carta dirigida a Arthur Miller: una factura de luz que nadie pagaría jamás.

El síntoma: Al intentar leer el nombre "Arthur", Robert notó con horror que las letras empezaban a bailar frente a sus ojos. La "A" parecía un garabato sin sentido. La "r" era solo una curva.

La Realidad: Comprendió que el proceso no era externo; era un parásito en el cerebro de la especie. Miró a Arthur, quien ahora lo observaba desde el jardín. Arthur no lo reconocía como el cartero; lo miraba con la curiosidad técnica con la que un perro mira a un extraño a través de una verja.

3. La Intervención de Aldo

Desde el porche de la casa Miller, Aldo salió con un traje de lino beige y una revista bajo el brazo. Miró a Robert con una condescendencia infinita.

El gesto de superioridad: Aldo no gritó. Simplemente señaló la calle con un dedo largo y oscuro, dándole a Robert la orden silenciosa de marcharse. Luego, Aldo emitió un silbido corto.

La Obediencia: Al oír el silbido, Arthur, Helen y las chicas se acercaron trotando a los pies del chimpancé, esperando su ración de alimento. Eran una unidad perfecta de obediencia animal.

La Huida de Robert

Robert Hayes soltó la bolsa de cuero, dejando que las cartas de todo el vecindario se desparramaran por el asfalto. Empezó a correr hacia su propia casa, pero mientras corría, se dio cuenta de que estaba olvidando para qué servían las llaves que llevaba en el bolsillo.

El Testigo (Robert) La Realidad (Los Miller)
Intentaba recordar su nombre. Ya no tenían nombres, solo frecuencias de campanas.
Sentía el terror de la pérdida. Habían encontrado la paz de la ignorancia.
Huía de la verdad. Eran la verdad final de la Tierra.
Al llegar a su puerta, Robert se sentó en el escalón y comenzó a llorar. Fue la última vez que un humano en Fairview lloró por la pérdida del intelecto. Al día siguiente, cuando el sol volvió a salir, Robert ya no sentía tristeza; solo sentía hambre y una extraña fascinación por el movimiento de las nubes.

Este es el fin de la historia de los Miller como humanos y el comienzo de su vida como la primera generación de una nueva especie doméstica.


Miller cuando fue la ultima vez fueron a iglesia y que paso.

Esa última visita a la Iglesia Episcopal de Fairview, en la víspera de la Navidad de 1965, fue el evento que convenció a la comunidad de que el espíritu humano —y no solo la mente— se estaba apagando. La iglesia, un refugio de orden y tradición, se convirtió en el escenario de una regresión irreversible.

Aquí tienes el relato de ese domingo final.

La Misa de la Desconexión.

Los Miller llegaron en su coche, vestidos con sus mejores galas de domingo. Arthur llevaba su traje oscuro y Helen un sombrero de fieltro con un pequeño velo. Pero ya no caminaban con el propósito de los fieles, sino con la inercia de la costumbre.

1. El Olvido de los Rituales
Al entrar, Arthur se detuvo ante la pila de agua bendita. En lugar de hacer la señal de la cruz, se quedó mirando el agua, fascinado por los reflejos de la luz en la superficie.

El Gesto: Metió la mano en el agua y comenzó a agitarla, salpicando el suelo de mármol. Helen no lo detuvo; ella estaba demasiado ocupada intentando morder el ala de su propio sombrero, como si la tela fuera algo que pudiera alimentarla.

Los Bancos: La familia se sentó, pero no abrieron los libros de himnos. Susan y Jane se sentaron en el suelo, entre las piernas de sus padres, buscando la calidez del grupo en lugar de la solemnidad del banco.

2. El Sermón del Silencio

El reverendo Thompson, un hombre que aún conservaba un hilo de lucidez, intentó leer el Evangelio. Pero su voz fallaba; las palabras "paz", "esperanza" y "redención" le sonaban a sílabas vacías.

La Interrupción de Arthur: En medio del silencio del sermón, Arthur Miller se puso de pie. No para rezar, sino porque un rayo de luz atravesaba un vitral de colores. Arthur empezó a emitir un gemido rítmico, balanceándose hacia adelante y hacia atrás, cautivado por el color rojo del vidrio.

El Efecto Dominó: Jane y Susan comenzaron a imitar el sonido de su padre. Pronto, otros miembros de la congregación, humanos que luchaban contra la misma niebla mental, se unieron al coro de sonidos guturales. El templo de la palabra se transformó en una cámara de resonancia de instintos.

3. La Salida: El Fin de la Fe

Lo más perturbador ocurrió al final. En lugar de salir por la puerta principal con dignidad, la familia Miller salió "en manada".

El Abandono de los Objetos: Helen dejó su bolso caro en el banco, lleno de fotos y documentos de identidad que ya no significaban nada para ella.

La Desorientación: Al salir al atrio, Arthur vio a un chimpancé (el chófer de otra familia) esperando junto a un coche. Arthur no lo vio como un sirviente, sino como un líder. Se acercó al simio y se inclinó ligeramente, una señal instintiva de reconocimiento de la nueva autoridad.

El Regreso al Hogar: No hubo despedidas sociales. Los Miller subieron al coche y se quedaron mirando fijamente el respaldo de los asientos delanteros mientras el vehículo los devolvía a su suburbio.

Elemento Religioso Función Original Lo que fue esa última vez 
El Himnario Canto de alabanza. Un objeto para arrancar hojas y masticar.
El Sermón Guía moral y espiritual. Ruido blanco que causaba inquietud.
La Cruz Símbolo de salvación. Dos trozos de madera cruzados sin significado.
Esa tarde, Arthur quemó su Biblia en la chimenea. No por odio, sino porque necesitaba calor y el papel seco era el combustible más cercano. La familia Miller nunca volvió a pisar la iglesia; ya no necesitaban buscar a Dios en los libros, porque su mundo se había reducido al sol, la comida y el sueño.


Miller cuando fue la última vez visitaron la ciudad y que paso, como controlaban simios.

Esa última visita a la ciudad de Nueva York, a finales de 1965, fue el momento en que Arthur Miller y su familia comprendieron —en el último rincón de su conciencia— que el mundo ya no les pertenecía. La metrópolis, antes el centro del ingenio humano, se había convertido en un laboratorio de control simio.

Aquí tienes el relato de ese viaje final al corazón del nuevo orden.

El Viaje a la Gran Manzana: La Ciudad del Silencio
Arthur condujo por la autopista con las manos temblorosas, mientras Jane y Susan miraban por las ventanillas con una mezcla de fascinación y miedo animal. Al cruzar el túnel Lincoln, la señalización ya no estaba en inglés; los carteles habían sido reemplazados por pictogramas geométricos y colores que solo los simios sabían interpretar.

1. El Control de los Simios en las Calles
Lo que más aterró a Arthur fue ver cómo los simios mantenían el orden sin necesidad de armas de fuego. Su control era psicológico, físico y tecnológico:

Los Puestos de Control de Gorilas: En cada esquina, gorilas masivos con uniformes de cuero negro detenían el tráfico. No pedían licencias; simplemente miraban a los ojos de los conductores humanos. Si detectaban un destello de rebeldía o "demasiada inteligencia", los sacaban del coche por la fuerza.

Las Frecuencias de Sonido: Por los altavoces de la ciudad, antes usados para anuncios, se emitía un zumbido de baja frecuencia constante. Los simios eran inmunes, pero en los humanos causaba una neblina mental inmediata, eliminando cualquier capacidad de planear una resistencia.

La Policía de Chimpancés: Chimpancés vestidos con batas blancas circulaban entre la multitud, equipados con varas de contacto eléctrico. Si veían a un humano intentando leer un periódico o hablando con demasiada elocuencia, le daban un pequeño toque eléctrico "correctivo", como si fuera un perro aprendiendo a no ladrar.

2. El Incidente en el Grand Central Terminal.

Los Miller bajaron del coche para caminar. Querían ver la estación, el símbolo del progreso. Pero el espectáculo fue devastador:

La Inversión del Poder: Los humanos caminaban en filas perfectas, con la cabeza baja, siguiendo las luces de colores en el suelo que les indicaban hacia dónde ir. Ya no había horarios de trenes; los simios decidían quién viajaba y cuándo.

El Colapso de Helen: Helen intentó comprar un boleto en una taquilla. El empleado era un orangután que la miraba con una mezcla de aburrimiento y superioridad. Cuando Helen no pudo recordar cómo usar sus billetes de dólar, el orangután simplemente le quitó el bolso, seleccionó los billetes que quería y le devolvió el bolso vacío. Helen no protestó; se limitó a sonreír con una expresión vacía.

3. La Escena del Quinta Avenida: El "Zoo" Humano

Lo que vieron en la Quinta Avenida fue el golpe final para la familia. Las vitrinas de las tiendas de lujo (Tiffany's, Saks) ya no exhibían joyas o vestidos.

Exhibiciones Vivas: En las vitrinas, familias humanas "ejemplares" (como solían ser los Miller) eran exhibidas viviendo en entornos artificiales. Los simios se amontonaban afuera para señalar y reírse de cómo los humanos intentaban usar cubiertos o leer libros al revés.
La Reacción de las Hijas: Jane y Susan se acercaron al cristal de una vitrina. Vieron a otras chicas de su edad, desnudas y sentadas en el suelo, jugando con trozos de tela. En lugar de sentir horror, las hermanas Miller sintieron envidia. Desearon estar del otro lado del cristal, donde no había que fingir ser humanos nunca más.

El Regreso al Suburbio.

Arthur Miller se dio cuenta de que la ciudad ya no era para ellos. No había museos abiertos para humanos, ni teatros, ni bibliotecas. Todo había sido reconfigurado para la mente superior de los simios.

El Control Simio Método de Ejecución Efecto en los Miller
Visual Pictogramas y luces. Arthur dejó de intentar leer señales.
Auditivo Zumbidos subsónicos. Helen y las hijas entraron en un trance dócil.
Físico Varas eléctricas de contacto. Aprendieron a no hablar en voz alta.
Al salir de Nueva York, Arthur dejó que el coche rozara el muro del túnel. Ya no le importaba el cromo ni la pintura. Al llegar a Fairview, Aldo el chimpancé los esperaba en la puerta. Arthur le entregó las llaves del coche voluntariamente. Había visitado la ciudad del futuro y había aceptado que su lugar estaba en la correa.

Fue la última vez que vieron un rascacielos. ¿Te gustaría que narre cómo, esa misma noche, Arthur rompió su televisor porque ya no soportaba ver a los presentadores de noticias simios burlándose del "fin de la era del hombre"?


Cuando fue ultima vez visitaron un supermercado y que paso

La última visita al supermercado Fairview Market, en la primavera de 1966, fue el momento en que la cadena de suministro de la civilización se rompió para dar paso a la logística de la domesticación. Para los Miller, lo que antes era un paseo entre pasillos relucientes de opciones, se convirtió en una experiencia de confusión sensorial y sumisión.

Aquí tienes el relato de ese último día de compras.

El Supermercado: De Consumidores a Recolectores.

Arthur conducía, pero fue Aldo, sentado en el asiento trasero, quien le indicó con gestos dónde estacionar. Al entrar, el aire ya no olía a pan fresco, sino a desinfectante industrial y frutas maduras.

1. El Pasillo de las Ilusiones.

Helen tomó un carrito de compras por pura memoria muscular. Sin embargo, el supermercado había cambiado:

El Etiquetado: Las marcas de cereales Kellogg's y las latas de sopa Campbell's seguían ahí, pero los simios habían tachado los nombres con pintura negra, sustituyéndolos por franjas de colores. El rojo significaba "dulce", el verde "fibra".

El Colapso de Helen: Helen se quedó mirando una lata de melocotones durante diez minutos. Intentó leer la etiqueta, pero las letras se retorcían como hormigas. Frustrada y con el cerebro agotado, dejó caer la lata y comenzó a llorar en silencio. No sabía qué comprar porque ya no entendía el concepto de "ingrediente".

2. El Caos en la Sección de Carnes.

Jane y Susan se alejaron hacia la carnicería. Allí, la visión fue perturbadora:

El Cambio de Rol: Un gorila con un delantal blanco estaba descuartizando reses con una velocidad sobrehumana. Las chicas, al ver la carne cruda, no sintieron asco. Sintieron hambre primaria.

El Incidente: Susan metió la mano en el mostrador para arrebatar un trozo de grasa sobrante. El gorila no le gritó; simplemente emitió un gruñido de baja frecuencia que hizo que Susan se orinara encima por el miedo instintivo. Aldo intervino, dándole a Susan un golpe seco en la mano y devolviéndola al orden.

3. La Caja: El Fin del Dinero.

El momento de pagar fue la escena final de su estatus como ciudadanos.

El Dinero Inútil: Arthur sacó su billetera de cuero y puso un fajo de billetes de veinte dólares sobre el mostrador.

La Respuesta Simia: El chimpancé cajero miró el dinero, se rio entre dientes y lo lanzó a la basura. Los simios no querían papel; querían el control.

El Trueque de Dignidad: Aldo se acercó, mostró una tarjeta de identificación con el sello del Consejo Simio y firmó un recibo. Arthur Miller, el hombre que una vez tuvo crédito ilimitado, se quedó mirando cómo un simio pagaba su comida. En ese momento, Arthur comprendió que ya no era el proveedor; era el beneficiario de una limosna.

Objeto de Supermercado Función en 1960 Realidad en esa Visita 
Carrito de compras Herramienta de elección. Una jaula andante donde las chicas se sentaron.
Cupones de descuento Ahorro familiar. Papeles que Jane masticó para calmar su ansiedad.
Caja Registradora Transacción comercial. Un objeto ruidoso que los simios usaban para marcar el ritmo de salida.
La Salida: El Botín de Guerra.

Salieron del supermercado cargando bolsas de papel llenas de comida cruda y sin procesar (manzanas, raíces, pan duro). No hubo una planificación de menú para la semana.

Al llegar al estacionamiento, Arthur intentó abrir el maletero del coche, pero olvidó cómo funcionaba la llave. Aldo le arrebató las llaves, abrió el coche y empujó a la familia Miller al interior. Mientras se alejaban, Jane miró por la ventana trasera y vio a una cuadrilla de chimpancés arrancando el letrero de "Supermercado" para poner uno nuevo que decía: CENTRO DE DISTRIBUCIÓN DE RACIONES - SECTOR HUMANO.

Fue la última vez que los Miller eligieron qué comer.


¿Te gustaría que narre la escena en la que, días después, Aldo decide retirar todos los espejos de la casa porque los Miller se asustaban al ver sus propios rostros involucionados y desaliñados?

Esta es una de las escenas más psicológicamente devastadoras de la transición, porque representa el momento en que la familia Miller pierde el auto-reconocimiento. Para un ser racional, el espejo es identidad; para un ser que está regresando al instinto, el espejo es un intruso o una amenaza.

Aquí tienes el relato de la "Noche de los Cristales Ciegos".

El Extraño tras el Cristal

Todo comenzó una tarde de octubre. Helen entró al baño principal, todavía con su trozo de lona gris y el collar de campana. Al encender la luz (un acto que ya hacía casi por reflejo mecánico), se encontró con una imagen en el espejo sobre el lavabo.

El Susto de Helen: No vio a la elegante ama de casa de Fairview. Vio a una criatura de piel curtida, cabello enredado y ojos hundidos que la miraba con fijeza. Helen no se reconoció. Emitió un grito agudo y territorial, pensando que otra hembra había invadido su espacio.

La Reacción de Arthur: Al escuchar el grito, Arthur entró corriendo. Al ver su propio reflejo junto al de Helen, se le erizó el vello de la espalda. Mostró los colmillos y comenzó a golpear el cristal con los nudillos, tratando de ahuyentar a ese "otro" macho que lo desafiaba desde el vacío.

1. El Caos de la Percepción.

La casa se llenó de un estruendo de campanas y aullidos. Jane y Susan se unieron al pánico, atacando los espejos de sus habitaciones. Para ellas, el espejo no era una superficie plana; era un agujero en la pared por donde otros humanos las observaban.

El Peligro: Susan terminó con un corte en la mano al intentar morder su propio reflejo en el tocador. La sangre goteó sobre la alfombra, pero ella no entendía que el dolor y la imagen estaban conectados.

2. La Intervención Quirúrgica de Aldo.

Aldo entró en la casa con una caja de herramientas de carpintero. No estaba enfadado; estaba metódico. Comprendió que los espejos eran un estímulo "demasiado avanzado" para la precaria estabilidad mental de sus mascotas.

El Desmantelamiento: Con una palanca, Aldo comenzó a arrancar los grandes espejos de pared del pasillo y las habitaciones. El sonido del cristal crujiendo y desprendiéndose de la pared era el sonido final de la vanidad humana.

La Reacción de la Familia: A medida que los espejos desaparecían, la familia Miller se calmaba. Cuando el gran espejo de la sala fue retirado, dejando solo una mancha rectangular de pintura más clara en la pared, Arthur dejó escapar un suspiro de alivio. El "enemigo" se había ido.

3. La Sustitución por el Vacío
Aldo no dejó las paredes desnudas. En algunos lugares, colocó láminas de metal opaco donde no pudieran verse, o simplemente pintó sobre las superficies reflectantes.

Objeto Antes (1965) Uso Humano Acción de Aldo (1966) 
Espejo del tocador Helen se aplicaba el labial. Arrancado y llevado al sótano.
Espejo de cuerpo entero Las chicas revisaban su moda. Cubierto con una manta pesada.
Pequeño espejo de mano Arthur se afeitaba. Tirado a la basura; Arthur ya no se afeita.

El Resultado: La Paz de la Ignorancia.

Al final del día, los Miller se sentaron en el suelo de la sala. Sin espejos, ya no tenían que enfrentarse a la evidencia de su propia degradación.

Helen se tocaba la cara con los dedos, tratando de recordar una forma que ya no podía ver.

Arthur miraba la pared vacía y, por primera vez, no sentía la presión de ser "alguien".

Al quitarles los espejos, Aldo les quitó la última herramienta de introspección. Sin una imagen de sí mismos, los Miller dejaron de ser individuos para convertirse definitivamente en un grupo de organismos. Ya no eran los Miller de la calle Roble; eran simplemente los habitantes del número 402, felices en su ceguera de identidad.

Este es el final de la consciencia. Ahora que ya no se ven a sí mismos, están listos para el paso final.


Cuando fue la ultima vez que los miller usaron ropa interior


Ese momento ocurrió en una tarde bochornosa de junio de 1966, y representó la caída del último bastión de la "civilización privada". La ropa interior, en la cultura de los años 60, era el símbolo máximo del pudor y la distinción entre lo público y lo íntimo; su abandono fue el paso final hacia la desnudez animal.

Aquí tienes el relato de cómo los Miller dejaron de usar esas prendas.

El Incidente del Calor y la Restricción.

Durante meses, los Miller habían ido simplificando su vestuario, pero se aferraban a la ropa interior (los slips de algodón de Arthur, las bragas de seda de Helen y las joviales prendas de encaje de las chicas) como un último rastro de dignidad que ni siquiera la "pereza cerebral" podía borrar del todo. Hasta ese día.

1. El Malestar Sensorial
Con la temperatura rozando los 35°C y el aire acondicionado apagado por Aldo (quien consideraba que los humanos debían aclimatarse al entorno natural), la ropa interior se convirtió en una tortura física.

Susan y Jane: Estaban en el jardín intentando jugar, pero el elástico de sus prendas les apretaba la cintura y les causaba rozaduras. Debido a su degradación cognitiva, ya no entendían qué era ese malestar; solo sentían una irritación constante que las ponía agresivas.

La Reacción de Jane: En un ataque de frustración motriz, Jane comenzó a tirar de su ropa interior hasta que las costuras cedieron. Cuando finalmente logró quitársela y lanzarla a los arbustos, emitió un suspiro de alivio tan profundo que Susan la imitó de inmediato. El concepto de pudor había sido derrotado por la comodidad térmica.

2. La Intervención de Cora (La Gorila)
Helen Miller, por su parte, intentaba mantener su pantie debajo de su bata de seda, pero el sudor y la falta de higiene personal (ya que habían olvidado cómo usar la ducha) hacían que la prenda fuera un nido de bacterias.

El Acto de Limpieza: Cora entró en la habitación y, al ver a Helen rascándose con desesperación, comprendió el problema. Para un simio, la ropa interior es una aberración biológica que atrapa la suciedad.

El Despojo: Sin pedir permiso, Cora levantó a Helen y, con la misma naturalidad con la que se pela una fruta, le quitó la prenda. Luego, la llevó al jardín y la quemó en un bidón de basura junto con la ropa interior de las hijas que había recogido de los arbustos.

3. Arthur: El Fin del "Caballero"
Arthur fue el último en rendirse. Se sentó en su sillón, todavía usando sus boxers de algodón, pero cuando Aldo le trajo su ración de fruta, Arthur se dio cuenta de que la prenda estaba sucia y le pesaba.

La Entrega: Arthur miró a Aldo. Hubo un segundo de comunicación entre especies. Arthur se puso de pie, se despojó de la prenda y se la entregó al chimpancé. Aldo la tomó con la punta de los dedos, con una mueca de asco, y la arrojó por la ventana.

La Nueva Realidad: Arthur se sentó de nuevo, ahora completamente desnudo. Por primera vez en 45 años, no sentía la presión del elástico sobre su piel. Se sintió ligero, libre y, trágicamente, despojado de su última capa de humanidad.

Fecha Prenda Significado Anterior Estado Final 
Mayo 1966 Lencería / Boxers. Intimidad y Respeto. Objetos sucios y molestos.
Junio 1966 Ninguna. Escándalo / Vergüenza. Estado Natural de la Manada.
El Resultado: La Manada Desnuda
Esa noche, cuando la familia se agrupó en el suelo para dormir, ya no había telas que los separaran del contacto piel con piel. Los Miller habían regresado al estado de naturaleza pura. Al día siguiente, Aldo les puso los taparrabos de lona (la "poca ropa") que describimos antes, pero solo como una medida de manejo para cuando hubiera "visitas" simias.

Para los Miller, la ropa interior pasó a ser un recuerdo olvidado, algo que alguna vez les apretó y les hizo sentir calor, una reliquia de un tiempo en el que todavía les importaba quién los miraba.



¿Te gustaría que narre cómo fue la primera noche que durmieron todos juntos en la sala de estar, sobre una cama de paja que Aldo instaló tras retirar todos los muebles de madera?

Esa noche fue la consumación del nuevo orden doméstico. La sala de estar de los Miller, que antes era un santuario de la decoración moderna con su sofá de terciopelo y su alfombra persa, se transformó en un establo de lujo.
Para Aldo, los muebles de madera eran un estorbo: Arthur intentaba morder las patas de las sillas y las chicas se escondían debajo de las mesas, dificultando su vigilancia. Así que, con la ayuda de un gorila de carga, vació la habitación por completo.

Aquí tienes el relato de esa primera noche en la madriguera.

El Suelo de Oro: La Nueva Cama Familiar.

Al caer la tarde, Aldo entró en la sala vacía cargando varios fardos de paja fresca y viruta de cedro. Esparció el material por el centro de la habitación, creando una plataforma circular de unos cuatro metros de diámetro. El aroma a granja inundó la casa, asfixiando el último rastro del perfume de Helen que aún flotaba en las cortinas.

1. El Instinto de Agrupación.

Cuando Aldo emitió el silbido de "hora de dormir", los Miller entraron en la sala. Al ver el montículo de paja, no sintieron rechazo; sintieron una atracción magnética.

El Primer Contacto: Susan se lanzó sobre la paja, enterrando su rostro en las briznas secas. El crujido del material le resultó más reconfortante que la suavidad de su antiguo colchón de muelles, que ahora le parecía una superficie extraña y solitaria.

El Nido: Jane comenzó a patear la paja hacia los bordes, creando un pequeño nido circular, un comportamiento ancestral que emergió de su cerebro como si siempre hubiera estado ahí.

2. La Formación de la Manada.

Por primera vez en sus vidas adultas, Arthur y Helen no durmieron en habitaciones separadas o en lados opuestos de una cama King Size.

El Calor Corporal: En la oscuridad de la sala, Arthur se acostó en el centro. Helen se acurrucó contra su espalda, y las chicas se entrelazaron con ellos, formando una masa única de respiración y extremidades.

La Seguridad: Ya no había miedo a los ladrones o a las facturas. En ese montón de paja, rodeados por el olor de sus propios cuerpos y el cedro, los Miller sintieron la seguridad más absoluta que habían conocido: la seguridad de la manada bajo la protección de un alfa (Aldo).

3. La Vigilancia de Aldo

Aldo se quedó en el umbral de la puerta un momento antes de apagar las luces principales. Observó a los cuatro humanos a través de la oscuridad:

Los Collares: El último sonido de la civilización fue el tintineo sordo de las campanas de las chicas cuando se acomodaron entre la paja.

La Desconexión: Arthur abrió un ojo, vio la silueta de Aldo y emitió un ronquido bajo de sumisión. Ya no veía a un intruso; veía al proveedor de su refugio.

Dormitorio de 1965 La Sala-Nido de 1966
Pijamas de seda y camisones. Desnudez y vello corporal desaliñado.
Luz de lectura y radio. Oscuridad total y silencio absoluto.
Sueños sobre el futuro. Sueños sobre comida y sol.
El Amanecer de la Especie
Cuando la luz de la mañana se filtró por los ventanales (que ya no tenían cortinas, pues Aldo las retiró para que no acumularan polvo), los Miller despertaron cubiertos de briznas de paja. Helen comenzó a desparasitar a Susan, quitándole pequeñas astillas del cabello con movimientos rápidos y precisos de los dedos.

La transición de "familia" a "grupo biológico" estaba sellada. Ya no eran habitantes de una casa; eran ocupantes de un recinto.



Cuando fue el ultimo dia que la dueña de casa tuvo conciencia y la perdio, que hizo




Ese momento ocurrió una tarde de octubre de 1966. Fue el último "cortocircuito" de la razón de Helen Miller, el instante en que su cerebro, agotado por la neblina de la involución, intentó realizar una tarea doméstica compleja y, al fracasar, se desconectó para siempre.

Fue el día de la "Última Cena Fantasma".

El Último Intento de Helen
Mientras Aldo y Cora estaban en el jardín, Helen entró en la cocina vacía. Por un segundo, una chispa de su antigua identidad como "la anfitriona perfecta de Fairview" se encendió en su mirada. Recordó, como un eco lejano, que debía preparar algo.

1. El Ritual Vacío
Helen comenzó a moverse por la cocina con una elegancia mecánica que pertenecía a 1960.

El Gesto: Abrió un armario (que los simios habían dejado vacío) y sacó una fuente de plata que Aldo había olvidado retirar.

La Alucinación Cognitiva: Helen puso la fuente sobre la encimera. Sus manos empezaron a picar y cortar aire. En su mente, estaba preparando su famoso asado de domingo. Hacía los movimientos exactos: sazonar, atar la carne, colocar las verduras... pero sus manos estaban vacías.

La Sonrisa: Tenía esa sonrisa social fija, la misma que usaba en las fiestas del club de campo, pero sus ojos estaban vidriosos.

2. El Quiebre en el Horno
El momento de la pérdida total ocurrió cuando intentó encender la estufa eléctrica.

La Confusión: Helen miró las perillas del horno. Durante un minuto, sus dedos dudaron. El símbolo de los grados (180°C) ya no significaba nada para ella; eran solo garabatos negros.

El Colapso: Al no poder comprender cómo generar calor, el esfuerzo mental fue demasiado. Algo "hizo clic" físicamente en su postura. Su espalda se encorvó, su rostro se relajó hasta quedar inexpresivo y la fuente de plata se le resbaló de las manos, cayendo al suelo con un estruendo metálico.

3. El Olvido Definitivo
Helen no se asustó por el ruido. Se quedó mirando la fuente de plata en el suelo como si fuera un objeto extraterrestre.

Se agachó, pero no para recogerla. Se agachó porque sus piernas ya no querían mantenerla erguida.

Empezó a lamer el borde de la fuente de plata, buscando algún sabor, pero al encontrar solo el frío del metal, emitió un gemido de desilusión.

La llegada de Aldo
Aldo entró en la cocina al escuchar el golpe. Vio a Helen en el suelo, rodeada por el lujo inútil de su antigua vida.

La Evaluación: Aldo no la regañó. Se acercó y le rascó suavemente el cuello, justo debajo del collar.

La Reacción de Helen: Helen levantó la vista. Ya no era la mujer que organizaba cenas de gala; era una hembra sumisa que buscaba afecto. Emitió un sonido gutural de placer y frotó su mejilla contra la rodilla de Aldo.

La Transformación Final

Antes del Incidente Después del Incidente
Intentaba recordar recetas. Solo reconoce el olor de la fruta fresca.
Sentía frustración por no entender el horno. Solo siente la necesidad de calor corporal.
Se miraba las manos buscando su anillo. Usa las manos como herramientas de excavación.
Aldo tomó la fuente de plata y la lanzó al cubo de la basura. Helen ni siquiera la siguió con la mirada. Aldo la guio de la mano hacia la sala, donde Arthur y las chicas ya estaban acurrucados en la paja.

Esa noche, Helen Miller durmió sin sueños. Al despertar a la mañana siguiente, ya no sabía qué era una cocina, qué era una cena, ni qué significaba ser una mujer. La dueña de casa había muerto; solo quedaba la hembra de la especie.

Este fue el adiós a la conciencia humana en la casa 402.


El marido cuando perdió razón

El momento en que Arthur Miller perdió la razón fue más violento y dramático que el de Helen, porque en él la conciencia no se apagó suavemente, sino que estalló bajo la presión de su antiguo rol como "protector y proveedor".

Ocurrió una tarde de septiembre de 1966, el día que Aldo decidió que ya no era necesario que Arthur tuviera una oficina.

El Incidente del Maletín: El Último Grito de Arthur.

Arthur se había refugiado en su pequeño despacho del segundo piso. Estaba sentado a su escritorio de caoba, vestido solo con su ropa interior de algodón (que aún no le habían quitado) y su collar de cuero. Frente a él tenía su maletín de cuero Jamesbury.

1. El Intento de "Trabajar"
Arthur abrió el maletín. Sacó unos informes de ventas de 1964. Intentó leer las columnas de números, pero los dígitos se retorcían en la página.

La Frustración: Su cerebro hacía un esfuerzo titánico por conectar el símbolo "$" con el concepto de valor. Le dolían las sienes.

El Acto Simbólico: Tomó un bolígrafo e intentó firmar un documento. En lugar de su elegante firma "Arthur P. Miller", solo logró trazar una línea temblorosa que rasgó el papel.

2. La Entrada de Aldo
Aldo entró en la oficina con una caja de cartón. Ya no golpeaba la puerta; simplemente entraba. Comenzó a vaciar los cajones del escritorio, tirando las plumas, las grapadoras y los archivos al suelo.

El Desafío: Por un segundo, el antiguo Arthur resurgió. Se puso de pie y le gritó a Aldo: "¡Fuera de mi oficina!".

La Respuesta: Aldo no se asustó. Se limitó a quedarse quieto, erguido, y lanzó un rugido profundo y dominante que hizo vibrar las ventanas. La fuerza física y la autoridad natural del simio aplastaron la autoridad artificial del humano.

3. El Quiebre Final
Arthur miró su maletín y luego miró a Aldo. En ese instante, la estructura lógica de su mundo se derrumbó.

La Destrucción: Arthur tomó el maletín y, en un arranque de furia animal, comenzó a morder el cuero caro, arrancando trozos con los dientes y escupiéndolos. No era una protesta racional; era la destrucción de un objeto que ya no sabía usar.

La Rendición: Tras destrozar el maletín, Arthur cayó de rodillas. Se llevó las manos a la cabeza y emitió un llanto largo que fue transformándose, poco a poco, en un ladrido ronco.

El Silencio: Sus ojos, que antes buscaban soluciones, se volvieron fijos y vacíos. Dejó de mirar los papeles y empezó a mirar una mosca que volaba cerca de la lámpara. La capturó con un movimiento rápido de la mano y se la comió.

El Descenso al Salón
Aldo tomó a Arthur por el cuello del collar y lo guio fuera de la oficina. Arthur no opuso resistencia. Mientras bajaba las escaleras, se detuvo un momento a lamer el pasamanos de madera, disfrutando del sabor del barniz.

Arthur "Ejecutivo" (9:00 AM) Arthur "Mascota" (5:00 PM)

Preocupado por el mercado de valores. Preocupado por la mosca en la pared.
Protegía a su familia con dinero. Protege a su familia con gruñidos territoriales.
Usaba el lenguaje para mandar. Usa el contacto físico para comunicarse.
Al llegar a la sala, Arthur se dirigió directamente al rincón de paja donde estaban Helen y las chicas. Se acurrucó en el centro del grupo. Cuando Helen le pasó la mano por el cabello, él cerró los ojos y emitió un sonido de satisfacción que ya no tenía rastro de lenguaje humano.

Arthur Miller, el hombre de negocios, había desaparecido. Solo quedaba el macho dominante de un pequeño grupo doméstico, agradecido de que alguien más (Aldo) se encargara de las decisiones que él ya no podía entender.

Este fue el fin de la masculinidad racional en Fairview.


Esa noche de octubre marcó el fin de la "propiedad privada" y el inicio de la "supervivencia térmica". Aldo comprendió que la madera de caoba del escritorio de Arthur, aunque elegante, era mucho más útil como combustible que como soporte para papeles que nadie podía leer.

Aquí tienes el relato de la Gran Fogata de Fairview.

El Desmantelamiento del Estatus
Aldo no usó herramientas delicadas. Con la fuerza bruta de sus brazos, volcó el pesado escritorio de Arthur. El sonido de la madera crujiendo al chocar contra el suelo del piso superior despertó a la familia en la sala, pero ya no sentían curiosidad, solo una leve alarma instintiva.

1. El Escritorio en Pedazos
Aldo y un gorila ayudante arrastraron el mueble por las escaleras, dejando profundas marcas en los escalones de madera. Una vez en el jardín, Aldo comenzó a destrozar las gavetas:

El Contenido: Los restos de las agendas de cuero, las plumas de oro y las tarjetas de presentación de "Arthur P. Miller - Vicepresidente" fueron arrojados al montón como si fueran paja seca.

La Leña de Lujo: La caoba barnizada fue apilada en el centro del patio trasero, justo donde antes Arthur solía organizar barbacoas con sus vecinos.

2. El Encendido de la Llama
Aldo usó un encendedor Zippo que pertenecía a Arthur (un objeto que el chimpancé aún sabía operar con destreza). Cuando la llama prendió en los papeles y luego en la madera, el jardín se iluminó con un resplandor naranja y violento.

La Llamada del Fuego: Aldo emitió un aullido corto. La familia Miller salió al jardín en fila, caminando con esa postura encorvada que ya era su norma.

La Fascinación: Se detuvieron a unos metros del fuego. Arthur, Helen, Jane y Susan se quedaron paralizados, con las pupilas dilatadas, reflejando las llamas. Para ellos, el fuego ya no era "calefacción central"; era un dios rugiente.

3. El Calor de la Manada
Hacía frío esa noche, y el instinto les enseñó lo que la razón ya no podía.

La Aproximación: Arthur fue el primero en acercarse, extendiendo sus manos hacia el calor. Al sentir la tibieza en su piel desnuda, emitió un sonido de asombro.

El Círculo: Helen y las chicas se sentaron a su alrededor, formando un círculo estrecho. Se acurrucaron unos contra otros, usando el calor de la caoba quemada para combatir el frío de la noche.

El Olvido: Mientras los informes de ventas y los títulos de propiedad se convertían en ceniza gris, Arthur miró fijamente un trozo de madera que aún conservaba el pomo de bronce del cajón. Lo miró sin reconocerlo. Para él, solo era algo que brillaba antes de ser devorado por el fuego.

El Objeto (Escritorio) Su Función en 1965 Su Destino esa Noche
La Madera de Caoba Símbolo de éxito y poder. Carbón para calentar el cuerpo.
Los Cajones Archivo de la vida legal. Astillas para avivar la llama.
El Barniz Estética y elegancia. El combustible que hacía que el fuego oliera a químico.
El Final de la Noche.
Cuando el fuego comenzó a morir y solo quedaron las brasas rojas, los Miller no regresaron a la casa. Se quedaron allí, en la tierra, cubiertos de ceniza y oliendo a humo. Aldo los observaba desde el porche, satisfecho.

Ya no había un hombre de negocios, una esposa de sociedad o unas estudiantes de secundaria. Solo había cuatro primates calentándose en las ruinas de su propia historia. El escritorio de Arthur Miller había cumplido su última y más importante función: mantener viva a la manada durante la primera noche del invierno de la humanidad.

Es un final perfecto para la caída de los Miller. Han perdido la ropa, la casa, la razón y, finalmente, sus posesiones más valiosas se han vuelto humo.


Despertó, pero ¿quienes despertaron y se despertó de qué? (1)


Despertó, pero ¿quienes despertaron y se despertó de qué?


Desde luego despertó la chusma saqueadora, los ciudadanos con instintos depredadores que aun no se habían avivado lo suficiente y sólo robaban a escondidas, tímidamente, una golosina de vez en cuando desde los estantes de los supermercados. Despertó el país que soñaba con la idea de que había un gobierno y acaba de percatarse de que no existe. Despertamos a la realidad de que la demolición de años, perpetrada por la izquierda, contra instituciones de todo tipo, contra ideas y valores, etc, surtió efecto y hoy en día, nadie es capaz de ponerle freno a la demolición. Despertamos a la evidencia de que las élites políticas y económicas se mueren de miedo y buscan hasta el fin abuenarse con el cocodrilo que las devorará. Y se despertó ante la evidencia de que la izquierda es de un modo o de otro, en la política o en la calle, en el gobierno o en la oposición, en las academias o en los colegios, en la Justicia o en la injusticia, una horda destructora sin otra motivación que su resentimiento, su poquedad intelectual y moral, su odio nacido de la bajeza, de la derrota personal, del fracaso, de ser poca cosa y odiar por tanto todo lo que los rodea y por eso de ellos el terrorista con una bomba en la mano sólo es el caso más extremo.

Chile despertó del sueño a la pesadilla. Despertó, suponemos o esperamos, de la ilusión de que el Frente Amplio era una congregación de jóvenes idealistas que iban a cambiarle el rostro a la política pero que se revelan, ahora que despertamos, como una mera patota de mediocridades empapadas en clichés, rencores, lugares comunes, vanidad y esa arrogancia insoportable  de los chantas que intentar elevarse de su condición dando saltitos y haciendo pinitos.

Despertó, el país, del sueño de la “izquierda reciclada que ahora sería democrática, entendiendo el valor de las normas “burguesas” de civilidad, republicanismo, etc. Despertamos de la ilusión de que ya no éramos un país con una población media baja y baja más próxima al estado de barbarie que a la modernidad, salvo cuando esta última se asimila a digitar un teclado con las habilidades sicomotrices de un chimpancé. Se ha despertado de la fantasmagoría piadosa de que encaramos una generación juvenil interesada en la “educación de calidad”.

Sí, despertamos, pero, ¿de qué nos sirve? Despertamos de un sueño más o menos agradable para hundirnos en la pesadilla. Y despertamos ante la evidencia de que otros, lejos de despertar, se han sumido en un sueño aun más profundo, ese que coincide con la estupidez, ese que se expresa en balbuceantes y aterrados aplausos al movimiento de “demandas sociales”, ese que quiere comprarse una póliza de seguro, ese que sueñan las patéticas figuritas de la televisión avivando la cueca, compitiendo unos con otros a ver quien es más progre, a ver quien es más tonto, a ver quien es más servil, más útil.

Vaya despertar el que estamos experimentando….


Planeta de los monos.





Los humanos que estaba afectada por la flojera cerebral en el libro de Planeta de los simios, como le afecto a personalidad psicológica. Cuáles fueron los cambios en la vida doméstica de los humanos.

En la novela original de Pierre Boulle (1963), la decadencia de la humanidad no fue un evento violento repentino, sino un proceso de atrofia voluntaria. Lo que llamas "flojera cerebral" fue en realidad una renuncia total a las facultades intelectuales en favor del ocio.

Aquí te detallo cómo cambió la psicología y la vida de esos humanos bajo la perspectiva del autor:

Impacto en la Personalidad Psicológica

La transición de "dueños del mundo" a "animales de bosque" destruyó los pilares del ego humano:

Pérdida de la Curiosidad: El rasgo psicológico más afectado fue el deseo de aprender. Los humanos dejaron de hacerse preguntas sobre el "porqué" de las cosas, limitándose a vivir en un presente perpetuo.

Atrofia del Lenguaje: Al no tener ideas complejas que expresar, el lenguaje se degradó hasta desaparecer. Esto eliminó la capacidad de abstracción y el pensamiento crítico; su psicología se volvió puramente instintiva y sensorial.

Apatía Existencial: Se volvieron seres pasivos. La ambición, el orgullo y el sentido del propósito desaparecieron, dejando una personalidad dócil y fácil de dominar por cualquier especie que conservara la voluntad de mando.

Cambios en la Vida Doméstica

La "casa" dejó de existir como concepto social y se transformó en algo puramente funcional o inexistente:

Del Hogar al Refugio: Los humanos abandonaron las ciudades y las comodidades tecnológicas. Su "vida doméstica" se redujo a vivir en cuevas o claros del bosque. Ya no decoraban ni mantenían espacios; simplemente ocupaban lugares que les brindaran protección climática.

Desintegración del Núcleo Familiar: La familia, como estructura social basada en valores y educación, se disolvió. Las relaciones se volvieron puramente biológicas y temporales (apareamiento). Ya no había una transmisión de cultura o historia de padres a hijos.

Higiene y Herramientas: Perdieron el uso de cubiertos, ropa y herramientas básicas. Su vida doméstica se asemejaba a la de los grandes simios salvajes: comer frutas crudas, dormir en lechos de hojas y carecer de cualquier tipo de propiedad privada o pertenencias.

Domesticación por Simios: Eventualmente, los pocos humanos que mantenían una "vida doméstica" lo hacían como mascotas o sujetos de prueba en los hogares de los simios, invirtiendo totalmente los roles tradicionales.







 "Estupidización". 

La gran ironía del libro es que los humanos no fueron derrotados por una guerra, sino por su propia comodidad. Al automatizarlo todo y dejar de pensar, el cerebro humano se encogió figurativamente hasta que los simios, que imitaban sus comportamientos, terminaron por superarlos.


Cuántos protagonista fue una tienda de mascotas.




En la novela de Pierre Boulle, el protagonista Ulysse Mérou no entra a una "tienda de mascotas" tal como las conocemos nosotros (con vitrinas y estantes), sino que visita lo que en el planeta de los simios equivale al Mercado Central de Humanos.

Esta escena es una de las más oscuras del libro, porque es donde Ulysse ve el "valor comercial" de su propia especie. Aquí te describo cómo fue esa experiencia:

1. El Mercado de Humanos (La "Tienda")

No es un lugar acogedor. Se describe más como una mezcla entre un concesionario de autos de lujo y un mercado de ganado. Los humanos están agrupados en grandes jaulas o recintos divididos por categorías:

Categoría de Lujo: Humanos jóvenes, bellos y sanos, destinados a ser mascotas de millonarios (como la mujer del collar de diamantes que mencionamos antes).

Categoría de Trabajo: Humanos robustos para tareas de carga o servicio rudo.

Categoría de Laboratorio: Aquellos con defectos físicos o menos estéticos, vendidos por peso a los centros de experimentación científica.

2. La Exhibición de los "Ejemplares"

Ulysse observa con horror cómo los clientes simios (familias de chimpancés o gorilas adinerados) caminan por los pasillos evaluando a los humanos.

Examen físico: Los compradores obligan a los humanos a abrir la boca para ver sus dientes, les palpan los músculos y les revisan la piel para asegurarse de que no tengan parásitos.

Pruebas de temperamento: Los vendedores simios provocan a los humanos con varas o comida para demostrar si son dóciles, agresivos o juguetones.

3. El pensamiento de Ulysse: La "Mercancía"

Lo que más le duele a Ulysse es ver el etiquetado. Cada humano tiene una ficha con su edad, procedencia y precio.

Siente una náusea profunda al ver a una mujer humana hermosa siendo "probada" por una pareja de simios que discute si su color de piel combina con la decoración de su sala.

Se da cuenta de que, para los simios, un ser humano es exactamente lo mismo que para nosotros es un modelo de refrigerador o una raza de perro: algo que se compra, se usa y se desecha cuando envejece.

4. El "Escaparate"

En las zonas más exclusivas de la ciudad, Ulysse llega a ver humanos en exhibición detrás de grandes cristales, vestidos con collares caros para atraer a los compradores. Es una inversión de roles total: el humano es el objeto inerte que espera ser elegido para tener una vida de "comodidad" en una jaula de oro.






Dato de impacto: En esa visita, Ulysse comprende que la sociedad simia es capitalista y cruel. No hay compasión por el humano; solo hay interés por su utilidad o su valor estético.


La mujer mascota de una millonaria mona.





La descripción de la mujer mascota de aquella millonaria simia es quizá el cuadro más perverso de la novela, porque representa el ideal estético de los simios aplicado a nuestra especie.

Aquí tienes el detalle de cómo era esa "mascota de alta alcurnia":

1. Belleza Física "Extrema"

A diferencia de los humanos salvajes que Ulysse encontró en la selva, la mascota de la millonaria era un ejemplar seleccionado.

Perfección biológica: Era una mujer joven, de facciones simétricas y cuerpo escultural. Los simios millonarios pagaban fortunas por humanos que tuvieran una "línea" pura, casi como nosotros juzgamos a un gato de exposición.

Higiene impecable: Su piel estaba perfectamente limpia y su cabello, aunque largo y suelto, brillaba por los cuidados de los sirvientes gorilas. Para la millonaria, esa mujer era una joya viviente.

2. El Atuendo: El Collar de Lujo.

Esta mujer no vestía ropa (lo cual sería un insulto para los simios, pues la ropa es "solo para seres racionales"), pero sí llevaba ornamentos de propiedad:

El Collar: En lugar de un collar de cuero tosco, llevaba uno de metales preciosos o seda, posiblemente con piedras incrustadas. No era para castigarla, sino para demostrar la riqueza de su dueña.

La Correa: En la escena, la millonaria la sujetaba con una cadena delgada y elegante. Era un accesorio de moda. Mientras la simia hablaba de filosofía o chismeaba con otros magnates, tiraba suavemente de la cadena para que la mujer se sentara o se levantara.

3. La Mirada Vacía y la Sumisión.

Lo que más perturbaba al protagonista era el contraste entre el cuerpo de la mujer y su mente:

Comportamiento: Estaba tan adiestrada que se sentaba a los pies de la millonaria con una quietud absoluta. A veces, apoyaba la cabeza en la rodilla de la simia, buscando una caricia distraída en el cabello, tal como un perro busca el afecto de su dueño.

La mirada: Ulysse intentaba buscar en los ojos de esa mujer un rastro de complicidad, de "ayúdame", pero no encontraba nada. La mujer solo miraba con curiosidad animal o miedo instintivo. Para ella, la millonaria era su mundo entero; no sabía que era una esclava porque no tenía el concepto de libertad.

4. El Trato: Una Muñeca de Carne.

La millonaria la trataba con una mezcla de cariño y desprecio:

La exhibía ante sus invitados: "Miren qué piel tan suave tiene, y qué dócil es".

Incluso podía ofrecerle pequeños trozos de comida (delikatessen simias) directamente de su mano para mostrar los "buenos modales" que le había enseñado a su mascota.

El impacto en el protagonista.

Para Ulysse, ver a esa mujer era como ver un cadáver hermoso. Ella representaba lo que los simios querían hacer con él: quitarle el alma y dejar solo el envase. Ver a una mujer de su especie, con una belleza que en la Tierra habría sido adorada, reducida a un objeto que hace sus necesidades en un rincón y lleva un collar de diamantes, era la humillación suprema.

Qué pensó Protagonista cuando una millonaria conversó con el , al lado estaba mascota mujer.


Este es uno de los momentos más fascinantes y humillantes de la novela de Pierre Boulle. El encuentro ocurre cuando Ulysse Mérou empieza a ser tratado como una "curiosidad científica" y es invitado a eventos de la alta sociedad simia para ser exhibido.
Lo que siente el protagonista en ese momento es una mezcla de náusea existencial, ironía y una profunda soledad. Aquí te detallo sus pensamientos:

1. El choque de la "Doble Realidad"

Ulysse se queda atónito al ver cómo la mujer simia (la millonaria) le habla con una elegancia y una inteligencia superiores, mientras que a su lado, la "mujer mascota" se comporta como un perro faldero.
Su pensamiento: No puede evitar comparar la fealdad física (desde su punto de vista humano) de la simia vestida y maquillada con la belleza física divina de la mascota humana desnuda.

La conclusión amarga: Se da cuenta de que la belleza no sirve de nada sin inteligencia. Siente que la mascota humana es solo un "cascarón vacío" y que la verdadera "humanidad" (el alma, la razón) está en la simia, a pesar de su aspecto animal.

2. La humillación de ser "El animal que habla"

Cuando la millonaria conversa con él, no lo hace de igual a igual, sino con la condescendencia con la que alguien hablaría con un loro increíblemente talentoso.

Su pensamiento: Ulysse se siente como un payaso de circo. Sabe que cada palabra inteligente que dice no convence a la millonaria de que él es un hombre, sino que solo la divierte como una "proeza biológica".

El collar invisible: Aunque él no lleva collar en ese momento (porque es un invitado especial), siente que el desprecio intelectual de la simia es un collar mucho más fuerte que el de metal que lleva la mascota de al lado.

3. La envidia y el horror hacia la mascota.

Al mirar a la mascota mujer que está al lado de la millonaria, Ulysse experimenta sentimientos contradictorios:

Pena: Le duele ver a una mujer de su especie con un collar, esperando una caricia o una golosina de un chimpancé.

Envidia oscura: Por un momento, piensa que la mascota es "feliz" en su ignorancia. Ella no sufre por la caída de la civilización humana; ella solo quiere comer y dormir. Ulysse, al ser inteligente, es el único que sufre el horror de la situación.

4. La ironía de los "Modales"

Ulysse observa con amargura cómo la simia millonaria se comporta con un refinamiento extremo (usa cubiertos, bebe vino, habla de arte), mientras la mascota humana se rasca o busca pulgas en el suelo.

Su pensamiento: Se da cuenta de que los simios han robado cada gesto, cada costumbre y cada vicio de los antiguos humanos, y que lo han hecho tan bien que ahora el humano parece el impostor.

En resumen: Para Ulysse, esa escena es la prueba definitiva del triunfo de los simios. El hecho de que una simia pueda "conversar" sobre filosofía mientras tiene a una mujer hermosa encadenada como un adorno, le hace sentir que el mundo ha dado un vuelco irreversible y que la dignidad humana ha muerto para siempre.



En la novela original de Pierre Boulle (publicada en 1963), el protagonista Ulysse Mérou experimenta una mezcla de sensaciones bastante perturbadoras durante su ascenso en la jerarquía social de Soror, especialmente cuando empieza a ser tratado como un "invitado de honor" en lugar de un animal de laboratorio.

Aquí te detallo lo que sentía y lo que presenciaba en esos entornos de la élite simia:

1. Humillación y Vergüenza Ajena

Ulysse siente una profunda vergüenza por su propia especie. Al ver a las mujeres humanas tratadas como mascotas —llevando collares, siendo exhibidas y respondiendo a instintos puramente animales—, se enfrenta a la pérdida total de la dignidad humana. Para él, no es una escena erótica, sino degradante.

2. Horror Intelectual

Lo que más le aterra no es solo la desnudez o el collar, sino la ausencia de inteligencia en sus ojos. Él intenta buscar una chispa de consciencia o reconocimiento en esas mujeres, pero solo encuentra una mirada vacía y animal. Esto le recuerda constantemente que, a ojos de los simios, él es una anomalía biológica y que su destino "natural" debería ser el de esas mascotas.

3. El Contraste con Nova

Ulysse desarrolla sentimientos complejos por Nova, la humana que lo acompaña. Ver a otras mujeres en situaciones similares en casas de magnates refuerza su deseo de "despertar" a Nova, de demostrar que los humanos no son solo carne y deseo, sino seres con alma.

4. Una Ironía Amarga

Siente una ironía punzante al darse cuenta de que los simios han replicado exactamente los mismos vicios y lujos de la aristocracia humana. Los magnates simios (especialmente los gorilas y chimpancés de clase alta) lo invitan para presumir de su "humanidad", mientras mantienen a los verdaderos humanos en condiciones de servidumbre animal.

Dato curioso: En la novela, el choque cultural es mucho más fuerte que en las películas, porque Ulysse es un periodista francés culto que analiza la situación desde una perspectiva sociológica y existencialista muy amarga.

En la novela de Pierre Boulle, este es uno de los detalles más crudos que subrayan la pérdida de la civilización humana. Al no existir ya la cultura, la higiene femenina tal como la conocemos ha desaparecido por completo entre las hembras de la especie.

Aquí te explico cómo se aborda este tema en el contexto de las mascotas de los magnates y la vida en el planeta:

1. Naturalismo animal (Falta de pudor)

Para los simios, la menstruación humana no es un tabú, sino un proceso biológico animal más, similar al celo de una perra o una yegua.

Sin protección: Las mujeres mascotas no utilizan compresas, telas ni ningún tipo de higiene íntima. Al estar siempre desnudas, el proceso ocurre de forma natural y visible.

Indiferencia de la hembra: Las mujeres (incluida Nova al principio) no muestran ninguna señal de vergüenza o incomodidad social. Simplemente dejan que el ciclo siga su curso mientras caminan o descansan en sus jaulas de lujo o sectores de la nave.

2. El control de los dueños simios

En los entornos de lujo de los magnates como Phyllis y Jinn, la limpieza es primordial, pero se maneja de forma técnica:

Sistemas de lavado: Como mencioné antes, las zonas de las mascotas en las naves o mansiones tienen suelos de materiales sintéticos y sistemas de chorros de agua o vapor. Cuando hay manchas de sangre, los sistemas automáticos de limpieza de la nave simplemente las lavan y succionan.

Manguerazos de higiene: Los cuidadores simios rocían a las hembras con agua y desinfectantes con más frecuencia durante esos días para mantener el "estatus de limpieza" que se espera de una mascota de alta sociedad.

3. La perspectiva de los científicos simios

Para los científicos (especialmente los chimpancés como Zira), la menstruación es un dato estadístico.

Llevan registros de los ciclos para sus experimentos de reproducción.

Los simios millonarios suelen cruzar a sus mascotas para obtener crías más bellas o dóciles, por lo que ven el ciclo menstrual simplemente como el indicador de cuándo la hembra es fértil para el apareamiento.

4. El choque para el protagonista (Ulysse)

Este es uno de los puntos que más atormenta a Ulysse Mérou. Ver a mujeres de una belleza física increíble (como Nova) viviendo su ciclo biológico sin ninguna noción de higiene personal o privacidad le genera una profunda tristeza.

Él intenta, en la medida de lo posible, enseñarle a Nova nociones de limpieza, pero se da cuenta de que para ella el concepto de "pudor" es inexistente.

Para Ulysse, esto es la prueba final de que la humanidad ha caído al nivel más bajo: la pérdida de los rituales de cuidado personal que nos separan de las bestias.

En resumen: los simios lo gestionan con limpieza mecánica y desprecio biológico, mientras que las humanas lo viven con una apatía animal absoluta.


Si Ulysse Mérou no hubiera logrado escapar del planeta Soror y Cornelius (el científico chimpancé) hubiera logrado engañar a los gorilas entregándoles a otro macho humano para ser ejecutado o diseccionado en su lugar, el destino de Ulysse habría sido una tragedia de soledad y degradación lenta.

Aquí te describo cómo habría sido el resto de su vida en ese escenario:

1. El estatus de "Mascota de Laboratorio Permanente"

Ulysse nunca habría sido un "ciudadano". Habría vivido el resto de sus días en una jaula de oro. Cornelius y Zira lo habrían mantenido oculto o bajo una protección especial, pero siempre como un espécimen. Su vida habría transcurrido entre las paredes de un instituto de investigación, siendo estudiado cada día de su vejez para ver cómo envejecía "el humano que pensaba".

2. La vida con Nova y su descendencia

Habría vivido como el "macho alfa" de un pequeño harén controlado. Los simios lo habrían obligado a aparearse con Nova repetidamente para intentar producir más humanos inteligentes como Sirius.
El dolor de padre: Habría visto cómo sus hijos eran tratados como animales. Si sus hijos nacían sin su inteligencia (como animales puros), Ulysse habría sufrido el horror de ver a su propia sangre siendo tratada como una mascota estúpida por los simios.
La soledad intelectual: Nova, aunque lo amaba a su manera instintiva, nunca pudo mantener una conversación con él. Ulysse habría muerto sin haber vuelto a hablar con alguien que entendiera sus bromas, su filosofía o sus recuerdos de Francia.

3. La pérdida de la identidad

Con el paso de las décadas, al no tener libros, ni papel para escribir, ni ropa, ni otros humanos con quienes compartir su cultura, Ulysse habría empezado a "asilvestrarse".
Es probable que hubiera terminado aceptando la desnudez y las costumbres alimenticias de los simios.
Su lenguaje se habría oxidado. Al no practicar el francés, acabaría comunicándose con gestos y sonidos básicos con los simios y con Nova.

4. El destino final: El Museo de Historia Natural

Al morir, Ulysse no habría tenido un entierro humano.
Dado que era una anomalía científica única, los gorilas y chimpancés probablemente habrían disecado su cuerpo.
Terminaría como una exhibición en el gran museo de la ciudad de los simios, con una placa que diría algo como: "Ejemplar único de humano con reflejos condicionados superiores". Los niños simios irían a verlo en las excursiones escolares para burlarse de "el mono sin pelo que sabía hacer trucos".

5. ¿Habría sido una mascota feliz?

Pierre Boulle sugiere en la novela que la inteligencia es una maldición en ese planeta. Si Ulysse se hubiera quedado, habría vivido en una depresión constante. Habría visto cómo la civilización simia avanzaba (copiando a los humanos) mientras él seguía encerrado, siendo acariciado ocasionalmente por Zira como quien acaricia a un perro viejo y sabio que está a punto de morir.
En resumen: habría sido una mascota de lujo, protegida por los chimpancés intelectuales, pero despojada de toda dignidad humana, viviendo como un fantasma de una especie que ya no existía como dueña de su destino.

Cómo hubiera paseado por las calles de la ciudad de los simios

Si Ulysse se hubiera quedado en el planeta Soror bajo la protección de Cornelius y Zira, su "paseo" por las calles de la ciudad de los simios habría sido una de las experiencias más surrealistas y humillantes de la literatura.

Dado que Cornelius y Zira eran chimpancés intelectuales (pero no tenían el poder total), habrían tenido que seguir las normas sociales simias para no levantar sospechas. Así habría sido ese paseo:

1. El Collar de Lujo y la Correa.

Aunque Cornelius lo respetaba, para sacarlo a la calle tendría que haberle puesto un collar y una correa.
En la ciudad de los simios, un humano suelto es visto como un peligro público o un animal rabioso.
Para que Ulysse no fuera capturado por la policía gorila, debía ir atado. Habría sido una correa de seda o cuero fino (por ser mascota de científicos), pero correa al fin y al cabo.

2. La Desnudez ante la Multitud.

Ulysse habría caminado completamente desnudo entre simios vestidos con trajes, corbatas y vestidos elegantes.
El sentimiento: Imagina caminar por una metrópolis moderna (como París o Nueva York) sin ropa, mientras todos a tu alrededor te miran no con morbo, sino con la curiosidad con la que nosotros miramos a un perro de raza extraña en un parque.
La reacción de los simios: Los transeúntes se detendrían. Las señoras chimpancés se acercarían a acariciarle la cabeza o a comentar sobre la suavidad de su piel sin pelo, tratándolo como un objeto decorativo.

3. El Acoso de los Simios.

Ulysse habría sido el centro de atención. Los simios pequeños le tirarían comida (frutas o cacahuetes) para ver cómo reaccionaba.
Los gorilas (que hacían de policías y fuerza bruta) lo mirarían con desprecio y sospecha, quizás dándole un empujón con la porra si no caminaba lo suficientemente rápido.
Cornelius tendría que estar constantemente dando explicaciones: "Es un espécimen de laboratorio, está bajo control, no es peligroso".

4. El Escaparate de las Tiendas

Lo más doloroso para Ulysse sería ver las tiendas. Vería escaparates de ropa humana (pero diseñada para simios), librerías con libros que él no puede leer (escritos en alfabeto simio) y restaurantes donde él no podría sentarse a la mesa.
Se vería obligado a sentarse en el suelo, junto a la pierna de Cornelius o Zira, mientras ellos tomaban café o charlaban con otros simios en una terraza.

5. Encuentros con otras "Mascotas"

Se habría cruzado con otros humanos llevados por magnates. Vería a mujeres humanas hermosas con collares de diamantes siendo llevadas por gorilas gordos y ricos.
El choque: Mientras esos humanos saludarían a Ulysse con gruñidos o miradas vacías, Ulysse tendría que fingir que él también era "solo un animal" para no meter en problemas a sus protectores, aunque por dentro estuviera gritando de rabia por la injusticia.

6. La Fotografía y la Burla

Los simios turistas le pedirían a Cornelius sacarse una foto con el "humano inteligente". Ulysse tendría que posar, quizás haciendo algún truco simple para mantener el engaño, sintiendo cómo la dignidad de toda la raza humana se desmoronaba en cada flash.
En conclusión: Pasear por la ciudad no habría sido un acto de libertad, sino una exhibición de feria. Ulysse habría sido el "monstruo de circo" más sofisticado del mundo, caminando entre una civilización que era un espejo deformado de la suya, pero donde él era el perro y ellos los amos.

Cómo hubiera sido las vacaciones protagonista con con sus con sus protectores en la playa y los yates y los cruceros


Si Ulysse Mérou hubiera ido de vacaciones a la playa o en un crucero con sus protectores, Zira y Cornelius, la escena habría sido una mezcla surrealista de lujo aristocrático y humillación animal, muy similar a lo que se describe en el estilo de vida de los magnates simios de la novela.

Así habrían sido esas vacaciones:

1. En la Playa: El "Perro de Agua" de Lujo

En una playa exclusiva para la élite de los chimpancés, Ulysse habría sido la atracción principal:

El espacio: No estaría en una hamaca. Zira y Cornelius tendrían una sombrilla y sillas, y Ulysse tendría que estar sentado en la arena a sus pies o sobre una esterilla especial para mascotas.

El baño: Los simios odian mojarse mucho (por su pelaje), así que se divertirían lanzándole objetos al mar para que Ulysse, con su habilidad humana para nadar, los recuperara. Para ellos, ver a un humano nadar sería como para nosotros ver a un perro haciendo trucos en el agua.

El control: Aunque estuviera en la playa, tendría que llevar su collar. Los socorristas (seguramente gorilas) no permitirían que un "animal" estuviera suelto entre los bañistas distinguidos.

2. En los Yates: Un Adorno de Cubierta

En el yate de algún amigo millonario de Cornelius, la situación sería aún más cruda:

La exhibición: Los simios estarían bebiendo cócteles y discutiendo sobre ciencia o política, mientras Ulysse estaría desnudo en la cubierta. Los invitados se acercarían a él para tocarle la piel "suave y sin pelo" con curiosidad, comentando lo extraño que es tener una mascota que parece un simio pero "limpio".
La comida: Mientras los simios cenan en mesas elegantes con cubiertos, a Ulysse le darían su comida en un plato en el suelo de la cubierta o le lanzarían trozos de fruta como recompensa por portarse bien.
La higiene: Como mencionamos antes, si Ulysse tuviera que hacer sus necesidades, tendría que usar los sistemas de desagüe de la borda o una zona específica para mascotas, bajo la mirada indiferente de los marineros gorilas.

3. En un Crucero: El "Camarote" de Mascotas

En un gran crucero simio, las reglas serían estrictas:

Alojamiento: Ulysse no tendría un camarote propio. Dormiría en una cesta o un rincón del camarote de Zira y Cornelius. Si el crucero fuera muy lujoso, habría una "guardería de mascotas humanas" donde lo encerrarían por las noches con otros humanos de otros millonarios.
El choque emocional: Imagina a Ulysse mirando el horizonte desde la barandilla del barco, pensando en su vida en Francia como periodista, mientras una chimpancé aristócrata pasa por su lado y le da una palmadita en la cabeza diciendo: "¡Qué animalito tan inteligente y tranquilo!".
Espectáculos: Por las noches, en el teatro del barco, quizás Cornelius lo sacaría al escenario para hacer una demostración de "reflejos condicionados" (como contar o escribir su nombre), provocando el aplauso condescendiente de cientos de simios vestidos de etiqueta.

4. El Sentimiento de Ulysse

Para el protagonista, estas vacaciones serían una tortura psicológica. Estar rodeado de placer, sol y mar, pero ser tratado como un objeto incapaz de entender lo que sucede, lo hundiría en una depresión profunda. Vería a otros humanos siendo llevados con correas por la cubierta y comprendería que, para el resto del mundo, él no es más que un "juguete caro" de dos científicos excéntricos.


La vida privada de Ulysse en la mansión de Zira y Cornelius sería una existencia agridulce, marcada por una libertad vigilada y una intimidad constantemente interrumpida por la curiosidad científica.
Aunque ellos lo amaban, no dejaban de ser sus "dueños". Así habría sido su rutina diaria tras los muros de la mansión:

1. Su "Habitación": Una jaula de cristal

En la mansión de un científico simio, la comodidad no significaba privacidad.

El espacio: Ulysse no tendría un dormitorio con puerta y llave. Probablemente viviría en un gran solárium o una habitación con paredes de cristal. Esto permitiría a Cornelius y Zira observarlo en todo momento: cómo dormía, cómo se aseaba y cómo interactuaba con los objetos.

Mobiliario: No tendría una cama humana con sábanas, sino quizás un diván o una pila de cojines mullidos. Los simios asumen que los humanos, como animales, prefieren nidos cómodos antes que muebles estructurados.

2. El "Enriquecimiento Ambiental"

Para que Ulysse no se deprimiera (lo que arruinaría el experimento), sus protectores le darían "juguetes":

Libros y Papel: Cornelius le proporcionaría cuadernos y lápices como una forma de entretenimiento, pero luego estudiaría sus dibujos y escritos como si fueran jeroglíficos de una especie extinta.

Ropa de casa: Quizás, en la intimidad de la mansión, Zira le permitiría usar una túnica sencilla para aplacar su sentido del pudor, aunque para ella verlo vestido seguiría pareciéndole tan extraño como nosotros ver a un gato con calcetines.

3. La dieta de mascota de élite

Ulysse no comería en la mesa con ellos.

La hora de comer: Mientras Zira y Cornelius cenan en el comedor discutiendo sobre la academia simia, Ulysse recibiría una dieta balanceada de frutas, cereales y quizás algún preparado proteico servido en un recipiente especial en su zona.

Golosinas: Como premio por ser dócil o por "hablar" bien, Cornelius le daría terrones de azúcar o frutas exóticas directamente de su mano, un gesto de afecto que para Ulysse sería profundamente humillante.

4. La falta de intimidad física

Este sería el punto más difícil. Si Ulysse estuviera con Nova, la mansión se convertiría en un centro de cría:

El apareamiento: Zira y Cornelius los observarían sin ninguna malicia, solo con interés biológico. Si Ulysse intentara buscar privacidad con Nova, los simios simplemente encenderían más luces o se acercarían al cristal para no perderse ningún detalle del "comportamiento reproductivo humano".

El aseo: Zira, con un instinto casi maternal pero animal, querría cepillarle el cabello o revisarle la piel en busca de parásitos, tal como los simios se acicalan entre sí. Ulysse tendría que dejarse tocar por sus manos peludas, aceptando la jerarquía de la casa.

5. Las conversaciones clandestinas

Lo más parecido a una vida privada serían las charlas nocturnas con Zira.

Ella se sentaría junto a su jaula o habitación y hablarían durante horas. Para Ulysse, sería su único momento de sentirse humano; para Zira, sería como tener una conexión mística con un animal milagroso.

Sin embargo, en cuanto apareciera un invitado o un sirviente gorila, Ulysse tendría que dejar de hablar inmediatamente y empezar a actuar como un animal estúpido, rascándose o emitiendo ruidos, para no poner en peligro a sus protectores.

En conclusión, su vida privada sería la de un "príncipe cautivo". Tendría lujos y seguridad, pero siempre estaría bajo el microscopio. Viviría en un estado de actuación constante, fingiendo ser menos de lo que es para sobrevivir, mientras su alma humana se marchitaba lentamente en la comodidad de una mansión que nunca podría llamar hogar.


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