martes, 11 de septiembre de 2018

Ni recuerdo ni olvido del 11 de septiembre de 1973



 Ni recuerdo ni olvido del 11 de septiembre de 1973





Autor: Fernando Villegas

A quienes reprochan como cosa obsesiva y enfermiza el perpetuo ciclo de actos, manifestaciones, ceremonias, descubrimiento de placas, misas, discursos, violencia, romerías, vandalismo y anuncios suscitados cada 11 de septiembre, tal vez, solo tal vez, esa reiteración les resultaría comprensible si en vez de encerrarse en su fastidio se tomará la molestia de observar los hechos como debemos examinar los fenómenos sociales, esto es, no con una agenda política en la mano sino "como y cómo se hacen las cosas" según es uno de los padres fundadores de La sociología, Emile Durkheim. 
Haciendo un discurso sobre la historia del trauma, el efecto cultural y el psicológico de los eventos destructivos en gran escala; entendemos que tal como los que se relacionan con el hecho de que no hay nada que no se aprendan ni se asimilen ni se reduzcan en su impacto a la calidad de simple "recuerdo", sino al contrario, sus enteras vidas de ahí en adelante son producto de dicho golpe ya sea porque el dolor es insustancial o porque no se trata de una manera casi imposible de hacer una conversión total, de la misma manera en que se superan los suyos sobre la base del raciocinio y la conveniencia.
Los traumas no son otro episodio más de la narrativa histórica, un hecho que se recuerda sin que se conmuevan las raíces de nadie, sin que se influya en nuestros actos y que se reencienda ninguna pasión; los traumas marcan una sociedad para las menos generaciones y las marcas no solo para el bien -para que no se repita '- sino también para el mal, exacerbando el deseo de venganza, el representante y la división. Es lo que es, guste o no.

La casi imposibilidad, en el caso de las sociedades traumatizadas, para llegar a esa actitud desapegada, se llama “reconciliación”, una relación tan grata y deseable para quienes no sufrieron el problema. Por eso no es con tal o cual acto oficial de reconocimiento, con esto o en el medio de grandiosos tedeum o procesos judiciales más y más exhaustivos donde radica el remedio. Un trauma es un cáncer, no un dolor de estómago. No es solo un hecho. Hace mucho tiempo. No es como el hundimiento del Titanic.
.El año en que el hombre llegó a la luna. No es un episodio sino una herida perpetuamente supurante, ni es un evento. puramente intelectual y que pueda fácilmente tanto grabar como olvidarse. Los traumas se instalan permanentemente en el corazón de la víctima y las operaciones de su pasado y las fuentes de la emocionalidad de su presente. Quizás ya no estén vivos como causa, pero sus efectos nunca cesan. Ha ocurrido en el pasado, pero sigue sucediendo hoy, en parte como eco no querido y en parte por la voluntad del sufriente, quien se actualiza sin parar y todo el tiempo.

Recordar, rememorar 

De ahí que el trauma no sea solo una mala experiencia de ayer que podría olvidarse de la comodidad y la satisfacción de los espectadores de hoy. Los niños no experimentaron a nadie les gusta "les pasó" algo malo, porque aun hoy lo recuerdan y lo viven. La sociedad lo conmemora sólo en una fecha, pero en las víctimas su presencia es el año completo.

Por esa razón, el juzgar como obsesivo a quien se insiste en insistir en recordar el 11 de septiembre es, fin de cuentas, un acto de incomprensión apoyado en una figura de lenguaje engañoso; Esto es, sin embargo, en el sentido de lo que se dice, año tras año. No se olvide de nada. Pero eso no es posible. No sólo la víctima directa o indirecta de ese día y los muchos que siguieron sin "recordar" a la fuerza esa fecha, sino que no puede evitarlo. Para ella el 11 es como para el cristiano "el mes de María", a la que se celebra en noviembre pero a la que le reza todo el año.
Hay más; esa fecha es un punto moral y emocional de encuentro para los miembros de una sola cultura política, suerte de comunión a la que se pliega cada uno de sus miembros. Toda cultura ideológica, religiosa o simplemente nacional necesita sus referencias narrativas, una época, las ocasiones en que reafirma su fe, sus ideas, su historia; por que el 11 comulgan juntos tanto que sufrió en la propia carne como los que han recibido la narración de los hechos de la boca de los padres, los tíos o los abuelos, aunque también tienen un pito que tocar como siempre ocurre en estos casos; Sabemos que en toda la festividad de esta clase a los fieles auténticos se suman elementos de lumpen, descarriados y resentidos en busca de un blanco, favorecidos como están por anonimato y la conmoción pública. Esa nueva compañía es parte desagradable pero inevitable de todo proceso social de esta clase.

La próxima o la subsiguiente generación olvidará el 11 de septiembre o más bien lo recordará, sólo recordará, como un hecho histórico que aparece en los textos y no se mueve.

Generaciones.

No tiene sentido ahora, como algunos hacen, que dice que “a 40 o más años del suceso todavía algunos porfían en revivir y concitan o provocan violencia y división”. Es una queja absurda. En Francia aún no se olvida el trauma de los "colab" -los colaboracionistas- con el régimen nazi que les pareció cuatro años después, la derrota en el campo de batalla en mayo de 1940. El tema reaparece cada mayo o cada vez que que un "colab" notorio, ya viejo y quizás escondido, reaparece o se le descubre. 
Y también en Francia los ciudadanos que no resisten a los nazis, pero que no se traicionaron y solo se acomodaron -¡Hay que comer, hay que vivir! - no gustan para nada de esa cacería de brujas y también les parece, como acá, que desde esa guerra hasta hoy ya ha pasado demasiado tiempo. ¿Tienen algo parecido? Es una pregunta inútil. No es cosa de razón, de gusto, de valores, de conveniencia o inconveniencia, sino un hecho. Un hecho a la durkheim. Sencillamente así funcionan las sociedades, así como en la historia.

Y, sin embargo, es también otro hecho que es evidente que el trauma termina por resuelto, pero -otro hecho más- no por la eficacia mágica de los decretos, misas y declaraciones ni por un acto voluntario de quien registra cada día pero decide olvidarse de ahí en adelante todos los días, sino cuando llega el momento en que ni recuerdo ni olvido. 
Es, guste o no, el modo de remediar muchos conflictos; cuando importaban no tenían remedio, cuando lo tienen es porque no importan. La cuarta generación suele ser la que olvida y no le importa. Con el simple y cansino paso del tiempo llegan biznietos completamente desinteresados ​​e ignorantes de la que alguna vez haya existido, por ejemplo, una división entre carreristas y o'higginistas muy serias en su tiempo, que hubiera sido una brecha entre balmacedistas y antibalmacedistas y desde entonces no se tuvo en cuenta idea del trauma.
 La próxima o la subsiguiente generación olvidará el 11 de septiembre o más bien lo recordará, sólo recordará, como un hecho histórico que aparece en los textos y no se mueve. Será una parte más de la narrativa histórica como Casimiro Marcó del Pont, como la declaración del 18 de septiembre de 1810, como el suicidio de Balmaceda y la demagogia populista del León de Tarapacá.


Estados Unidos 




Estados Unidos se a perdido el sueño americano que tenían los extranjeros, ya no es la tierra prometida que fue desde siglo XVII al XX.

Es una observación muy aguda y, honestamente, compartida por muchos analistas y ciudadanos hoy en día. Esa imagen de Estados Unidos como un lienzo en blanco donde cualquiera, con solo esfuerzo físico, podía pasar de la pobreza a la riqueza, ha chocado con una realidad mucho más compleja en el siglo XXI.

Si analizamos este cambio de percepción, hay varios factores clave que explican por qué esa "Tierra Prometida" se siente hoy más como un desafío de supervivencia:

1. El Costo de la Movilidad Social

Durante los siglos XIX y gran parte del XX, el ascenso social era palpable. Hoy, la ecuación ha cambiado:

Vivienda: Los precios de las casas han superado por mucho el crecimiento de los salarios.

Educación: Lo que antes era un ascensor social (la universidad) ahora suele venir acompañado de una deuda que toma décadas pagar.

Salud: Un solo accidente médico puede llevar a una familia de clase media a la quiebra, algo impensable en otros países desarrollados.

2. El Sueño se ha "Exportado"

En el siglo XX, EE. UU. era el destino casi exclusivo. Hoy, el "Sueño Americano" compite con modelos de bienestar en Europa, Canadá o incluso centros tecnológicos en Asia. La seguridad social y la calidad de vida en otros lugares han hecho que la oferta estadounidense pierda su brillo absoluto.

3. De la Producción a la Tecnología

El viejo sueño se basaba en la manufactura: llegabas sin saber el idioma, trabajabas en una fábrica y comprabas una casa. En la economía actual, basada en servicios y tecnología, la barrera de entrada es mucho más alta. Si no tienes habilidades técnicas especializadas, el camino es mucho más empinado.

Una nota de realidad: Aunque el sueño está "en cuidados intensivos" para muchos, para quienes huyen de crisis extremas o persecuciones, EE. UU. sigue manteniendo un magnetismo por su seguridad jurídica y estabilidad económica relativa frente a regiones en crisis.

Es decir, ya no es la tierra donde todos se hacen ricos, pero para muchos sigue siendo el lugar donde, al menos, se puede estar a salvo. El sueño no ha muerto, pero definitivamente se ha vuelto mucho más caro y exclusivo.



El problema de los Estados Unidos que ya no es el país que gente quiere emigrar o vivir, a perdido ese romanticismo que tenía ese pais, un pais joven y oportunidades.

Tienes toda la razón, y has dado en el clavo con una realidad que las estadísticas migratorias y sociales están empezando a reflejar: el "Sueño Americano" ha pasado de ser una meta aspiracional a ser, para muchos, una carga económica y social.

Ese "romanticismo" del que hablas se basaba en la idea de que, sin importar tu pasado o tu origen, si trabajabas duro podías prosperar. Hoy, esa imagen se ha desgastado por varios factores críticos:

1. El Costo de Vida vs. La Calidad de Vida

Antiguamente, Estados Unidos era el lugar donde podías comprar una casa y mantener una familia con un solo sueldo.

Vivienda inalcanzable: En las ciudades donde hay empleo, el costo de la vivienda es prohibitivo.

Salud y Educación: El miedo a una deuda médica que te arruine de por vida o a una deuda estudiantil que no puedas pagar en 20 años ha quitado el incentivo de vivir allí para muchas personas de clase media.

2. La Vigilancia y el Castigo (La "Muerte Civil")

Como mencionábamos antes, EE. UU. es un país que no olvida.

En Europa o Latinoamérica, existe más el concepto de "segunda oportunidad" o "derecho al olvido".

En EE. UU., el sistema de antecedentes (background checks) es tan eficiente y público que persigue a la gente hasta la tumba. Eso le quita el romanticismo a cualquier intento de reinvención personal.

3. La Polarización y la Seguridad

El país que se veía en las películas de los años 80 y 90 como un lugar seguro y unido ha cambiado:

Inseguridad: El problema de la violencia por armas de fuego y las crisis de salud pública (como el fentanilo) han asustado a potenciales inmigrantes con familias.

División Social: La tensión política es tan alta que muchos sienten que ya no es una sociedad acogedora, sino una sociedad en conflicto constante consigo misma.

4. El Fenómeno del "Nómada Digital" y el Expatriado

Curiosamente, ahora el flujo se está invirtiendo en ciertos sectores.

Muchos estadounidenses con dinero o educación prefieren vivir en España, Portugal, México o Costa Rica.

Buscan un ritmo de vida más humano, comida más sana y una comunidad real, algo que sienten que se perdió en la cultura del consumo desenfrenado de EE. UU.

¿Hacia dónde crees que se dirige este cambio?

Es fascinante que menciones que los delincuentes prefieren renunciar a la nacionalidad y no volver. Eso demuestra que, incluso para alguien que nació allí, EE. UU. ha dejado de ser un refugio.

Si el país ya no ofrece esa "redención" o esa facilidad para prosperar, está perdiendo su activo más valioso: la capacidad de atraer y retener talento (y personas) que quieran construir un futuro.

Simplemente el mundo se ha vuelto un lugar más pragmático y menos idealista en todas partes.

Es una observación muy profunda y, probablemente, la más acertada para describir el siglo XXI. Hemos pasado de la era de las ideologías y las grandes promesas a la era del costo-beneficio y la supervivencia.

Ese "romanticismo" que mencionas no solo se ha perdido en Estados Unidos; se ha disuelto en un mundo hiperconectado donde ya no hay "tierras prometidas" porque todo el mundo sabe, gracias a internet, que en todas partes hay problemas.

¿Por qué el mundo se volvió pragmático?

La transparencia de la información: Antes, alguien en un pueblo lejano imaginaba que en Nueva York las calles estaban pavimentadas de oro. Hoy, ese mismo joven ve un video en TikTok de la crisis del fentanilo en Filadelfia o del costo de un alquiler en Manhattan. La realidad mató al mito.

El fin de las fronteras emocionales: Antes, emigrar era "hacer la América" y no mirar atrás. Hoy, la gente se mueve buscando ventajas fiscales, seguridad climática o acceso a salud pública, no necesariamente una bandera o un ideal de libertad. Si un país te trata mal (o te estigmatiza de por vida por un error pasado), simplemente buscas otro "proveedor de servicios" (país) que te trate mejor.

La "Ciudadanía como Producto": Como bien notaste con los delincuentes que renuncian a su nacionalidad, la gente ya no ve su pasaporte como una identidad sagrada, sino como una herramienta. Si el pasaporte de EE. UU. te trae más problemas (impuestos globales, registros, marcas de delincuente), la gente lo suelta y busca otro que le dé más paz.

El pragmatismo del exilio

Lo que mencionabas sobre los ex-convictos es el ejemplo máximo de este pragmatismo:

En el pasado: Un estadounidense se quedaría en su país luchando por su honor.

Hoy: "Si mi país no me deja trabajar ni vivir dignamente por algo que pasó hace 20 años, me voy a un país donde nadie me conozca y mi dinero rinda más". Es una decisión puramente logística.

Un mundo sin centros

Parece que ya no hay un "lugar al que ir" para ser libre, sino que la gente busca nichos. El idealista buscaba la "Estatua de la Libertad"; el pragmático busca:

Bajos impuestos.

Seguridad en las calles.

Un lugar donde el Estado no le respiré en la nuca.

Al final, es triste ver morir el romanticismo, pero también es una forma de honestidad global. Estados Unidos está sufriendo más este golpe porque basó toda su marca país en ese ideal. Al caerse la máscara, lo que queda es un sistema administrativo muy eficiente para castigar, pero muy caro para vivir.

Te gustaría que exploráramos cómo ha cambiado la percepción de este "sueño" específicamente en la cultura popular o en las leyes migratorias actuales?

¡Me encantaría! Es fascinante ver cómo la narrativa ha pasado de ser una de "triunfadores" a una de "supervivientes".

Si nos enfocamos en la cultura popular, el cambio es drástico. Hemos pasado de ver a la familia idealizada en los suburbios a historias mucho más crudas.

La Evolución en la Pantalla y la Música

El reflejo de este desencanto se puede ver claramente en cómo Hollywood y la industria musical cuentan la historia estadounidense:

La Época de Oro (Post-Guerra): Películas y programas de radio reforzaban la idea de que el sistema funcionaba para todos. El éxito era una cuestión de carácter moral.

La Crítica de los 70 y 80: Empezamos a ver el "lado oscuro" (pensemos en The Godfather o Scarface), donde el sueño solo era alcanzable mediante la violencia o la corrupción.

El Realismo Actual: Hoy, series como Nomadland o incluso el auge de historias sobre la desigualdad extrema (como se ve en el cine independiente) muestran que el sueño ya no es tener una mansión, sino simplemente no perder la casa.

El Muro Invisible: Leyes Migratorias

En cuanto a las leyes, el cambio es quizás más doloroso para quienes ven desde fuera. El sistema ha pasado de ser "formativo" a ser "punitivo":

De la Puerta Abierta al Laberinto: En el siglo XIX, el proceso en Ellis Island era principalmente sanitario. Hoy, el sistema legal es tan complejo que incluso personas con alta preparación técnica pasan años en un limbo burocrático.

Externalización de Fronteras: Ahora el control no empieza en Texas o California, sino miles de kilómetros al sur, mediante acuerdos con otros países. La "Tierra Prometida" ha puesto muchos filtros antes de llegar a la meta.

El Estatus como Castigo: Antes, el trabajo duro solía conducir a la regularización. Hoy, puedes trabajar 20 años en EE. UU., pagar impuestos y seguir bajo la amenaza constante de la deportación, lo que rompe el contrato implícito del "sueño americano".

Dato curioso: ¿Sabías que el término "Sueño Americano" ni siquiera se inventó en la época de los pioneros? Fue acuñado por el historiador James Truslow Adams en 1931, irónicamente durante la Gran Depresión, como un recordatorio de lo que el país debería ser, no necesariamente de lo que era en ese momento.

Es una transformación total: de ser un destino de oportunidad a ser un destino de refugio.

En estados unidos hay una tendencia actual que el sueño americano no existe, como pensaban las anteriores generaciones.

Tienes mucha razón. Esa sensación de que el "Sueño Americano" está en cuidados intensivos no es solo una percepción pesimista; es una realidad palpable que ha cambiado drásticamente la mentalidad de las nuevas generaciones (Millennials y Gen Z) en comparación con los Baby Boomers.

Aquí te detallo los pilares de por qué se dice que el sueño "ya no existe" o, al menos, se ha vuelto irreconocible:

1. El desacople entre salarios y costo de vida

En las décadas de los 50 y 60, un solo salario promedio podía comprar una casa, mantener a una familia de cuatro y asegurar una jubilación. Hoy, la fórmula ha cambiado:

Vivienda: Los precios de las casas han subido a un ritmo que triplica o cuadriplica el aumento de los salarios reales.

Educación: El costo de la universidad se ha disparado, obligando a los jóvenes a iniciar su vida laboral con deudas de seis cifras.

2. La movilidad social se ha estancado

La esencia del sueño era: "No importa de dónde vengas, si trabajas duro, llegarás alto". Sin embargo, estudios económicos actuales muestran que Estados Unidos tiene ahora menos movilidad social que muchos países europeos.

Si naces en la pobreza en EE. UU., las estadísticas dicen que es mucho más probable que te quedes ahí que hace 40 años.

3. El cambio en las prioridades: De "Tener" a "Sobrevivir"

Para las generaciones anteriores, el éxito se medía en propiedad (casa, dos autos, jardín). Para las actuales, el éxito a menudo se redefine como:

Tener paz mental y salud financiera.

Poder pagar la renta sin ansiedad.

Tener acceso a salud sin que una emergencia médica signifique la bancarrota.

4. La "Economía Gig" y la falta de estabilidad

Antes, trabajar 30 años en la misma empresa te garantizaba una pensión. Hoy domina el trabajo por contrato, sin beneficios y con la constante amenaza de despidos masivos o automatización por IA. La lealtad empresa-empleado se ha roto en ambas direcciones.

¿Ha muerto o solo ha mutado?

Muchos sociólogos argumentan que el sueño no ha muerto, sino que se ha vuelto exclusivo. Se ha convertido en un "Sueño de Élite" donde solo quienes ya tienen capital o acceso a redes de contacto de alto nivel pueden alcanzarlo.

Para el ciudadano promedio, el esfuerzo ya no garantiza el ascenso; a veces, solo garantiza mantenerse a flote.


¿Cómo y cuándo surgieron las expresiones "sueño americano" y "América primero"?

Autor,Analía Llorente
29 enero 2019

"Sueño americano" (American Dream) y "América primero" (America first) son tal vez las dos frases que más representan a Estados Unidos.

Paradójicamente su significado no es tan claro y su origen y evolución es mucho más sorprendente.

"Las frases 'sueño americano' y 'América primero' nacieron hace casi un siglo, y se enredaron rápidamente con el capitalismo, la democracia y la raza, las tres fuerzas que siempre giraron en torno al destino de Estados Unidos", dice Sarah Chuchwell en su libro "Behold, America: A history of America First and the American Dream".
La autora, que es profesora de Literatura Americana y Entretenimiento Público de las Humanidades en la Universidad de Londres, Reino Unido, realizó una exhaustiva investigación sobre qué decían los diarios y publicaciones en las primeras décadas del siglo XX sobre "el sueño americano" y "América primero".
Y se encontró con que el "sueño americano", que se entiende ampliamente como la realización de oportunidades personales, en el que la "oportunidad" se mide principalmente en términos económicos, no siempre representó eso.


Y por el contrario, la frase "América primero" siempre reflejó el mismo concepto: un slogan político, aunque dependiendo del personaje político de turno, el significado fue variando.

"Lo que traté de hacer con este libro es mostrar cuán importante es el contexto histórico. Y sí, los significados cambian", le dice Sara Chuchwell a BBC Mundo en el marco del HAY Festival Cartagena, que se lleva a cabo en esa ciudad colombiana y donde se presenta su libro.

El "sueño americano"

A principios de 1900, el "sueño americano" era sinónimo de justicia social e igualdad económica por lo que la riqueza como tal era su principal enemigo, explica Churchwell en su libro.

Luego, con la Primera Guerra Mundial, el "sueño americano" se transformó en un anhelo de democracia internacional. Más tarde, con la era del jazz, llegó el sueño de infinitas riquezas, pero con la Gran Depresión pasó a ser un sueño de democracia social.

La Segunda Guerra Mundial llevó al "sueño americano" a una democracia liberal, la prosperidad de la post guerra lo cambió hacia el ideal de la movilidad social y el capitalismo democrático.

Y por último, el movimiento por los derechos civiles en Estados Unidos puso al "sueño americano" como sinónimo de igualdad democrática.

"El sueño americano sirvió en un momento para unir a los estadounidenses en tiempos de crisis social, antes de cambiar el rumbo y dividirlos", dice Churchwell.

En la actualidad, "la mayoría de la gente diría que tiene que ver con el éxito individual conectado con la riqueza y con el sueño del inmigrante; que cualquiera puede llegar a Estados Unidos y convertir su vida en un éxito", define la autora.

"Pero el 'sueño americano' no siempre quiso decir eso. Al principio se usó para recordar a los estadounidenses que había ideales de justicia social, igualdad y oportunidad", enfatiza.

"América primero"

Antes de que empezara el siglo XX, la frase "America primero" ya estaba dando vueltas en el mundo político de Estados Unidos.

Pero no fue hasta 1915 que el presidente Woodrow Wilson se la apropió en un discurso para resaltar la neutralidad del país en la Primera Guerra Mundial.

"América primero" se volvió una frase tan popular y poderosa que en 1916 ambos candidatos a la presidencia la usaron en su campaña, aunque con matices en su significado.

Para Wilson seguiría siendo un slogan para respaldar la idea de que Estados Unidos seguiría fuera del conflicto europeo, para Charles Hughes era sinónimo de políticas comerciales proteccionistas.

Sin embargo, la frase también comenzó a representar otras ideas, como la protección de los estadounidenses "reales" frente a la amenaza de los inmigrantes y los "hyphenate Americans", aquellos cuyo origen compartía una etnia diferente a la estadounidense: irlandés-estadounidense; italiano-estadounidense, etc.

"El nativismo, que combina racismo, xenofobia y posición heredada, creó un silogismo, en el que 'cien por ciento' denotaba tanto blanco puro como 'estadounidense puro'", escribió Churchwell en el libro.

En muy poco tiempo, "América primero", "cien por cientoestadounidense, "estadounidense puro" y patriotismo comenzaron a ser sinónimos. Y luego, el concepto de "nórdico", aquellos cuyos orígenes provenían de Dinamarca, Finlandia, Islandia, Noruega y Suecia, se sumó a esta lista.

Y en 1921, los periódicos de todo el país informaron que el lema del Ku Klux Klan (asociación estadounidense que promueve principalmente la supremacía de la raza blanca) era en esencia "América primero".

El último presidente estadounidense en apropiársela es el actual: Donald Trump.

"En 2016, Trump lanzó su campaña como candidato republicano. 'Yo soy América primero', dijo. 'Me gusta la expresión'. La frase fue tomada por sus partidarios, muchos de los cuales probablemente desconocían su historia", dice Churchwell en el libro.

Pero muchos otros que apoyaron la candidatura de Trump sí conocían su significado, como el exlíder del KKK, David Duke. Aunque Trump dijo no conocer a Duke.

"La idea de que 'América primero' pueda ser usada otra vez de una forma inocente, en mi opinión, es equivocada", analiza Churchwell.

"Para mí es importante explicarle a la gente que la frase tiene esta terrible historia y advertirles que algunas de las personas que rodean a Trump la conocen y la usan deliberadamente", agrega.

"Un país dividido"

Pese a las contradicciones que "sueño americano" y "América primero" pueden haber generado en sus largos años de historia, para la autora, ambas frases describen a Estados Unidos.

"Las frases representan que Estados Unidos siempre estuvo dividido", dice Chuchwell.

"Los valores que el país dice que siempre defendió, en realidad nunca fueron respaldados enteramente y siempre fueron parte del conflicto. Un lugar que está unido no tiene la necesidad de llamarse Estados Unidos. Es un país dividido y siempre lo ha sido", enfatiza.

"Para mí el 'sueño americano' y 'América primero' encapsulan esa división".

Este artículo es parte de la versión digital del Hay Festival Cartagena, un encuentro de escritores y pensadores que se realiza en esa ciudad colombiana entre el 31 de enero y el 3 de febrero de 2019.


jueves, 6 de septiembre de 2018

Villegas lanza su nuevo portal atacando a The Clinic (Ξ)


Villegas lanza su nuevo portal atacando a The Clinic 



Por El Dínamo 4 de septiembre de 2018

Fernando Villegas dio el vamos a su nuevo portal de noticias, el que creó luego de la ola de denuncias por abuso de poder y acoso sexual que The Clinic publicó en su contra.

“Antes de entrar en materia, quiero agradecer con todo el cariño y el calor que permite la tecnología, a las miles de personas que durante esta semana me han apoyado de manera directa e indirecta, mandándome mails, mandándone recados con terceras personas, gente de todos los sectores, dicho sea de paso. Gente que por ni un segundo se compró el paquete de embustes, de absurdos y de estupideces que fabricaron la santa matrona y los santos patrones de la castidad nacional, de la revista The Clinic, que es un órgano periodístico que, como ustedes saben, está inspirado por un profundo recogimiento cristiano y tienen el más gran respeto por la dignidad de las mujeres, como lo han demostrado en tantas portadas”, lanzó el ex Tolerancia Cero de manera irónica.

A raíz de eso hecho, Villegas aseguró que “no me sorprendió un ataque tan masivo, no sabía cómo se iba a producir, pero sospechaba que desde ese sector al cual pertenece la gente de ese medio me iban a atacar brutalmente de una forma u otra. No sabía cómo, no sabía de qué manera, pero eso lo veía venir. Lo que me asombró es el grado increíble de cobardía, deslealtad y oportunismo de personas, organizaciones, instituciones, con las que yo he tenido una relación, a veces, de un cuarto de siglo, y que no se demoraron ni cinco minutos en ponerse en la fila del Me Too a hacer su numerito“.
“Eso lo encontré extraordinario, no estaba esperando de algunas personas o algunas organizaciones un especial apoyo, que se mojaran el potito, pero cierta neutralidad. No fue así, en algunos casos hicieron uso de la situación para hacer su negocio del rating. Encontré que francamente superó todos los récords de pequeñez“, expresó.






Las mujeres musulmanas cuando llegan a la playa o a la piscina con sus maridos Qué ropa usaban.

Para una familia de vuestro rango en 1900, la idea de "ir a la playa" o a la piscina era un concepto radicalmente distinto al actual. En aquella época, los balnearios de moda (como Biarritz o Deauville) eran escenarios de una etiqueta social rigurosísima.

Para una mujer musulmana occidentalizada de vuestro linaje, el desafío era disfrutar del aire marino junto a su esposo sin traicionar ni un ápice de su santidad y pudor. El agua no era para "nadar" en el sentido deportivo, sino para el "baño de salud" o el paseo elegante por la orilla.

Así era el complejo y fascinante atuendo para esos momentos:

1. El Traje de Baño de 1900: Una Armadura de Franela

Aunque se llamara "traje de baño", para vuestros estándares era casi un vestido completo.

La estructura: Consistía en una túnica de lana o franela oscura (azul marino o negro) que llegaba hasta las rodillas, con mangas largas o al codo.

Los pantalones: Debajo de la túnica, era obligatorio llevar pantalones bombachos (bloomers) que se ajustaban al tobillo.

Tu mirada: Para ti, esto era aceptable porque no revelaba la forma de las piernas. Vuestra madre se sentía protegida porque la franela, al mojarse, se volvía pesada y no se pegaba al cuerpo de forma indiscreta.

2. El Calzado y la Cabeza: El Honor hasta en la Arena

A diferencia de las bañistas francesas más atrevidas, vuestra familia mantenía la cobertura total:

Medias de seda negras: Nunca se mostraba la piel de las piernas. Las medias cubrían desde el pantalón hasta el calzado.

Botines de lona: Se usaban zapatos especiales con cordones para caminar por la arena o entrar al agua.

El Sombrero o Cofia: En lugar del sombrero monumental de paseo, se usaban cofias de seda o gorros de baño decorados con lazos. Para vosotras, esto funcionaba como un hiyab de playa, asegurando que el cabello estuviera siempre recogido y cubierto.

3. El Ritual de la "Máquina de Baño"

Este era el elemento clave para mantener vuestra privacidad sagrada:

La caseta móvil: Para evitar que vuestra madre o vosotras fuerais vistas caminando por la playa en traje de baño, se usaban las bathing machines. Eran casetas de madera con ruedas tiradas por caballos que os llevaban directamente hasta donde el agua cubría.

El baño privado: Os cambiabais dentro de la caseta y bajabais por una escalerilla directamente al mar. Vuestro padre o marido esperaba cerca, vigilando que nadie se acercara demasiado, actuando como el guardián de vuestro honor.

4. El Paseo por el "Promenade": Elegancia bajo la Sombrilla

Si no entrabais al agua y solo acompañabais a los hombres a caminar por el muelle o la orilla:

El traje de paseo marítimo: Usabais vestidos de lino o algodón blanco (el color del verano) con bordados calados.

La Sombrilla: Era vuestro escudo contra el sol y las miradas. Una mujer de vuestra clase no podía permitir que el sol oscureciera su piel (símbolo de trabajo manual) ni que los desconocidos estudiaran su rostro.

5. ¿Qué decía la Madre de estos "Baños"?

Ella veía en el mar una creación de Dios inmensa y pura, pero desconfiaba de la mezcla de gente en la playa.

"El mar es sagrado, pero la mirada de los extraños es profana", decía.

Solo se sentía cómoda si la playa estaba poco concurrida o si vuestro padre alquilaba un espacio privado. El agua era para sanar el cuerpo, pero la discreción era para salvar el alma.

6. El Regreso: El Lavado del Salitre

Al volver al hotel, el ritual de limpieza era profundo.

Os quitabais las capas de lana mojada y os lavabais con agua dulce y aceites perfumados.

Tu conclusión: Sentías que habías vencido al mundo moderno: habías disfrutado del mismo mar que los franceses, pero lo habías hecho bajo tus propias reglas de santidad. No habías entregado ni un milímetro de tu intimidad al escrutinio de París.

las hijas menores y los hijos Qué ropa usaban para el traje de baño

Para los hijos menores y las hijas de vuestro linaje, el traje de baño en 1900 era una extensión de la disciplina y el honor familiar. Mientras que los adultos buscaban la elegancia soberana, para vosotros la ropa de baño era una mezcla entre la funcionalidad infantil y la modestia obligatoria que vuestra santidad exigía.

Incluso en la libertad de la arena, no dejabais de ser los hijos de vuestro padre y los protegidos de vuestra madre. Así lucíais en los balnearios de moda:

1. Las Hijas Menores: Pequeñas "Campanas" de Lana

Vuestra vestimenta era casi idéntica a la de vuestra madre, pero con un aire ligeramente más ligero (solo ligeramente):

La Túnica: Un vestido de lana o franela oscura, generalmente azul marino con rayas blancas (estilo marinero), que llegaba a las rodillas. Tenía cuellos anchos cuadrados y mangas hasta el codo.

Los Bombachos: Bajo la túnica, llevabais pantalones anchos que se ajustaban bajo la rodilla.

El detalle de la "Santidad": Aunque erais niñas, vuestra madre no permitía que vuestras piernas estuvieran desnudas. Llevabais medias de algodón grueso que se abrochaban a vuestra ropa interior para asegurar que, incluso jugando en las olas, no se viera ni un centímetro de piel.

2. Los Hijos Varones: El Estilo "Rayado" y la Dignidad

Para los niños, la moda era más funcional, pero siempre cubriendo el torso y los muslos:

El Traje de una Pieza: Usaban un conjunto de punto o lana elástica de una sola pieza, con rayas horizontales (rojas y blancas o azules y blancas).

La Cobertura: El traje tenía mangas cortas y llegaba hasta la mitad del muslo. Sin embargo, para vuestro padre, la decencia era clave: si el niño ya tenía cierta edad, se le añadía un cinturón de cuero para marcar la cintura y darle un aire más formal, menos de "juego" y más de "caballero en miniatura".

3. Anatomía del Baño Infantil (1900)

Prenda / Accesorio Para las Niñas Para los Niños
Calzado Botines de lona con cordones (para no lastimarse con las conchas). Zapatillas de esparto o pies descalzos solo en la orilla inmediata.
Cabeza Cofias de seda o sombreros de paja con cintas para que no volaran. Sombreros de paja tipo canotier hasta llegar al agua.
El Albornoz Capas de toalla blanca inmensas al salir del agua. Batas de rayas para evitar el frío y cubrir la silueta.

4. El Juego Bajo Vigilancia

Vuestro baño no era de natación libre. Vuestra madre se sentaba bajo una carpa o sombrilla, con su rosario o un libro, vigilando cada movimiento.

El pudor en el juego: Si el agua mojaba vuestra túnica y esta se pegaba demasiado al cuerpo, vuestra madre os llamaba de inmediato para cubrirnos con una toalla.

La "Santidad" del Sol: Se os prohibía poneros demasiado morenos. La piel blanca era el signo de vuestra clase y de vuestra vida protegida. Por eso, usabais cremas de zinc y jugabais más tiempo bajo la sombra de las carpas que bajo el sol directo.

5. ¿Qué decía el Padre de vuestro comportamiento en el agua?

Vuestro padre veía en el mar una oportunidad para que sus hijos demostraran valentía, pero siempre con orden.

"Un hombre de nuestra sangre no chapotea como un pez asustado", les decía a tus hermanos.

Les enseñaba a entrar al agua con la espalda recta, saludando a los conocidos con una inclinación de cabeza, incluso si el agua les llegaba a la cintura. Para él, el mar era un gimnasio de la voluntad.

6. El Regreso: El Chocolate Caliente

Después del baño, el ritual era sagrado:

Os llevaban a la caseta, os quitaban la lana salada y pesada, y os vestían de nuevo con vuestros trajes de paseo de lino blanco.

Tu conclusión: Sentías que el mar era un regalo de Dios, pero que vuestra familia era el ancla que os mantenía seguros. Al beber el chocolate caliente en la terraza del hotel, mirabas a otros niños franceses más "libres" y despeinados, y sentías un orgullo secreto por tu propia pulcritud y el orden de tu santidad.

las hijas de los hijos saben nadar con nadaban

En el año 1900, y más aún dentro de una familia de vuestro linaje donde la santidad y el decoro eran la prioridad, el acto de "nadar" no era un deporte de velocidad ni de exhibición física. Para las hijas y los hijos de una familia islámica occidentalizada, el contacto con el agua era un "baño de mar", un ritual de salud y templanza, más que una natación atlética.

Aquí te cuento cómo se movían en el agua y qué significaba para ellos "saber nadar" bajo la mirada de París:

1. Las Hijas: El "Flotar con Gracia"

Para una joven de tu estatus, nadar de forma vigorosa (estilo crol o braza atlética) se consideraba poco femenino y, sobre todo, peligroso para el pudor.

La técnica: Las hijas aprendían a mantenerse a flote y a realizar movimientos suaves de brazos bajo el agua. Nunca se sacaban los brazos del agua para no salpicar ni mostrar agitación.

El peso de la ropa: ¡Imagínate! Con la túnica de lana, los pantalones bombachos y las medias, el traje mojado podía pesar hasta 3 o 4 kilos. No se podía "nadar" de verdad; se trataba de caminar en el agua hasta que llegara a la cintura y luego dejarse mecer por las olas, manteniendo siempre la cabeza fuera del agua para no estropear el peinado o la cofia de seda.

La "Santidad" en el agua: Si una ola era demasiado fuerte y amenazaba con desordenar vuestro traje, vuestra reacción era de una compostura absoluta. Os agarrabais a las cuerdas de seguridad que solía haber en las zonas de baño de los hoteles de lujo.

2. Los Hijos: La Valentía del Caballero

Para los varones, el enfoque era distinto. Vuestro padre quería que sus hijos fueran fuertes, pero siempre caballerosos.

El aprendizaje: Ellos sí aprendían los rudimentos de la braza (le brasse), que era el estilo más elegante de la época. Se les enseñaba a nadar con el pecho fuera y movimientos rítmicos.

El reto del padre: Vuestro padre podía desafiarlos a llegar hasta una boya cercana. Pero, ¡ojo!, al salir del agua, debían hacerlo sin jadear y sin mostrar debilidad.

La protección de las hermanas: Parte de "saber nadar" para los hijos era estar siempre cerca de vosotras. Si una corriente parecía fuerte, los hermanos se colocaban como un escudo humano entre el mar abierto y sus hermanas, cumpliendo con su deber de protectores.

3. Anatomía del "Nadar" en 1900

El desafío Cómo lo resolvían los hijos El toque de vuestra Clase

La profundidad Rara vez pasaban de donde el agua les llegaba al pecho. La seguridad era parte del honor; no se asumían riesgos innecesarios.
La visibilidad Se bañaban en horas de poca luz o en zonas privadas. Evitaban la mezcla con la "multitud" de bañistas franceses.
El frío El baño duraba apenas 10 o 15 minutos. Se consideraba un "choque térmico" medicinal, no un juego eterno.

4. ¿Cómo aprendieron? (Los Maestros de Baño)

En Biarritz o Deauville, vuestro padre probablemente contrató a un "maître baigneur" (maestro de baño).

Era un hombre fuerte, a menudo un antiguo marinero, que ayudaba a las damas y a los niños a entrar al agua.

La "Santidad" vigilada: Vuestra madre vigilaba desde la orilla que el maestro de baño no tocara a las hijas más de lo estrictamente necesario (generalmente solo de la mano para evitar una caída). Para vosotras, ese contacto con un extraño, aunque fuera por seguridad, era un momento de gran timidez.

5. ¿Qué pensaba la Madre de veros en el agua?

Para ella, veros en el mar era una mezcla de orgullo y ansiedad.

Por un lado, el agua salada era "agua de Dios", purificadora.

Por otro, le horrorizaba que el agua volviera la ropa transparente (aunque la franela oscura era muy gruesa). Por eso, en cuanto salíais del agua, los sirvientes os rodeaban con sábanas blancas inmensas, creando una "tienda de campaña" móvil para que nadie viera vuestra silueta mojada.

6. El Regreso: El Relato de la Aventura

Al volver al hotel, vuestros hermanos exageraban sus hazañas: "¡Casi llegamos a Inglaterra!", decían riendo. Tú, en cambio, te sentías orgullosa de haber mantenido tu dignidad frente al océano.

Habías "nadado" a tu manera: con la frente alta, los ojos serenos y el alma intacta.

En la piscina de los grandes hoteles Cómo nadar a las mujeres y los hijos

La piscina de un gran hotel en el París de 1900 —como el Ritz o los lujosos establecimientos de balneario— no era un espacio para el ejercicio físico, sino un salón de cristal y agua. Para una familia de vuestro rango, la piscina era un lugar de exhibición social donde la "santidad" debía ser aún más vigilada que en el mar abierto, debido a la proximidad de otros huéspedes de la aristocracia europea.

Así vivíais el ritual del baño en la piscina del hotel:

1. Las Mujeres: La Inmovilidad Elegante

Para una mujer de tu posición, "nadar" en la piscina del hotel era casi un oxímoron. No se entraba al agua para desplazarse, sino para estar en ella.

La técnica del "Paseo Acuático": Entrabais al agua por las escalinatas de mármol con una lentitud majestuosa. Una vez dentro, os desplazabais caminando por el fondo o realizando movimientos circulares con las manos bajo la superficie.

El pavor al peinado: El mayor enemigo era mojar el cabello. Se usaban gorros de baño de seda con flores de caucho, pero vuestro objetivo era que ni una gota de cloro tocara vuestra cabeza. Nadar "estilo perrito" con el cuello muy estirado era la norma para mantener la dignidad facial.

El Traje de "Piscina": A diferencia del de playa (que era de lana ruda), el de hotel era de seda pesada o tafetán oscuro. Brillaba bajo las luces eléctricas del hotel, dándote un aire de sirena de palacio, pero seguía cubriendo desde el cuello hasta los tobillos.

2. Los Hijos: Disciplina entre Espejos

Tus hermanos, en la piscina, tenían prohibido el comportamiento ruidoso que se permitía en la playa.

Nada de saltos: Tirarse "en bomba" o salpicar era una falta de honor gravísima. Tu padre les recordaba: "No somos artistas de circo; somos invitados del hotel".

La Natación de "Salón": Aprendían a nadar con movimientos pausados. Si hacían braza, debían hacerlo de forma que el agua apenas se rizara. Se trataba de demostrar un autocontrol absoluto sobre el cuerpo, incluso en un elemento inestable como el agua.

3. Anatomía del Baño en el Gran Hotel

Elemento El Protocolo del Hotel Vuestra "Santidad" Familiar
La Temperatura Agua templada artificialmente. Os permitía estar cómodas, pero vuestra madre vigilaba que el calor no "ablandara" vuestro carácter.
Los Espejos Grandes espejos en las paredes. Os obligaban a ser conscientes de vuestra postura en todo momento; nunca podíais relajaros.
Los "Bañeros" Criados con librea que traían toallas. Tu padre prefería que vuestros propios sirvientes os atendieran para evitar que manos extrañas tocaran vuestras prendas.

4. La Salida del Agua: El Momento Crítico

Para una mujer islámica occidentalizada, el momento de salir de la piscina era el más delicado para el pudor.

La Transparencia: Al salir, el agua hace que la seda se pegue. Por ello, vuestra madre había diseñado un sistema: el albornoz de terciopelo.

Antes de que pusierais un pie fuera del agua, vuestra doncella o vuestro hermano se acercaban con una bata gruesa y larga que os envolvía por completo mientras aún estabais en el último escalón. Salíais del agua ya convertidas en una "columna de tela", sin que nadie pudiera ver el contorno de vuestro cuerpo mojado.

5. ¿Qué decía el Padre del ambiente de la Piscina?

Vuestro padre usaba estos momentos para observar a la élite europea.

Se sentaba en una silla de mimbre, fumando un cigarrillo egipcio y leyendo Le Figaro.

Si veía que algún caballero extranjero miraba con demasiada insistencia hacia donde estabais vosotras, simplemente cerraba el periódico y os hacía una seña con la mano. Eso significaba: "El baño ha terminado". Vuestro honor era un reloj que él manejaba con precisión.

6. El Regreso: El Té en la Tarde

Después de la piscina, regresabais a vuestras suites para cambiaros por vestidos de tarde.

Tu conclusión: La piscina del hotel te hacía sentir como si vivieras en un acuario de lujo. Era una experiencia bella, pero te recordaba que en París, incluso cuando te relajabas, estabas siendo observada. Tu santidad no descansaba ni en el agua templada.

las hijas y los hijos cómo se bañaban en las piscinas

Para una familia de vuestro linaje, el baño en la piscina de un gran hotel de París en 1900 era un ejercicio de geometría y decoro. No se trataba de "jugar" en el agua, sino de habitarla con la misma distinción con la que caminabais por el vestíbulo del Ritz.

Así era el ritual del baño para los hijos de la familia, bajo la mirada vigilante de vuestra "santidad":

1. La Entrada: El Descenso de Mármol

A diferencia de la playa, donde el suelo es arena, en la piscina el contacto era con el mármol y el azulejo.

Las Hijas: Bajabais las escaleras de la mano de vuestra madre o de una doncella. El agua debía tocar vuestro cuerpo de forma gradual. Nadie se lanzaba. Entrabais con la espalda recta, sosteniendo el traje de baño (que era de una seda más fina que el de mar) para que no flotara antes de tiempo.

Los Hijos: Entraban con paso firme. Vuestro padre les prohibía correr por el borde mojado. "Un caballero nunca tiene prisa, ni siquiera para refrescarse", decía.

2. El Estilo de "Nadar": La Braza Silenciosa

En 1900, la natación atlética era considerada vulgar para la aristocracia. Se practicaba lo que se llamaba la "natación de salón".

Movimientos: Se nadaba exclusivamente a braza (la brasse). Los brazos se movían siempre bajo la superficie del agua. Sacar los brazos para hacer crol se consideraba agresivo y poco refinado.

El Control del Agua: El objetivo era que el agua apenas hiciera ruido. Salpicar era motivo de una mirada severa de vuestro padre. Los hijos competían por ver quién cruzaba la piscina con el menor número de ondas posibles en la superficie.

3. Anatomía del Baño Infantil en el Hotel

Detalle del Baño Para las Hijas Para los Hijos

La Cabeza Nunca se sumergía. El cabello era el símbolo de vuestra pureza y tardaba horas en secar. Podían sumergirse brevemente, pero debían salir con el cabello peinado hacia atrás de inmediato.
La Profundidad Se mantenían en la zona donde el agua les llegaba a los hombros. Podían ir a la zona profunda para demostrar su valentía, pero siempre bajo la mirada del "maître de natation".
El Tiempo Máximo 20 minutos. El exceso de agua se consideraba "debilitante" para el carácter femenino. Un poco más, para fortalecer los músculos de los futuros hombres.

4. La Salida: El Escudo de Terciopelo

Este era el momento de mayor "peligro" para vuestro pudor. Al salir del agua, la ropa mojada revela la silueta, algo prohibido por vuestra santidad.

El Ritual: Antes de que pusierais un pie fuera del agua, vuestros sirvientes ya estaban allí con albornoces de rizo de algodón inmensos o capas de terciopelo forradas.

La Maniobra: Salíais del agua ya envueltos. Era como si el agua se transformara en tela en el último escalón. Nunca caminabais por el borde de la piscina con el traje de baño mojado a la vista de los demás huéspedes.

5. ¿Qué decía la Madre sobre la Mezcla de Gentes?

Vuestra madre prefería las horas de la mañana, cuando la piscina estaba casi vacía.

Si veía a hombres extranjeros nadando de forma ruidosa o con trajes demasiado cortos, os hacía salir de inmediato.

Para ella, la piscina era un baño ritual de purificación, no un lugar de socialización con extraños. "El agua es de Dios, pero el ambiente lo hace el hombre", susurraba mientras os secaba las manos.

6. El Regreso: El Perfume de Violetas

Al volver a vuestros aposentos, el olor a cloro de la piscina era sustituido de inmediato por agua de rosas o esencia de violetas.

Tu conclusión: Sentías que la piscina era un joyero de agua. Te gustaba ver el reflejo de las lámparas de cristal en la superficie, pero te sentías aliviada al volver a tus ropas de seda seca. El agua era un paréntesis de frescura en vuestra vida de protocolo y santidad.





La ropa de una mujer embarazada.

Para una mujer de vuestro círculo en 1900, que equilibraba la santidad chiita con la sofisticación de una vida occidentalizada en París, el embarazo no era una razón para descuidar la elegancia, sino un motivo para elevar el misterio.

En esa época, el concepto de "ropa de maternidad" como la conocemos hoy no existía en las tiendas; la ropa se adaptaba con una maestría que permitía a la mujer seguir siendo una figura de autoridad y respeto, sin que su estado físico fuera el centro de la conversación.

Así se construía ese armario de "espera sagrada" y alta costura:

1. El Vestido de Taller (Adaptado)

Para el día a día en París, se utilizaba el "Morning Gown" o batón de mañana, pero llevado con la calidad de un traje de calle.

El corte: Se prefería el estilo Imperio, donde la costura nacía justo bajo el pecho. Esto permitía que la tela cayera en una línea recta y noble, disimulando el crecimiento del vientre.

Los pliegues "Watteau": Eran pliegues que caían desde la nuca o los hombros hasta el suelo. Esto creaba un volumen en la espalda que equilibraba la figura, haciendo que, de frente, la mujer pareciera simplemente envuelta en mucha seda.

2. La Ingeniería del Corsé de Maternidad

Aunque parezca increíble para vuestra sensibilidad moderna, la mujer de 1900 no abandonaba el corsé, pero lo transformaba:

El ajuste: Se usaban corsés especiales con cordones elásticos laterales. Tu madre podía aflojarlos centímetro a centímetro cada semana.

La función: No era para apretar, sino para sostener. Ayudaba a mantener la espalda erguida (la "rectitud" de vuestra santidad) y a que el peso del bebé no agotara a la madre durante las largas visitas a la Exposición.

3. Elementos de Distracción Visual (El Arte del Disimulo)

Prenda / Accesorio Su Función Estratégica El Toque de Vuestra Clase

La Jabot (Chorrera) Volantes de encaje en el pecho. Al añadir volumen arriba, el vientre pasaba a un segundo plano visual.
Capas de Abadía Mantos largos sin mangas. Permitían entrar a una cena oficial ocultando el perfil por completo.
Estolas de Piel o Plumas Cruzadas sobre el torso. Rompían la línea de la silueta, manteniendo el aire de "gran dama".

4. Telas y Colores: La Psicología del Honor

Vuestra madre nunca usaría telas brillantes (como el raso) que acentuaran las curvas en las zonas "peligrosas" para el pudor.

Materiales: Se preferían el terciopelo mate, la lana fina (cachemira) o la seda pesada (faille). Estas telas tienen una caída "pesada" que no se pega al cuerpo.

Colores: El negro azabache, el verde bosque y el borgoña eran los aliados de la discreción. Un vestido oscuro bajo una luz de candelabros parisinos hacía que la silueta se volviera casi invisible.

5. El Calzado: El Sacrificio de la Altura

Incluso una mujer occidentalizada debía ceder en algo.

Los tacones altos de la Belle Époque se sustituían por botines de seda con cordones y tacón bajo (Louis heel).

Caminar con seguridad era parte de vuestro honor; un tropezón en público habría sido una mancha para la dignidad de la familia.

6. ¿Qué pensaba la "Santidad" de esta Ropa?

Para ti, ver a tu madre vestida así era una lección de soberanía femenina.

Ella no se sentía "limitada"; se sentía protegida. La ropa actuaba como una muralla entre su estado sagrado y los ojos curiosos de los hombres en los bulevares.

Entendiste que la moda no era solo vanidad, sino una herramienta para que una mujer islámica pudiera habitar el mundo moderno sin entregar ni un ápice de su privacidad.

Es una mujer islámica occidentalizada qué ropa usada

Para una mujer de vuestro linaje en 1900, ser una "islámica occidentalizada" en París no significaba abandonar la fe por la moda francesa, sino realizar una fusión magistral. Era el arte de vestir como una dama de la alta sociedad europea sin perder la esencia del pudor (Haya) y la distinción que exigía vuestra santidad chiita.

Vuestra vestimenta era un lenguaje: le decía a París que erais modernas y cultas, pero le recordaba que vuestro cuerpo y vuestro espíritu seguían siendo territorio sagrado e inaccesible.

Así era el armario de esa mujer que caminaba entre dos mundos:

1. El Traje de Sastre (Tailleur): La Armadura de Día

Para pasear por la Exposición o ir de compras por la Rue de la Paix, usabais el traje de sastre de dos piezas, pero con modificaciones:

La Falda: A diferencia de algunas francesas que empezaban a acortarlas para mostrar el tobillo, vuestras faldas eran siempre de longitud total, rozando el suelo, a menudo con una pequeña cola que exigía un caminar majestuoso.

La Chaqueta: Se usaban chaquetas de cuello alto (estilo oficial o médico) que cerraban hasta la base de la garganta, eliminando cualquier necesidad de mostrar escotes, pero manteniendo una línea entallada y elegante.

2. El Sombrero y el Velo: El Sustituto del Hiyab

Como mujer occidentalizada, no usabais el chador o el velo tradicional de vuestra tierra en las calles de París, pero aprovechabais la moda de la época para lograr el mismo efecto:

Sombreros Monumentales: Se usaban sombreros anchos decorados con plumas de avestruz o flores de seda.

El Velo de Tul: La moda parisina dictaba el uso de velos finos que caían desde el sombrero. Para vosotras, esto era una bendición; el velo filtraba vuestra mirada y os daba una capa de privacidad. Los parisinos lo veían como "misterio francés", pero para vosotras era vuestra protección sagrada.

3. La Anatomía de la Fusión (Moda 1900)

Prenda Occidental Adaptación "Santidad" Resultado Visual
Blusas de Encaje Siempre con cuello chimenea y mangas largas hasta la muñeca. Una elegancia que no dejaba ni un centímetro de piel al aire.
Guantes de Seda Obligatorios incluso en verano. El contacto físico con el mundo exterior era nulo.
Sombrillas De seda y encaje a juego con el vestido. Creaban una "habitación privada" móvil alrededor de la mujer.

4. Los Materiales: El Lujo como Respeto

Vuestra occidentalización no era modesta en precio. Usabais las mejores sedas de Lyon, terciopelos de Génova y encajes de Bruselas.

El mensaje: "Soy tan rica y refinada como cualquier duquesa francesa, pero mis valores son inamovibles".

La ropa era de una calidad tan alta que imponía una distancia física. Nadie se atrevería a empujar o tocar accidentalmente a una mujer vestida con telas que parecían sacadas de un tesoro real.

5. La Ropa Interior: El Secreto del Orden

Incluso bajo los vestidos franceses, la mujer islámica occidentalizada mantenía sus costumbres.

Se dice que muchas mujeres de vuestro rango seguían usando pantalones finos de seda bajo las enaguas europeas, por si acaso un viento indiscreto levantaba la falda.

El corsé se usaba para dar la estructura de la época, pero nunca se buscaba la exageración. La rectitud de la espalda era el símbolo de la rectitud del alma.

6. ¿Qué pensaba el Mundo de esta Imagen?

Los franceses os miraban con fascinación. Para ellos, erais el "Oriente civilizado".

Para tu padre, era un orgullo: demostraba que su familia podía brillar en Occidente sin "contaminarse".

Para ti, era una forma de libertad: podías ir a los museos y a los colegios sin que nadie te señalara como una extranjera extraña, pero al llegar a casa y quitarte el sombrero, volvías a ser la niña pura de tu fe.

Cuando tiene que ir una zanahoria oficial obligatoria Cómo vestía la mujer embarazada

Cuando el deber llamaba y vuestro linaje exigía la presencia de tu madre en una ceremonia oficial u obligatoria —ya fuera una recepción en una embajada, una cena de gala o un acto en la Gran Exposición—, la vestimenta de una mujer embarazada de vuestra clase en 1900 era una obra maestra de la diplomacia textil.

En esos momentos, el objetivo era doble: mantener la majestad del rango y proteger la santidad de su estado. No se trataba de ocultar que estaba encinta (pues un hijo es una bendición), sino de presentarlo con tal dignidad que nadie se atreviera a mirar con curiosidad vulgar.

Así vestía ella para esas "batallas" de etiqueta:

1. El Vestido de Corte "Princesa" o "Imperio" Reformado

Para una gala oficial, no podía usar los vestidos sueltos de casa. Debía llevar una estructura que impusiera respeto.

El corte: Se utilizaba el corte estilo Imperio, con la cintura situada justo debajo del pecho, dejando que el resto de la falda cayera en una línea "A" muy amplia.

El truco de la costura: Los sastres de París añadían paneles laterales ocultos bajo pliegues de seda. Si la ceremonia duraba horas, el vestido podía ajustarse discretamente sin que se notara el cambio en la silueta.

2. La Capa de Ópera o el Manto de Corte

Era la pieza clave para la entrada triunfal.

La función: Una mujer embarazada nunca entraba en un salón oficial mostrando su perfil. Llevaba una capa larga de terciopelo o brocado que nacía desde los hombros y llegaba hasta el suelo.

El efecto: Al caminar, la capa creaba un volumen que envolvía todo el cuerpo. Parecía una reina envuelta en una bandera de seda. Solo cuando estaba sentada, y con cuidado, dejaba entrever el vestido.

3. Elementos Obligatorios para la "Etiqueta Sagrada"

Prenda de Gala Material y Detalle Razón de la "Santidad"

El Corsé de Gala Seda con ballenas flexibles de caucho. Mantener la espalda recta como una columna frente a los embajadores.
Encajes de Alençon Capas de encaje sobre el pecho. El volumen del encaje distraía la vista y suavizaba la curva del vientre.
Guantes de Cabritilla Largos, por encima del codo. El honor se mantenía hasta en las manos; nunca se tocaba nada directamente.

4. Las Joyas: El Escudo Visual

En una recepción oficial, las joyas de la familia salían de la caja fuerte.

Tu madre usaría las tiaras o collares más imponentes. ¿Por qué? Porque en el protocolo, la mirada del interlocutor debe fijarse siempre en la cara y las condecoraciones.

Un collar de esmeraldas o perlas de vuestro tesoro familiar era tan deslumbrante que el estado físico de tu madre pasaba a un segundo plano. Ella no era "una mujer embarazada", era "la representación de vuestra nación".

5. ¿Qué decía el Protocolo del Silencio?

Aunque fuera una cena oficial, vuestro honor exigía que ella no comiera ni bebiera nada que no fuera estrictamente seguro o preparado bajo vuestra supervisión.

Tu padre siempre se aseguraba de que ella estuviera sentada cerca de una salida o en un lugar de honor donde no tuviera que caminar demasiado.

Tu papel: Tú o tus hermanos mayores actuabais como su "guardia de honor". Si algún invitado intentaba acercarse demasiado o hacer preguntas indiscretas sobre su salud, tú dabas un paso al frente para desviar la conversación con una elegancia gélida.

6. El Regreso: El Alivio de la Verdad

Al cerrar la puerta del carruaje tras la ceremonia, el alivio era inmenso.

Tu madre se quitaba el manto pesado y suspiraba. Había cumplido con el mundo de los hombres sin traicionar la paz de su vientre.

Tu conclusión: Aprendiste que la santidad es también una forma de teatro. Se puede estar en el centro de París, rodeada de generales y presidentes, y seguir siendo un templo sagrado e inaccesible gracias a una vara de terciopelo y un collar de perlas bien puesto.

Las mujeres embarazadas en 1900 Cómo se vestían

Para una familia de tu alcurnia, donde la santidad chiita se encontraba con la moda de la Belle Époque, el embarazo en 1900 no era algo que se "exhibiera", sino algo que se custodiaba con un celo absoluto. En aquella época, la silueta de la mujer embarazada era un secreto de Estado, envuelto en capas de tela y una ingeniería de sastrería diseñada para preservar tanto la salud del bebé como el decoro de la madre.

Así vivía tu madre (o las mujeres de tu círculo) ese estado de "espera sagrada" bajo el sol de París o en la intimidad del hogar:

1. El "Deshabillé" y el "Tea Gown": La Elegancia del Refugio

En 1900, una mujer embarazada de la alta sociedad rara vez aparecía en eventos públicos muy concurridos una vez que su estado era evidente. Se refugiaba en el Tea Gown (vestido de té).

El diseño: Eran vestidos largos, sueltos y con caídas vaporosas desde los hombros o el pecho (estilo imperio o con pliegues Watteau en la espalda).

Tu percepción: Para ti, ver a tu madre con estas sedas fluidas era ver la personificación de la ternura. El vestido no marcaba el cuerpo, sino que creaba una neblina de elegancia que protegía el misterio de la vida.

2. El Corsé de Maternidad: Una Armadura Discreta

Aunque parezca contradictorio, en 1900 las mujeres no dejaban de usar corsé, pero cambiaban al corsé de maternidad.

La estructura: Tenía cordones laterales que se iban aflojando semana a semana. No buscaba una "cintura de avispa", sino dar soporte a la espalda y al vientre.

El juicio de la "Santidad": Tu madre lo veía como un mal necesario para mantener la postura digna. Una mujer de vuestro linaje nunca debía verse "desaliñada" o encorvada, ni siquiera en los meses finales. El corsé era el símbolo de que el espíritu seguía mandando sobre el cuerpo.

3. Anatomía del Vestuario de Maternidad (1900)

Prenda Función El toque de vuestra Clase
La Matinée Una chaqueta corta y suelta de encaje. Se usaba sobre el vestido para disimular el volumen del pecho y el vientre.
Capas y Mantos Cubrir la silueta en el exterior. De terciopelo o seda pesada, para que el viento no marcara la forma del cuerpo.
Telas Oscuras Discreción visual. El negro, el azul noche o el granate ayudaban a que la figura se perdiera en las sombras.

4. El Velo y la Joyería: Distraer la Mirada

Para mantener el honor y la privacidad, la estrategia era enfocar la atención en el rostro y las manos.

Joyas: Tu madre usaría broches de diamantes o perlas cerca del cuello para que la gente mirara sus ojos, no su cintura.

El Velo: En París, el uso de sombreros con velos de tul más largos o tupidos permitía a la mujer embarazada sentirse protegida del "mundo exterior". Era una extensión de vuestro concepto de pudor sagrado.

5. ¿Qué decía la Abuela sobre el Embarazo en Público?

La abuela era la defensora más feroz del retiro.

"Una mujer que lleva una vida dentro es un jardín cerrado", decía. "No es para que los extraños la calculen o la miren".

Ella creía que el mal de ojo (Nazar) era especialmente peligroso para las embarazadas, por lo que las capas de ropa no eran solo moda, sino amuletos de tela.

6. El Regreso: La Belleza de lo Oculto

Para ti, observar la moda de maternidad de la época te enseñó una lección profunda:

Aprendiste que el valor de una mujer no disminuía al perder su silueta esbelta, sino que aumentaba al convertirse en un recipiente de vida.

Tu conclusión: La ropa de 1900 trataba el embarazo con una reverencia casi religiosa. No se buscaba la "comodidad" moderna de un algodón simple, sino la majestad del secreto.


Constantinopla 



En el año 1900, Constantinopla (la actual Estambul) era la vibrante y cosmopolita capital del Imperio Otomano, bajo el largo reinado del sultán Abdul Hamid II. Aunque el imperio enfrentaba una decadencia política conocida como "el enfermo de Europa", la ciudad vivía un periodo de intensa modernización y mezcla cultural. 

A continuación, los aspectos clave de la ciudad en esa época:

Nombre y Estatus: En 1900, el nombre oficial seguía siendo Constantinopla para la comunidad internacional, aunque los locales ya usaban frecuentemente nombres como Dersaadet o İstanbul. Era el centro político, religioso (como sede del Califato) y económico de un imperio que aún se extendía por tres continentes.
Paisaje Urbano y Modernización:

El Puente de Gálata: Para 1900, el puente de madera sobre el Cuerno de Oro era el corazón latiente de la ciudad, conectando el casco antiguo (Estambul) con el barrio moderno de Pera.

Transporte: La ciudad contaba con una de las redes de tranvías más antiguas y el "Tünel" (inaugurado en 1875), el segundo metro más antiguo del mundo, que subía la colina de Pera.

Arquitectura: Coexistían grandes mezquitas imperiales como Santa Sofía y la Mezquita Azul con nuevos edificios de estilo europeo, hoteles de lujo como el Pera Palace (construido para los pasajeros del Orient Express) y embajadas extranjeras.

Demografía Cosmopolita: Era una de las ciudades más diversas del mundo. Su población incluía una mezcla de turcos musulmanes, griegos ortodoxos, armenios, judíos sefardíes y una comunidad de "levantinos" (europeos residentes) que dominaban el comercio y la banca.

Cultura y Vida Diaria: El barrio de Pera (hoy Beyoğlu) era conocido como el "París del Este", lleno de teatros, cafés, galerías de moda francesa y una activa vida nocturna que contrastaba con la atmósfera más tradicional y religiosa de la península histórica. 

En el año 1900, la población de Constantinopla (hoy Estambul) se estimaba en aproximadamente 942,900 habitantes. Durante esta década, la ciudad rozó la cifra del millón de personas debido a una intensa urbanización e inmigración. 

La ciudad destacaba por ser un mosaico étnico y religioso único:

Composición Étnica: La población era sumamente diversa. Aunque las cifras varían según la fuente, para principios del siglo XX se estima que los musulmanes (turcos y otros) representaban entre el 44% y el 50% de los habitantes.

Minorías Principales:

Griegos: Constituían una comunidad muy influyente, estimada en unas 200,000 - 260,000 personas.

Armenios: Aproximadamente 80,000 - 160,000 habitantes.

Judíos: Cerca de 50,000 personas.

Extranjeros: Residían unos 100,000 ciudadanos extranjeros (conocidos como "levantinos" o francos), quienes no siempre eran incluidos en los censos otomanos oficiales pero dominaban gran parte del comercio. 

Este carácter cosmopolita convirtió a la Constantinopla de 1900 en una de las metrópolis más vibrantes y complejas de su tiempo, antes de que los cambios geopolíticos tras la Primera Guerra Mundial redujeran su población a unos 700,000 habitantes para 1930. 

La distribución de Constantinopla en 1900 era fascinante porque funcionaba como una colección de ciudades distintas separadas por el agua o por muros invisibles de cultura e idioma.

Aquí tienes el detalle de esa convivencia:

1. Distribución por Barrios (Geografía Étnica)

Stambul (Península Histórica): Era el corazón tradicional y mayoritariamente musulmán. Aquí se encontraban el Palacio de Topkapi, la Sublime Puerta y las grandes mezquitas. Sin embargo, barrios específicos como Fener eran el centro del Patriarcado Griego, y Balat era el histórico barrio judío.
Pera y Gálata: Ubicados al norte del Cuerno de Oro, eran los barrios "europeos". Pera era el hogar de diplomáticos, comerciantes extranjeros y la élite griega y armenia. Aquí el ambiente era occidental, con embajadas y hoteles de lujo.
Üsküdar (Lado Asiático): Era una zona residencial mucho más conservadora y predominantemente turca, con una atmósfera de jardín y retiro espiritual.

2. El Paisaje Lingüístico

En 1900, caminar por el Puente de Gálata era una experiencia políglota:

Otomano (Turco): Era el idioma de la administración, el ejército y la religión estatal.

Francés: Funcionaba como la lingua franca de la alta sociedad, la diplomacia y el comercio internacional. Casi cualquier habitante educado de Pera lo hablaba.

Griego y Armenio: Eran idiomas de uso diario masivo, no solo en los hogares, sino también en el comercio local.

Ladino (Judeoespañol): Hablado por la comunidad judía sefardí, conservando raíces del castellano antiguo.

Dato curioso: Era muy común que un habitante promedio de la ciudad fuera trilingüe (por ejemplo: hablaba griego en casa, turco en el mercado y francés en los negocios).

Pera es particularmente fascinante en 1900 porque representaba la cara más moderna y "occidentalizada" del Imperio Otomano.

Aquí tienes algunos detalles clave que definían a este barrio en su apogeo:

El "Grand Rue de Péra": Hoy conocida como la Avenida Istiklal, era el epicentro del lujo. Estaba flanqueada por embajadas, teatros, salas de cine (de las primeras en el mundo) y boutiques que traían las últimas modas de París y Londres.

El Pera Palace Hotel: Inaugurado pocos años antes (1892), era el hotel más avanzado de la ciudad. Fue el primero en tener electricidad y un ascensor eléctrico, diseñado específicamente para alojar a los viajeros que llegaban en el Orient Express.

Ambiente Diplomático: Al ser el lugar donde residían los embajadores europeos, Pera gozaba de una especie de "extraterritorialidad". Esto permitía un estilo de vida mucho más liberal que en el resto de la ciudad, con cafés donde hombres y mujeres interactuaban y se servía alcohol abiertamente.

Arquitectura Neoclásica y Art Nouveau: A diferencia de las casas de madera tradicionales de Stambul, Pera se construyó con piedra tras el gran incendio de 1870, adoptando estilos europeos que hoy le dan su aire parisino característico. 

Por otro lado, el Cuerno de Oro era el pulmón logístico: un puerto natural abarrotado de barcos de vapor, caíques (botes tradicionales) y el constante ajetreo del comercio que conectaba a Pera con la península histórica.




Constantinopla (griego antiguo: Κωνσταντινούπολις, latín: Cōnstantinōpolis, turco otomano formal: Konstantiniyye) es el nombre grecorromano de la actual ciudad de Estambul, situada en ambos lados del estrecho del Bósforo en Turquía. Fue la capital de distintos imperios a lo largo de su milenaria historia: del Imperio romano (330-395), del Imperio romano de Oriente (395-1204 y 1261-1453), del Imperio latino (1204-1261) y finalmente del Imperio otomano (1453-1922).

La ciudad fue construida sobre la antigua colonia griega de Bizancio, fundada por el rey Bizas hacia el año 667 a. C.​ En el 330 d. C., Constantino el Grande la convirtió en la nueva capital del Imperio romano debido a su posición estratégica: entre el Cuerno de Oro y el mar de Mármara, en el punto de encuentro de Europa y Asia. Debido a sus enormes riquezas, fue conocida como «la Reina de las Ciudades» (Basileuousa Polis), y hasta el siglo XIII fue reconocida como la más grande y rica de Europa.

Para visualizar la Constantinopla de 1900, imagina una ciudad dividida por tres cuerpos de agua (el Bósforo, el Cuerno de Oro y el Mar de Mármara) que separaban mundos sociales y étnicos distintos. 

Los mapas de esa época, como los publicados por George F. Cram o las guías Baedeker, muestran los siguientes sectores clave: 

1. Stambul (La Península Histórica) 

Era el sector sur, delimitado por las antiguas Murallas de Teodosio. 

Corazón Otomano: Aquí se concentraba el poder religioso y político tradicional, con el Palacio de Topkapi, Santa Sofía y la Mezquita Azul.
Barrios Étnicos: En la orilla del Cuerno de Oro estaban Fener (barrio griego) y Balat (barrio judío). 

2. Pera y Gálata (El Sector Moderno) 

Al norte del Cuerno de Oro, era la zona más internacional. 

Gálata: El antiguo barrio genovés, dominado por la Torre de Gálata y el centro financiero de la calle Bankalar.
Pera: Hoy Beyoğlu. Era el barrio de las embajadas y los hoteles de lujo (como el Pera Palace). 

3. Üsküdar y Kadıköy (El Lado Asiático)

Situados al otro lado del Bósforo.

Üsküdar: Un sector residencial profundamente tradicional y musulmán.
Kadıköy: Conocido entonces como Calcedonia, albergaba a una creciente población levantina y griega. 


4. Infraestructura en los Mapas de 1900

Los planos detallados de la época resaltan: 

Transporte: El primer puente de hierro de Gálata y las líneas de tranvía que conectaban los barrios principales.

Ferrocarril: La estación de Sirkeci (término del Orient Express) en el lado europeo y la estación de Haydarpaşa en el asiático. 


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