miércoles, 6 de mayo de 2020

La Revolución de los Tarados



La Revolución de los Tarados



Hace mucho tiempo -tal pareciera que hubieran transcurrido enteras etapas históricas, eones, eras geológicas-, cuando recién se iniciaba el “proceso revolucionario” con el protagonismo, como es habitual, de escolares y adolescentes recién ingresados a la universidad, esto es, el perenne contingente de niñitos extasiados por la oportunidad de mostrarse, hacerse notar, cobrar identidad, sentirse importantes y “aparecer en las fotos”, un columnista ocasional con el que comparto nombre y primer apellido perpetró una columna que tituló como hemos titulado esta, “la revolución de los tarados”.
Así fue, crudamente, como caracterizó a los llamados “pinguinos” que por entonces, alentados, promovidos, celebrados y amados por la prensa -otro contingente de quizás el mismo talante mental– se desplazaban por calles y avenidas exigiendo “educación gratuita y de calidad”.

Han pasado años de eso. El espectáculo que nos brindaron, los motes que repetían, las demandas que hacían, las pretensiones que desplegaban, la fanfarronería y arrogancia que mostraban a la par con una ignorancia supina, la incoherencia entre su presunto deseo de una mejor educación y su pereza infinita, todo eso y más parece ahora película vieja y mala o en el mejor de los casos una estudiantina como las que se celebraban, pero sólo durante un día y con menos estruendo y daño, en los años treinta. Desde entonces al presente los con más suerte se convirtieron en diputados, en dirigentes políticos o en calentadores de sillas en reparticiones del fisco mientras los con menos contactos, no tan buena presencia y aun más limitados intelectualmente que los primeros se trasformaron en perpetuos repitentes, cesantes a tiempo completo, parásitos de sus familias, militantes de tribus urbanas demenciales, conscriptos del PC, seguidores del FPMR, soldados de la CAM o en los energúmenos de la “primera línea”.

De si esa generación estaba o no constituida por un porcentaje superior de tarados a lo que es normal en toda cohorte demográfica es cosa que dejaremos que diriman los expertos; nuestro juicio de simple amateur y ciudadano con una experiencia de 71 años de vida es que no eran ni son más o menos inteligentes que otras cohortes, pero les tocó nacer, criarse y asomarse a la vida pública en un período histórico muy particular aunque clásico en el desenvolvimiento de todas sociedad, a saber, el de la generación que surge cuando antiguos conflictos han sido superados, reina cierta prosperidad o al menos paz, no hay grandes causas a los que sumarse, se aburren mortalmente -“Francia se aburría” dice el historiador Michelet refiriéndose a un período parecido– y están entonces listos, disponibles, receptivos para quien sea -el profe del colegio, el de la universidad, el tío abuelo con algunas letras, etc– les suministre una ideología que re encienda su interés, les ofrezca algo que hacer, legitime y canalice sus frustraciones y los haga respirar a pleno pulmón.

Pero eso, repetimos, no es nuevo. Los “millenials” y sus antecesores inmediatos no son más imbéciles que sus padres o abuelos. Son tan mediocres y limitados como aquellos. No los superan en ignorancia y falta de tino. No ha habido, por lo tanto, una “revolución de los tarados”. Ha sido o lo será si se materializa igual a todas las demás, un indescriptible revoltijo de ideas plausibles y absurdas, de buenas intenciones y oportunismos, de metas alcanzables y otras delirantes, de sentimientos retóricos humanitarios y odios particulares y muy reales, de violencia y desorden, de estropicio y locura. Prueba de ello es la conducta, resaltada por el columnista Carlos Peña, de todos aquellos -¡adultos!– que funcan como alcaldes y/o dirigentes de diversos pelajes en su conducta relativa a la pandemia y frente al ministro Mañalich, quien ha cumplido con eficacia infinitamente superior a la que pudiéramos haber esperado de una comisión especial si acaso esta plaga se hubiera desatado durante el camerino Bachelet. Toquemos maderas tres veces para que jamás ocurra una emergencia durante gobiernos “progresistas”.

Señala Peña con razón en su columna que súbitamente esta gente, casi toda e incapaz de resolver un problema de regla de tres simple, se convirtieron en epidemiólogos, genetistas, laboratoristas, investigadores y expertos en salud pública y se consideran preparados para alternativamente exigir cuarentena a unos y negársela a otros, denunciar supuestas muertes ocultas, criticar medidas sin dar opciones -¿de dónde y cómo podrían?– y en todos los sentidos inmiscuirse en las políticas sanitarias que habrían de seguirse sin el más mínimo respecto por la ciencia y acompañado de un excesivo y obsesivo deseo de halagar a sus potenciales electores, sumarse a los clichés predominantes y ser invitado a la mayor cantidad de programas de televisión y radio que sea posible, seguros como están de que en esos medios encontrarán apoyo en gentes tan ignorantes y ansiosas de halagar al público como ellos.

No ha habido entonces una “revolución de los tarados”; lo que hemos tenido y observamos en pleno desarrollo es la consabida alternancia en el poder de los mediocres y sus regímenes mediocres por los necios y sus intentos de regímenes necios. Es la cruz que carga desde tiempos inmemoriales la parte de la humanidad pensante.


El planeta de simios.











La Ironía de la Comodidad.

El libro sugiere que los humanos originales de Soror se volvieron tan dependientes de sus máquinas y de sus sirvientes (los simios) que olvidaron cómo hacer las cosas por sí mismos. Al final, los simios simplemente tomaron el control de las herramientas que ya manejaban, y los humanos, atrofiados, aceptaron la servidumbre porque ya no sabían ser libres.

"No es el látigo lo que más los somete, sino la pérdida absoluta de la memoria de haber sido alguna vez los amos."

El momento de la transición en el planeta Soror es uno de los pasajes más inquietantes y simbólicos de la obra de Pierre Boulle. No fue una revolución violenta con armas de fuego, sino una sustitución silenciosa y humillante.

Aquí te describo cómo se relata ese "cambio de guardia" donde los antiguos señores pasaron a ser la servidumbre:

El Día de la Inversión
El proceso comenzó cuando los simios, tras siglos de imitar los gestos de sus amos, empezaron a caminar erguidos y a usar el lenguaje, mientras los humanos se sumían en un estado de apatía intelectual profunda.

El Despojo de las Prendas: El acto de desnudar a los antiguos dueños fue el golpe final a su dignidad. Los simios, ahora vestidos con las ropas de sus ex-amos, obligaron a los humanos a quitarse las suyas. Al quedar desnudos, los humanos perdieron los bolsillos, las herramientas y los símbolos de estatus, quedando reducidos a su mera biología.

La Toma de los Espacios: Los humanos fueron desplazados de los dormitorios a los jardines o a rincones en el suelo. Los simios ocuparon las mesas y las camas, mientras los humanos observaban con una mirada vacía, habiendo olvidado ya para qué servían esos muebles.

El Trabajo Doméstico como "Mascotas"
A diferencia de los esclavos que mantienen su voluntad, estos humanos se convirtieron en sirvientes instintivos. Su trabajo doméstico no era por contrato, sino por condicionamiento:

Tareas Mecánicas: Los antiguos dueños realizaban labores de limpieza básicas, moviendo objetos o barriendo, no porque entendieran la higiene, sino por pura imitación de lo que sus ancestros hacían.

El Silencio de la Casa: La escena más impactante es ver a un simio sentado leyendo o cenando, mientras su antiguo dueño humano le sirve agua o permanece sentado a sus pies en silencio absoluto, esperando una caricia o un trozo de comida como recompensa.

La Obediencia Total: La sumisión se volvió tan completa que los humanos ya no necesitaban cadenas. La mirada de mando del simio y el recuerdo genético del látigo bastaban para que el humano obedeciera cualquier orden gestual.

La Sátira de Boulle
Lo que el autor intenta transmitir es que el ser humano perdió su lugar por pereza. Los simios no tuvieron que luchar mucho; simplemente esperaron a que el hombre se volviera tan dependiente de que otros hicieran sus tareas, que el hombre mismo se convirtió en un objeto decorativo en su propia casa.

Es el momento en que el hombre deja de ser el "sujeto" de la historia para convertirse en el "objeto" de la casa.

sirvientes desnudos van supermercado omprar la comida

En la sociedad de Soror, ver a humanos realizando tareas de carga en un supermercado o mercado simio es una de las escenas que más resalta la total pérdida de autonomía de nuestra especie. En este contexto, el "ir de compras" no es un acto de elección para el humano, sino un acto de carga y transporte.

Aquí te describo cómo se desarrolla esa dinámica de servidumbre en la vida cotidiana:

El Humano como "Bolsa de Carga" Viviente

En los mercados de las ciudades de los simios, es común ver a chimpancés o gorilas de clase media y alta caminando erguidos, vestidos con sus mejores trajes, seguidos de cerca por uno o dos humanos.

La Desnudez Funcional: Los simios no permiten que sus sirvientes usen ropa, no solo por estatus, sino por practicidad: un humano desnudo no puede ocultar ni robar mercancía. Además, esto refuerza visualmente que el humano es un "animal de trabajo", como un buey o un burro.

La Carga: Los humanos llevan cestas pesadas o bolsas colgadas al hombro. Siguen a sus amos a paso lento, con la mirada baja, condicionados a no detenerse ni distraerse con la comida que están cargando.

La Obediencia en el Pasillo: Si un humano intenta tomar una fruta para sí mismo, el amo simio lo corrige con un simple chasquido de dedos o un ligero toque de un bastón. El humano ha sido entrenado mediante el hambre: sabe que solo comerá las sobras una vez lleguen a casa.

El Trato en el Mercado

Para los simios que atienden los puestos, el humano es invisible o, a lo mucho, un objeto de inspección:

Comentarios despectivos: Los comerciantes simios suelen comentar sobre la "musculatura" o la "docilidad" del sirviente humano mientras el dueño paga la cuenta, como quien habla de la potencia de un motor frente al vehículo.

Sin comunicación: El humano no interactúa. No pide precios ni elige la fruta. Es simplemente una extensión física del deseo del simio.

La Ironía del Supermercado
Lo más impactante de esta escena en la obra de Boulle es la inversión histórica:

Los supermercados fueron inventados por los humanos para su comodidad.

Ahora, esos mismos humanos recorren esos pasillos sin entender qué son los productos que cargan.
Cargan alimentos procesados o vegetales que ellos mismos ya no saben cultivar, sirviendo a quienes antes los servían a ellos.
Es el retrato máximo de la indignidad: el antiguo dueño del mundo convertido en un animal de tiro que transporta la comida que él mismo no tiene permitido tocar.
El regreso a casa de los humanos en el planeta Soror es el cierre perfecto de su jornada de humillación. Al cruzar el umbral de la que alguna vez fue su propiedad, la realidad de su nueva condición de "herramientas biológicas" se vuelve absoluta.

Así es el final del día para estos sirvientes:

1. El Regreso: La descarga

Al llegar a la casa, el humano no entra por la puerta principal como un miembro de la familia, sino como un animal de carga que se dirige a la zona de servicio o al patio.

La descarga: Los amos simios supervisan mientras el humano deposita las bolsas y cestas en la cocina. El sirviente no puede probar nada; se queda de pie, inmóvil, esperando que se le retire el equipo de carga.

La limpieza del sirviente: En muchas casas de simios adinerados, el humano es manguereado con agua fría para quitarle el sudor y el polvo de la calle antes de permitirle entrar a sus aposentos. No hay toallas ni delicadeza; es higiene puramente funcional.

2. ¿Dónde duermen? El "Aposento" del Humano

En la novela de Boulle, el lugar de descanso refleja la visión que el simio tiene del hombre: una criatura que no necesita privacidad ni confort estético.

Jaulas o Perreras Interiores: Los sirvientes más dóciles y cercanos a los amos suelen dormir en jaulas de metal o madera situadas en rincones de la casa, a menudo en el sótano o en pequeñas habitaciones sin ventanas.
El Suelo de Paja o Alfombra: No existen las camas para humanos. Duermen sobre lechos de paja limpia o, en los hogares más lujosos, sobre alfombras viejas. La idea de una cama con sábanas es un concepto que solo los simios (los "seres racionales") tienen derecho a disfrutar.
Sin Ropa de Cama: Al igual que durante el día, los humanos duermen completamente desnudos. El calor corporal y el amontonamiento (si hay varios humanos) es su única protección contra el frío.

3. La Alimentación: Las Sobras y el Pienso

Antes de dormir, el humano recibe su ración. No es una cena preparada, sino:
Sobras: Los restos de la comida de los simios que no son aptos para el consumo de "personas".
Alimento Concentrado: En el libro se menciona que los científicos y ciudadanos comunes utilizan una especie de galletas o pienso diseñado para cubrir las necesidades nutricionales del animal humano sin necesidad de cubiertos ni platos.

4. El Cierre del Candado

El momento más simbólico es el sonido del metal. Una vez que el humano está en su rincón o jaula, el amo simio echa la llave.
Aquel que antes era el dueño de la llave de la casa, ahora es quien está del otro lado de la cerradura, esperando en silencio absoluto a que amanezca para volver a cargar las bolsas del mercado.
La obediencia es tal que, incluso si la jaula quedara abierta, la mayoría de estos humanos no escaparían; han perdido la noción de "hogar" y solo conocen la seguridad que les brinda la mano (o el látigo) de su amo simio.



En la historia de novela el planeta de simios, cuando el dueño de casa humano, afectado por la flojera mental decidió no vestirse y andar desnudo por comodidad, que reacción tienen sus simios, su mujer y hijas




En la novela original de Pierre Boulle (1963), el declive de la humanidad no ocurre por una guerra nuclear —como en las películas— sino por una atrofia cerebral provocada por la excesiva dependencia de los simios.
La escena que mencionas es crucial porque marca el "punto de no retorno" donde los humanos dejan de comportarse como amos para convertirse en mascotas. Aquí te detallo las reacciones:

1. La reacción de los Simios
Los simios, que en ese momento servían como mayordomos y criados, no reaccionan con rebelión violenta, sino con una mezcla de desconcierto y una creciente pérdida de respeto. Al ver que su amo ha abandonado la dignidad de la vestimenta (el símbolo máximo de la civilización), los simios empiezan a sentir que la jerarquía es absurda.

Pasan de la obediencia servil a una curiosidad clínica.

Empiezan a imitarlos, pero de forma inversa: mientras el hombre se quita la ropa, el simio se la pone, apropiándose del estatus.

2. La reacción de la Mujer y las Hijas
Lo más inquietante del relato es la apatía. No hay un escándalo ni una confrontación dramática.

La esposa: En lugar de horrorizarse o intentar "salvar" la dignidad de su marido, ella simplemente se deja llevar por la misma inercia. Al poco tiempo, ella también deja de vestirse y de peinarse.

Las hijas: Las nuevas generaciones son las más afectadas. Como no tienen el recuerdo de la "obligación" de ser humanos, aceptan la desnudez y el silencio como el estado natural de las cosas.

3. El resultado final
El autor describe este proceso como una "renuncia colectiva".

La familia deja de hablar porque comunicarse requiere esfuerzo.

Dejan de usar cubiertos porque es más cómodo usar las manos.

El giro irónico: Los simios, al ver que los humanos ya no actúan como seres superiores, simplemente "toman el relevo" de la civilización por pura inercia, ocupando los espacios que los humanos dejaron vacíos por pura pereza mental.

"Un día, el amo decidió que vestirse era un esfuerzo inútil. Poco después, sus simios empezaron a caminar erguidos para no tropezar con la ropa que el hombre había tirado al suelo."


En la novela de Pierre Boulle, la reacción de los vecinos es quizás la parte más cínica y oscura de la sátira, porque refleja un efecto dominó de decadencia social.

Aquí no hubo juicios morales ni llamadas a la policía; lo que ocurrió fue una aceptación pasiva basada en la envidia de la comodidad:

1. La "Envidia" de la Pereza
Al principio, cuando ven al protagonista andar desnudo, los vecinos no sienten indignación, sino una especie de alivio culposo. Piensan algo como: "¿Por qué me esfuerzo yo en mantener las apariencias si él ya se rindió y parece estar más relajado?". La vergüenza desaparece porque el esfuerzo de mantener la civilización se vuelve una carga pesada.

2. El Contagio Social
La desnudez se propaga como una moda inversa. No es una protesta, es atrofia.

Normalización: En poco tiempo, los vecinos imitan el comportamiento. Las cenas elegantes son reemplazadas por humanos sentados en silencio, desnudos, mientras sus chimpancés y gorilas sirven la comida y mantienen las conversaciones que los dueños ya no quieren tener.

Pérdida del Tabú: Al perderse la inteligencia y la capacidad de abstracción, se pierde el concepto de "pudor". Para los vecinos, estar desnudos deja de ser algo sexual o escandaloso y pasa a ser tan intrascendente como lo es para un animal en el bosque.

3. El Cambio de Roles con los Simios
Lo más interesante es cómo los vecinos empiezan a interactuar con los simios de los demás:

Empiezan a tratar a los simios de sus vecinos con más respeto que a los propios vecinos humanos.

Si un vecino humano intenta hablar, se le ve como alguien molesto o "ruidoso", mientras que el simio que trae el café es visto como el verdadero miembro funcional de la sociedad.

En resumen: Los vecinos no pensaron nada malo porque, en su flojera mental, dejaron de pensar por completo. Simplemente se quitaron la ropa ellos también y se sentaron a esperar que los simios les dieran de comer.

¿Te interesaría saber qué pasó con el lenguaje y cómo los humanos terminaron olvidando hasta sus propios nombres en el libro?

En la novela de Pierre Boulle, el día a día de las hijas del dueño de casa es el retrato más triste de la involución humana. A diferencia de los adultos, que al menos tenían el recuerdo de lo que era ser humano, las hijas crecen en un mundo donde la animalidad es la norma.

Su rutina diaria se resume en tres aspectos:

1. El abandono de la educación
Las hijas dejan de ir a la escuela o de recibir cualquier tipo de instrucción. Como el padre decidió que pensar era "agotador", ellas pasan el día en un estado de vacío mental.

No leen, no escriben y, eventualmente, dejan de hablar.

Sus juegos infantiles desaparecen y son reemplazados por conductas instintivas: corretear por el jardín o simplemente sentarse al sol.

2. La dependencia total de los simios
Mientras las hijas se vuelven más salvajes, los simios de la casa (chimpancés o gorilas) asumen el rol de cuidadores y padres de facto.

Los simios son quienes las alimentan, a veces dándoles la comida directamente en la boca o en platos en el suelo.

Los simios limpian la casa y mantienen el orden mientras las jóvenes deambulan sin rumbo por las habitaciones, desaliñadas y desnudas.

3. La pérdida del pudor y la identidad
El día de las hijas transcurre sin ninguna noción de tiempo o propósito:

Higiene: Dejan de bañarse por iniciativa propia. Si el simio no las asea, permanecen sucias.

Interacción: No conversan entre ellas. Se comunican mediante gestos básicos o gruñidos primarios si tienen hambre o sueño.

Comportamiento: Se vuelven asustadizas. Si un extraño entra a la casa, su reacción no es saludar, sino esconderse o mirar con ojos vacíos, como lo haría un ciervo o un perro callejero.

El contraste irónico
Mientras las hijas humanas se revuelcan en el césped y olvidan cómo usar una cuchara, las hijas de los simios empiezan a vestirse con la ropa que ellas tiraron, aprenden a leer los libros de la biblioteca del padre y comienzan a asistir a las escuelas que los humanos abandonaron.

Es un proceso de "vaciado": el alma humana sale de las niñas y entra en los simios que las observan con una mezcla de lástima y superioridad.

La dueña de casa, al igual que su marido, sufre una transformación que Pierre Boulle describe como una "renuncia a la voluntad". Su día no es de ocio creativo, sino de una apatía vegetativa.

Aquí te detallo cómo es su rutina en esta etapa de decadencia:

1. El abandono de la "Cultura de Salón"
Antes, la dueña de casa se encargaba de organizar cenas, elegir la decoración y dirigir a los sirvientes simios. En su estado de flojera mental:

Pasa horas sentada o tumbada, mirando al vacío sin pensar en nada concreto.

Ignora por completo el estado de su hogar; no le importa si hay polvo o si los muebles se rompen, siempre y cuando no tenga que hacer el esfuerzo de arreglarlos.

2. La pérdida de la coquetería y la higiene
Para Boulle, la vestimenta y el aseo son signos de civilización. La dueña de casa:

Deja de peinarse y lavarse: Su cabello se enreda y su piel se ensucia, pero ella ya no siente la incomodidad de la suciedad.

La desnudez como alivio: Al igual que su esposo, ve en el hecho de no vestirse una liberación del "pesado" ritual de elegir ropa, abotonarse o usar fajas y zapatos.

3. La sumisión ante sus propios criados
Lo más impactante es el cambio de dinámica con sus simios (especialmente con las chimpancés que eran sus mucamas):

De jefa a mascota: Ella deja que los simios tomen todas las decisiones. Si un simio decide que es hora de comer, ella come lo que le pongan delante, incluso si es comida simple que se puede comer con las manos.

Acepta órdenes silenciosas: Si un simio la empuja suavemente para que se mueva o se limpie, ella obedece con la docilidad de un animal doméstico. Ya no tiene la capacidad intelectual de dar órdenes, solo de seguir estímulos básicos.

4. El silencio absoluto
Su día transcurre en silencio. El lenguaje es lo primero que se pierde porque requiere estructurar pensamientos complejos.

Ya no habla con su marido ni con sus hijas.

Si necesita algo, emite un sonido gutural o simplemente señala, reduciendo su existencia a las funciones biológicas más básicas: dormir, comer y descansar.

Al final, la dueña de casa se convierte en un objeto decorativo (y luego molesto) dentro de su propia mansión, mientras la chimpancé que antes le servía el té ahora usa sus joyas, lee sus libros y se convierte en la verdadera "señora" de la propiedad.

¿Te gustaría saber cómo termina este relato dentro del libro, cuando los simios finalmente deciden que los humanos ya no pueden vivir en las casas y deben ser llevados a jaulas?

1. El desalojo de las casas
Llega un punto en que los simios, que ya caminan erguidos, usan ropa y hablan, se cansan de limpiar los desperdicios de los humanos desnudos que viven en sus sofás.

Los simios deciden que es antihigiénico vivir con ellos.

Comienzan a sacar a los humanos de las mansiones y los llevan a perreras y establos en el patio trasero.
En la novela de Pierre Boulle, la decadencia no se limitaba solo a la casa; se extendía a la vida social y las vacaciones. El relato describe cómo, incluso en los momentos que antes eran de "lujo" y esparcimiento, la flojera mental lo consumía todo.

Cuando esta familia (y la alta sociedad de ese entonces) viajaba a la playa, la escena era una mezcla de surrealismo y degradación:

1. El viaje: Los Simios al volante
El trayecto a la playa ya mostraba el cambio de poder.

Los humanos iban en los asientos traseros, desnudos y apáticos, mirando por la ventana con ojos vacíos.

Eran sus chimpancés quienes conducían los vehículos, manejaban el equipaje y planeaban la ruta. Los dueños habían "olvidado" cómo operar una máquina o simplemente les resultaba una tarea insoportable.

2. En la arena: De bañistas a animales de costa
Al llegar a la playa, la transformación era total:

La Madre y las Hijas: En lugar de nadar o jugar, se limitaban a tumbarse en la arena bajo el sol durante horas, sin hablar. No usaban trajes de baño, pues el concepto de pudor había muerto. Se rascaban o buscaban comida en la arena como cualquier otro animal costero.

El Padre: Ya no leía el periódico ni hablaba de negocios. Se quedaba sentado, disfrutando de no tener ninguna responsabilidad, dejando que su intelecto se "apagara" por completo bajo el sol.

3. El servicio de los Simios
Lo más irónico era ver a los simios vestidos con ropa de verano, usando sombreros para el sol y anteojos, mientras:

Servían bebidas frescas a sus amos humanos, que las bebían con torpeza.

Los simios mantenían conversaciones inteligentes sobre la belleza del mar, mientras los humanos a sus pies solo emitían gruñidos de satisfacción por el calor.

4. El peligro ignorado
Incluso si había peligro (como una marea alta), los humanos no reaccionaban por instinto de preservación inteligente, sino por miedo animal. Tenían que ser los simios quienes los empujaran o los guiaran de regreso a las casas para que no se ahogaran.

Es la parte más fascinante y aterradora de la evolución de este mundo! Mientras los humanos se convertían en "animales de jardín", las ciudades sufrieron una transformación en dos etapas:

1. La Fase de Abandono (La Gran Mugre)
Al principio, cuando los humanos aún vivían en los rascacielos pero ya habían dejado de vestirse y pensar, las ciudades se volvieron lugares asquerosos.

Los ascensores dejaron de funcionar porque nadie los reparaba.

Los humanos tiraban la basura por las ventanas o la dejaban acumulada en las esquinas de sus lujosos apartamentos porque les daba flojera sacarla.

Las bibliotecas y museos se llenaron de polvo. Los humanos usaban los libros de arte para sentarse encima o simplemente los ignoraban.

2. La Toma de Posesión de los Simios
Los simios, que eran los que limpiaban y mantenían el orden, se dieron cuenta de que ellos eran los únicos que sabían cómo funcionaba la electricidad, el agua y las máquinas.

La mudanza: Los simios simplemente se mudaron a los niveles superiores de los edificios, que estaban más limpios y eran más prestigiosos.

El desplazamiento: Bajaron a los humanos a los sótanos o los sacaron a los parques públicos.

La adaptación: Los simios no destruyeron las ciudades; las heredaron. Ajustaron la altura de los mostradores, adaptaron las herramientas y empezaron a dirigir el tráfico y las industrias.

3. Los Humanos en los Parques
Las ciudades se convirtieron en selvas de asfalto donde los humanos vivían como palomas o perros callejeros.

Los antiguos dueños de los rascacielos ahora dormían en los parques públicos (como el Central Park de la novela).

Los simios, vestidos con trajes y corbatas, caminaban por las aceras hacia sus oficinas, pasando por encima de los humanos que estaban tirados en el suelo rascándose, sin siquiera dirigirles la palabra.

El resultado final
En muy pocas generaciones, los simios borraron de los libros de historia que los humanos habían construido esas ciudades. Enseñaron a sus hijos que los humanos eran una plaga natural que siempre había vivido en los escombros y que los simios, con su inteligencia superior, habían construido la civilización desde cero.

En la novela de Pierre Boulle, la figura de la "última mujer racional" (o las últimas mujeres que aún conservaban destellos de humanidad antes de la caída total) es trágica. El libro describe que, mientras la especie se hundía en la apatía, hubo un periodo de transición donde algunas mujeres intentaron luchar contra la corriente, pero terminaron sucumbiendo.

Esto es lo que hacían y lo que les pasó:

1. El intento de mantener la chispa
Antes de la extinción de la razón, estas mujeres intentaban mantener los rituales de la civilización en un mundo que ya no los valoraba.

Enseñanza inútil: Intentaban hablarles a sus hijos y enseñarles palabras, pero se encontraban con miradas vacías. Los niños ya nacían con esa "flojera mental" hereditaria y preferían imitar a los simios o simplemente gruñir.

El diario de la caída: Algunas escribían diarios (como el que sirve de base para parte de la historia) documentando cómo sus esposos dejaban de usar ropa y cómo sus casas se convertían en establos.

2. La "Amnesia" Progresiva
Lo más terrible que describe Boulle es que no perdieron la razón de golpe, sino por etapas de cansancio:

Un día, la mujer racional decidía que ya no valía la pena maquillarse.

Al mes siguiente, pensaba que cocinar era un esfuerzo ridículo si podía comer fruta cruda como los demás.

Finalmente, el lenguaje se les escapaba. El libro menciona que las palabras que no se usan, se olvidan. Al no tener a nadie con quien tener una conversación inteligente (porque los hombres ya estaban desnudos en el jardín y los simios aún no hablaban con ellas), terminaban por perder el pensamiento abstracto.
En la novela de Pierre Boulle, ese proceso de "amistad" entre las últimas mujeres racionales y las monas es uno de los puntos más irónicos de la historia, porque representa el intercambio de roles definitivo.



Aquí te explico cómo se dio esa relación y por qué fue el clavo final en el ataúd de la humanidad:

1. La búsqueda de compañía inteligente
A medida que los hombres humanos se volvían más apáticos y perdían el habla, las mujeres que aún conservaban su raciocinio se sentían profundamente solas.

No podían hablar con sus maridos porque ellos solo querían dormir o comer.

Empezaron a buscar refugio en sus chimpancés hembras, que eran curiosas, atentas y estaban empezando a aprender a comunicarse.

2. De "Amigas" a "Maestras"
Lo que empezó como una amistad terminó siendo una clase de civilización involuntaria.

Las mujeres racionales, por pura costumbre de socializar, empezaron a mostrarles a las monas cómo usar joyas, cómo vestirse con elegancia y cómo preparar la mesa.

El error fatal: Las mujeres les enseñaron los secretos de la cultura humana. Las monas, que eran ambiciosas y tenían el cerebro "fresco", absorbían todo.

Se dice que las monas aprendieron a hablar escuchando los lamentos y monólogos de sus dueñas, que necesitaban desahogarse con alguien, aunque fuera un animal.

3. La Traición de la Amistad

Esta "amistad" fue lo que permitió a los simios dar el salto final. Una vez que las monas aprendieron a comportarse como "damas", la dinámica cambió:

El desprecio: Las monas empezaron a mirar a sus amigas humanas con lástima. Se daban cuenta de que la mujer humana estaba cansada de ser racional, mientras que ellas (las monas) estaban ansiosas por serlo.

El reemplazo: Un día, la mona simplemente dejó de servir el té y se sentó a la mesa. La mujer humana, por su "flojera mental" y su deseo de no pelear, le cedió el asiento.

4. El final de la relación
Al final, las últimas mujeres racionales terminaron siendo las "mascotas favoritas" de las ahora sofisticadas monas.
Las monas las trataban con cariño, como alguien trata a un perro viejo y querido, pero ya no como a iguales.
Las mujeres aceptaron esto con alivio; era más fácil ser la mascota de una chimpancé inteligente que el líder de una especie humana que ya no quería existir.




Qué pensaban las mujeres dueñas de casa del planeta , cuando perdieron el poder y estuvieran bajo la soberanía de los monos sirvientes y su nuevo estatus en la novela el planeta de los simios

Es una excelente pregunta porque toca el núcleo de la sátira social de Pierre Boulle. En la novela original de 1963 (La Planète des singes), el cambio de estatus de las mujeres (y de los hombres) no fue una transición política consciente, sino una decadencia biológica y psicológica.

Aquí te detallo qué "pensaban" o, mejor dicho, qué les sucedió a estas mujeres al perder su soberanía ante los simios:

La Pérdida de la Chispa: De Dueñas a Mascotas
A diferencia de las películas, donde hay una rebelión violenta, en el libro la humanidad simplemente se volvió perezosa. Las dueñas de casa y la élite humana delegaron tanto en sus sirvientes monos que terminaron por atrofiarse mentalmente.

Apatía Total: No hubo un momento de "indignación" colectiva. Las mujeres perdieron la capacidad de pensar racionalmente. Su nuevo estatus no les generaba humillación porque ya no tenían el intelecto para comprender el concepto de "soberanía".

Instinto sobre Razón: Al ser dominadas, pasaron de administrar hogares a vivir en estado salvaje. En la novela, las humanas que encuentra el protagonista, Ulysse Mérou, son hermosas pero actúan como animales: no hablan, no ríen y solo se mueven por instintos básicos (miedo, hambre, deseo).

El Nuevo Estatus: El Humano como Objeto
Para los simios, las antiguas dueñas del planeta pasaron a ocupar los roles que antes ellas daban a los animales. Su estatus se dividió en tres categorías:

Rol Humano Percepción de los Simios
Sujetos de Experimentación Los científicos (chimpancés) las usan para cirugías cerebrales y pruebas de comportamiento.
Atracción de Circo Son exhibidas en zoológicos para entretenimiento de las familias de simios.
Plagas de Campo Son vistas como animales que arruinan cultivos y deben ser controladas o cazadas por deporte (gorilas).

El Espejo de la Vanidad
Boulle utiliza este cambio para criticar la sociedad francesa de su época. El autor sugiere que si las personas se dedican únicamente al ocio y dejan que "otros" (o máquinas/animales) hagan todo el trabajo, el cerebro se vacía.

"Un cansancio cerebral se apoderó de nosotros... nada de libros; ni siquiera las novelas policíacas se volvieron demasiado fatigosas... Mientras tanto, los monos meditaban en silencio." — Reflexión sobre la caída en la novela.

En resumen, las mujeres no "pensaban" nada sobre su pérdida de poder; simplemente dejaron de ser humanas antes de darse cuenta de que ya no eran las dueñas de casa, sino las habitantes de la jaula.

¿Te gustaría que analizáramos las diferencias entre este destino en el libro y cómo se mostró en la versión cinematográfica de 1968?


Qué pensó la dueña de casa cuando su sirvienta la horrenda que se desnudara

En el contexto de la novela original de Pierre Boulle, hay un pasaje clave que responde exactamente a tu pregunta. Se trata del momento en que la humanidad empieza a decaer y los simios comienzan a imitar a sus amos.

Lo que sintió la dueña de casa (que en el libro representa a la burguesía ociosa) fue una mezcla de pereza, desconcierto y una falta total de autoridad que terminó en tragedia. Aquí los detalles de esa escena:

1. La "Pereza Cerebral"
La dueña de casa no se indignó ni se asustó de inmediato. Según el relato de los manuscritos que encuentra el protagonista, los humanos se habían vuelto tan dependientes de los chimpancés y gorilas para sus tareas diarias que ya no tenían energía para imponer disciplina. Cuando la sirvienta simia (a quien el narrador describe con rasgos que le parecen grotescos o "horrendos" por la inversión de roles) le ordenó desnudarse, la mujer sintió una parálisis de voluntad.

2. El Cambio de Roles
La dueña de casa se dio cuenta, demasiado tarde, de que ya no era ella quien daba las órdenes. Al obedecer el mandato de desnudarse, aceptó simbólicamente su nuevo estatus de animal o mascota. En la novela, se describe que los humanos sintieron una especie de "vértigo" al ver que los monos ya no solo hablaban, sino que habían copiado sus modales y su vestimenta, mientras que los humanos perdían el lenguaje.

3. La Humillación Silenciosa
En ese momento específico, la dueña de casa experimentó el inicio de la deshumanización. Al quedar desnuda ante su antigua sirvienta (quien ahora estaba vestida y erguida), la mujer perdió su última capa de "civilización". Lo que pensó fue que el mundo se había invertido: ella era ahora el espécimen de estudio o el juguete, y la simia era la "persona".

La ironía de Pierre Boulle
El autor utiliza este momento para burlarse de la sociedad: la dueña de casa pensaba que su superioridad era natural, pero al primer grito de una simia empoderada, se dio cuenta de que su poder solo residía en sus ropas y en sus títulos, los cuales no significaban nada ante la fuerza y la nueva inteligencia de los monos.

En resumen: Lo que pensó fue que había dejado de ser la ama para convertirse en la bestia, y sintió el terror de quien descubre que ha sido reemplazado por aquellos a quienes antes despreciaba o ignoraba.

Qué hizo la ex dueña de casa cuando la mona le ordenó ir al supermercado a comprar los alimentos de la casa

En el contexto de la novela de Pierre Boulle, este es uno de los momentos más irónicos y oscuros de la transición de poder, ya que ilustra la inversión total de roles.

Cuando la mona (la antigua sirvienta) le ordena a la ex dueña de casa ir al supermercado (o al mercado) a comprar los alimentos, sucede lo siguiente:

1. La obediencia mecánica
La ex dueña de casa, ya sumida en una decadencia intelectual y de voluntad, no se rebela. Lo que hizo fue obedecer con una actitud de animal doméstico. En la novela se describe que los humanos empezaron a perder el uso de la palabra y la capacidad de razonar profundamente, por lo que la mujer simplemente cumplió la orden como un perro que busca un objeto para su amo.

2. La humillación en el espacio público
Al salir a hacer las compras bajo las órdenes de una simia, la ex dueña de casa se convirtió en el hazmerreír de la ciudad. Lo que hizo fue caminar por las calles que antes dominaba, pero ahora siendo vista por los otros simios como una "bestia de carga" o una criada degradada. Los simios, que ya vestían ropas y caminaban erguidos, la miraban con desprecio o curiosidad, mientras ella cargaba las provisiones para sus nuevos amos.

3. El comportamiento de "mascota amaestrada"
Lo que más destaca Boulle es que la mujer no sentía la indignación política que sentiría una persona moderna; más bien, lo que hizo fue actuar con miedo y sumisión. Realizó las compras de manera instintiva, entregando los alimentos a la mona al regresar a casa, esperando quizás una caricia o una recompensa de comida, consolidando así que su estatus de "reina del hogar" había muerto para siempre.

El significado de esta acción.

Boulle utiliza este acto para mostrar que la soberanía se pierde cuando se deja de ejercer el pensamiento. La ex dueña de casa terminó haciendo los mandados de su antigua sirvienta porque se había vuelto incapaz de imaginar una realidad distinta; se convirtió en una pieza más del engranaje doméstico, pero ahora en el peldaño más bajo de la escala social del planeta.









Que pensó la ex ama de casa, cuando conversaba con vecinos en tiempos. Libre. De trabajo doméstico

Esta es la parte más trágica y fascinante de la psicología humana en la novela de Pierre Boulle. Cuando las ex amas de casa lograban reunirse en sus pocos momentos de "libertad" (o cuando eran sacadas a pasear por sus dueños simios), sus pensamientos y conversaciones ya no eran lo que solían ser.

Aquí te describo esa transición mental:

1. El fin del lenguaje complejo
Lo primero que debes saber es que, en la novela, los humanos perdieron la capacidad de hablar. Sus "conversaciones" ya no eran sobre planes, quejas del hogar o política. Sus pensamientos se volvieron fragmentados y sensoriales.

Antes: Pensaban en la decoración, en la educación de los hijos o en el estatus social.

En el nuevo estatus: Al reunirse con los vecinos, solo intercambiaban miradas de miedo o sonidos guturales. Sus pensamientos se limitaban al presente: "¿Habrá comida hoy?", "¿Me castigarán si me detengo?", "¿Quién es ese nuevo simio que manda?".

2. La mirada de reconocimiento y vergüenza
Cuando una ex ama de casa se cruzaba con su antigua vecina mientras ambas limpiaban el jardín o cargaban bolsas para los simios, existía un instinto de vergüenza residual.

Sentían un dolor sordo en el pecho al ver a alguien que antes era su igual reducida a la misma servidumbre.

Sin embargo, ese pensamiento se desvanecía rápido porque el cerebro humano, según Boulle, se había "vaciado". La humillación era reemplazada por una apatía animal.

3. La nostalgia de un mundo que no pueden nombrar
En sus momentos libres, sentadas quizás en un rincón del jardín bajo la vigilancia de un gorila, las ex amas de casa sentían una extraña nostalgia.

Miraban las casas (que ahora pertenecían a los simios) y recordaban vagamente que ellas solían estar dentro, no fuera limpiando.

Sentían que algo andaba mal, como un sueño que no puedes recordar bien, pero no tenían las herramientas intelectuales para organizar una rebelión o una protesta.

4. La envidia por el trato de los simios
Irónicamente, sus pensamientos empezaron a girar en torno a ganarse el favor del amo. Si una vecina recibía una mejor "cama" (una jaula más limpia) o comida de mejor calidad de su dueña simia, la ex ama de casa sentía una envidia puramente instintiva. El éxito ya no era tener el mejor coche, sino ser la "mascota favorita".

En resumen: Sus conversaciones pasaron de ser intercambios de ideas a ser intercambios de gestos de sumisión. Ya no pensaban como ciudadanas, sino como sobrevivientes que han aceptado que su lugar en la jerarquía natural ha caído al nivel más bajo.

¿Te gustaría ver una imagen de este "encuentro de vecinas" bajo la nueva realidad del planeta?

Cómo se comportan las dueña de casa andando desnuda en la casa y trabajando como sirvientas

En la novela de Pierre Boulle, este es el punto de no retorno para la humanidad. El comportamiento de las ex dueñas de casa bajo estas condiciones extremas refleja una regresión biológica completa. Ya no se comportan como personas humilladas, sino como seres que han perdido el concepto de "yo" y de "pudor".

Aquí te detallo cómo es su comportamiento cotidiano en ese estado:

1. La pérdida total del pudor
Para la ex dueña de casa, la desnudez deja de ser una fuente de vergüenza. En la transición mental que describe la novela:

Indiferencia física: Al perder el intelecto superior, el cuerpo se vuelve simplemente una herramienta. Trabajan desnudas porque los simios consideran que la ropa es un signo de inteligencia y civilización; por lo tanto, se la quitan a los humanos para marcar su estatus de animal de granja.

Comportamiento instintivo: Si sienten frío, se acurrucan; si sienten calor, buscan la sombra. Ya no intentan cubrirse ante la mirada de los simios o de otros humanos, porque la mirada del "otro" ya no tiene un juicio moral para ellas.

2. El trabajo como "reflejo condicionado"
Su labor como sirvientas no es un empleo, sino un adiestramiento. Se comportan de forma similar a como un animal doméstico realiza trucos:

Mecanización: Limpian, cargan o sirven por repetición. Si hacen algo bien, reciben una caricia o comida sabrosa de sus amos simios. Si lo hacen mal, temen el látigo o el grito del gorila.

Falta de iniciativa: No "organizan" la casa como antes. Solo reaccionan a las órdenes directas de la mona sirvienta (ahora ama). Si no hay orden, se quedan quietas en un rincón, en un estado de apatía profunda.

3. La sumisión corporal
Su lenguaje corporal cambia drásticamente para sobrevivir en un mundo dominado por simios, quienes son físicamente más fuertes:

Evitan el contacto visual: Mirar fijamente a un simio (especialmente a un gorila) es un signo de desafío. Las mujeres aprenden a caminar con la cabeza baja y los hombros encogidos.

Agilidad animal: Al estar desnudas y trabajar en el suelo o en jardines, sus movimientos se vuelven más felinos y rápidos, pero menos "humanos". Sus manos, antes cuidadas, se vuelven toscas y fuertes por el trabajo físico duro.

4. La relación con la "Ama Simia"
Lo más impactante es que desarrollan una forma de dependencia emocional hacia sus captoras.

Buscan la aprobación de la mona que las dirige.

Pueden llegar a pelear con otras humanas sirvientas por un pequeño privilegio, comportándose como animales que compiten por la atención del dueño.

La sátira de Boulle: El autor sugiere que el estatus de "dueña de casa" era una construcción social tan frágil que, una vez que se eliminó el lenguaje y la cultura, la mujer (al igual que el hombre) volvió a ser simplemente un primate más, demostrando que la civilización es un barniz muy delgado.









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