miércoles, 22 de enero de 2020

Avivando la cueca (4)



Avivando la cueca

Se hace difícil, casi imposible, encontrar el adjetivo que haga justicia a la conducta de
quienes, en los medios de comunicación escritos y audiovisuales, se han dedicado con
 esmero a avivar la cueca del zafarrancho.

Fernando Villegas - Noviembre 24, 20191

A sacralizar como santones a delincuentes comunes por el sólo hecho de haber muerto a manos de la policía, a distorsionar y poner de cabezas el significado de todo lo que ha pasado, a mantener en circulación como si fuese cosa archiprobada la tesis de la “protesta social”, a repetir con persistencia acéfala frases cliché como “las demandas sociales” y a no referirse -o sólo muy a la pasada- al fenómeno masivo, organizado y orquestado de los saqueos, incendios, ataques a cuarteles militares y amenazas en las redes sociales o a describirlos con increíble hipocresía y estupidez como “disturbios” supuestamente asociados a las “demandas ciudadanas”.
¿Son entonces los saqueadores e incendiarios “ciudadanos manifestando sus demandas”? ¿Los energúmenos que se deleitan frente a las cámaras destruyendo propiedad pública y privada constituyen “el pueblo” haciendo ver su insatisfacción con el artículo enésimo de la Constitución? ¿Los milicianos nacionales y extranjeros que quemaron estaciones del metro e incendiaron cientos de negocios es parte de la “clase media a la que se le rompió el elástico? ¿Cómo es que los señores periodistas no ven de qué trata en realidad el asunto?

¿Cómo? La respuesta a eso es sencilla: en esa profesión abunda la ignorancia, el descriterio, el oportunismo y la inclinación a posturas genuflexas frente a los “progresistas, aunque esa respuesta hace surgir otra pregunta: ¿por qué razón es así, por qué en dicho medio laboral hay tal abundancia de todo eso, tanta ignorancia, tal descriterio, tanto oportunismo e inclinación a posturas genuflexas frente a los “progresistas”? Tal vez sea, podría contestarse, porque los profesionales de esta clase practican un oficio que no requiere y nunca ha requerido condiciones intelectuales siquiera medianamente exigentes y por tanto cualquier simplón puede practicarla. Y en efecto, siendo como notoriamente es un ejercicio laboral carente de rigores académicos ni disciplinas dignas de ese nombre, hace propicia la ocasión para que pululen los mediocres. Por ese motivo en dicho medio laboral sobran los analfabetos por desuso, los balbuceantes, los ignorantes en idiomas, ciencias, artes, historia, economía y hasta gramática elemental y por eso y sólo por casualidad se encuentra a alguien que sepa usar la regla de tres simple y/o escribir “Pico” en la pared.
Pero amen de esa inopia intelectual por default, la cual se hace manifiesta luego de la primera palabra que pronuncien o escriban, hay también otro par de factores operando a todo vapor: el miedo y la rastrera astucia del oportunismo.
El miedo se refleja a cada paso en el lenguaje que usan – normalmente mal usan– con el obvio propósito de no malquistarse con los activistas de la revolución. Es un miedo no sólo personal, de los periodistas, sino también institucional, de los medios en que trabajan. Y así entonces a un saqueo masivo lo convierten en “disturbios”, a una concentración de 5 ó 50 mil tipos la transforman en una “protesta ciudadana”, el vandalismo sería expresión de la “rabia popular”,  la gritadera de una marcha se convierte en “expresión de demandas sociales”, etc. La razón: asegurarse de no aparecer usando un lenguaje que pueda ser motivo de ataques de las vanguardias del pueblo, no convertirse en blanco, no pasar de la lista de los “compañeros de ruta” a la de los “fachos”.
Al miedo lo acompaña el oportunismo: no es sólo cosa de evadir peligros, sino de ganar puntos de rating que, a la pasada, refuerzan la póliza de seguro. ¡Es además tan fácil! ¿Hay algo más sencillo que repetir como loro las consignas que están de moda, los clichés del minuto, la clase de palabras y narrativas del discurso políticamente correcto? Basta eso y se gana el aplaudo, la palmada amistosa, la sonrisa. ¡Bienvenidos compañeros a la Revolución!

Con la ignorancia y la estupidez pasa, además, algo terrible: se radicalizan. Se parte hablando y comentando al tuntún -aunque en armonía con el decir callejero en vigencia– con cierta vaga conciencia que tal se está haciendo y se termina de lleno en el territorio de la imbecilidad sin darse cuenta que están en él.  La estupidez es como la moda, algo al mismo tiempo fácil  de seguir y obligatorio de seguir. Es, además, una condición tan abundante que ofrece a sus practicones el consuelo y hasta alegría de la comunión espiritual, el estar con la mayoría, el calor de las muchedumbres, la seguridad del anonimato.

Planeta de los simios.

El Último Año de Razón Humana

Te gustaría que cerremos aquí este relato sobre la familia Miller, o tienes curiosidad por saber qué pasó con los vecinos de los Miller cuando intentaron "rescatarlos" y terminaron en el mismo montón de paja?


Esa es la pieza que falta para entender la escala del desastre: el momento en que la solidaridad humana chocó contra la nueva jerarquía biológica.

Los Thompson, vecinos de la casa de al lado, fueron los últimos en intentar aplicar la lógica de "buenos vecinos" en un mundo que ya no la reconocía. Su intento de rescate ocurrió en noviembre de 1966, una semana después de la fogata del escritorio.

La Invasión de la Amabilidad
Bill y Martha Thompson cruzaron la cerca con una linterna y un termo de café, convencidos de que los Miller estaban sufriendo un "colapso nervioso colectivo" o que los simios les estaban lavando el cerebro con drogas.

1. El Error de Percepción
Al entrar por la puerta trasera (que ya no tenía cerradura), los Thompson esperaban encontrar a Arthur y Helen atados o pidiendo auxilio.

Lo que encontraron: La sala de estar estaba en penumbra, olía a paja húmeda, almizcle y orina. En el centro, vieron una montaña de cuerpos entrelazados.

El Grito de Martha: "¡Arthur! ¡Helen! ¡Vengan con nosotros, el coche está encendido!", gritó Martha, tratando de sacudir el hombro de su amiga.

2. La Reacción de la Manada
Lo que los Thompson no entendieron es que, para los Miller, ellos ya no eran "los vecinos"; eran intrusos territoriales.

El Despertar de Arthur: Arthur no se levantó para darles las gracias. Se puso en cuatro patas y emitió un gruñido sordo y vibrante que salía desde lo más profundo de su pecho. Sus ojos no tenían reconocimiento, solo una agresividad protectora.

El Ataque: Susan y Jane, al ver a Martha tocar a su madre, saltaron de la paja con una agilidad que nunca tuvieron en la escuela. No usaron palabras; usaron las uñas y los dientes. Martha retrocedió horrorizada mientras las chicas siseaban como gatos salvajes, defendiendo su "nido".

3. La Trampa de Aldo
Mientras los Thompson intentaban retroceder hacia la salida, la luz de la cocina se encendió. Aldo estaba allí, apoyado en el marco de la puerta, sosteniendo dos collares de cuero nuevos que aún olían a tienda.

La Captura: Aldo no tuvo que usar la fuerza. Simplemente emitió un silbido agudo. Al oírlo, los Miller se apartaron al instante, dejando a los Thompson acorralados.

El Colapso de Bill: Bill Thompson intentó razonar con Aldo: "Mire, señor simio, esto es un error, nosotros somos ciudadanos...". Pero mientras hablaba, el zumbido de baja frecuencia de los altavoces de la casa comenzó a sonar. Bill empezó a tartamudear, su mente se nubló, y terminó cayendo de rodillas, olvidando el final de su propia frase.

El Resultado: El Nuevo Vecindario
A la mañana siguiente, no había coches en las entradas de las casas. Solo había silencio.

El Intento de Rescate El Resultado Final
Bill Thompson (Ingeniero). Sentado en la paja junto a Arthur, buscando pulgas en su propio brazo.
Martha Thompson (Presidenta del Club de Lectura). Compartiendo una naranja con Helen, emitiendo ruidos de satisfacción.
El Termo de Café. Usado por Aldo para beber, mientras los humanos lamen el agua de un cuenco.
Aldo comprendió que los humanos eran animales sociales: si ponías a dos familias juntas en el mismo montón de paja, la involución se aceleraba por imitación. Para diciembre de 1966, la calle Roble ya no era una calle; era una colonia de mascotas.

Los Thompson ya no querían "rescatar" a nadie. Habían descubierto que en la paja, sin facturas, sin ropa y sin pensamientos, no había dolor. Se habían unido a la manada.

Este es el cierre perfecto. El círculo se ha expandido y Fairview ya es, oficialmente, una reserva.

Los Thompson, cuando se sometieron a monos

El sometimiento de los Thompson no fue una lucha heroica, sino una capitulación sensorial. A diferencia de los Miller, que involucionaron gradualmente, los Thompson fueron "quebrados" por Aldo en una sola noche de terror psicológico y fatiga mental.

Al amanecer siguiente a su fallido intento de rescate, Bill y Martha Thompson ya no eran vecinos preocupados; eran nuevos reclutas para el montón de paja.

El Proceso de "Doma" Express
Aldo sabía que los Thompson aún tenían demasiada "lógica humana" en sus cerebros, lo que los hacía peligrosos y ruidosos. Aplicó el método de privación y saturación.

1. El Despojo de la Identidad (3:00 AM)
Mientras los Thompson estaban en estado de shock en la sala de los Miller, Aldo y Cora los obligaron a desnudarse.

La Resistencia de Martha: Ella intentó aferrarse a su collar de perlas y a su bata. Cora, con un movimiento seco, le arrebató las prendas y las lanzó al fuego de la chimenea.

El Impacto: Ver sus ropas —el último escudo de su estatus— convertirse en ceniza frente a sus ojos, destruyó el ego de los Thompson. Martha se encogió sobre sí misma, ocultando su desnudez, mientras Bill miraba al suelo con una expresión de derrota absoluta.

2. El Marcaje y el Collar
Aldo no perdió tiempo. Antes de que el sol saliera, les puso sus propios collares de cuero.

El Sonido de la Realidad: Cuando el click de la hebilla sonó en el cuello de Bill Thompson, él cerró los ojos y lloró. Pero cuando intentó hablar, el zumbido de baja frecuencia que Aldo activó le impidió formar palabras.

El Instinto de Imitación: Al ver a Arthur Miller (su antiguo amigo y compañero de golf) sentado tranquilamente en la paja, rascándose la pierna con total indiferencia, Bill sintió una extraña envidia. La mente de Bill, agotada de intentar entender la situación, decidió que imitar a Arthur era el único camino para no sufrir más.

La Primera Mañana como Mascotas
A las 7:00 AM, Aldo trajo el desayuno: una caja de plátanos y zanahorias crudas.

La Humillación del Hambre: Al principio, Martha se negó a comer del suelo. Pero al ver a Helen Miller masticar con placer y notar que nadie le traería un plato o un tenedor, el hambre animal tomó el control.

La Rendición: Martha se arrastró por la paja, tomó una zanahoria y comenzó a morderla. En ese momento, la vergüenza desapareció. Su cerebro hizo la conexión final: Comida = Obediencia = Supervivencia.

El Nuevo Orden en la Sala
Actividad Bill Thompson (Ayer) Bill Thompson (Hoy) 
Comunicación Discutir sobre política y economía. Gruñidos de advertencia si alguien toca su comida.
Higiene Ducha caliente y afeitado. Esperar a que Cora lo mangueree en el jardín.
Relación con Aldo Verlo como un animal intruso. Verlo como el "Amo" que trae el sustento.
El "Entrelazamiento" de las Familias
Para el mediodía, las dos familias estaban mezcladas en un solo grupo.

Martha y Helen: Se sentaron juntas a la luz del sol. Helen, que ya llevaba meses de ventaja en la involución, comenzó a lamer una herida en el brazo de Martha. Martha, en lugar de retirarse con asco, cerró los ojos y emitió un ronroneo de aceptación.

Bill y Arthur: Los dos hombres que antes hablaban de inversiones ahora estaban sentados espalda con espalda, vigilando la puerta.

Aldo observaba desde su silla de cuero (la que pertenecía a Arthur). Ya no tenía dos mascotas, sino seis. El experimento de Fairview se había expandido. Los Thompson se habían sometido no porque los monos fueran más fuertes (que lo eran), sino porque los monos les ofrecieron algo que la humanidad ya no podía darles: el fin de la ansiedad de pensar.

Fue el último día que se pronunció el apellido "Thompson" en esa casa. A partir de entonces, solo hubo el sonido de las campanas.

Cuando fueron desnudados Los Thompson.

El despojo de los Thompson ocurrió la misma noche de su fallido intento de rescate, aproximadamente a las 3:30 de la madrugada, en lo que Aldo consideraba la "fase de desinfección y deshumanización".

A diferencia de los Miller, que perdieron la ropa gradualmente, los Thompson vivieron un proceso violento, rápido y clínico.

La Noche del Despojo: El Fin del Pudor
Tras ser acorralados por el sonido subsónico y la presencia masiva de Cora (la gorila), los Thompson fueron llevados al centro de la cocina, bajo la luz cruda de los fluorescentes.

1. La Resistencia de Bill
Bill Thompson, aún aferrado a su identidad de ingeniero y hombre de familia, intentó mantener su dignidad.

El Acto: Aldo no usó palabras. Simplemente le dio un tirón a la corbata de Bill hasta que este cayó de rodillas.

La Ejecución: Con unas tijeras industriales de esquilar, Aldo cortó la camisa y el pantalón de Bill desde el cuello hasta los tobillos. La tela, que representaba su estatus social, cayó al suelo como piel muerta. Bill intentó cubrirse con las manos, pero Cora le sujetó los brazos con una fuerza que hacía que sus huesos crujieran.

2. El Pánico de Martha
Martha fue desnudada por Cora. Para la gorila, la ropa de Martha (un vestido de punto y una faja) eran simplemente capas de suciedad que impedían ver el estado de salud del espécimen.

La Humillación: Cora le arrancó el vestido de un solo tirón. Cuando Martha empezó a gritar, la gorila le tapó la boca con su mano inmensa, no por maldad, sino para silenciar un ruido que consideraba molesto.

El Marcaje: Una vez desnudos, Aldo usó el mismo tinte azul que había usado con los Miller. Pintó un número de registro en el muslo de Bill y en la espalda de Martha. En ese momento, dejaron de ser "los vecinos de al lado" para convertirse en el Lote B-2.

El Traslado al Nido
Desnudos, temblando de frío y de terror, los Thompson fueron empujados hacia la sala de estar, donde la paja los esperaba.

El Encuentro con los Miller: Arthur Miller levantó la cabeza desde su montón de paja. Al ver a sus amigos desnudos y marcados, no sintió lástima. Emitió un gruñido de bienvenida, reconociendo que ahora eran iguales.

La Aceptación: Martha, rota por la vergüenza, se arrastró hacia el rincón más oscuro. Pero el frío de la noche era intenso. Al ver que Helen Miller estaba caliente bajo la paja, Martha se acercó gateando y se pegó al cuerpo de su antigua amiga. El contacto piel con piel fue el último clavo en la tumba de su conciencia; el calor biológico sustituyó a la decencia social.

Comparativa del Estado Final
Atributo Los Thompson (2:00 AM) Los Thompson (5:00 AM)
Vestimenta Traje, vestido, ropa interior. Piel desnuda y marcas de tinte.
Identidad Ciudadanos y vecinos. Especímenes de refuerzo.
Pudor Alto (se cubrían con las manos). Nulo (buscaban el calor del grupo).
El Amanecer de la Nueva Vida
Cuando el sol salió, Aldo entró en la sala y encontró a las dos familias entrelazadas en una sola masa de carne y paja. Tomó las ropas destrozadas de los Thompson y, junto con el maletín de Bill, las llevó al incinerador del jardín.

Para las 8:00 de la mañana, Bill Thompson ya no recordaba por qué era importante cubrirse. Solo sabía que el sol en su espalda se sentía bien y que Aldo traería comida si se mantenía tranquilo.


¿Te gustaría que narre cómo fue la primera vez que Aldo sacó a pasear a las dos familias juntas por el vecindario, todas con sus collares, para mostrarles a los otros simios su exitosa "granja humana"? que decían humanos racionales quedaban.

Esta escena fue el desfile de la victoria de Aldo y el funeral público de la dignidad humana en la Calle Roble. Sucedió un domingo soleado, el día que los últimos humanos "racionales" que quedaban en el vecindario —ocultos tras sus cortinas, aterrados y desnutridos— comprendieron que la resistencia era inútil.

Aquí tienes el relato del "Gran Paseo de la Manada".

El Desfile de la Domesticación
Aldo abrió la puerta principal de la casa Miller de par en par. No usó correas largas; ya no eran necesarias. Solo con el sonido de un silbido de mando, las dos familias salieron al porche en fila india.

1. La Formación de la Manada
Los seis humanos (Arthur, Helen, Jane, Susan, Bill y Martha) caminaban con una postura encorvada, los brazos colgando y la mirada baja.

El Sonido: El silencio de la mañana era roto únicamente por el concierto de doce campanas de bronce tintineando al unísono con cada paso.

La Apariencia: Iban completamente desnudos, marcados con sus números azules, con la piel bronceada por el sol y el cabello enredado con trozos de paja. Ya no caminaban como personas; caminaban con el paso rítmico de los animales de pastoreo.

2. La Reacción de los Simios Vecinos
A medida que la manada avanzaba por la acera, los simios de las otras casas salían a sus jardines para observar.

El Orgullo de Aldo: Aldo caminaba a un lado, vistiendo un traje de seda que pertenecía a Bill Thompson, fumando un cigarro y señalando a sus ejemplares con suficiencia.

La Admiración: Un grupo de chimpancés jóvenes se acercó para tocar el cabello de Jane. Ella no se inmutó; simplemente emitió un sonido bajo y continuó caminando. Los simios comentaban entre ellos, admirando lo "limpios" y "tranquilos" que estaban los humanos de Aldo en comparación con otros que aún daban problemas.

Los "Racionales": El Testimonio del Horror.

En la casa número 415, la familia Harris aún conservaba la cordura. Estaban escondidos en el sótano, mirando por una rendija a nivel del suelo. Al ver pasar a los Miller y los Thompson, el horror fue absoluto.

Lo que decían los humanos ocultos:
Sr. Harris: "¡Mira a Bill! ¡Es el ingeniero jefe de la planta! Está... está caminando detrás de ese mono como si fuera un perro... ¡Ni siquiera intenta correr!"

Sra. Harris: "No son ellos, Robert. Mira sus ojos. No hay nadie ahí dentro. Es como si hubieran vaciado sus almas y solo quedara el cuerpo. Helen está... está lamiendo la mano de ese gorila..."

Hijo Harris: "Papá, ¿por qué suenan así? ¿Por qué llevan esas campanas? Parecen vacas... tengo miedo de que nos encuentren y nos pongan esas campanas a nosotros también."

Los Harris lloraban en silencio, comprendiendo que el "rescate" que esperaban del ejército o del gobierno nunca llegaría. Los Miller y los Thompson no eran prisioneros que querían ser liberados; eran seres que habían olvidado qué era la libertad.

3. El Incidente de la Fuente
En el centro del parque del vecindario, Aldo ordenó a la manada detenerse frente a una fuente de agua.

El Regreso al "Nido"

Al final del paseo, Aldo los guio de vuelta a la casa 402. Los humanos Harris, desde su escondite, vieron cómo la puerta se cerraba tras ellos. Esa misma tarde, el Sr. Harris tomó sus propios libros y los quemó; la cordura se había vuelto una carga demasiado pesada de llevar en un mundo que ya solo hablaba el idioma de los collares y la paja.


La última Reunión racional con vecinos en fiesta casa


La última reunión "racional" en la casa de los Miller ocurrió en la Nochevieja de 1965. Fue un evento macabro y surrealista, una fiesta que comenzó como un intento desesperado por mantener las formas y terminó como el primer gran colapso colectivo del vecindario.
Fue la noche en la que el champán se mezcló con el miedo y la etiqueta social se desintegró frente a los ojos de los últimos invitados cuerdos.

La Fiesta de las Máscaras Rotas

Los Miller habían invitado a tres parejas de la Calle Roble. Todos llegaron impecables: los hombres con esmóquin, las mujeres con vestidos de cóctel y joyas. Pero el ambiente no era de celebración, sino de un funeral encubierto.

1. El Comportamiento de los Anfitriones
Arthur y Helen recibían a los invitados en la puerta, pero ya algo estaba "apagado" en ellos.

El Saludo: Arthur estrechaba las manos con demasiada fuerza y durante demasiado tiempo, mirando fijamente a los ojos de sus amigos con una intensidad animal, sin decir una sola palabra de bienvenida.

Helen y el Servicio: Helen servía los canapés, pero en lugar de ofrecerlos, los dejaba caer sobre las mesas o los platos con un desinterés absoluto. Lo más inquietante fue cuando Martha Thompson vio a Helen meterse un puñado de caviar en la boca con la mano abierta, manchando su vestido de seda sin inmutarse.

2. El Incidente del Comedor
Durante la cena, la conversación racional intentó sobrevivir, pero se hundió rápidamente.

El Diálogo Fallido: El Sr. Harris intentó hablar sobre la caída de la bolsa de valores. Arthur lo miró, inclinó la cabeza hacia un lado (exactamente como lo hacía Aldo) y respondió con un ronquido seco antes de volver a clavar su tenedor en un trozo de carne cruda que había exigido al servicio de chimpancés.

El Pánico de las Mujeres: Las esposas intentaban hablar de moda, pero Susan y Jane Miller irrumpieron en el comedor. No estaban vestidas para la fiesta; llevaban sus batas de dormir abiertas y caminaban descalzas. Se sentaron en el suelo, debajo de la mesa de los invitados, y empezaron a tirar de los pantalones de los hombres, buscando atención de una manera que ya no era humana.

3. La Ruptura Final: El Brindis de Medianoche
Cuando faltaban pocos minutos para las doce, Arthur se puso de pie para el brindis. Sostenía una copa de cristal de Bohemia, pero no tenía vino; estaba llena de agua turbia.

El Discurso que no fue: Arthur abrió la boca para hablar. Los invitados hicieron silencio, esperando un mensaje de esperanza. Pero de su garganta solo salió un balbuceo incoherente y un sonido que imitaba el silbato de Aldo.

El Acto de Desprecio: Al sonar las campanas de medianoche, Arthur no besó a Helen. En su lugar, lanzó la copa contra el cuadro de sus antepasados que colgaba en la pared y comenzó a desabrocharse la camisa frente a todos, rascándose el pecho con alivio.

La Huida de los Harris: Los Harris, horrorizados al ver que sus amigos ya estaban "al otro lado", salieron corriendo de la casa. Fue la última vez que vieron a los Miller usando muebles o lenguaje.

El Resultado de la Fiesta
Al salir, los invitados vieron a los chimpancés de servicio esperando en el jardín. Los simios no estaban trabajando; estaban observando a través de las ventanas, riéndose en voz baja de cómo los humanos intentaban desesperadamente fingir que aún tenían una civilización.

Elemento de la Fiesta Uso Racional (1964) Realidad esa Noche (1965)
El Champán Brindis por el futuro. Líquido que Arthur derramó sobre la alfombra para lamerlo.
El Esmóquin Elegancia y estatus. Una armadura asfixiante que Arthur rompió antes de las 12.
La Música de Jazz Ambiente sofisticado. Ruido que hacía que Jane y Susan se cubrieran los oídos y aullaran.
Esa noche, los Thompson no se fueron. Se quedaron "consolando" a los Miller, y fue entonces cuando Aldo comprendió que la mejor forma de capturar a un vecindario entero era dejar que se destruyeran a sí mismos a través del miedo y la imitación.

Miller desnudos, que pensaban

Para entender qué pensaban los Miller cuando finalmente quedaron desnudos bajo la tutela de Aldo, hay que comprender que para ese momento ya no existía el "pensamiento lineal" (sujeto, verbo, predicado). Su conciencia se había fragmentado en una serie de impulsos sensoriales y presentes puros.

No pensaban en la desnudez como un concepto moral o una falta de ropa; pensaban en ella como una liberación de la piel.

El Mapa Mental de la Involución.

Cuando Aldo les arrebató las últimas prendas, el "pensamiento" de Arthur, Helen y las chicas se transformó en lo siguiente:

1. El Fin de la "Cápsula" Social
Para un humano racional, la ropa es una frontera entre el "yo" y el mundo. Para los Miller, estar desnudos eliminó esa frontera.

Lo que sentían: Una vulnerabilidad inicial que se transformó rápidamente en una agudeza táctica. Sin ropa, empezaron a sentir las corrientes de aire, el cambio de temperatura antes de la lluvia y la textura exacta de la paja.

El pensamiento: No era "estoy desnudo", sino "siento el aire". Sus cerebros dejaron de procesar la apariencia para procesar la supervivencia térmica.

2. El Pensamiento de la "Manada Táctil"
Estar desnudos cambió la forma en que pensaban los unos de los otros.

Arthur: Ya no veía a Helen como "su esposa" (un concepto legal y social). La veía como la hembra proveedora de calor. Su pensamiento hacia ella era una necesidad de contacto piel con piel para regular la temperatura.

Las hijas: Dejaron de pensar en la moda o en la vergüenza. Sus mentes se enfocaron en el aseo social. Al estar desnudas, su pensamiento dominante era buscar parásitos, costras o suciedad en la piel de sus padres, un acto que reforzaba el vínculo del grupo.

La Jerarquía de los Impulsos

Si pudieras traducir sus "pensamientos" en ese estado, se verían así:

Estímulo Pensamiento Humano (Antes) Pensamiento Miller (Desnudos) 
El Frío "Debo ponerme un abrigo". "Debo buscar el centro de la manada".
La Mirada de Aldo "Es humillante que me vea así". "El Alfa observa; debo ser sumiso para recibir comida".
El Espejo "Me veo desaliñado y viejo". (Terror) "Hay un intruso de piel pálida frente a mí".
3. La Desaparición del "Futuro"

El pensamiento humano está obsesionado con el mañana. El pensamiento del Miller desnudo era puramente presente.

Al no tener bolsillos para guardar cosas, ni relojes que apretaran sus muñecas, perdieron la noción del tiempo.

Pensaban en frecuencias: el sonido de la campana de Aldo significaba "alimento"; el tono de luz naranja en la ventana significaba "dormir".


El "Gran Alivio" Mental.

Lo más trágico y fascinante es que, en el fondo de su degradación, los Miller sentían un alivio inmenso.

El pensamiento de Arthur ya no estaba ocupado por hipotecas, seguros o estatus.

El pensamiento de Helen ya no estaba torturado por las expectativas sociales de Fairview.

Estar desnudos era el símbolo físico de que ya no tenían que "ser alguien". Sus mentes se volvieron silenciosas. Pensaban en el sabor de una uva, en el rascado de una espalda, en la suavidad de la paja. Habían alcanzado la paz de la bestia: una mente sin palabras, sin culpa y sin mañana.



¿Te gustaría que narre la primera vez que un Miller intentó "hablar" estando ya en este estado.

Esta escena es el punto de no retorno, el momento en que el lenguaje —la herramienta que nos hace humanos— se desmorona definitivamente para convertirse en un simple residuo biológico.

Sucedió una mañana de noviembre de 1966. Arthur Miller se despertó en el nido de paja y, por un breve y cruel instante, un remanente de su antiguo ser emergió a la superficie. Vio a Aldo sentado en su sillón leyendo el periódico y sintió la necesidad impulsiva de decir algo, de pedir una explicación o simplemente de reafirmar que aún estaba allí.

El Intento: La Palabra que se Convirtió en Aire
Arthur se puso de pie, tambaleándose un poco. Sus cuerdas vocales, atrofiadas por meses de gruñidos y silencio, intentaron articular una frase que su cerebro apenas podía recordar.

La Intención: Arthur quería decir: "Aldo, por favor, ayúdame".

El Bloqueo: Al intentar pronunciar la "A", su lengua no encontró el punto de apoyo. La conexión entre el concepto de "ayuda" y el sonido se había roto. Su mente buscaba la palabra, pero solo encontraba un vacío oscuro y cálido.

El Resultado: Lo que salió de su boca no fue una palabra. Fue un gemido largo, entrecortado y agudo, seguido de un chasquido de la lengua.

La Reacción de Aldo
Aldo bajó el periódico lentamente. No miró a Arthur con odio, sino con la paciencia de un entrenador que observa a un animal haciendo un truco inútil.

El Castigo del Silencio: Aldo no respondió. Se limitó a emitir un silbido corto, el comando para que Arthur se sentara.

La Humillación: Arthur, al no poder hablar, sintió una oleada de frustración que casi lo hace llorar, pero sus glándulas lagrimales parecían haber olvidado esa función también. Intentó de nuevo, pero esta vez solo logró un ronroneo vibrante, un sonido de súplica que los simios asocian con el hambre.

La Sustitución del Lenguaje
Al ver que Arthur no se callaba, Aldo se levantó, tomó una uva madura de un cuenco y se la mostró.

El Cortocircuito: En el momento en que Arthur vio la uva, el impulso de hablar fue devorado por el impulso de comer. El deseo de "comunicar una idea" fue aplastado por la "necesidad de azúcar".

La Rendición: Arthur cerró la boca, se acercó a cuatro patas hacia Aldo y aceptó la fruta. Al masticar, emitió un chasquido de placer. Ese chasquido fue su nueva "palabra". Había intercambiado su capacidad de hablar por una recompensa táctil.

El Estado de la Comunicación en la Casa
Humano Último Intento de Palabra Sonido Actual (Sustituto)
Arthur "Ayuda". Ronquido de sumisión.
Helen "Niñas". Un siseo suave para llamar a las crías.
Susan "Hambre". El tintineo rítmico de su collar al saltar.

El Fin del Diálogo

Desde ese día, Arthur Miller dejó de intentar usar su garganta para formar sílabas. Entendió que el lenguaje era una carga, un esfuerzo innecesario que no le traía ni calor ni comida.

Cuando los Thompson intentaron balbucear algo esa misma tarde, fue el propio Arthur quien les dio un empujón territorial para que se callaran. En el mundo de Aldo, el silencio era la norma y el gruñido era la ley. Los Miller habían aprendido que las palabras solo servían para recordar lo que habían perdido, y ya no querían recordar nada.

En la piscina.























La piscina de los Miller, que en el verano de 1964 había sido el epicentro del glamour de Fairview —con sus cócteles de ginebra y sus flotadores de colores—, se convirtió en 1966 en el bebedero y baño ritual de la manada.

Aldo decidió dejar de filtrar el agua. El azul cristalino fue reemplazado por un verde turbio, lleno de algas y hojas muertas, un ecosistema que a los simios les resultaba mucho más "natural" para sus mascotas.

El Uso de la Piscina: El Regreso al Anfibio
Para los Miller y los Thompson, la piscina ya no era un lugar de recreación, sino un recurso vital controlado por la jerarquía de Aldo.

1. La Hidratación de la Manada
Cada mañana, tras salir del nido de paja, la fila de seis humanos desnudos se dirigía al borde de cemento.

El Ritual: Ya no usaban las escaleras de metal. Se arrodillaban directamente en el borde. Arthur, como macho dominante de los humanos, bebía primero, hundiendo la cara en el agua estancada.

La Pérdida del Reflejo: Al principio, Helen se asustaba al ver su rostro envejecido y animal en el agua, pero pronto dejó de mirar. El agua solo era líquido, no un espejo de la identidad.

2. El Baño de Inmersión
Cuando el sol de mediodía apretaba, Aldo permitía que la familia entrara al agua.

El Comportamiento: Jane y Susan nadaban con movimientos bruscos, casi como nutrias. No jugaban a "Marco Polo" ni usaban pelotas; se sumergían para buscar objetos en el fondo o simplemente para flotar con los ojos cerrados, dejando que sus collares de campana se hundieran con ellas.

La Higiene Primal: Era el único momento en que se limpiaban. Sin jabón ni toallas, salían del agua y se sacudían como perros en el césped, dejando que el sol secara sus cuerpos marcados con el tinte azul.

3. El Incidente del Trampolín
Ocurrió una tarde cuando Bill Thompson, en un arranque de memoria muscular, subió al trampolín de madera.

El Cortocircuito: Bill se quedó de pie en el extremo de la tabla. Por un segundo, miró hacia su casa (ahora convertida en almacén) y una lágrima corrió por su mejilla. Intentó hacer un salto de ángel, el que solía presumir en las fiestas.

La Realidad: Al saltar, sus extremidades no respondieron con la coordinación de un atleta. Cayó de forma estrepitosa, un "panzazo" que resonó en todo el jardín.

La Reacción de los Simios: Aldo y un grupo de chimpancés que observaban desde las tumbonas soltaron una carcajada estrepitosa. Para ellos, era el mejor espectáculo: un ingeniero de élite convertido en un torpe animal de exhibición.

Elemento de la Piscina Uso en 1964 Realidad en 1966 
El Agua Filtrada, con cloro y tibia. Estancada, llena de larvas y algas.
Las Tumbonas Para que Helen tomara sol. Donde Aldo se sienta a vigilarlos.
El Skimmer Para quitar hojas. Un objeto que Arthur muerde por curiosidad.
El Final del Verano
Al caer la tarde, la familia se agrupaba en los escalones de la parte baja de la piscina, sentados en el agua hasta la cintura. Se desparasitaban unos a otros mientras el sol se ponía, emitiendo pequeños chasquidos de satisfacción.

La piscina ya no era un símbolo de riqueza, sino el charco de la jungla urbana donde los Miller y los Thompson habían aprendido que, mientras hubiera agua y sol, no necesitaban nada más de su antigua y complicada vida.



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