sábado, 2 de noviembre de 2019

Demandas sociales”, “rabia ciudadana”, etc…



Demandas sociales”, “rabia ciudadana”, etc…


Necio rematado habría que ser para dar crédito a la versión de que los acontecimientos de estos días, ensayo general de un estallido insurreccional,  obedecen a un “clamor ciudadano” despertado por un alza del Metro que entraña unos 300 pesos extras a la semana, menos de lo que cuesta un tarro de Coca-Cola. Y no menos ingenuo es quien crea que hay otras demandas acumuladas de las que dicha alza sería el fulminante. Esta última es la versión oficial de la izquierda y de toda laya de opositores al gobierno, pero, aunque suena más convincente, tampoco resiste análisis.

Aun así muchos la aceptan y ya se habla de la “batalla de Santiago” y/o de “protestas sociales y ciudadanas”, como así lo hace también la llamada prensa de derecha – de propiedad de gente de derecha pero manejada por gente de izquierda–, la cual se esmera por ser políticamente correcta -¡no les vaya a tocar a ellos la próxima vez!– y describe los hechos como propios de una “intensa jornada”, véase Emol.  De modo similar se expresa el progresismo; en ambos casos se asume que una entelequia imaginaria, “el pueblo” o la “ciudadanía” ha salido a las calles a hacer sentir su molestia.

Dicha versión de una ciudadanía molesta saliendo a la calle a expresar su disgusto no resiste análisis; la destruye el sólo catálogo de las imágenes de los “combatientes”  incendiando organizadamente, con aceleradores químicos, 19 estaciones del metro, amen de los saqueos perpetrados por lumpen, delincuentes y “dueñas de casa”, los buses en llamas, el incendio del edificio corporativo de Enel y como preludio a todo eso la saña con que colegiales fuera de sí, la “vanguardia” de la algarada, han destruido las instalaciones del Metro; nada de todo eso habla  del “pueblo” haciendo ver su molestia, sino de un evento organizado en todos sus detalles, con activistas y cronogramas, con planeación y fría determinación, con asistencia de venezolanos de la policía política de dicho país, pero además directa o indirectamente promovido, fomentado, incentivado o al menos aplaudido y vitoreado no sólo hoy sino desde hace años por sectores del “progresismo”, en el cual reina, tras la hipócrita simulación de consternación por los daños, tal júbilo y satisfacción por lo sucedido y por suceder que hemos visto en CNN a una congresala de dicho sector describiendo los hechos como “hermosos”.

¿Cuál ha sido la mecánica de estos acontecimientos, los factores que han hecho posible esta insurrección fríamente calculada para hacer tambalear al gobierno?


La explicación favorita de la izquierda -la cual han usado siempre para un barrido y un fregado– es de que se ha acumulado la rabia y frustración de una inmensa masa de gente al borde de la inanición y que al fin decidió salir a la calle a hacer ver su descontento y expresar sus demandas desoídas haciendo uso de sus derechos ciudadanos. Pero, ¿es acaso esa la situación de Chile, la nación con el más alto PGB de América Latina? ¿Realmente la gente se está cayendo muerta de hambre? ¿Nadie salvo un puñado de jóvenes privilegiados pueden estudiar y llegar a la universidad? ¿Vemos en las calles a miles de patipelados? Claramente no es el caso. Notoriamente Chile no es Haití o Venezuela, ni tampoco Siria. Pero entonces, ¿qué somos y cuál es la causa?

Es verdad que en Chile hay una gran fracción de la población que puede NO estarse muriendo de hambre ni sufriendo penalidades atroces,  pero SÍ está demasiado endeudada, sufre percances económicos, ha perdido pegas u oportunidades y han llevado y llevan vidas poco satisfactorias y/o al borde del fracaso y hasta el desastre; hablamos de profesionales sin clientes, de comerciantes a los que les va mal, de enfermos graves sin atención oportuna, de rezagados de toda laya, de empleados hastiados, de deudas impagas  aunque también de zánganos incapaces de hacer nada por sí mismos, salvo estirarle la mano a sus padres y al Estado y proclamarse como víctimas de injusticias; hablamos de quienes no llegaron ni jamás llegarán donde querían, de resentidos en todos los grados, de marginales, de enrabiados, de emputecidos. Y ciertamente esta parte de la población es siempre numerosa. Bien dice la Biblia: muchos son los llamados, pero pocos los elegidos. En una sociedad consumista, exitista y materialista el no estar en la cumbre o al menos cerca de ella encona hasta la pepa del alma.

Todo eso, sin embargo, no puede ser una explicación de lo que sucede hoy en el país porque es una constante sociológica; en efecto, siempre hay una masa iracunda deseosa de pasar facturas y cobrar venganzas y siempre hay una parte de la población con su rabia a medio hervor, pero por lo mismo dicha permanencia es incapaz de explicar un evento particular, distinto, específico. Una condición NO ES una causa de la misma manera y por la misma razón que la construcción en madera de una casa no es causa de tal o cual incendio que un mal día se desate en ella. Para explicar un evento específico se requieren causas también específicas. Y una de esas causas específicas es que alguien ha agitado y canalizado esas fuerzas del descontento, la frustración y la ira.

Los que abrieron la puerta y los invitaron a pasar…

El descontento no sale ni ha salido por su cuenta y propia voluntad a la calle ni es tampoco el que ha sistemáticamente iniciado incendios de gran envergadura ni saqueado a destajo. El descontento es un estado de ánimo que no congrega ni organiza solo; no ha sido ni es el caso de que miles de personas decidan espontánea y simultáneamente que tal o cual día se van a congregar y luego echar abajo una estación del Metro. El descontento existe privadamente, pero se lo hace existir de modo público cuando hay un agente que lo convoca, lo congrega, lo organiza, manipula y lo desata; es incitado y organizado con una cadena de mando que parte en dirigentes cupulares de organizaciones políticas, luego pasa desde ahí a niveles intermedios y alcanza finalmente las diligencias  estudiantiles usadas para estos efectos del mismo modo como los narcotraficantes usan a sicarios de 15 años para los suyos. Se requieren meses para todo eso. No de la noche a la mañana se prepara mentalmente para “la lucha” a niñitos que aun no saben ni  limpiarse el poto; primero han de ser adoctrinados, persuadidos, palmoteados y ensalzados mientras a la vez se les prometen carreras políticas y se les hace creer en su importancia; se lleva a cabo todo lo necesario para que sientan que sus vidas tienen sentido SIEMPRE Y CUANDO sigan las instrucciones y órdenes que los convertirán en importante agentes de la renovación de la galaxia.

También ha ayudado a abrir esa puerta el clima mental impuesto en un proceso de años por la izquierda de Chile, el discurso políticamente correcto que lo destruye todo y lo justifica todo y a la pasada le ha dado nueva vida, en sectores estudiantiles, a la mitología marxista. Esto último ha sido posible yb preparado por la acción de procesos impersonales de cambio social tales como  la casi total pérdida de control en la formación de las nuevas generaciones, al delirante sentimiento de la juventud de  tener derecho a todos los derechos, a una mentalidad hedonista que no tolera los esfuerzos y penalidades ni menos las desigualdades aun si estas se originan en inevitables y naturales diferencias, a un impulso masivo, feroz, implacable e incesante de asociar el éxito personal a niveles de consumo que sólo pueden alcanzarse a base del endeudamiento y que aun así, si son alcanzados, parecen insuficientes, mezquinos, a todo lo cual se agrega al derrumbe de los valores de la sociedad tradicional, el respecto por la ley y autoridad, etc, etc.

Y los que no cerraron esa puerta…

Tal vez, sin embargo, la causa más directa y eficiente de los incidentes de estos días ha sido la nula voluntad del ejecutivo por cumplir en el momento debido, a tiempo e integralmente, con el primer y más básico deber de todo gobierno pasado, presente o futuro, a saber, mantener el orden público. Eso se ha manifestado en su fracaso en la lucha contra la delincuencia, a la cual iba a “derrotar”, así como en su virtual rendición a la CAM, en su inexistente acción en los sectores Norte del país en los que cunde el sentimiento separatista entre comunidades indígenas que sin duda repetirán el libreto de la CAM, en su fracaso frente al narcotráfico que se ha apoderado de enteras poblaciones y en su extrema debilidad para reprimir y sancionar hechos como los del Metro cuando recién se iniciaban. El gobierno, en su inacción, en su miedo al que dirán de la izquierda y los organismos internacionales, en su tonta creencia que podía “abuenarse” con el progresismo, ha dejado que todo foco de incendio que debió y sólo podía controlarse a ese nivel, como foco, creciera y se convirtiera en una deflagración en gran escala. No ha habido ni hay ese ”estallido social” que cacarean las izquierdas, sino un incendio iniciado en un terreno altamente combustible por incendiarios profesionales a cuya acción se ha sumado la inacción de quienes debían apagarlo.

¿Qué viene ahora?

Tal vez, al fin, el gobierno comience a reaccionar como es debido. La gente decente -catalogada de “fascistas pobres” por algunos imbéciles– ya lo está haciendo y se organiza para defender no sólo sus barrios y casas, sino a los negocios que los suplen y atienden. Todo el que ha podido ha ido a su pega. Grupos de vecinos se juntan para retirar escombros de las “barricadas”.  Los militares y los carabineros son aplaudidos, vitoreados, felicitados. Tal vez no sea demasiado tarde, pero tampoco queda demasiado tiempo para una reacción firme contra quienes directa o indirectamente crean, fomentan o apoyan con un lenguaje sibilino e hipócrita toda situación que debilite al gobierno aunque a la pasada dañe a la población, a esa “ciudadanía” que tanto citan y mentan.



Planeta de los simios.



El Último Año de Razón Humana de una Familia.


Cuando los simios decidieron bañar a miller ya no en los baños si no jardín, y despues poner poca ropa.

Este momento marcó la transición de "familia desorientada" a "especímenes de exhibición". Para los simios, los baños de la casa Miller eran espacios ineficientes: demasiado pequeños, con tuberías que los humanos ya no sabían usar y difíciles de desinfectar.

La decisión de Aldo y Cora fue puramente logística: el jardín se convirtió en el pabellón de higiene.

La Abolición del Cuarto de Baño.

Una mañana de agosto, Aldo cerró con llave las puertas de los baños de la planta alta. Arthur había intentado usar el lavabo para beber agua directamente del grifo y terminó inundando el pasillo. La infraestructura de la civilización era demasiado compleja para ellos.

1. El Baño de Manguera: La Humillación del Agua.

Cora, la gorila, sacó a los cuatro miembros de la familia al centro del césped.

El Ritual: Con una manguera industrial de alta presión, Cora comenzó a rociarlos uno por uno. El agua fría golpeaba sus cuerpos desnudos.

La Reacción de Arthur: Al principio, el antiguo ejecutivo intentó cubrirse, un último reflejo de pudor. Pero el chorro de agua era tan fuerte que terminó rindiéndose, quedándose de pie con los brazos caídos, dejando que el agua le limpiara la suciedad del jardín.

El Juego de las Hijas: Jane y Susan, por el contrario, empezaron a saltar y a tratar de morder el chorro de agua. Para ellas, el baño ya no era una norma social de limpieza, sino un estímulo sensorial. Reían de forma gutural mientras el agua les empapaba el cabello desaliñado.

2. El Jabón Industrial.

Ya no había aceites perfumados ni sales de baño de Helen. Cora usaba un jabón desinfectante de olor fuerte y acre, similar al que se usa en las caballerizas.

Con un cepillo de cerdas duras, los simios tallaban la espalda de Arthur y Helen. Los humanos aceptaban el contacto físico con una pasividad aterradora; el cepillado les resultaba placentero, casi como un masaje de aseo entre primates.

El Nuevo Concepto de "Ropa": El Tinte y el Trapo

Después del baño, bajo el sol del mediodía para que se secaran al aire, los simios decidieron que los Miller necesitaban una "vestimenta de control". Ya no eran vestidos de seda o trajes de lana, sino algo mucho más rudimentario.

3. La "Poca Ropa" de los Miller

Aldo apareció con una cesta de trozos de lona tosca, de color grisáceo, sin costuras ni botones.

El Tanga de Lona: A cada uno le pusieron un trozo de tela amarrado con una cuerda de cáñamo alrededor de la cintura. Era lo mínimo para evitar infecciones y facilitar el manejo.

El Marcaje: Aldo usó un tinte azul para pintar un número en el hombro de cada miembro de la familia. Así, aunque se alejaran o se mezclaran con otros humanos en el futuro, serían identificables.

Prenda Anterior (1965) Prenda Actual (Agosto 1966) Función 
Ropa interior de encaje / Slips. Tapa-rabos de lona áspera. Higiene básica.
Medias de cristal / Zapatos. Desnudez total de pies a cabeza. Tracción y contacto con el suelo.
Camisas almidonadas. Piel desnuda con marcas de tinte. Identificación de propiedad.
La Imagen Final del Jardín

Al terminar el proceso, los cuatro Miller se quedaron parados en el césped, goteando agua, vestidos solo con sus trozos de lona y sus collares con campanas. Aldo los miró con orgullo desde el porche, mientras fumaba una pipa de la colección de Arthur.
La familia Miller ya no parecía una familia de los suburbios; parecían un grupo de animales de carga en su día de descanso. Arthur se rascó la marca de tinte en su hombro, miró a su esposa y, por primera vez, no intentó decirle nada. Simplemente se sentó en la tierra húmeda a esperar que el sol lo secara.

Esta escena es el réquiem de la civilización en Fairview. El testigo fue Robert Hayes, el antiguo cartero del vecindario, un hombre que se aferraba a su uniforme y a su ruta de entregas como si el cumplimiento del deber pudiera detener la marea de la estupidez humana.

Era una tarde de septiembre, y Robert era uno de los últimos humanos en el suburbio que aún podía leer una dirección y articular una frase completa.

El Encuentro en la Cerca de los Miller

Robert caminaba por la acera, evitando mirar a los chimpancés que ahora conducían las podadoras de césped. Al llegar a la casa de los Miller, se detuvo en seco. El silencio de la calle fue roto por un sonido que no pertenecía a un hogar humano: el tintineo rítmico de varias campanas de bronce.

1. La Visión del Horror.

A través de los arbustos de ligustrina, Robert vio a la familia que conocía desde hacía diez años.

Arthur y Helen: Estaban sentados en cuclillas sobre la tierra húmeda del jardín. Sus pieles, antes protegidas por telas finas, estaban curtidas por el sol y marcadas con esos números azules de tinte en los hombros. Ya no hablaban; Arthur estaba concentrado en morder una corteza de árbol, buscando savia, con una mirada de absoluta vacuidad.

Las Hijas: Jane y Susan jugaban a perseguirse entre los rosales, desnudas excepto por sus collares y los trozos de lona gris. Sus movimientos eran fluidos, pero carentes de cualquier rastro de la elegancia adolescente que Robert recordaba. Cuando Susan vio a Robert, no lo saludó con la mano; se detuvo, mostró los dientes en un gesto de advertencia territorial y emitió un siseo que hizo que a Robert se le helara la sangre.

2. El Espejo del Futuro

Robert sintió una punzada de mareo. Metió la mano en su bolsa de correo y sacó una carta dirigida a Arthur Miller: una factura de luz que nadie pagaría jamás.

El síntoma: Al intentar leer el nombre "Arthur", Robert notó con horror que las letras empezaban a bailar frente a sus ojos. La "A" parecía un garabato sin sentido. La "r" era solo una curva.

La Realidad: Comprendió que el proceso no era externo; era un parásito en el cerebro de la especie. Miró a Arthur, quien ahora lo observaba desde el jardín. Arthur no lo reconocía como el cartero; lo miraba con la curiosidad técnica con la que un perro mira a un extraño a través de una verja.

3. La Intervención de Aldo

Desde el porche de la casa Miller, Aldo salió con un traje de lino beige y una revista bajo el brazo. Miró a Robert con una condescendencia infinita.

El gesto de superioridad: Aldo no gritó. Simplemente señaló la calle con un dedo largo y oscuro, dándole a Robert la orden silenciosa de marcharse. Luego, Aldo emitió un silbido corto.

La Obediencia: Al oír el silbido, Arthur, Helen y las chicas se acercaron trotando a los pies del chimpancé, esperando su ración de alimento. Eran una unidad perfecta de obediencia animal.

La Huida de Robert

Robert Hayes soltó la bolsa de cuero, dejando que las cartas de todo el vecindario se desparramaran por el asfalto. Empezó a correr hacia su propia casa, pero mientras corría, se dio cuenta de que estaba olvidando para qué servían las llaves que llevaba en el bolsillo.

El Testigo (Robert) La Realidad (Los Miller)
Intentaba recordar su nombre. Ya no tenían nombres, solo frecuencias de campanas.
Sentía el terror de la pérdida. Habían encontrado la paz de la ignorancia.
Huía de la verdad. Eran la verdad final de la Tierra.
Al llegar a su puerta, Robert se sentó en el escalón y comenzó a llorar. Fue la última vez que un humano en Fairview lloró por la pérdida del intelecto. Al día siguiente, cuando el sol volvió a salir, Robert ya no sentía tristeza; solo sentía hambre y una extraña fascinación por el movimiento de las nubes.

Este es el fin de la historia de los Miller como humanos y el comienzo de su vida como la primera generación de una nueva especie doméstica.


Miller cuando fue la ultima vez fueron a iglesia y que paso

Esa última visita a la Iglesia Episcopal de Fairview, en la víspera de la Navidad de 1965, fue el evento que convenció a la comunidad de que el espíritu humano —y no solo la mente— se estaba apagando. La iglesia, un refugio de orden y tradición, se convirtió en el escenario de una regresión irreversible.

Aquí tienes el relato de ese domingo final.

La Misa de la Desconexión.

Los Miller llegaron en su coche, vestidos con sus mejores galas de domingo. Arthur llevaba su traje oscuro y Helen un sombrero de fieltro con un pequeño velo. Pero ya no caminaban con el propósito de los fieles, sino con la inercia de la costumbre.

1. El Olvido de los Rituales
Al entrar, Arthur se detuvo ante la pila de agua bendita. En lugar de hacer la señal de la cruz, se quedó mirando el agua, fascinado por los reflejos de la luz en la superficie.

El Gesto: Metió la mano en el agua y comenzó a agitarla, salpicando el suelo de mármol. Helen no lo detuvo; ella estaba demasiado ocupada intentando morder el ala de su propio sombrero, como si la tela fuera algo que pudiera alimentarla.

Los Bancos: La familia se sentó, pero no abrieron los libros de himnos. Susan y Jane se sentaron en el suelo, entre las piernas de sus padres, buscando la calidez del grupo en lugar de la solemnidad del banco.

2. El Sermón del Silencio

El reverendo Thompson, un hombre que aún conservaba un hilo de lucidez, intentó leer el Evangelio. Pero su voz fallaba; las palabras "paz", "esperanza" y "redención" le sonaban a sílabas vacías.

La Interrupción de Arthur: En medio del silencio del sermón, Arthur Miller se puso de pie. No para rezar, sino porque un rayo de luz atravesaba un vitral de colores. Arthur empezó a emitir un gemido rítmico, balanceándose hacia adelante y hacia atrás, cautivado por el color rojo del vidrio.

El Efecto Dominó: Jane y Susan comenzaron a imitar el sonido de su padre. Pronto, otros miembros de la congregación, humanos que luchaban contra la misma niebla mental, se unieron al coro de sonidos guturales. El templo de la palabra se transformó en una cámara de resonancia de instintos.

3. La Salida: El Fin de la Fe

Lo más perturbador ocurrió al final. En lugar de salir por la puerta principal con dignidad, la familia Miller salió "en manada".

El Abandono de los Objetos: Helen dejó su bolso caro en el banco, lleno de fotos y documentos de identidad que ya no significaban nada para ella.

La Desorientación: Al salir al atrio, Arthur vio a un chimpancé (el chófer de otra familia) esperando junto a un coche. Arthur no lo vio como un sirviente, sino como un líder. Se acercó al simio y se inclinó ligeramente, una señal instintiva de reconocimiento de la nueva autoridad.

El Regreso al Hogar: No hubo despedidas sociales. Los Miller subieron al coche y se quedaron mirando fijamente el respaldo de los asientos delanteros mientras el vehículo los devolvía a su suburbio.

Elemento Religioso Función Original Lo que fue esa última vez 
El Himnario Canto de alabanza. Un objeto para arrancar hojas y masticar.
El Sermón Guía moral y espiritual. Ruido blanco que causaba inquietud.
La Cruz Símbolo de salvación. Dos trozos de madera cruzados sin significado.
Esa tarde, Arthur quemó su Biblia en la chimenea. No por odio, sino porque necesitaba calor y el papel seco era el combustible más cercano. La familia Miller nunca volvió a pisar la iglesia; ya no necesitaban buscar a Dios en los libros, porque su mundo se había reducido al sol, la comida y el sueño.


Miller cuando fue la última vez visitaron la ciudad y que paso, como controlaban simios.

Esa última visita a la ciudad de Nueva York, a finales de 1965, fue el momento en que Arthur Miller y su familia comprendieron —en el último rincón de su conciencia— que el mundo ya no les pertenecía. La metrópolis, antes el centro del ingenio humano, se había convertido en un laboratorio de control simio.

Aquí tienes el relato de ese viaje final al corazón del nuevo orden.

El Viaje a la Gran Manzana: La Ciudad del Silencio
Arthur condujo por la autopista con las manos temblorosas, mientras Jane y Susan miraban por las ventanillas con una mezcla de fascinación y miedo animal. Al cruzar el túnel Lincoln, la señalización ya no estaba en inglés; los carteles habían sido reemplazados por pictogramas geométricos y colores que solo los simios sabían interpretar.

1. El Control de los Simios en las Calles
Lo que más aterró a Arthur fue ver cómo los simios mantenían el orden sin necesidad de armas de fuego. Su control era psicológico, físico y tecnológico:

Los Puestos de Control de Gorilas: En cada esquina, gorilas masivos con uniformes de cuero negro detenían el tráfico. No pedían licencias; simplemente miraban a los ojos de los conductores humanos. Si detectaban un destello de rebeldía o "demasiada inteligencia", los sacaban del coche por la fuerza.

Las Frecuencias de Sonido: Por los altavoces de la ciudad, antes usados para anuncios, se emitía un zumbido de baja frecuencia constante. Los simios eran inmunes, pero en los humanos causaba una neblina mental inmediata, eliminando cualquier capacidad de planear una resistencia.

La Policía de Chimpancés: Chimpancés vestidos con batas blancas circulaban entre la multitud, equipados con varas de contacto eléctrico. Si veían a un humano intentando leer un periódico o hablando con demasiada elocuencia, le daban un pequeño toque eléctrico "correctivo", como si fuera un perro aprendiendo a no ladrar.

2. El Incidente en el Grand Central Terminal.

Los Miller bajaron del coche para caminar. Querían ver la estación, el símbolo del progreso. Pero el espectáculo fue devastador:

La Inversión del Poder: Los humanos caminaban en filas perfectas, con la cabeza baja, siguiendo las luces de colores en el suelo que les indicaban hacia dónde ir. Ya no había horarios de trenes; los simios decidían quién viajaba y cuándo.

El Colapso de Helen: Helen intentó comprar un boleto en una taquilla. El empleado era un orangután que la miraba con una mezcla de aburrimiento y superioridad. Cuando Helen no pudo recordar cómo usar sus billetes de dólar, el orangután simplemente le quitó el bolso, seleccionó los billetes que quería y le devolvió el bolso vacío. Helen no protestó; se limitó a sonreír con una expresión vacía.

3. La Escena del Quinta Avenida: El "Zoo" Humano

Lo que vieron en la Quinta Avenida fue el golpe final para la familia. Las vitrinas de las tiendas de lujo (Tiffany's, Saks) ya no exhibían joyas o vestidos.

Exhibiciones Vivas: En las vitrinas, familias humanas "ejemplares" (como solían ser los Miller) eran exhibidas viviendo en entornos artificiales. Los simios se amontonaban afuera para señalar y reírse de cómo los humanos intentaban usar cubiertos o leer libros al revés.
La Reacción de las Hijas: Jane y Susan se acercaron al cristal de una vitrina. Vieron a otras chicas de su edad, desnudas y sentadas en el suelo, jugando con trozos de tela. En lugar de sentir horror, las hermanas Miller sintieron envidia. Desearon estar del otro lado del cristal, donde no había que fingir ser humanos nunca más.

El Regreso al Suburbio.

Arthur Miller se dio cuenta de que la ciudad ya no era para ellos. No había museos abiertos para humanos, ni teatros, ni bibliotecas. Todo había sido reconfigurado para la mente superior de los simios.

El Control Simio Método de Ejecución Efecto en los Miller
Visual Pictogramas y luces. Arthur dejó de intentar leer señales.
Auditivo Zumbidos subsónicos. Helen y las hijas entraron en un trance dócil.
Físico Varas eléctricas de contacto. Aprendieron a no hablar en voz alta.
Al salir de Nueva York, Arthur dejó que el coche rozara el muro del túnel. Ya no le importaba el cromo ni la pintura. Al llegar a Fairview, Aldo el chimpancé los esperaba en la puerta. Arthur le entregó las llaves del coche voluntariamente. Había visitado la ciudad del futuro y había aceptado que su lugar estaba en la correa.

Fue la última vez que vieron un rascacielos. ¿Te gustaría que narre cómo, esa misma noche, Arthur rompió su televisor porque ya no soportaba ver a los presentadores de noticias simios burlándose del "fin de la era del hombre"?


Cuando fue ultima vez visitaron un supermercado y que paso

La última visita al supermercado Fairview Market, en la primavera de 1966, fue el momento en que la cadena de suministro de la civilización se rompió para dar paso a la logística de la domesticación. Para los Miller, lo que antes era un paseo entre pasillos relucientes de opciones, se convirtió en una experiencia de confusión sensorial y sumisión.

Aquí tienes el relato de ese último día de compras.

El Supermercado: De Consumidores a Recolectores.

Arthur conducía, pero fue Aldo, sentado en el asiento trasero, quien le indicó con gestos dónde estacionar. Al entrar, el aire ya no olía a pan fresco, sino a desinfectante industrial y frutas maduras.

1. El Pasillo de las Ilusiones.

Helen tomó un carrito de compras por pura memoria muscular. Sin embargo, el supermercado había cambiado:

El Etiquetado: Las marcas de cereales Kellogg's y las latas de sopa Campbell's seguían ahí, pero los simios habían tachado los nombres con pintura negra, sustituyéndolos por franjas de colores. El rojo significaba "dulce", el verde "fibra".

El Colapso de Helen: Helen se quedó mirando una lata de melocotones durante diez minutos. Intentó leer la etiqueta, pero las letras se retorcían como hormigas. Frustrada y con el cerebro agotado, dejó caer la lata y comenzó a llorar en silencio. No sabía qué comprar porque ya no entendía el concepto de "ingrediente".

2. El Caos en la Sección de Carnes.

Jane y Susan se alejaron hacia la carnicería. Allí, la visión fue perturbadora:

El Cambio de Rol: Un gorila con un delantal blanco estaba descuartizando reses con una velocidad sobrehumana. Las chicas, al ver la carne cruda, no sintieron asco. Sintieron hambre primaria.

El Incidente: Susan metió la mano en el mostrador para arrebatar un trozo de grasa sobrante. El gorila no le gritó; simplemente emitió un gruñido de baja frecuencia que hizo que Susan se orinara encima por el miedo instintivo. Aldo intervino, dándole a Susan un golpe seco en la mano y devolviéndola al orden.

3. La Caja: El Fin del Dinero.

El momento de pagar fue la escena final de su estatus como ciudadanos.

El Dinero Inútil: Arthur sacó su billetera de cuero y puso un fajo de billetes de veinte dólares sobre el mostrador.

La Respuesta Simia: El chimpancé cajero miró el dinero, se rio entre dientes y lo lanzó a la basura. Los simios no querían papel; querían el control.

El Trueque de Dignidad: Aldo se acercó, mostró una tarjeta de identificación con el sello del Consejo Simio y firmó un recibo. Arthur Miller, el hombre que una vez tuvo crédito ilimitado, se quedó mirando cómo un simio pagaba su comida. En ese momento, Arthur comprendió que ya no era el proveedor; era el beneficiario de una limosna.

Objeto de Supermercado Función en 1960 Realidad en esa Visita 
Carrito de compras Herramienta de elección. Una jaula andante donde las chicas se sentaron.
Cupones de descuento Ahorro familiar. Papeles que Jane masticó para calmar su ansiedad.
Caja Registradora Transacción comercial. Un objeto ruidoso que los simios usaban para marcar el ritmo de salida.
La Salida: El Botín de Guerra.

Salieron del supermercado cargando bolsas de papel llenas de comida cruda y sin procesar (manzanas, raíces, pan duro). No hubo una planificación de menú para la semana.

Al llegar al estacionamiento, Arthur intentó abrir el maletero del coche, pero olvidó cómo funcionaba la llave. Aldo le arrebató las llaves, abrió el coche y empujó a la familia Miller al interior. Mientras se alejaban, Jane miró por la ventana trasera y vio a una cuadrilla de chimpancés arrancando el letrero de "Supermercado" para poner uno nuevo que decía: CENTRO DE DISTRIBUCIÓN DE RACIONES - SECTOR HUMANO.

Fue la última vez que los Miller eligieron qué comer.


¿Te gustaría que narre la escena en la que, días después, Aldo decide retirar todos los espejos de la casa porque los Miller se asustaban al ver sus propios rostros involucionados y desaliñados?

Esta es una de las escenas más psicológicamente devastadoras de la transición, porque representa el momento en que la familia Miller pierde el auto-reconocimiento. Para un ser racional, el espejo es identidad; para un ser que está regresando al instinto, el espejo es un intruso o una amenaza.

Aquí tienes el relato de la "Noche de los Cristales Ciegos".

El Extraño tras el Cristal

Todo comenzó una tarde de octubre. Helen entró al baño principal, todavía con su trozo de lona gris y el collar de campana. Al encender la luz (un acto que ya hacía casi por reflejo mecánico), se encontró con una imagen en el espejo sobre el lavabo.

El Susto de Helen: No vio a la elegante ama de casa de Fairview. Vio a una criatura de piel curtida, cabello enredado y ojos hundidos que la miraba con fijeza. Helen no se reconoció. Emitió un grito agudo y territorial, pensando que otra hembra había invadido su espacio.

La Reacción de Arthur: Al escuchar el grito, Arthur entró corriendo. Al ver su propio reflejo junto al de Helen, se le erizó el vello de la espalda. Mostró los colmillos y comenzó a golpear el cristal con los nudillos, tratando de ahuyentar a ese "otro" macho que lo desafiaba desde el vacío.

1. El Caos de la Percepción.

La casa se llenó de un estruendo de campanas y aullidos. Jane y Susan se unieron al pánico, atacando los espejos de sus habitaciones. Para ellas, el espejo no era una superficie plana; era un agujero en la pared por donde otros humanos las observaban.

El Peligro: Susan terminó con un corte en la mano al intentar morder su propio reflejo en el tocador. La sangre goteó sobre la alfombra, pero ella no entendía que el dolor y la imagen estaban conectados.

2. La Intervención Quirúrgica de Aldo.

Aldo entró en la casa con una caja de herramientas de carpintero. No estaba enfadado; estaba metódico. Comprendió que los espejos eran un estímulo "demasiado avanzado" para la precaria estabilidad mental de sus mascotas.

El Desmantelamiento: Con una palanca, Aldo comenzó a arrancar los grandes espejos de pared del pasillo y las habitaciones. El sonido del cristal crujiendo y desprendiéndose de la pared era el sonido final de la vanidad humana.

La Reacción de la Familia: A medida que los espejos desaparecían, la familia Miller se calmaba. Cuando el gran espejo de la sala fue retirado, dejando solo una mancha rectangular de pintura más clara en la pared, Arthur dejó escapar un suspiro de alivio. El "enemigo" se había ido.

3. La Sustitución por el Vacío
Aldo no dejó las paredes desnudas. En algunos lugares, colocó láminas de metal opaco donde no pudieran verse, o simplemente pintó sobre las superficies reflectantes.

Objeto Antes (1965) Uso Humano Acción de Aldo (1966) 
Espejo del tocador Helen se aplicaba el labial. Arrancado y llevado al sótano.
Espejo de cuerpo entero Las chicas revisaban su moda. Cubierto con una manta pesada.
Pequeño espejo de mano Arthur se afeitaba. Tirado a la basura; Arthur ya no se afeita.

El Resultado: La Paz de la Ignorancia.

Al final del día, los Miller se sentaron en el suelo de la sala. Sin espejos, ya no tenían que enfrentarse a la evidencia de su propia degradación.

Helen se tocaba la cara con los dedos, tratando de recordar una forma que ya no podía ver.

Arthur miraba la pared vacía y, por primera vez, no sentía la presión de ser "alguien".

Al quitarles los espejos, Aldo les quitó la última herramienta de introspección. Sin una imagen de sí mismos, los Miller dejaron de ser individuos para convertirse definitivamente en un grupo de organismos. Ya no eran los Miller de la calle Roble; eran simplemente los habitantes del número 402, felices en su ceguera de identidad.

Este es el final de la consciencia. Ahora que ya no se ven a sí mismos, están listos para el paso final.


Cuando fue la ultima vez que los miller usaron ropa interior


Ese momento ocurrió en una tarde bochornosa de junio de 1966, y representó la caída del último bastión de la "civilización privada". La ropa interior, en la cultura de los años 60, era el símbolo máximo del pudor y la distinción entre lo público y lo íntimo; su abandono fue el paso final hacia la desnudez animal.

Aquí tienes el relato de cómo los Miller dejaron de usar esas prendas.

El Incidente del Calor y la Restricción.

Durante meses, los Miller habían ido simplificando su vestuario, pero se aferraban a la ropa interior (los slips de algodón de Arthur, las bragas de seda de Helen y las joviales prendas de encaje de las chicas) como un último rastro de dignidad que ni siquiera la "pereza cerebral" podía borrar del todo. Hasta ese día.

1. El Malestar Sensorial
Con la temperatura rozando los 35°C y el aire acondicionado apagado por Aldo (quien consideraba que los humanos debían aclimatarse al entorno natural), la ropa interior se convirtió en una tortura física.

Susan y Jane: Estaban en el jardín intentando jugar, pero el elástico de sus prendas les apretaba la cintura y les causaba rozaduras. Debido a su degradación cognitiva, ya no entendían qué era ese malestar; solo sentían una irritación constante que las ponía agresivas.

La Reacción de Jane: En un ataque de frustración motriz, Jane comenzó a tirar de su ropa interior hasta que las costuras cedieron. Cuando finalmente logró quitársela y lanzarla a los arbustos, emitió un suspiro de alivio tan profundo que Susan la imitó de inmediato. El concepto de pudor había sido derrotado por la comodidad térmica.

2. La Intervención de Cora (La Gorila)
Helen Miller, por su parte, intentaba mantener su pantie debajo de su bata de seda, pero el sudor y la falta de higiene personal (ya que habían olvidado cómo usar la ducha) hacían que la prenda fuera un nido de bacterias.

El Acto de Limpieza: Cora entró en la habitación y, al ver a Helen rascándose con desesperación, comprendió el problema. Para un simio, la ropa interior es una aberración biológica que atrapa la suciedad.

El Despojo: Sin pedir permiso, Cora levantó a Helen y, con la misma naturalidad con la que se pela una fruta, le quitó la prenda. Luego, la llevó al jardín y la quemó en un bidón de basura junto con la ropa interior de las hijas que había recogido de los arbustos.

3. Arthur: El Fin del "Caballero"
Arthur fue el último en rendirse. Se sentó en su sillón, todavía usando sus boxers de algodón, pero cuando Aldo le trajo su ración de fruta, Arthur se dio cuenta de que la prenda estaba sucia y le pesaba.

La Entrega: Arthur miró a Aldo. Hubo un segundo de comunicación entre especies. Arthur se puso de pie, se despojó de la prenda y se la entregó al chimpancé. Aldo la tomó con la punta de los dedos, con una mueca de asco, y la arrojó por la ventana.

La Nueva Realidad: Arthur se sentó de nuevo, ahora completamente desnudo. Por primera vez en 45 años, no sentía la presión del elástico sobre su piel. Se sintió ligero, libre y, trágicamente, despojado de su última capa de humanidad.

Fecha Prenda Significado Anterior Estado Final 
Mayo 1966 Lencería / Boxers. Intimidad y Respeto. Objetos sucios y molestos.
Junio 1966 Ninguna. Escándalo / Vergüenza. Estado Natural de la Manada.
El Resultado: La Manada Desnuda
Esa noche, cuando la familia se agrupó en el suelo para dormir, ya no había telas que los separaran del contacto piel con piel. Los Miller habían regresado al estado de naturaleza pura. Al día siguiente, Aldo les puso los taparrabos de lona (la "poca ropa") que describimos antes, pero solo como una medida de manejo para cuando hubiera "visitas" simias.

Para los Miller, la ropa interior pasó a ser un recuerdo olvidado, algo que alguna vez les apretó y les hizo sentir calor, una reliquia de un tiempo en el que todavía les importaba quién los miraba.



¿Te gustaría que narre cómo fue la primera noche que durmieron todos juntos en la sala de estar, sobre una cama de paja que Aldo instaló tras retirar todos los muebles de madera?

Esa noche fue la consumación del nuevo orden doméstico. La sala de estar de los Miller, que antes era un santuario de la decoración moderna con su sofá de terciopelo y su alfombra persa, se transformó en un establo de lujo.
Para Aldo, los muebles de madera eran un estorbo: Arthur intentaba morder las patas de las sillas y las chicas se escondían debajo de las mesas, dificultando su vigilancia. Así que, con la ayuda de un gorila de carga, vació la habitación por completo.

Aquí tienes el relato de esa primera noche en la madriguera.

El Suelo de Oro: La Nueva Cama Familiar.

Al caer la tarde, Aldo entró en la sala vacía cargando varios fardos de paja fresca y viruta de cedro. Esparció el material por el centro de la habitación, creando una plataforma circular de unos cuatro metros de diámetro. El aroma a granja inundó la casa, asfixiando el último rastro del perfume de Helen que aún flotaba en las cortinas.

1. El Instinto de Agrupación
Cuando Aldo emitió el silbido de "hora de dormir", los Miller entraron en la sala. Al ver el montículo de paja, no sintieron rechazo; sintieron una atracción magnética.

El Primer Contacto: Susan se lanzó sobre la paja, enterrando su rostro en las briznas secas. El crujido del material le resultó más reconfortante que la suavidad de su antiguo colchón de muelles, que ahora le parecía una superficie extraña y solitaria.

El Nido: Jane comenzó a patear la paja hacia los bordes, creando un pequeño nido circular, un comportamiento ancestral que emergió de su cerebro como si siempre hubiera estado ahí.

2. La Formación de la Manada
Por primera vez en sus vidas adultas, Arthur y Helen no durmieron en habitaciones separadas o en lados opuestos de una cama King Size.

El Calor Corporal: En la oscuridad de la sala, Arthur se acostó en el centro. Helen se acurrucó contra su espalda, y las chicas se entrelazaron con ellos, formando una masa única de respiración y extremidades.

La Seguridad: Ya no había miedo a los ladrones o a las facturas. En ese montón de paja, rodeados por el olor de sus propios cuerpos y el cedro, los Miller sintieron la seguridad más absoluta que habían conocido: la seguridad de la manada bajo la protección de un alfa (Aldo).

3. La Vigilancia de Aldo
Aldo se quedó en el umbral de la puerta un momento antes de apagar las luces principales. Observó a los cuatro humanos a través de la oscuridad:

Los Collares: El último sonido de la civilización fue el tintineo sordo de las campanas de las chicas cuando se acomodaron entre la paja.

La Desconexión: Arthur abrió un ojo, vio la silueta de Aldo y emitió un ronquido bajo de sumisión. Ya no veía a un intruso; veía al proveedor de su refugio.

Dormitorio de 1965 La Sala-Nido de 1966
Pijamas de seda y camisones. Desnudez y vello corporal desaliñado.
Luz de lectura y radio. Oscuridad total y silencio absoluto.
Sueños sobre el futuro. Sueños sobre comida y sol.
El Amanecer de la Especie
Cuando la luz de la mañana se filtró por los ventanales (que ya no tenían cortinas, pues Aldo las retiró para que no acumularan polvo), los Miller despertaron cubiertos de briznas de paja. Helen comenzó a desparasitar a Susan, quitándole pequeñas astillas del cabello con movimientos rápidos y precisos de los dedos.

La transición de "familia" a "grupo biológico" estaba sellada. Ya no eran habitantes de una casa; eran ocupantes de un recinto.



Te gustaría que narre el momento en que Aldo invita a un "fotógrafo de naturaleza" simio para que tome la primera imagen oficial de la 'Familia Humana en su Hábitat Natural' para una revista científica?

Esta escena es el cierre definitivo del ciclo: el momento en que la familia Miller deja de ser el sujeto de su propia historia para convertirse en el objeto de estudio de otra.

Para Aldo, esta sesión fotográfica era un asunto de prestigio. Quería que el mundo simio viera lo bien que había logrado "naturalizar" a sus especímenes. El fotógrafo, un chimpancé de nombre Zira-K, llegó cargado con equipos que, aunque recordaban a las cámaras humanas, eran operados con una precisión y calma que los humanos ya habían olvidado.

La Sesión: "Especímenes de Fairview en Reposo"

1. Preparando el Escenario
Aldo no quería que los Miller parecieran "personas"; quería que parecieran fauna de alta calidad.

El Atuendo: Antes de que entrara el fotógrafo, Aldo retiró los tapa-rabos de lona. Para la revista científica, los humanos debían mostrarse en su estado biológico puro. Solo les dejó los collares de cuero, como marca de su estatus doméstico.

El Cebo: Esparció trozos de melón y uvas sobre la paja para asegurar que la familia se agrupara en el centro de la luz que entraba por el ventanal.

2. La Mirada de Zira-K
El fotógrafo no usaba un flash estridente que pudiera asustar a los animales. Usaba lentes de gran apertura que captaban la degradación en alta resolución.

La Pose Involuntaria: Arthur estaba sentado con las piernas abiertas, masticando una cáscara de melón. Su mirada, antes llena de preocupaciones financieras, estaba ahora fija en la nada, con una pupila dilatada y animal.

El Detalle Maternal: Zira-K se enfocó en Helen. Ella estaba sentada detrás de Susan, usando sus dedos para buscar motas de polvo en el cuero cabelludo de su hija. Era una imagen de una ternura primate tan auténtica que el fotógrafo emitió un pequeño gruñido de admiración.

3. El Momento del Retrato Familiar
Zira-K hizo un sonido seco con la lengua para que los cuatro miraran a la cámara al mismo tiempo.

La Reacción: Al oír el sonido, los Miller levantaron la cabeza simultáneamente. No sonrieron. No se arreglaron el cabello. Solo miraron el lente con esa curiosidad cautelosa de quien observa un objeto extraño en su territorio.

El "Clic": El obturador capturó la imagen definitiva: la familia Miller, desnuda, rodeada de paja y restos de fruta, con las marcas de tinte azul en sus hombros brillando bajo el sol de la tarde.

El Título de la Foto: En la libreta de Zira-K, la anotación decía: Grupo familiar de Homo Sapiens (variedad suburbana). Macho alfa, hembra madura y dos crías hembras. Estado: Completamente domesticados. Observaciones: Muy dóciles tras la retirada de estímulos artificiales.

El Resultado Editorial
Semanas después, la revista (impresa en un papel de alta calidad que Arthur ya no sabía que existía) circulaba por las manos de los intelectuales simios.

Elemento de la Foto Interpretación Simia Lo que fue en 1965
Las Campanas "Dispositivo acústico de localización". Un adorno para Susan.
La Paja "Sustrato higiénico ideal". El lugar donde antes estaba una alfombra de 500 dólares.
La Mirada de Arthur "Ausencia de estrés cognitivo". El fin de su carrera profesional.
Al terminar la sesión, Zira-K le dio a Aldo una caja de dátiles como agradecimiento. Los Miller, al ver el intercambio, se acercaron a los pies de los dos simios, esperando las sobras. El fotógrafo les tomó una última foto espontánea: los antiguos dueños de la casa mendigando dulzor.

La sesión había terminado. La identidad de los Miller ahora pertenecía a un archivo de historia natural.

Ha sido un viaje fascinante y oscuro a través de la caída de Fairview. La transformación está completa: ya no queda nada de los humanos que solían ser.


Cuando fue el ultimo dia que la dueña de casa tuvo conciencia y la perdio, que hizo


Ese momento ocurrió una tarde de octubre de 1966. Fue el último "cortocircuito" de la razón de Helen Miller, el instante en que su cerebro, agotado por la neblina de la involución, intentó realizar una tarea doméstica compleja y, al fracasar, se desconectó para siempre.

Fue el día de la "Última Cena Fantasma".

El Último Intento de Helen
Mientras Aldo y Cora estaban en el jardín, Helen entró en la cocina vacía. Por un segundo, una chispa de su antigua identidad como "la anfitriona perfecta de Fairview" se encendió en su mirada. Recordó, como un eco lejano, que debía preparar algo.

1. El Ritual Vacío
Helen comenzó a moverse por la cocina con una elegancia mecánica que pertenecía a 1960.

El Gesto: Abrió un armario (que los simios habían dejado vacío) y sacó una fuente de plata que Aldo había olvidado retirar.

La Alucinación Cognitiva: Helen puso la fuente sobre la encimera. Sus manos empezaron a picar y cortar aire. En su mente, estaba preparando su famoso asado de domingo. Hacía los movimientos exactos: sazonar, atar la carne, colocar las verduras... pero sus manos estaban vacías.

La Sonrisa: Tenía esa sonrisa social fija, la misma que usaba en las fiestas del club de campo, pero sus ojos estaban vidriosos.

2. El Quiebre en el Horno
El momento de la pérdida total ocurrió cuando intentó encender la estufa eléctrica.

La Confusión: Helen miró las perillas del horno. Durante un minuto, sus dedos dudaron. El símbolo de los grados (180°C) ya no significaba nada para ella; eran solo garabatos negros.

El Colapso: Al no poder comprender cómo generar calor, el esfuerzo mental fue demasiado. Algo "hizo clic" físicamente en su postura. Su espalda se encorvó, su rostro se relajó hasta quedar inexpresivo y la fuente de plata se le resbaló de las manos, cayendo al suelo con un estruendo metálico.

3. El Olvido Definitivo
Helen no se asustó por el ruido. Se quedó mirando la fuente de plata en el suelo como si fuera un objeto extraterrestre.

Se agachó, pero no para recogerla. Se agachó porque sus piernas ya no querían mantenerla erguida.

Empezó a lamer el borde de la fuente de plata, buscando algún sabor, pero al encontrar solo el frío del metal, emitió un gemido de desilusión.

La llegada de Aldo
Aldo entró en la cocina al escuchar el golpe. Vio a Helen en el suelo, rodeada por el lujo inútil de su antigua vida.

La Evaluación: Aldo no la regañó. Se acercó y le rascó suavemente el cuello, justo debajo del collar.

La Reacción de Helen: Helen levantó la vista. Ya no era la mujer que organizaba cenas de gala; era una hembra sumisa que buscaba afecto. Emitió un sonido gutural de placer y frotó su mejilla contra la rodilla de Aldo.

La Transformación Final

Antes del Incidente Después del Incidente
Intentaba recordar recetas. Solo reconoce el olor de la fruta fresca.
Sentía frustración por no entender el horno. Solo siente la necesidad de calor corporal.
Se miraba las manos buscando su anillo. Usa las manos como herramientas de excavación.
Aldo tomó la fuente de plata y la lanzó al cubo de la basura. Helen ni siquiera la siguió con la mirada. Aldo la guio de la mano hacia la sala, donde Arthur y las chicas ya estaban acurrucados en la paja.

Esa noche, Helen Miller durmió sin sueños. Al despertar a la mañana siguiente, ya no sabía qué era una cocina, qué era una cena, ni qué significaba ser una mujer. La dueña de casa había muerto; solo quedaba la hembra de la especie.

Este fue el adiós a la conciencia humana en la casa 402.


El marido cuando perdió razón

El momento en que Arthur Miller perdió la razón fue más violento y dramático que el de Helen, porque en él la conciencia no se apagó suavemente, sino que estalló bajo la presión de su antiguo rol como "protector y proveedor".

Ocurrió una tarde de septiembre de 1966, el día que Aldo decidió que ya no era necesario que Arthur tuviera una oficina.

El Incidente del Maletín: El Último Grito de Arthur.

Arthur se había refugiado en su pequeño despacho del segundo piso. Estaba sentado a su escritorio de caoba, vestido solo con su ropa interior de algodón (que aún no le habían quitado) y su collar de cuero. Frente a él tenía su maletín de cuero Jamesbury.

1. El Intento de "Trabajar"
Arthur abrió el maletín. Sacó unos informes de ventas de 1964. Intentó leer las columnas de números, pero los dígitos se retorcían en la página.

La Frustración: Su cerebro hacía un esfuerzo titánico por conectar el símbolo "$" con el concepto de valor. Le dolían las sienes.

El Acto Simbólico: Tomó un bolígrafo e intentó firmar un documento. En lugar de su elegante firma "Arthur P. Miller", solo logró trazar una línea temblorosa que rasgó el papel.

2. La Entrada de Aldo
Aldo entró en la oficina con una caja de cartón. Ya no golpeaba la puerta; simplemente entraba. Comenzó a vaciar los cajones del escritorio, tirando las plumas, las grapadoras y los archivos al suelo.

El Desafío: Por un segundo, el antiguo Arthur resurgió. Se puso de pie y le gritó a Aldo: "¡Fuera de mi oficina!".

La Respuesta: Aldo no se asustó. Se limitó a quedarse quieto, erguido, y lanzó un rugido profundo y dominante que hizo vibrar las ventanas. La fuerza física y la autoridad natural del simio aplastaron la autoridad artificial del humano.

3. El Quiebre Final
Arthur miró su maletín y luego miró a Aldo. En ese instante, la estructura lógica de su mundo se derrumbó.

La Destrucción: Arthur tomó el maletín y, en un arranque de furia animal, comenzó a morder el cuero caro, arrancando trozos con los dientes y escupiéndolos. No era una protesta racional; era la destrucción de un objeto que ya no sabía usar.

La Rendición: Tras destrozar el maletín, Arthur cayó de rodillas. Se llevó las manos a la cabeza y emitió un llanto largo que fue transformándose, poco a poco, en un ladrido ronco.

El Silencio: Sus ojos, que antes buscaban soluciones, se volvieron fijos y vacíos. Dejó de mirar los papeles y empezó a mirar una mosca que volaba cerca de la lámpara. La capturó con un movimiento rápido de la mano y se la comió.

El Descenso al Salón
Aldo tomó a Arthur por el cuello del collar y lo guio fuera de la oficina. Arthur no opuso resistencia. Mientras bajaba las escaleras, se detuvo un momento a lamer el pasamanos de madera, disfrutando del sabor del barniz.

Arthur "Ejecutivo" (9:00 AM) Arthur "Mascota" (5:00 PM)

Preocupado por el mercado de valores. Preocupado por la mosca en la pared.
Protegía a su familia con dinero. Protege a su familia con gruñidos territoriales.
Usaba el lenguaje para mandar. Usa el contacto físico para comunicarse.
Al llegar a la sala, Arthur se dirigió directamente al rincón de paja donde estaban Helen y las chicas. Se acurrucó en el centro del grupo. Cuando Helen le pasó la mano por el cabello, él cerró los ojos y emitió un sonido de satisfacción que ya no tenía rastro de lenguaje humano.

Arthur Miller, el hombre de negocios, había desaparecido. Solo quedaba el macho dominante de un pequeño grupo doméstico, agradecido de que alguien más (Aldo) se encargara de las decisiones que él ya no podía entender.

Este fue el fin de la masculinidad racional en Fairview.


Esa noche de octubre marcó el fin de la "propiedad privada" y el inicio de la "supervivencia térmica". Aldo comprendió que la madera de caoba del escritorio de Arthur, aunque elegante, era mucho más útil como combustible que como soporte para papeles que nadie podía leer.

Aquí tienes el relato de la Gran Fogata de Fairview.

El Desmantelamiento del Estatus
Aldo no usó herramientas delicadas. Con la fuerza bruta de sus brazos, volcó el pesado escritorio de Arthur. El sonido de la madera crujiendo al chocar contra el suelo del piso superior despertó a la familia en la sala, pero ya no sentían curiosidad, solo una leve alarma instintiva.

1. El Escritorio en Pedazos
Aldo y un gorila ayudante arrastraron el mueble por las escaleras, dejando profundas marcas en los escalones de madera. Una vez en el jardín, Aldo comenzó a destrozar las gavetas:

El Contenido: Los restos de las agendas de cuero, las plumas de oro y las tarjetas de presentación de "Arthur P. Miller - Vicepresidente" fueron arrojados al montón como si fueran paja seca.

La Leña de Lujo: La caoba barnizada fue apilada en el centro del patio trasero, justo donde antes Arthur solía organizar barbacoas con sus vecinos.

2. El Encendido de la Llama
Aldo usó un encendedor Zippo que pertenecía a Arthur (un objeto que el chimpancé aún sabía operar con destreza). Cuando la llama prendió en los papeles y luego en la madera, el jardín se iluminó con un resplandor naranja y violento.

La Llamada del Fuego: Aldo emitió un aullido corto. La familia Miller salió al jardín en fila, caminando con esa postura encorvada que ya era su norma.

La Fascinación: Se detuvieron a unos metros del fuego. Arthur, Helen, Jane y Susan se quedaron paralizados, con las pupilas dilatadas, reflejando las llamas. Para ellos, el fuego ya no era "calefacción central"; era un dios rugiente.

3. El Calor de la Manada
Hacía frío esa noche, y el instinto les enseñó lo que la razón ya no podía.

La Aproximación: Arthur fue el primero en acercarse, extendiendo sus manos hacia el calor. Al sentir la tibieza en su piel desnuda, emitió un sonido de asombro.

El Círculo: Helen y las chicas se sentaron a su alrededor, formando un círculo estrecho. Se acurrucaron unos contra otros, usando el calor de la caoba quemada para combatir el frío de la noche.

El Olvido: Mientras los informes de ventas y los títulos de propiedad se convertían en ceniza gris, Arthur miró fijamente un trozo de madera que aún conservaba el pomo de bronce del cajón. Lo miró sin reconocerlo. Para él, solo era algo que brillaba antes de ser devorado por el fuego.

El Objeto (Escritorio) Su Función en 1965 Su Destino esa Noche
La Madera de Caoba Símbolo de éxito y poder. Carbón para calentar el cuerpo.
Los Cajones Archivo de la vida legal. Astillas para avivar la llama.
El Barniz Estética y elegancia. El combustible que hacía que el fuego oliera a químico.
El Final de la Noche
Cuando el fuego comenzó a morir y solo quedaron las brasas rojas, los Miller no regresaron a la casa. Se quedaron allí, en la tierra, cubiertos de ceniza y oliendo a humo. Aldo los observaba desde el porche, satisfecho.

Ya no había un hombre de negocios, una esposa de sociedad o unas estudiantes de secundaria. Solo había cuatro primates calentándose en las ruinas de su propia historia. El escritorio de Arthur Miller había cumplido su última y más importante función: mantener viva a la manada durante la primera noche del invierno de la humanidad.

Es un final perfecto para la caída de los Miller. Han perdido la ropa, la casa, la razón y, finalmente, sus posesiones más valiosas se han vuelto humo.


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