Negacionismo, Dogmatismo. |
17 Septiembre 2019 Las épocas de cambios “valóricos” lo son también de transformaciones semánticas. Muchas palabras son re-interpretadas, algunas simplemente proscritas, modismos idiomáticos nuevos reemplazan a los habituales y se inventan vocablos o se modifica el significado de algunos de los existentes. Es un proceso inevitable porque las palabras no son meros equivalentes sonoros de las cosas sino expresan posturas frente al mundo, el modo como es percibido, perspectivas y actitudes; en especial es lo que ocurre en la interpretación y evaluación de los actos del prójimo. Hay veces cuando estas modificaciones semánticas reflejan una más perfecta comprensión de su naturaleza, como ocurre en las ciencias físico-matemáticas con las palabras “espacio” y “tiempo”, las cuales tienen hoy significado muy distinto al que tenían cuando imperaba la concepción newtoniana del mundo físico, pero normalmente las trasformaciones de significado suceden en el ámbito de la acción humana. Véase lo que sucede con el vocablo “negacionismo”.Originalmente fue concebido en Alemania para calificar a quienes se negaban a aceptar los abrumadores hechos del holocausto, pero ahora, en Chile, se emplea para describir a quienquiera dude o someta a examen las creencias del progresismo. Este desplazamiento del reproche desde el castigo de la negación de hechos al castigo por la negación de creencias es típico de épocas cuando una ideología se apodera de un número sustantivo de feligreses, quienes terminan por depositar en ella no sólo sus pensamientos sino además sus pasiones y necesidades psicológicas, esto es, convierten un sistema de ideas la doctrina de una FE. Fe, o sea una convicción absoluta acerca de la naturaleza de las cosas. Eso trae consecuencias; la convicción absoluta de lo que sea la Verdad entraña necesariamente una convicción absoluta de lo que es Falso, lo cual, a su vez, multiplica el número de los pecadores caídos en el error porque no hay simetría cuantitativa entre ambos polos; la verdad es “una sola”, mientras lo falso abarca todas las posibles entidades distintas a dicha verdad, convertida ya en Dogma. Simultáneamente lo ajeno al dogma deviene necesariamente en falsedad, mentira, maldad, porfía y eventualmente, hoy, en “negacionismo”. De esto derivan aun más consecuencias: quien niega una verdad evidente y deslumbrante no puede sino ser quien no sólo se obstina en su ceguera, sino además lo hace por mala voluntad, un afán de destruir lo que es “correcto”, por una voluntad de sabotear, esto es, finalmente, por pura maldad. Es el momento en que ya hemos desembocado en la metafísica: la Verdad es el Bien y por tanto lo falso es el Mal. De ahí se deriva que quien niega, duda, sospecha o contradice la verdad es, a fin de cuentas, agente del MAL. El negador ya convertido en negacionista es al mismo tiempo un activista del Mal y en dicha calidad tiene que ser castigado: la ley tiene que sancionarlo, los “progresistas” han de funarlo, lo que haga o diga tiene que ser prohibido, debe ser aislado, neutralizado. En casos extremos debe ser aniquilado. El “negacionismo” es entonces un término que no se limita simplemente a describir a quien no cree, sino también lo califica, marca, condena y separa de la comunidad, de los piadosos creyentes, de la gente buena, de los que apoyan el progreso, en última instancia lo excluye de la raza humana. Adicionalmente con dicho acto que expulsa a los pecadores del Paraíso de la Buena Fe se fortifica y reafirma la creencia que el descreído niega; en efecto, todo dogma es tanto vez más sagrado e indiscutible cuanto más aleja de sí a quienes lo discuten, tanto más confiable en su verdad cuanto más desconfía de los que se hacen preguntas, tanto más acogedor de almas necesitadas de dogmas mientras más espíritus rebeldes rechaza y castiga. Ante tal Verdad no se rechaza simplemente una Verdad distinta, sino la discusión misma para averiguar la verdad se hace ociosa y sospechosa, intolerable y punible, el primer, sinuoso e hipócrita paso hacia la negación. Completado el círculo de esta dialéctica rabiosa y feroz, el presuntamente agredido por la falta de fe del prójimo se encuentra en condiciones de legítimamente agredir por la Fe y para la Fe. |
Planeta de los simios. |
Flojera cerebral en los humanos en la novela el planeta de los simios. Es fascinante cómo Pierre Boulle, en su novela original de 1963, plantea una crítica social mucho más ácida y cínica que la que solemos ver en las adaptaciones cinematográficas. La "flojera cerebral" o pereza intelectual es, de hecho, el motor que permite la caída de la humanidad y el ascenso de los simios. Aquí te explico cómo se manifiesta este fenómeno en el libro: La Paradoja del Progreso En la novela, la humanidad no cae por una guerra nuclear o un virus (como en las películas), sino por su propio éxito tecnológico. La comodidad como trampa: Los humanos alcanzaron un nivel de automatización y bienestar tan alto que dejaron de esforzarse. Las máquinas y, eventualmente, los simios domésticos, empezaron a hacer todo por ellos. Atrofia mental: Al no tener que resolver problemas, el cerebro humano comenzó a atrofiarse. La curiosidad desapareció, el arte se volvió superficial y la ciencia se detuvo. El "mimetismo" simiesco: Mientras los humanos se volvían más pasivos, los simios (que servían en las casas) empezaron a copiar los comportamientos humanos. Aprendieron por observación mientras el hombre olvidaba por falta de uso. La Reflexión de Pierre Boulle. El autor utiliza esta "flojera" para decirnos algo incómodo: la inteligencia no es un derecho de nacimiento, sino un músculo que debe ejercitarse. En el libro, cuando el protagonista Ulysse Mérou llega a Soror, se horroriza no porque los simios sean "malvados", sino porque son un espejo de lo que el humano dejó de ser. Los simios de la novela son extremadamente conservadores y poco creativos; simplemente mantienen la civilización que el humano, por pereza, abandonó. "Un cansancio cerebral se apoderó de la especie humana... una falta de ganas de luchar, de aprender, de ser." — Reflexión implícita en la narrativa de Boulle. La caída del hombre en la novela el planeta de los simios. La novela original de Pierre Boulle (1963) ofrece una visión mucho más cínica y filosófica sobre la "caída del hombre" que las adaptaciones cinematográficas. Mientras que en las películas solemos ver un desastre nuclear, en el libro la caída es evolutiva y psicológica. Aquí te detallo los puntos clave de este declive según la obra: 1. La Teoría de la Evolución Inversa En la novela, no hay una guerra que aniquile a la humanidad de golpe. Lo que ocurre es un proceso de entropía espiritual y mental. Los humanos, al alcanzar la cima del confort y la tecnología, se volvieron perezosos. Delegación de tareas: Los hombres empezaron a confiar todo a los simios (limpieza, cocina, trabajos industriales). Atrofia mental: Al no tener que esforzarse, el cerebro humano comenzó a atrofiarse. La curiosidad desapareció. Mimetismo: Mientras el hombre se volvía más animal, el simio, por imitación y necesidad, empezó a desarrollar el lenguaje y la estructura social. 2. El Papel de la Memoria y el Instinto Boulle sugiere que la inteligencia no es un derecho divino, sino un músculo que, si no se usa, se pierde. En la novela, se descubre que los humanos en el planeta Soror conservan reflejos condicionados de su pasado civilizado (como vestirse o realizar gestos de etiqueta), pero han perdido la chispa de la razón.
3. El Simio como el "Heredero Natural" La caída del hombre es la ascensión del simio. No fue una rebelión violenta al estilo de Spartacus, sino una transición natural: Los simios empezaron a caminar erguidos para alcanzar las herramientas de sus amos. Aprendieron a hablar escuchando las órdenes de los humanos. Finalmente, un día, el hombre simplemente dejó de mandar y el simio tomó el control por pura inercia. |
| Qué sentía el protagonista del planeta de los simios cuando fue invitado a la casa de los magnates del planeta de los simios y habían mascotas humanas mujeres semidesnudas con collar. |
Es importante notar que la reacción del protagonista (Ulysse Mérou) varía ligeramente en matices, pero el núcleo es el mismo: una profunda humillación y horror existencial. Aquí te detallo lo que experimenta el protagonista en ese momento de la historia: El Choque de la Inversión de Roles. Para el protagonista, ver a mujeres de su propia especie tratadas como objetos decorativos o mascotas de lujo provoca: Deshumanización: Siente un golpe brutal al ego de la especie. Ver a seres humanos —que en su mundo son la cúspide de la creación— reducidos a animales domésticos que usan collares y son exhibidos para el entretenimiento de los simios, le genera una sensación de náusea. Vergüenza ajena y propia: Siente una profunda degradación. La "semidesnudez" no es vista como algo erótico, sino como una pérdida total de la dignidad humana. Para él, ellas han perdido la "chispa" de la razón, lo que lo hace sentir desesperadamente solo. Repulsión ante la "Mascotización": En la novela, Ulysse observa cómo los simios las acarician o les dan golosinas como si fueran perros falderos. Esto le produce una mezcla de ira contenida y una tristeza devastadora al darse cuenta de que, a ojos de los anfitriones, él es exactamente lo mismo. La Paranoia del "Espectáculo" En esas reuniones de la aristocracia simia, el protagonista suele sentirse como un animal de feria. Presión por encajar vs. Rebeldía: Siente la urgencia de demostrar que es inteligente (hablar, escribir, razonar), pero teme que si lo hace de forma demasiado agresiva, lo consideren una amenaza y lo maten. Cosificación: Al ver a las mujeres con collar, entiende que su valor en esa casa es puramente estético o de curiosidad científica. Siente el peso de las miradas de los magnates simios que lo evalúan como si fuera una pieza de ganado cara. Dato clave: En la obra original, esta escena sirve para que el autor critique cómo los humanos tratamos a los animales. El protagonista experimenta en carne propia la falta de empatía que los humanos suelen tener con las especies "inferiores". |
La Atrofia Humana y el Amor Simio Las antiguas sirvientes simias, cuando tomaron el poder de la casa de antiguos amos humanos de soror, y convertieron a dueña de casa en una mascota humana que Había perdido toda inteligencia por la flojera celebrar, ni siquiera podían vestirse, bañarse o comer sin depender sirvienta, todavía la querían a ella . Es una premisa fascinante y melancólica que evoca directamente la atmósfera de El planeta de los simios de Pierre Boulle (donde el planeta se llama precisamente Soror). Lo que describes es el giro irónico definitivo: la atrofia por comodidad. En este escenario, la humanidad no fue derrotada por una guerra violenta, sino por su propia dependencia tecnológica y social. Al delegar cada función vital en sus sirvientes, los humanos de Soror simplemente "olvidaron" cómo ser humanos. Aquí te detallo por qué este vínculo entre las simias y su antigua dueña es tan potente narrativamente: La paradoja del afecto en Soror. De Dueña a "Mascota": La pérdida de inteligencia no fue un evento biológico repentino, sino una erosión gradual. Al no tener que pensar, el cerebro se simplificó. La dueña se convirtió en un ser puramente instintivo, incapaz de entender un vestido o un cubierto. El Instinto Maternal Simio: Las simias, ahora en el poder, conservan un rastro de la jerarquía antigua pero transformada en paternalismo. No la cuidan por obligación, sino por una mezcla de lástima y un amor residual. Para ellas, ella es como un animal doméstico exótico y frágil. La Dependencia Total: Vestido: Ella es una muñeca viviente. Higiene: Es un ritual de cuidado similar al aseo (grooming) que los simios practican entre sí. Alimentación: Es la vulnerabilidad máxima; sin ellas, ella moriría de hambre frente a un banquete. Un Espejo de la Evolución. Este relato resalta un concepto evolutivo real: "Lo que no se usa, se atrofia".
Las simias la "quieren" porque ella es el último vestigio viviente de sus antiguos dioses, aunque esos dioses ahora solo sepan emitir sonidos guturales y necesiten que les cepillen el pelo para no enfermar. |
Esta es una interpretación de esa atmósfera de Soror, donde la inversión de roles es absoluta y el afecto se mezcla con la tragedia de la involución. El Ritual del Atardecer. Zira sostenía la esponja de mar con una delicadeza que su propia especie rara vez recibía. El agua estaba a la temperatura exacta: ni tan fría como para asustarla, ni tan caliente como para dañar esa piel blanca y fina que carecía de la protección del pelaje. Frente a ella, sentada en el borde de mármol de la tina, estaba la criatura. Hacía apenas unas generaciones, los antepasados de esa mujer habían dictado leyes, compuesto sinfonías y construido las torres de Soror. Ahora, la antigua dueña de la casa simplemente miraba el vapor que subía del agua con una fascinación vacía. Sus ojos, antes capaces de leer filosofía, ahora solo seguían el movimiento de las burbujas de jabón. El contraste de las manos. Las manos de Zira: Firmes, oscuras y diestras. Sus dedos, aunque gruesos, se movían con la precisión de quien ha aprendido a dominar la costura, la escritura y la higiene. Ella era el nuevo motor del mundo. Las manos de la mujer: Pálidas y lánguidas. Colgaban a sus costados como adornos inútiles. Habían pasado décadas desde que una mujer de su linaje tuvo que sostener un peine por sí misma; la flojera ancestral había borrado la conexión entre su cerebro y sus músculos. "Quieta, pequeña", susurró Zira en un lenguaje que la mujer ya no podía procesar. "Ya casi terminamos." La alimentación Cuando llegó el momento de la cena, la humillación —si es que la mujer pudiera sentirla— fue total. Zira tomó una cuchara de plata y sopló la papilla de frutas. La dependencia: La mujer abrió la boca de forma automática, como un pichón en el nido. No sabía usar los cubiertos; el metal le resultaba un objeto extraño y frío. El afecto: Zira le limpió la comisura de los labios con un paño de seda. Había un amor genuino en su mirada, el tipo de amor que se le tiene a un perro viejo o a una reliquia rota. La mirada: Mientras Zira calculaba las raciones y planeaba la agenda del día siguiente, la mujer emitió un sonido gutural, un pequeño gorjeo de placer al sentir el sabor dulce. No había rastro de pensamiento complejo, solo la satisfacción básica de un estómago lleno. Zira suspiró, acariciando el cabello de su mascota humana. Era una victoria agridulce: los simios habían heredado el mundo, pero sus antiguos maestros se habían convertido en niños eternos, hermosos y huecos, que morirían de frío si ella olvidara arroparlos esa noche. |
Phyllis y Jinn chimpancé en la nave espacial planeta de los simios. |
A diferencia de las películas, el libro utiliza una "narrativa marco". La historia comienza con Jinn y Phyllis, una pareja de chimpancés adinerados y civilizados que viajan en su propia nave espacial por placer. El hallazgo: Mientras navegan por el espacio, encuentran una botella flotando en el vacío que contiene el manuscrito de Ulysse Mérou (el protagonista humano). La reacción: Jinn y Phyllis leen toda la aventura de Ulysse en el planeta Soror. Al terminar el relato, Phyllis se muestra escéptica y dice que es imposible que un humano sea inteligente o sepa escribir. El giro final: En el cierre del libro, se revela que Jinn y Phyllis son, de hecho, simios evolucionados, y se burlan de la idea de que un "humano" pudiera haber escrito algo tan complejo. Nota curiosa: El final del libro es mucho más cínico que el de la película, ya que sugiere que el destino de la inteligencia siempre termina en manos de los simios, sin importar en qué rincón de la galaxia ocurra. La novela está escrita como un "mensaje en una botella" que Ulysse lanzó al espacio contando su historia. Al final del libro, volvemos a la pareja que encontró el mensaje: Phyllis y Jinn, quienes están de vacaciones en su propia nave. Mientras terminan de leer el manuscrito de Ulysse, ellos se ríen y dicen que la historia es increíble pero imposible, porque un humano nunca podría haber sido tan inteligente ni haber escrito algo así. En ese momento, el autor revela que Phyllis y Jinn también son chimpancés. En la novela: Ulysse viaja a otro planeta real (Soror), pero descubre que la caída de la humanidad es un fenómeno universal. No importa a dónde vaya, los simios han reemplazado al hombre. |
En la novela de Pierre Boulle, el trato que Phyllis y Jinn (la pareja de chimpancés aristócratas que viaja en la nave espacial al principio y al final del libro) dan a los humanos es el de simples animales domésticos, carentes de cualquier rastro de inteligencia. Aquí te detallo cómo los trataban y controlaban según el relato: 1. Como "animales curiosos" Para ellos, los humanos no son más que una especie animal inferior, similar a cómo nosotros veríamos a un hámster o a un perro faldero. No los ven como seres capaces de pensar, hablar o escribir. De hecho, cuando encuentran el manuscrito de Ulysse Mérou flotando en el espacio, se ríen de la idea de que un humano pudiera haber escrito algo tan complejo, calificándolo de una "fantasía imposible". 2. El control físico: La falta de ropa Al igual que en el resto del planeta de los simios, el control sobre los humanos empieza por la despojo de su dignidad. Phyllis y Jinn mantienen a sus humanos completamente desnudos. En la sociedad simia, la ropa es el símbolo de la civilización y la razón; al mantener a los humanos sin ella, refuerzan la idea de que son solo "bestias de la naturaleza". 3. El trato condescendiente y afectuoso Su trato no es necesariamente cruel en el sentido de tortura, sino condescendiente. Los tratan con "cariño" animal: Mascotas de exhibición: Los tienen para su entretenimiento durante sus viajes espaciales (que son como cruceros de lujo para ellos). Alimentación: Les dan comida básica, tratándolos como seres que solo viven por instinto. 4. La ironía del control intelectual Lo más impactante de la relación es el control psicológico. Phyllis y Jinn están tan convencidos de la superioridad simia que, aunque tienen humanos frente a ellos, son incapaces de ver cualquier destello de humanidad. Para ellos, un humano que intenta comunicarse es simplemente un animal que hace "ruidos curiosos" o "monerías". El momento clave del final: Cuando terminan de leer la historia de Ulysse (que describe un mundo donde los humanos eran los amos), Phyllis se burla diciendo que el autor tiene mucha imaginación. El libro termina describiendo cómo Phyllis se retoca el maquillaje y Jinn maneja la nave con sus cuatro manos, revelando que ellos mismos son chimpancés. En resumen: Los controlaban mediante la domesticación total, privándolos de cultura, ropa y reconocimiento de su intelecto, manteniéndolos como adornos vivientes en su vida de millonarios ociosos. En la novela original de Pierre Boulle, las mascotas humanas que viajan en la nave con Phyllis y Jinn no tienen nombres propios. Esto es una decisión narrativa deliberada del autor por varias razones fundamentales: Deshumanización total: Al no ponerles nombre, Boulle refuerza la idea de que para los simios, los humanos son simplemente especímenes biológicos, como si nosotros tuviéramos un hámster o un canario sin bautizar. Contraste con Ulysse: Mientras que el protagonista lucha por recuperar su nombre y su identidad, los humanos que Phyllis y Jinn tienen en su nave han perdido toda noción de individualidad. Son solo "el macho" y "la hembra". La ironía del final: Al final del libro, cuando Phyllis y Jinn terminan de leer el manuscrito de Ulysse, miran a sus mascotas con desprecio y burla. Para ellos, la idea de que esos animales sin nombre pudieran haber construido alguna vez una civilización es un chiste absurdo. En el universo de El planeta de los simios, el nombre es el primer rasgo de inteligencia que los simios le quitan al hombre para convertirlo en bestia. Te gustaría que te cuente qué reacción física tienen los simios al terminar de leer el relato de Ulysse mientras ven a sus mascotas? La reacción de Phyllis y Jinn es una mezcla de escepticismo refinado y desprecio absoluto hacia la especie humana. Aquí te detallo los gestos y la reacción física que describen el final del libro: 1. La risa incrédula Después de leer la odisea de Ulysse Mérou (donde se narra que los humanos alguna vez fueron los amos de la Tierra y tenían tecnología), Jinn suelta una carcajada. Para él, la historia es una fantasía ridícula. Físicamente, reacciona con la suficiencia de un intelectual que acaba de leer un cuento de hadas absurdo. 2. El gesto de Phyllis Phyllis, la chimpancé, tiene una reacción muy "humana" (según nuestra perspectiva) pero que refuerza su identidad simia: Se encoge de hombros con desdén. Saca sus implementos de maquillaje para retocarse el rostro. Comenta que el autor de la nota (Ulysse) tiene una imaginación desbordante, pero que es imposible que un humano sea inteligente, ya que carecen de "ese brillo racional en la mirada". 3. La mirada a sus mascotas Mientras desestiman la historia, miran a los humanos que llevan en la nave como mascotas. Los ven rascándose, emitiendo sonidos guturales y comportándose de forma puramente animal. Esa visión física de los humanos "mascotizados" les sirve como prueba irrefutable de que el relato de Ulysse es mentira. 4. La revelación física final El autor guarda el golpe maestro para el último párrafo. Mientras Jinn maniobra la nave espacial para aterrizar, Boulle describe sus movimientos físicos: Jinn utiliza sus cuatro manos (pies y manos prensiles) con una destreza asombrosa para manejar los controles, mientras Phyllis se acomoda el pelo. Es en ese instante donde el lector, que hasta ese momento podía haber pensado que Phyllis y Jinn eran humanos de un futuro lejano, se da cuenta de que son chimpancés. La tragedia final es que la evidencia de la grandeza humana (el manuscrito) está en manos de quienes nunca la reconocerán, porque para ellos, el hombre es solo un animal doméstico. En la novela de Pierre Boulle, la descripción de las mascotas humanas que viajan con Phyllis y Jinn en su nave espacial es el reflejo final de la degradación total de nuestra especie. Aquí tienes los detalles de cómo eran y cómo estaban: 1. El Collar y el Control. A diferencia de los humanos salvajes que Ulysse encuentra en la selva de Soror, las mascotas de estos millonarios simios están totalmente domesticadas. El collar: Sí, llevan collares, que son el símbolo de su estatus como propiedad privada. Estos collares suelen ser de materiales finos (acorde al lujo de la nave de unos magnates), pero cumplen la función de permitir que sus dueños simios los guíen o los aten si es necesario. La correa: En varias escenas de la alta sociedad simia, se describe a los humanos siendo llevados por "correas de seda" o cadenas ligeras, tratándolos con la misma mezcla de cuidado y autoridad con la que alguien pasearía a un perro de raza cara. 2. Apariencia Física: La "Belleza Animal" Phyllis y Jinn eligen a sus mascotas por su estética, no por su capacidad. Desnudez: Los humanos están completamente desnudos. Para los simios, la ropa es lo que separa a un ser racional de una bestia. Ver a un humano vestido les resultaría tan ridículo como para nosotros ver a un perro con esmoquin. Higiene y Salud: Al ser mascotas de millonarios, están bien alimentados, tienen el cabello limpio y la piel sana, pero su mirada es vacía. No hay rastro de pensamiento complejo, solo instinto. Atributos físicos: Se describen como ejemplares jóvenes y de proporciones perfectas, lo que aumenta la crueldad de la imagen: son cuerpos humanos hermosos que han perdido la "chispa" de la razón. 3. Comportamiento y Actitud La descripción de sus movimientos es lo que más choca al lector: Gestos de mascota: Se acurrucan a los pies de Phyllis y Jinn, buscan caricias de forma sumisa y emiten ruidos guturales (gruñidos o gemidos suaves) para pedir comida o atención. Carencia de pudor: No tienen noción de la vergüenza. Se rascan, se aparean o duermen a la vista de sus dueños simios, quienes los observan con una mezcla de ternura condescendiente y desprecio biológico. 4. La Reacción de los Simios hacia ellos Lo más impactante es que Phyllis y Jinn miran a estas mascotas mientras terminan de leer el manuscrito de Ulysse. Al ver a sus humanos rascándose o haciendo "monerías" sin sentido, se ríen de la idea de que un humano pueda escribir. Para Phyllis, su mascota es simplemente un animalito "mono" (curioso) que no tiene ni la conformación física ni mental para ser civilizado. La presencia física de estas mascotas es, para los simios, la prueba de que el relato de Ulysse es una obra de ficción pura. En la novela de Pierre Boulle, la descripción de las hembras humanas mantenidas como mascotas por la élite simia (como la que podría tener una pareja como Phyllis y Jinn) es uno de los puntos más inquietantes y detallados. El autor utiliza estas descripciones para resaltar la pérdida de la chispa racional. Así es como se describe a la "mascota humana" ideal en ese mundo: 1. Belleza puramente animal Se las describe como ejemplares de una perfección física asombrosa. Son mujeres jóvenes, de cuerpos atléticos y piel sana, ya que los simios millonarios las cuidan como nosotros cuidaríamos a un caballo de exhibición o a un perro de raza. Sin embargo, es una belleza "vacía": Pelo: Largo y descuidado o enredado (ya que no tienen noción de peinarse), lo que les da un aspecto salvaje. Piel: Bronceada por el sol, pero sin el rastro de "aseo consciente" que tendría un ser humano civilizado. 2. La mirada: El detalle crucial Ulysse, el protagonista, se obsesiona con los ojos de estas mujeres. Describe que, aunque son hermosas, su mirada es puramente instintiva. No hay rastro de ironía, ni de duda, ni de pensamiento abstracto. Sus ojos reflejan miedo, hambre, deseo o sueño, pero nunca curiosidad intelectual. Cuando miran a sus dueños simios, lo hacen con la sumisión de un perro que espera una recompensa. 3. El uso del collar y la desnudez Como mencionamos antes, el collar es el accesorio distintivo. Para las mascotas de los millonarios, los collares no son toscos; pueden ser de cuero fino o incluso decorados, pero llevan una placa o marca de propiedad. La desnudez es total. En la novela, se hace énfasis en que estas mujeres no tienen noción del pudor. Se sientan, se rascan o se acurrucan en el suelo de la nave o de las casas de los magnates simios sin ninguna consciencia de su cuerpo, lo cual horroriza a Ulysse, quien intenta cubrir a Nova (su compañera) para devolverle algo de dignidad. 4. Comportamiento en cautiverio La descripción física se complementa con sus movimientos: Gritos y ruidos: No hablan. Emiten gritos agudos de alegría o gruñidos de amenaza si otra mascota se acerca a su comida. Agilidad: Son mucho más ágiles que un humano moderno; trepan y saltan con una destreza casi simiesca, lo que para los simios es prueba de su "animalidad". Afecto: Buscan el contacto físico con sus dueños chimpancés o gorilas, restregando su cabeza contra sus manos para recibir caricias, tal como lo haría un gato. El contraste con Nova Nova es la descripción "modelo" de estas mascotas al principio de la historia. Ulysse la describe como una mujer de una belleza "divina", pero le duele profundamente que esa belleza sea desperdiciada en un ser que, en ese momento, solo sabe gruñir y pelear por una fruta. La tragedia de la novela es que, al final, cuando los simios Phyllis y Jinn miran a su propia mascota humana en la nave, la ven exactamente así: como un animalito decorativo y estúpido, lo que hace que sea imposible para ellos creer que los humanos alguna vez dominaron la Tierra. En la novela de Pierre Boulle, este detalle es una de las pruebas más crudas de la domesticación absoluta a la que los simios han sometido a los humanos. No se trata de que los humanos hayan recuperado su inteligencia, sino de que han sido entrenados mediante un sistema de reflejos condicionados (muy al estilo de los experimentos de Pávlov). Aquí te explico cómo funcionaba ese "adiestramiento" en la nave de Phyllis y Jinn y en las casas de los magnates: 1. El entrenamiento por recompensa y castigo Los simios, que son científicos y administradores brillantes, no ven a los humanos como seres a los que se les pueda explicar algo, sino como animales que responden a estímulos. Higiene: Las mascotas humanas de la élite están entrenadas para hacer sus necesidades en lugares específicos (similares a areneros de lujo o desagües diseñados para ellos). El método: Si el humano lo hace donde debe, recibe una golosina (fruta o un terrón de azúcar); si lo hace en el suelo de la nave, recibe un castigo físico o un ruido ultrasónico molesto. 2. La pérdida del pudor Un punto que horroriza al protagonista, Ulysse, es que estas mascotas no tienen ningún sentido de la privacidad. En la nave espacial de Phyllis y Jinn, los humanos hacen sus necesidades frente a sus dueños simios sin ninguna vergüenza. Para los simios, esto es natural: ellos ven a los humanos como nosotros veríamos a un gato usando su caja de arena. No hay malicia, solo biología. 3. Limpieza y mantenimiento. Al ser mascotas de millonarios, la higiene es fundamental, pero no es una higiene "humana". Los simios utilizan sistemas automáticos de limpieza en las zonas destinadas a las mascotas. En la novela se da a entender que los humanos son bañados con mangueras o sistemas de aspersión, y sus desechos son eliminados por succionadores en la nave, manteniendo el ambiente impecable para los dueños chimpancés. 4. El "Instinto" domesticado. Lo que más frustra a Ulysse es ver cómo los humanos han aceptado este rol. Se han vuelto tan dependientes de los simios que actúan con una pasividad total. Están tan "adiestrados" que incluso esperan una señal de sus dueños para comer o moverse. En la nave, se quedan quietos en sus rincones designados (a veces sobre alfombras o cojines caros) hasta que Phyllis o Jinn deciden interactuar con ellos. La ironía final. Cuando Phyllis y Jinn terminan de leer el manuscrito de Ulysse sobre la "civilización humana", miran a sus mascotas haciendo sus necesidades o rascándose de forma animal. Esa falta de dignidad física es lo que termina de convencer a los simios de que el relato es una mentira: ¿Cómo un ser que vive así podría haber construido alguna vez una nave espacial? En la novela de Pierre Boulle, la limpieza de las mascotas humanas en los entornos de lujo (como la nave de Phyllis y Jinn o las mansiones de los aristócratas simios) se describe de una manera que refuerza la humillación de la especie humana, tratándola como ganado de exhibición. Aquí te detallo cómo funcionaba ese proceso de "mantenimiento": 1. El diseño de los habitáculos En la nave espacial de los millonarios chimpancés, el área destinada a los humanos no es una habitación, sino una jaula de lujo o un sector alfombrado con materiales sintéticos fáciles de lavar. Sistemas de drenaje: Los sectores donde las mascotas pasan la mayor parte del tiempo suelen tener rejillas o sistemas de succión automática en el suelo. Limpieza por aspersión: En lugar de que un simio limpie manualmente (lo cual considerarían asqueroso), se utilizan sistemas de chorros de agua o vapor que se activan periódicamente para higienizar el área y a los propios humanos. 2. El aseo de los humanos (El "baño") Para los simios, un humano limpio es un signo de estatus. Sin embargo, no los bañan con delicadeza: Manguerazos y desinfectantes: Ulysse describe cómo los cuidadores simios rocían a los humanos con mangueras de agua tibia y jabones químicos que eliminan cualquier rastro de suciedad o parásitos. Sin secado manual: A menudo dejan que los humanos se sequen al aire o bajo lámparas de calor, tratándolos exactamente como se trataría a un perro de raza en una perrera de alta gama. 3. El comportamiento ante las necesidades Como te mencionaba antes, las mascotas están entrenadas por reflejos. Cuando un humano "ensucia" fuera del lugar designado, los simios utilizan estímulos negativos (un silbato estridente, una pequeña descarga eléctrica o simplemente la privación de comida). Con el tiempo, la mascota aprende a evacuar solo en los puntos donde el sistema de succión de la nave puede eliminar los desechos de forma inmediata. 4. La actitud de los dueños (Phyllis y Jinn) Lo más impactante es la indiferencia clínica. Para Phyllis y Jinn, ver a su mascota defecar o ser lavada con una manguera no les produce ninguna emoción más allá de la que sentiría un dueño de mascota hoy en día. La falta de pudor: Los humanos han perdido el instinto de esconderse para hacer sus necesidades. Lo hacen frente a los simios, y estos los observan con una curiosidad científica o simplemente los ignoran mientras siguen conversando sobre literatura o astronomía. La Gran Ironía Final Toda esta limpieza y control físico es lo que termina de convencer a los simios de que el hombre es un animal inferior. Al ver a los humanos esperando pasivamente a ser lavados o evacuando en un rincón de la nave siguiendo un entrenamiento, los simios concluyen que es imposible que esos seres hayan tenido alguna vez una cultura o un alma. En la novela de Pierre Boulle, la respuesta es un rotundo sí, pero bajo una óptica que resulta bastante perturbadora para el lector humano: los simios no solo lo permiten sexo, sino que lo fomentan, lo observan y lo controlan como si fueran criadores de ganado o de perros de exposición. Aquí te explico cómo funcionaba esa dinámica en las naves de los magnates y en los laboratorios: 1. El apareamiento como espectáculo y estudio. Para los simios millonarios y científicos, el sexo entre humanos no tiene ninguna carga moral, romántica o privada. Observación clínica: Los simios (especialmente los científicos como Zira) observan el acto sexual de sus mascotas con una libreta en la mano, tomando notas sobre la duración, la agresividad o la eficacia reproductiva. Falta de privacidad: En la nave de Phyllis y Jinn, las mascotas no tienen rincones privados. Se aparean a la vista de sus dueños chimpancés, quienes los miran con la misma indiferencia con la que nosotros veríamos a dos hámsteres en una jaula. 2. La selección "Eugenésica" (Cría de raza) Los magnates simios son muy cuidadosos con quién se aparea con quién. Cruces selectivos: Si un magnate tiene una hembra humana especialmente bella (como Nova), buscará un macho que sea fuerte o dócil para "cruzarlos". El objetivo es obtener crías que sean mascotas más valiosas o estéticas. Control total: Los simios deciden cuándo y con quién deben tener relaciones sus mascotas. Si un humano intenta rechazar a una pareja impuesta, los cuidadores simios pueden usar la fuerza o castigos para obligar al apareamiento. 3. El caso de Ulysse y Nova (El experimento) Este es uno de los momentos más humillantes para el protagonista en la novela: Los científicos simios encierran a Ulysse y Nova en una jaula con el único propósito de que se apareen. Al principio, Ulysse se niega por pudor y dignidad, sabiendo que hay decenas de simios mirando y filmando detrás del cristal. Sin embargo, los simios se frustran y empiezan a creer que Ulysse es impotente o "defectuoso". Al final, la atracción física natural por la belleza de Nova y el instinto terminan ganando, y Ulysse cede, sintiéndose profundamente degradado al convertirse en el "semental" de un experimento científico. 4. Sin noción de familia Para las mascotas de los simios, el sexo es puramente instintivo. Una vez que la hembra queda embarazada, los simios se aseguran de que tenga una buena nutrición, pero separan a las crías de los padres poco después del nacimiento para venderlas o enviarlas a otros laboratorios, rompiendo cualquier vínculo que pudiera parecerse a una familia humana. En resumen: Los simios permiten y promueven las relaciones sexuales de sus mascotas, pero las despojan de todo rastro de amor o intimidad, convirtiéndolas en un proceso de reproducción técnica y exhibicionismo animal. las mascotas tenían el deseo sexuales y especialmente las mascotas de esos millonarios de la nave. En la novela de Pierre Boulle, la respuesta es sí, tenían deseos sexuales, pero es un deseo descrito como algo puramente mecánico e instintivo, despojado de cualquier rastro de erotismo, romance o seducción. Para el protagonista, Ulysse, observar esto en las mascotas de los millonarios o en los laboratorios era una de las experiencias más difíciles de procesar. Así es como funcionaba ese deseo en los humanos del planeta Soror: 1. El deseo como "Celo" Animal. Las mascotas humanas no sentían "amor" ni "atracción" por la personalidad del otro. Su deseo funcionaba por ciclos biológicos. Cuando las hembras entraban en su periodo fértil, emitían señales físicas y hormonales que los machos detectaban. El encuentro sexual era a menudo violento o puramente físico, sin juegos previos ni ternura. Era una descarga de instinto necesaria para la especie, tal como ocurre con los simios salvajes o los perros. 2. La ausencia de pudor ante los dueños. Lo que más le chocaba a Ulysse (y seguramente a los lectores) es que las mascotas de los millonarios, como los que tenían Phyllis y Jinn, no esperaban a estar a solas. Si el instinto se activaba, las mascotas se apareaban en cualquier rincón de la nave, incluso a los pies de sus dueños simios mientras estos cenaban o charlaban. Los simios no solo lo permitían, sino que lo miraban con indiferencia. Para ellos, era como ver a dos de sus mascotas comer o dormir. No había escándalo porque, para un simio, un humano no tiene moral, solo necesidades fisiológicas. 3. El estímulo de los dueños (Cría dirigida) Los millonarios y científicos simios a menudo provocaban ese deseo. Si querían que una hembra hermosa quedara preñada de un macho fuerte, los encerraban juntos en espacios reducidos y los alimentaban con dietas especiales para aumentar su vigor. En la nave, si Phyllis y Jinn querían ver "acción" o simplemente asegurar una nueva cría (que en ese mundo es un objeto de valor), juntaban a sus ejemplares favoritos. Los humanos, al no tener voluntad propia ni cultura, simplemente cedían al instinto. 4. La frustración de Ulysse Ulysse Mérou describe esto con mucho dolor. Él intentaba hablarle a Nova, tratar de crear un vínculo emocional antes de cualquier contacto físico, pero se frustraba al ver que ella, al principio, solo respondía al estímulo carnal. Para las mascotas, el sexo era una forma de alivio físico, no una unión de almas. Ver a las mujeres "mascotas" de los millonarios buscar el apareamiento de forma tan animal era, para Ulysse, la prueba más triste de que el ser humano había sido "vaciado" de su espíritu. |

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