Una musulmana árabe chiíta de clase alta de bagdad, conservadora, y su marido un magnate turco otomano sumita de Constantinopla,un magnate petrolero. Ambos tienen una educación de élite, el marido estudió en la universidad de París, y la mujer en colegio de prestigio. Ambos tiene elevado conocimiento de música, van a ciudad de Dresden a ver la ópera "Salomé" en su extremo. Están acompaña de sus dos hijas estudiantes de liceo importante de París. Cual es la opinión del matrimonio y hijas, todos saben alemán como lengua de segunda lengua, y tiene conocimiento de música de educación media elite.
Para una familia de este calibre en 1905 —año del estreno de Salomé de Richard Strauss en Dresde— la experiencia sería un choque fascinante entre su refinamiento académico y sus sensibilidades culturales y religiosas.
He aquí un desglose de cómo procesarían esta obra revolucionaria:
El Marido: El Magnate Otomano (Perspectiva Técnica y Mundana)
Como exalumno de la Universidad de París, el magnate está familiarizado con el vanguardismo europeo. Probablemente aprecie la complejidad técnica de Strauss, pero su trasfondo otomano-sunita le dictará una opinión ambivalente.
La Música: Admirará la orquestación masiva (más de 100 músicos). Para alguien acostumbrado al poder y a la escala industrial del petróleo, la "disonancia organizada" de Strauss le parecerá una muestra de progreso y modernidad.
La Trama: Su mayor crítica será política y moral. Ver a una figura bíblica (Juan el Bautista/Iokanaan) siendo objeto de deseo carnal le resultará de mal gusto. Aunque educado en Francia, su estatus como líder de la élite de Constantinopla le obliga a mantener un decoro donde la exhibición pública de la lascivia es rechazada.
Veredicto: "Una proeza técnica de ingeniería musical, pero un espectáculo decadente que muestra la erosión de los valores europeos".
La Esposa: La Aristócrata Chiíta de Bagdad (Perspectiva Moral y Estética)
A pesar de su educación de élite, su base es conservadora y tradicionalista. Para una mujer de su posición en 1905, el realismo psicológico de Strauss es perturbador.
La Danza de los Siete Velos: Este sería el punto de mayor incomodidad. Ver a una princesa (Salomé) desnudarse en el escenario choca frontalmente con el concepto de haya (modestia) y la dignidad de la mujer noble.
La Religión: En la tradición islámica, Yahya (Juan el Bautista) es un profeta muy respetado. Ver su cabeza en una bandeja de plata tratada como un objeto de necrofilia ("El beso a la cabeza cortada") le resultaría profundamente sacrílego y macabro.
Veredicto: "La música es de una belleza violenta, pero el contenido es una profanación que ninguna persona de fe debería celebrar".
Las Hijas: Estudiantes del Liceo de París (Perspectiva Joven y Moderna)
Educadas en el corazón de la modernidad francesa y con un alemán fluido, las jóvenes verían la obra con ojos muy distintos a los de sus padres.
La Ruptura: Para ellas, Salomé representa una figura de rebelión femenina. En el entorno rígido de los liceos de élite, la explosión de color y emoción de la ópera es emocionante.
El Idioma: Al dominar el alemán, captarán los matices del libreto de Oscar Wilde (traducido por Hedwig Lachmann), apreciando el simbolismo y la poesía decadentista que sus padres podrían ignorar por el escándalo visual.
Veredicto: "Es el futuro de la música. Es aterrador, pero es la primera vez que vemos una emoción tan real y cruda en un escenario".
Puntos de Conflicto en la Cena Posterior
Es probable que, al salir del Semperoper, la conversación en el hotel se divida en dos frentes:
Música vs. Mensaje: El matrimonio discutirá si la excelencia de la partitura justifica la "inmoralidad" del libreto.
Identidad: El magnate recordará a sus hijas que, aunque vivan en París, son representantes del Imperio y de la fe, advirtiéndoles sobre los "excesos" de la libertad artística occidental.
Que hizo madre vio el beso, baile de 7 velos y declaración de amor sacrílego de Salomé.
Para una mujer de la alta aristocracia chiíta de Bagdad en 1905, estas tres escenas no son solo "teatro", sino una confrontación directa con sus pilares de fe, clase y decencia (adab).
Aquí te detallo su reacción física y psicológica ante los momentos más escandalosos de la ópera:
1. El Baile de los Siete Velos (El Escándalo de la Decencia)
En la cultura de una mujer de su posición, el cuerpo femenino es sagrado y privado. Ver a una princesa (su igual social en la ficción) despojarse de capas de ropa frente a una corte de hombres y judíos en el escenario le resultaría intolerable.
Reacción Física: Es probable que desvíe la mirada o use su abanico de seda para cubrirse parcialmente el rostro. No es solo timidez; es la sensación de estar presenciando algo profundamente impúdico (haram).
Pensamiento: Sentiría una mezcla de vergüenza ajena y horror. Para ella, Salomé está rebajando la dignidad de la mujer noble al nivel de una bailarina de taberna. Mirará de reojo a sus hijas, preocupada por el efecto de esta "libertinaje" visual en sus mentes jóvenes.
2. La Declaración de Amor Sacrílego (La Ofensa al Profeta)
En el Islam, Yahya (Juan el Bautista) es un profeta venerado por su ascetismo y pureza. Escuchar a Salomé describir el cuerpo del profeta con metáforas eróticas ("Tu cuerpo es blanco como los lirios...", "Tu boca es como una banda de escarlata...") es, para ella, una blasfemia.
Reacción Física: Una rigidez absoluta en el asiento. Sus manos, probablemente enguantadas, se apretarían sobre su regazo.
Conflicto Interno: Al saber alemán perfectamente, entiende cada palabra de la obsesión de Salomé. Mientras que el público alemán ve "poesía decadentista", ella ve una profanación de lo sagrado. La idea de una mujer persiguiendo a un hombre de Dios por deseo carnal le resultaría una inversión monstruosa del orden natural.
3. El Beso a la Cabeza Cortada (El Horror Macabro)
El clímax de la obra, donde Salomé besa la boca de la cabeza ensangrentada en la bandeja de plata, es el momento de ruptura total.
Reacción Física: Una náusea real. Es muy posible que se retire del palco o que cierre los ojos con fuerza, murmurando una breve oración o una expresión de rechazo en árabe (Astaghfirullah - "Busco el perdón de Dios").
La Opinión Final: Para esta madre, esta escena es la prueba de la patología de Occidente. Verá en ese beso una necrofilia espantosa que cruza todas las líneas rojas de la civilización.
El Comportamiento después del Acto
Al encenderse las luces del Semperoper, su reacción no será un grito, sino un silencio gélido y regio:
Hacia el Marido: Le lanzará una mirada de reproche silencioso por haber traído a la familia a un espectáculo tan "enfermo", a pesar de la fama de Strauss.
Hacia las Hijas: Les ordenará levantarse de inmediato. No permitirá que se queden a comentar los detalles técnicos de la partitura en el vestíbulo; su prioridad será sacarlas de esa atmósfera de "decadencia moral" lo antes posible.
Para ella, la música de Strauss podrá ser una joya técnica de la modernidad, pero el contenido de la obra es un "veneno envuelto en seda".
Me encantaría. Sería un ejercicio fascinante de contraste cultural y generacional en la atmósfera cerrada y tensa de un carruaje en la noche de Dresde de 1905.
Aquí tienes el diálogo entre los miembros de la familia mientras el carruaje avanza por la Prager Straße:
El Diálogo en el Carruaje
El Silencio Inicial:
El ruido de los cascos de los caballos sobre el empedrado es lo único que se escucha. La Madre mantiene la espalda rígida, sus manos apretando un rosario de ámbar oculto en su bolso de seda. El Padre exhala el humo de un cigarrillo turco, mirando por la ventana con expresión pensativa.
La Madre (rompiendo el hielo con voz gélida):
—Afendi, me dijiste que Strauss era el genio de la nueva Alemania. No me advertiste que veríamos a una mujer de la nobleza comportarse como una poseída por los jinns y profanar los restos de un Profeta. Es una mancha en nuestra noche.
El Padre (calmado, con tono pragmático):
—Querida, la música es una arquitectura de sonido. Lo que viste es "expresionismo". Strauss no busca la moral, busca el límite del sistema tonal. En París, en la Sorbona, nos enseñaron que el arte debe sacudir las estructuras viejas. Aunque admito... el beso final fue un exceso innecesario de crudeza germánica.
Hija Mayor (con ojos brillantes, hablando en un francés fluido salpicado de alemán):
—¡Pero Maman, fue sublime! Esa disonancia final cuando los soldados la aplastan bajo sus escudos... es el peso de la sociedad asfixiando el deseo. Salomé no es una villana, es una mujer que reclama su voluntad en un mundo de hombres corruptos como Herodes.
La Madre (mirando a su hija con severidad):
—¿Voluntad? Eso no es voluntad, es fitna (caos). Has pasado demasiado tiempo en ese Liceo de París si confundes la locura y el sacrilegio con la libertad. Una mujer de tu estatus encuentra su poder en el honor (ird), no en desnudarse ante extraños por la cabeza de un hombre que la rechaza.
Hija Menor (tímida, interviniendo en alemán):
—La orquesta hablaba, madre. Cuando ella cantaba sobre la boca de Iokanaan, los violines sonaban como si la sangre misma estuviera llorando. Nunca he escuchado nada tan complejo. ¿No es la música de élite lo que vinimos a buscar?
El Padre (asintiendo levemente):
—La técnica es impecable, hija. El uso de la politonalidad es algo que ni siquiera en Constantinopla podríamos imaginar. Pero vuestra madre tiene razón en algo: hay una línea entre el arte y la decadencia. Los europeos están jugando con fuego; están celebrando la destrucción de sus propios tabúes.
La Madre (cerrando la discusión):
—Mañana iremos a la Pinacoteca a ver cuadros de la Virgen y los Santos. Necesito limpiar mis ojos de esa bandeja de plata y esos velos. Y vosotras dos... no quiero volver a oír esa aria en vuestro piano del Liceo. Hay bellezas que es mejor no invocar.
Lo que revela este diálogo:
Conflicto de Valores: El padre separa la técnica (el petróleo, la universidad, la música) de la moral, mientras que la madre ve la obra como un todo indivisible.
La Brecha Generacional: Las hijas ya no ven el sacrilegio, sino la metáfora y la emoción pura, señal de que su educación europea está surtiendo efecto.
Madre pensó de lenguaje homosexual de Herodes al cadáver del guardia.
Este es un detalle de una agudeza excepcional. En la escena inicial de la ópera, cuando el joven Narraboth se suicida por desesperación ante la obsesión de Salomé, Herodes reacciona ante el cadáver del guardia con una mezcla de melancolía estética y una fijación casi erótica que no pasa desapercibida para una mujer de la élite de Bagdad.
Para la madre, esta escena es el primer aviso de que la noche será un descenso a la depravación. Aquí te detallo su proceso interno:
1. El Choque con la Masculinidad Ideal
En el código de honor (muruwa) de la aristocracia árabe y otomana, un gobernante debe ser el pilar de la fuerza y la contención. Ver a un monarca (Herodes) lamentarse por la belleza física de un guardia muerto con palabras como "Era hermoso de ver... sus ojos eran como palomas doradas", le resulta profundamente perturbador.
Su interpretación: Ella no lo ve simplemente como "tristeza", sino como una falta de hombría y una desviación de la naturaleza (fitra). Para ella, que un rey se detenga a poetizar sobre los ojos de un sirviente fallecido es una señal de debilidad moral y una "afeminación" del poder que desprecia.
2. La Decodificación del Subtexto
Como mujer educada y políglota, entiende perfectamente las implicaciones del libreto de Oscar Wilde (quien ya era famoso y polémico por su propia vida privada). Ella detecta que Herodes no está de luto por un soldado, sino por un objeto de deseo perdido.
El "Lenguaje Prohibido": En el Bagdad conservador de 1905, el amor entre hombres existe en la poesía clásica, pero suele estar envuelto en metáforas místicas o estrictamente privadas. Verlo expuesto en un escenario alemán como una obsesión decadente y pública le parece un síntoma de la enfermedad de la modernidad europea.
Reacción Silenciosa: Se ajusta el cuello de su vestido o sus joyas. Es el momento en que se inclina hacia su marido y le susurra al oído algo como: "¿Es este el tipo de reyes que los alemanes celebran? Un hombre que llora por la belleza de un muchacho mientras el Profeta está en una cisterna".
3. La Preocupación por el Ejemplo
Lo que más le aterra de este "lenguaje homosexual" de Herodes es que sus hijas lo están escuchando y entendiendo.
El Riesgo Educativo: Ella teme que el Liceo de París esté "suavizando" el juicio moral de sus hijas. Si Herodes puede hablar así de un cadáver y ser aplaudido como "gran arte", ella siente que el suelo bajo sus pies se desmorona.
La Comparación: Comparará mentalmente la dignidad de los hombres de su familia en Iraq —serios, protectores, viriles— con este Herodes histérico y esteta, reafirmando su creencia de que, aunque Europa tenga el petróleo y las máquinas, el Este conserva el alma y la decencia.
Un detalle de clase:
Para ella, el suicidio de Narraboth es trágico, pero la reacción de Herodes es grotesca. Lo ve como un "vicio de palacio" que en su tierra se ocultaría bajo siete llaves, pero que aquí, en Dresde, se exhibe con orgullo orquestal.
Te gustaría que explorara si ella intenta "distraer" a sus hijas durante esa escena específica.
Me parece una excelente idea. Ese momento es un ejercicio de equilibrio diplomático y maternal: una mujer de su rango no puede causar una escena pública —lo cual sería una falta de etiqueta (adab) imperdonable—, pero tampoco puede permitir que sus hijas absorban esa "corrupción" visual y verbal sin filtros.
Aquí te presento cómo manejaría ella ese instante de tensión durante la representación:
La Táctica de la "Distracción Aristocrática"
En el momento en que Herodes comienza su lamento estético sobre el cadáver del joven Narraboth y la atmósfera se carga de ese subtexto homoerótico y decadente, la madre no recurre a la prohibición directa, sino a la interrupción elegante.
El Abanico como Escudo: Justo cuando Herodes se inclina sobre el cuerpo y describe sus "ojos como palomas", ella despliega su abanico de encaje y plumas. No lo hace para refrescarse, sino para crear una barrera visual entre el escenario y el campo de visión de sus hijas, fingiendo que comenta algo al oído de la mayor.
El Ajuste de las Joyas: Se inclina hacia la hija que tiene más cerca y, con un gesto firme pero maternal, le recoloca un broche o una cinta del vestido. Es una forma física de reclamar la atención de la joven hacia el "decoro" y la realidad familiar, sacándola de la hipnosis de la música de Strauss.
El Susurro en Árabe: Mientras el libreto en alemán despliega su erotismo macabro, ella les susurra en árabe: «Mirad el bordado del telón lateral, es una técnica de terciopelo que vuestra tía en Bagdad querría conocer». Al cambiar el idioma del alemán (la lengua del pecado en ese momento) al árabe (la lengua del hogar y la fe), reafirma su autoridad cultural.
El Significado de su Gesto
Para ella, distraerlas es un acto de protección espiritual. No quiere que las jóvenes normalicen la idea de un hombre de poder perdiendo la compostura por la belleza de otro hombre. En su mente, ese "lenguaje de Herodes" es el síntoma de una sociedad que ha perdido su centro moral, y ella actúa como el ancla de su familia.
Un posible "Next Step"
Qué piensa del personaje de Herodes, viciosos, de la gula, y sexo homosexual y heterosexual. Es imposible ocultarlos, además miradas del personaje. La madre sabe analizar la obra por estudios de musica y experiencia en operas.
Para una mujer de su nivel, que ha estudiado teoría musical y ha frecuentado los teatros de ópera de París y Viena, el personaje de Herodes no es solo un villano de cuento; es una anatomía de la corrupción del alma. Ella no necesita que nadie le explique el subtexto; su mirada educada desmenuza cada vicio con una mezcla de fascinación técnica y repulsión ética.
Así es como ella analiza la figura de Herodes:
1. La Gula y el Descontrol Sensorial
Ella nota cómo Strauss utiliza la orquestación para subrayar la glotonería de Herodes. Los metales y las maderas chillonas representan a un hombre que ha perdido el hal (el equilibrio espiritual).
Su análisis: Ve en Herodes el fracaso del autogobierno. Para una aristócrata educada en la disciplina del protocolo, la forma en que Herodes pide vino y fruta mientras se resbala en la sangre del guardia es la máxima expresión de la barbarie oculta tras una corona. Ella lo juzga no solo como pecador, sino como un "mal gobernante" que ha sucumbido a sus instintos más bajos.
2. La Mirada Depravada (Heterosexual y Homosexual)
Lo que más le irrita es la omnipresencia del deseo de Herodes. Ella capta perfectamente la dirección de las miradas del actor, que Strauss marca con motivos musicales específicos:
Hacia Salomé (Heterosexual/Incestuoso): Ella reconoce el "hambre" en los ojos de Herodes hacia su hijastra. Como madre de dos adolescentes, esto le produce una alarma visceral. Nota cómo el lenguaje musical de Herodes se vuelve viscoso y dulce cuando le pide a Salomé que muerda una fruta para él.
Hacia el Guardia (Homosexual/Estético): Ella percibe que Herodes no distingue géneros en su búsqueda de placer; solo busca "belleza" para consumir. Al analizar la partitura, entiende que Strauss ha compuesto a un personaje pan-sexual y polimorfo, alguien que representa el fin de la civilización. Para ella, esto es la "enfermedad de la abundancia".
3. La Imposibilidad de Ocultar el Vicio
Lo que más le impresiona —y le aterra— es que en esta ópera el vicio es ruidoso.
Música vs. Realidad: En Bagdad o Constantinopla, los vicios de la élite se mantienen tras los muros de los palacios, protegidos por el silencio y la discreción (sitre). Pero en Salomé, Strauss saca todo a la luz con una orquesta atronadora.
La Opinión Técnica: Ella piensa: "Este compositor ha desnudado el alma humana hasta dejarla en los huesos". Reconoce que Strauss ha logrado algo magistral pero peligroso: hacer que el vicio sea estéticamente "interesante". Teme que la belleza de la música actúe como un velo que haga que sus hijas acepten la depravación de Herodes como algo "artístico" en lugar de algo "monstruoso".
El Juicio Final de la Madre
Para ella, Herodes es el espejo de una Europa que se encamina al desastre. Mientras el público alemán aplaude la "genialidad" de la caracterización, ella ve una profecía:
"Un hombre que no puede controlar su mirada, que desea a la hija de su esposa y llora por la belleza de sus soldados, es un hombre cuyo imperio caerá pronto. Strauss no ha escrito una ópera, ha escrito una autopsia".
¿Qué podría hacer ella ahora?
Oscar wilde, que se basa la ópera Salomé, una obra de amor y expresión de homosexualismo.
Esta observación es el punto donde la educación de élite de la madre choca directamente con su brújula moral. Ella es perfectamente consciente de quién es Oscar Wilde; en 1905, el nombre del autor todavía resuena con el escándalo de su juicio y encarcelamiento en Inglaterra apenas una década antes.
Para una mujer de su posición, que entiende el arte como una herramienta de elevación espiritual, el hecho de que Strauss haya elegido a Wilde como base para su ópera es una declaración de guerra cultural. Así procesa ella este "lenguaje de Wilde" en el escenario:
1. La Belleza como "Máscara del Pecado"
Ella analiza la obra y comprende que la estética de Wilde (el esteticismo) propone que "no hay libros morales o inmorales, sino libros bien o mal escritos".
Su rechazo: Como musulmana conservadora, ella no puede separar la forma del contenido. Para ella, que el amor de Salomé por Iokanaan sea una metáfora del deseo "prohibido" o "transgresor" de Wilde (incluida su homosexualidad) hace que la obra sea doblemente peligrosa.
La mirada técnica: Ella nota que la música de Strauss "viste" las palabras de Wilde con una suntuosidad que las hace aceptables. Piensa que la ópera es un caballo de Troya: utiliza la belleza de la orquesta para introducir ideas de libertad sexual y desorden moral en el corazón de las familias respetables.
2. El Espejo de la Homosexualidad
Ella detecta en el texto de Wilde, traducido al alemán, una sensibilidad que no es "femenina" ni "masculina" tradicional, sino queer (aunque no use esa palabra).
Narraboth y el Paje: Nota la devoción del Paje hacia el joven Narraboth. En la música, ese vínculo suena melancólico y profundo, casi más puro que el deseo de Salomé.
El juicio moral: Para ella, Wilde ha infundido en cada personaje una "insatisfacción crónica" que ella asocia con la vida de un hombre que vive en las sombras. Ve la fijación de Salomé por la "blancura" y la "negrura" del cuerpo del profeta como una descripción casi anatómica y fetichista, propia de la literatura decadente que ella asocia con la caída de los valores familiares.
3. La traición del Marido
Lo que más le duele es que su marido, el magnate turco, parece ignorar o tolerar este subtexto en nombre del "progreso".
Ella piensa: "Él ve petróleo, máquinas y universidades en Europa, pero no ve que está alimentando a sus hijas con la filosofía de un hombre que fue condenado por corromper la moral de los jóvenes en Londres".
Para ella, la ópera no es una historia bíblica, es una vindicación de Oscar Wilde. Ver a Salomé besar la cabeza cortada es, en su mente, la victoria final del deseo transgresor sobre la ley de Dios.
La reacción final en el hotel
Cuando llegan al hotel y las hijas se retiran, ella confronta a su marido con una lucidez cortante:
"Afendi, no me hables más de la técnica de Strauss. Lo que hemos visto hoy es la apoteosis de Oscar Wilde. Has llevado a tus hijas a ver una obra escrita por un hombre que despreciaba la familia y que convirtió lo sagrado en una carnicería erótica. La música es hermosa, sí, pero hasta el veneno más dulce mata si se bebe con entusiasmo".
Salomé como personaje que piensa.
Para esta madre, Salomé no es una heroína trágica ni una joven enamorada; es una advertencia encarnada. Debido a su formación musical y su estricta brújula moral, ella disecciona al personaje de Salomé como una criatura que ha roto el "pacto de la civilización".
Aquí está el análisis que la madre hace sobre la psique de Salomé mientras la observa en el escenario:
1. La "Mujer Voluntad" frente a la "Mujer Honor"
En el mundo de la madre, una mujer de la aristocracia encuentra su poder en la discreción, el linaje y el decoro (ird). Salomé, al contrario, utiliza su linaje para exigir caprichos.
Su pensamiento: "Esta niña no busca amor, busca dominio. Su deseo por el Profeta no es devoción, es la rabia de una mujer de élite que nunca ha escuchado la palabra 'no'".
Ella identifica que Salomé padece la enfermedad del aburrimiento absoluto, un síntoma de una nobleza decadente que, al tenerlo todo, solo puede encontrar placer en lo prohibido y lo destructivo.
2. El Despertar de un Monstruo (Análisis de la Voz)
Como experta en ópera, la madre nota cómo la partitura de Strauss para Salomé evoluciona. Al principio, la voz suena ligera, casi infantil; pero conforme avanza la obra, se vuelve pesada, metálica y violenta.
Su juicio técnico: "Strauss ha compuesto la pubertad de un monstruo". Ella percibe que la música de Salomé no es lírica, sino obsesiva. La forma en que la soprano repite "Lass mich deinen Mund küssen" (Déjame besar tu boca) le suena como un mantra hipnótico que anula la razón. Para ella, Salomé es la representación de la carne sin espíritu.
3. La Mirada "Depredadora" de Salomé
La madre observa cómo Salomé mira a Iokanaan. No es la mirada de una mujer que admira la santidad, sino la de una coleccionista de objetos preciosos.
La conexión con el esteticismo de Wilde: Ella entiende que Salomé mira al profeta como si fuera una estatua de marfil o un objeto de plata. "Lo trata como si fuera una joya que puede comprar o robar".
Para la madre, esta es la mayor perversión: Salomé ha despojado al hombre de Dios de su humanidad para convertirlo en un fetiche estético.
4. El Espejo de sus Hijas (Su Mayor Miedo)
El pensamiento más doloroso de la madre mientras mira a Salomé es el riesgo del contagio.
Mira de reojo a sus propias hijas en el palco y teme que ellas vean en Salomé una forma de "liberación".
Teme que la obra les enseñe que la voluntad propia está por encima de la ley divina o familiar. En su mente, Salomé es el "virus" de la modernidad occidental: una individualidad radical que termina en la locura y la muerte.
La Conclusión de la Madre
Para ella, Salomé es la venganza de la naturaleza sobre la moral. Al final de la ópera, cuando Salomé sostiene la cabeza y canta su triunfo, la madre llega a una conclusión sombría:
"Salomé no es una mujer, es el vacío. Es lo que sucede cuando una cultura deja de adorar a Dios y empieza a adorar su propio deseo. Lo que veo en el escenario no es una princesa de Judea, es el futuro de Europa... y me aterra que mis hijas quieran un trozo de ese futuro".
Que piensa de Herodías, como personaje, como madre judia y relaciones insetuosas con Herodes.
Para nuestra aristócrata de Bagdad, Herodías es el personaje más despreciable de la obra, incluso por encima de Herodes. Si Herodes es la debilidad y Salomé es la locura, Herodías es la corrupción consciente y sistémica.
Desde su palco en Dresde, con su profundo conocimiento de la etiqueta y la moral familiar, la madre analiza a Herodías con un rigor gélido:
1. La Traición al Matriarcado y al Honor (Ird)
Para una mujer árabe de clase alta, la madre es la guardiana del honor familiar y la primera maestra de sus hijos. Ver a Herodías —una mujer que ha abandonado a su primer marido (el hermano de Herodes) para casarse con el actual— es presenciar la ruptura del orden sagrado del matrimonio.
El Incesto Social: Ella no ve solo una infracción religiosa; ve un desastre dinástico. Para ella, el "incesto" (casarse con el hermano de su esposo vivo) es una señal de que Herodías ha puesto su ambición política por encima de la ley de Dios y la decencia básica.
Su Juicio: "Esta mujer no es una reina, es una usurpadora de lechos. Ha convertido el palacio en un lupanar y llama a eso poder".
2. El Fracaso Maternal: La Madre como Corruptora
Lo que más horroriza a nuestra protagonista es la pasividad de Herodías ante la mirada lasciva de Herodes hacia Salomé.
La complicidad silenciosa: La madre nota cómo Herodías, en lugar de proteger a su hija de los ojos de su padrastro, utiliza a Salomé como una ficha de ajedrez política.
El análisis técnico: Ella percibe en la música de Strauss que Herodías siempre suena estridente, cínica y seca. No hay una sola nota de ternura maternal en su partitura. "Es una madre que ha secado su propio corazón para alimentar su orgullo", piensa mientras aprieta instintivamente el brazo de su hija menor en el palco.
3. El Odio al Profeta (Resentimiento vs. Verdad)
Herodías es quien más insiste en que maten a Iokanaan (Juan el Bautista) porque él denuncia su matrimonio ilegal.
La Verdad Incómoda: Nuestra aristócrata chiíta, que tiene un respeto profundo por los profetas y la rectitud moral, entiende perfectamente por qué Herodías odia al santo. "Odia la voz del Profeta porque es el único espejo que le devuelve su verdadera imagen de adúltera".
Ve en los gritos de Herodías en el escenario la desesperación de alguien que sabe que ha perdido su alma y no soporta que nadie se lo recuerde.
4. La Relación con Herodes: Un Vínculo de Sangre y Culpabilidad
Ella analiza la interacción entre el matrimonio real y nota que no hay amor, solo una alianza de conveniencia y vicio.
Nota cómo se desprecian mutuamente en escena, pero están unidos por sus crímenes. Para ella, esta es la "pareja moderna" de Europa que tanto le asusta: dos individuos unidos por el egoísmo, sin una base de fe o respeto mutuo.
La Reflexión Final de la Madre
Al terminar la función, mientras observa a la actriz que interpreta a Herodías saludar al público, la madre llega a una conclusión devastadora que compartirá más tarde con su marido:
"Herodías es el verdadero motor de esta tragedia. Una hija como Salomé solo puede nacer del vientre de una mujer que ha matado su propia vergüenza (Haya). Si la madre no es el refugio de la virtud, la hija será el instrumento de la muerte. Afendi, miremos bien a esta reina, porque es el reflejo de una sociedad que ha olvidado que el respeto a los padres y a los profetas es lo único que nos separa de los animales".
En su casa comiendo con su familia, tomando un vaso de vino de Burdeos, ella es musulmana practicante, pero desde adolescente le gusta el vino, que es pecado para religión, pero igual toma, pecadito; Se admira como los actores presentaron a los personajes, parecían los personajes, tiene alto grado de actuación, pero no le gusto el libreto que considero basura y blasfemó .
Esta escena en la intimidad del hogar —o en la suite privada del hotel en Dresde— revela la fascinante complejidad de una mujer que vive entre dos mundos: la estricta moralidad social y el refinamiento sensorial de la élite europea.
Sentada a la mesa, sosteniendo una copa de cristal tallado con un Burdeos profundo (quizás un Château Margaux), ella personifica esa contradicción aristocrática: cumple con el ritual de la fe en lo público, pero en lo privado se permite el "pecadito" del vino, justificándolo como una extensión de su paladar educado.
El Análisis de la Madre sobre la Función
Mientras saborea el vino, su conversación con el marido y las hijas adquiere un tono de crítica profesional:
La Excelencia de la Verosimilitud:
"Debo admitir", dice dejando la copa sobre el mantel, "que la dirección de Ernst von Schuch es impecable. Los actores no interpretaban; eran los personajes. La soprano que hizo de Salomé tenía esa mirada vidriosa de la locura, y el actor de Herodes... juro que podía oler su miedo y su gula desde el palco. Es una maestría técnica que solo Alemania puede ofrecer hoy".
Admira la antropología del vicio que lograron los actores: cómo capturaron la decadencia física de una corte que se cae a pedazos.
El Libreto como "Basura Decorada":
A pesar de su fascinación por la actuación, su juicio sobre el texto es implacable. Para ella, el talento de los artistas fue desperdiciado en una causa indigna.
"Es una lástima que tanto genio se use para dar voz a las porquerías de ese Wilde", comenta con desdén. "El libreto es basura. Es un insulto a la historia y una blasfemia contra el Profeta Yahya. Han tomado un relato sagrado y lo han arrastrado por el fango de la lujuria y la necrofilia. Es como servir un desecho en un plato de oro puro".
La Paradoja del Vino y la Fe:
Resulta irónico que, mientras critica la "blasfemia" de la ópera, ella misma esté incurriendo en un pecado (haram) al beber vino. Sin embargo, en su mente de élite, hay una jerarquía de transgresiones:
Su copa de vino es una falta privada, un gusto estético que no daña la estructura de la sociedad.
La ópera de Strauss, en cambio, es una ofensa pública, un ataque directo a los cimientos de la religión y la familia que se exhibe ante las masas.
Su Conclusión Familiar
Mirando a sus hijas, les lanza una advertencia final mientras termina su copa:
"Disfrutad del arte, niñas. Aprended de la técnica de esos actores y de la disciplina de la orquesta, porque eso es civilización. Pero nunca confundáis el brillo del talento con la verdad del mensaje. Esa obra es un cuerpo hermoso que esconde un alma podrida. Bebed la música, pero escupid el veneno de sus palabras".
Los padres admiran strauss a pesar de todo, es un genio. La sirvienta árabe de clase media baja de la señora, acompaño a familia al palco del teatro, considero obra una basura y contrario a religión.
El contraste en ese palco del Semperoper no podría ser más radical: es el choque entre la estética refinada de la élite y la moral inamovible de la fe popular.
Mientras la familia degusta su vino de Burdeos y disecciona la partitura, la atmósfera en los aposentos del servicio o en un rincón del salón es muy distinta.
Los Padres: La Admiración por el "Genio del Caos"
Para el magnate y su esposa, Strauss es un titán. A pesar de la "basura" del libreto de Wilde, no pueden negar la trascendencia de la obra.
El Magnate: Como hombre de industria, ve en Strauss a un ingeniero del sonido. Admira cómo el compositor maneja la orquesta como si fuera una maquinaria compleja, precisa y abrumadora. Para él, Strauss representa la potencia de la nueva Alemania.
La Madre: Su admiración es más técnica y casi dolorosa. "Es un genio del mal", podría decir mientras mueve el vino en su copa. Admira cómo la música describe lo que las palabras no se atreven: la psicología de la obsesión. Para ella, Strauss ha logrado lo imposible: hacer que la disonancia suene a verdad.
La Sirvienta Árabe: El Horror de la Realidad sin Filtros
Acompañar a la familia al palco fue, para ella, una experiencia traumática. A diferencia de sus patrones, ella no tiene el "escudo" del análisis intelectual o la teoría musical para filtrar lo que vio.
La Visión de la Fe: Para ella, no hubo "arte", hubo pecado expuesto. Ver a una mujer semidesnuda (Salomé) y la cabeza de un profeta venerado (Yahya) tratada con tal falta de respeto no es una "propuesta estética", es una ofensa directa a Dios.
El Juicio Social: Desde su perspectiva de clase media baja, ve en la ópera la confirmación de que los ricos europeos (y sus patrones) han perdido el rumbo. "Gastan fortunas en ver demonios gritar sobre un escenario", pensará mientras recoge los abrigos.
La Opinión sobre el Libreto: Si para la madre el libreto era "basura decorada", para la sirvienta es simplemente veneno. No entiende cómo personas que rezan y conocen la ley pueden sentarse a aplaudir una historia de incesto, necrofilia y blasfemia.
El Choque Silencioso en el Hogar
Al regresar, se produce una dinámica de poder muy sutil:
El Silencio de la Sirvienta: Ella no se atreve a contradecir a la señora, pero sus gestos son rígidos. Cuando sirve el agua o ayuda a la madre a desvestirse, su silencio es un juicio. Su rechazo es puro, basado en una piedad que no admite matices "artísticos".
La Indiferencia de los Patrones: Los padres notan su incomodidad pero la descartan como "falta de cultura". Para ellos, la sirvienta no tiene la "capacidad" de entender que se puede admirar la forma (Strauss) mientras se desprecia el fondo (Wilde).
La Madre reflexiona: "Pobre mujer, solo ve la mancha de sangre en el escenario. No escucha la progresión armónica que nos lleva al abismo. Es más feliz en su ignorancia, pero nosotros, los educados, estamos condenados a admirar el genio incluso cuando nos escandaliza".
Este es el momento en que las jerarquías de clase se mantienen, pero las de la fe se nivelan por un instante. En la intimidad del dormitorio, lejos de la mirada del magnate y de la influencia de París de las hijas, el aire se vuelve pesado con el juicio compartido.
La Escena en el Tocador
La madre se sienta frente al espejo de caoba. Se ha quitado los guantes de seda y comienza a desabrocharse el collar de esmeraldas. Fatima, la sirvienta, se acerca por detrás con movimientos expertos para ayudarla. El silencio es denso, roto solo por el clic de las joyas al tocar la mesa.
La Madre (mirando el reflejo de Fatima en el espejo):
—Estás muy callada, Fatima. Casi no respiraste durante el último acto en el teatro. ¿Te ha impresionado la escala de la orquesta alemana?
Fatima (con los ojos bajos, desabrochando con cuidado el cierre del vestido):
—Señora... la música era como una tormenta, sí. Pero mis oídos me dolían. No por el ruido, sino por lo que decían. Ver a esa mujer... y lo que hizo con la cabeza de un Profeta de Dios... —hace una pausa, su voz tiembla levemente—. He pasado la noche pidiendo perdón por mis ojos.
La Madre (toma un sorbo de su copa de Burdeos, que ha traído consigo):
—Es una obra de teatro, Fatima. Una ficción. Herr Strauss es un genio, ha construido una catedral de sonido. Debes aprender a separar la maestría de los dedos de la suciedad de la historia.
Fatima (levantando la mirada por un segundo, encontrando los ojos de su señora en el espejo):
—Con todo respeto, señora... ¿de qué sirve una catedral si dentro solo hay demonios bailando? Esa mujer, Salomé, no tenía vergüenza (Haya). Y el Rey... —se estremece—. Miraba a los hombres y a las niñas como si fueran fruta para comer. En Bagdad, un hombre así sería apedreado, no aplaudido por gente con diamantes.
La Madre (suspira, dejando la copa):
—Tienes razón en que el libreto es basura. Es una blasfemia envuelta en seda. Yo misma sentí náuseas con ese beso final. Pero Europa es así, Fatima: diseccionan el pecado para entenderlo, mientras nosotros lo enterramos para no verlo.
Fatima (bajando la voz, casi en un susurro):
—¿Y las niñas, señora? Las señoritas han pasado la noche hablando de "emoción" y "libertad". Me temo que han visto una puerta abierta al infierno y creen que es un jardín. No deberían ver a una madre como esa Herodías, que vende el honor de su hija por un baile.
La Madre (se tensa, la observación de la sirvienta ha dado en el blanco):
—Mañana saldremos de Dresde. No habrá más óperas de este tipo en este viaje. Rezarás conmigo al amanecer, Fatima. Necesitamos limpiar esta casa de la sombra de Salomé.
Fatima (asiente, aliviada):
—Sí, señora. Que Dios nos perdone por lo que permitimos que nuestros ojos vean por amor al "arte".
Lo que revela este cruce:
La Brújula Moral: Fatima actúa como la conciencia sin filtros de la madre. Mientras la señora intenta justificar su asistencia mediante el intelectualismo, la sirvienta le recuerda que, ante Dios, el pecado es el mismo con o sin buena música.
El Miedo Compartido: Ambas coinciden en el peligro para las hijas. La madre, a pesar de su vino y sus estudios, reconoce que la "pureza" de la visión de su sirvienta tiene una validez que el genio de Strauss no puede borrar.
Que piensa la maestría de bailarina, a pesar del baile obsceno. Actriz de Salome no quiso bailar por considerarlo obsceno.
Este detalle histórico añade una capa de ironía que la madre, con su ojo crítico y su conocimiento de los entresijos del teatro europeo, no pasaría por alto. El hecho de que la soprano original (Marie Wittich) se negara inicialmente a realizar la "Danza de los Siete Velos" por considerarla una indecencia para una mujer de su estatus, resuena profundamente con la propia sensibilidad de la aristócrata de Bagdad.
Aquí te presento su análisis sobre la maestría de la ejecución frente a la naturaleza del acto:
1. El Reconocimiento del Talento Técnico
A pesar de su desprecio por la obscenidad, la madre no puede evitar admirar la disciplina. Como alguien que ha estudiado música, sabe que bailar mientras se mantiene el control respiratorio para cantar una de las partituras más difíciles de la historia es una proeza física.
Su juicio: "La mujer tiene la fuerza de un atleta y la gracia de un cisne", comentaría mientras observa los movimientos. Admira la coordinación entre la orquesta y el cuerpo. Para ella, la maestría radica en cómo la bailarina traduce las disonancias de Strauss en movimientos fluidos. Es una "perfección técnica aplicada a un propósito impuro".
2. La Paradoja de la Actriz (Marie Wittich)
Si la madre se enterara de que la actriz protestó diciendo: "¡Soy una mujer decente!", sentiría una inmediata chispa de solidaridad con ella.
La Opinión de la Madre: "Incluso la alemana sabe que hay límites que una mujer de honor no debe cruzar", pensaría. Vería en la resistencia de la actriz una validación de sus propios valores. Sin embargo, juzgaría el resultado final: si la actriz finalmente bailó (o si usaron a una doble de baile, como ocurrió a menudo), la madre lo vería como una capitulación ante el dinero y la fama.
"Es triste", diría a su marido, "que una mujer con tal voz de ángel tenga que vender su recato para complacer la sed de escándalo de este público".
3. El Baile como "Hechizo" Peligroso
Para la madre, la maestría de la bailarina es lo que hace que la escena sea doblemente peligrosa.
Si el baile fuera tosco o ridículo, sería fácil de ignorar. Pero al ser hermoso y atlético, se convierte en una tentación para los sentidos.
Ella analiza que la "maestría" aquí es un arma de seducción que Strauss usa para que el público se vuelva cómplice de Herodes. Al aplaudir el baile, el público se vuelve tan "sucio" como el rey en el escenario.
4. La Diferencia entre "Arte" y "Espectáculo"
En su conversación privada, ella distinguiría entre ambos conceptos:
El Arte: La capacidad de la soprano para cantar notas imposibles.
El Espectáculo Obsceno: El acto de quitarse los velos
.
Para ella, la maestría de la bailarina es arte secuestrado por el vicio. Admirará los pasos, la flexibilidad y el ritmo, pero concluirá que es una "habilidad desperdiciada en el fango".
Una reflexión final frente al espejo
Mientras Fatima le retira las horquillas del pelo, la madre podría reflexionar:
"Esa mujer en el escenario tenía el talento para ser una santa de la música, pero eligió ser la Salomé de Wilde. Es el problema de este siglo: tienen toda la maestría del mundo en sus manos, pero no saben qué hacer con su alma".
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