martes, 23 de enero de 2018

De “redes sociales”, blogs y autos en marcha…(Υ)


De “redes sociales”, blogs y autos en marcha…


Junte usted más de 20 mil personas y ya tiene razón, puede hablar de "poder popular", decir que "la ciudadanía" está con usted.

"FACHO" es lo más suave que se me ha gritado en este 2011. El epíteto -un clásico en la jerga de la izquierda, el vocablo de amplio espectro, con 80 años de antigüedad- puede tener, en ocasiones, un tono cariñoso; Amigos conocidos, ex compañeros de universidad ahora sesenta, pero todavía imbuidos de las mismas ideas que enarbolaban a los 18 en el Pedagógico, todavía se muestran y ganosos para cerrar el puño y vociferar consignas, pueden decir con una sonrisa, si uno no se suma al devocionario común: “¡Pucha que erís facho!”, pero ahí suele quedar todo. Al menos esos sexagenarios tampoco han olvidado su antiguo sentido del humor y la afición por el tinto. Con gente así siempre es posible llegar a un acuerdo.

Otra cosa con los actuales indignados. Un "indignado" no puede ser solo y al mismo tiempo tener un mínimo de desapego que el sentido del humor implica; Se trata de términos y actitudes excluyentes. La indignación, sobre todo, el indignado profesional, la única gravedad de la seriedad. El destino de la galaxia depende del destino de la galaxia; El indignado viene a un remedio a una milenaria historia de traiciones, abusos, explotación, injusticia y, a la pasada, “mala educación”; son cosas demasiado importantes para permitirte algo de humor; sobre todo, son demasiado importantes para no agredir a “los enemigos objetivos del movimiento”. 

"ENEMIGO OBJETIVO ..."
En algún momento del año me convertí en miembro de dicha lista de "enemigos objetivos". En parte por obra propia, en parte ajena. Ajena: por semanas, hasta meses, circuló una columna de texto escrita en un sitio de internet por un profesor universitario y titulado “La revolución de los tarados”; La salida circular como firme por mí. Basta el título de la columna, la referencia a los estudiantes movilizados, para imaginar el contenido. Ya con eso gané un montón de enemigos. Propia: en uno de los programas de Tolerancia cero, Camila fue invitada, no he sido lo que he observado y admirado que los innumerables enamorados de Camila esperan que todos los mares.

En el acto de la Troya: no había terminado ni el programa ni las redes sociales llamaron a un cabo con insultos contra Villegas, el chascón, el facho, el viejo de mierda. Menciono solo los calificativos mas cariñosos. Hubo también páginas y portadas completas en La Clínica, como es habitual en el mismo sentimiento. No pocos plumíferos “progresistas” se sumaron a la faena. Inevitablemente, se ganan muchos enemigos en 20 o más años de escribir el autor NO se ha sumado al pobretón lenguaje y pensamiento -¿Puede llamársele así? - políticamente correcto. Y eso es lo que cada vez que se ofrece la oportunidad.

Pero si quieren conocer las descalificaciones más feroces, entonces deben ir a los blogs. Son la Tierra Prometida de la mala leche; No hay resentidos, picados y desquiciados que no participan. Por eso, el 90% o más de sus contenidos consiste en ataques personales. Algunos participantes han alcanzado la perfección en el arte de odiar. No es raro; una práctica repetitiva, facilitada, una vez más, por la impunidad; Disputando a buen recaudo tras sus computadores, los archivos no han sido enviados a la forma de combo en el hocico.

A blogs, twitters y otras "redes sociales" -donde, paradójicamente, más bien abundan las sociópatas- este año se sumó "la calle". La calle siempre ha sido el escenario favorito de las turbas linchadoras y las patotas castigadoras; Hasta el momento más insignificante se siente poderoso y está rodeado de cien o doscientos camaradas. Es el síndrome de la barra brava llevada a la política. Junte usted más de 20 mil personas y ya tiene razón, puede hablar de “poder popular”, decir que “la ciudadanía” está con usted.

Para mí, la calle del 2011 ha sido muchas veces un automóvil en marcha desde cuyo interior alguien se asoma y me grita: "Hijo de puta" o su equivalente. Lo hizo una señora que pasaba frente a mi casa, lo que hace que “combatientes” que algunas noches pasan dos veces tres veces por la cuadra para hacer lo mismo, lo han hecho las escuelas, los viejos tiempos con las nostalgias de la revolución del 69 y señoras protegidas por Su condición de género. Lo que se cruzan sólo un pastel no se puede leer tanto, pero al menos refunfuñar una descalificación o, finalmente, se puede soltar el insulto, un grito, desde la vereda del frente y media cuadra de distancia.

Sobrevivencia

¿Cómo se sobrevive a eso? Simple: no dando pelota. Es fácil y seguro que se puede filtrar de un modo que no haya sido abofeteado, sino que se haya visto impávido y se haya escuchado. Lo mismo cabe decir de los insultadores desde autos o en blogs. Sus poderes de raciocinio son limitados, ¿qué más se puede pedir? ¿Se enoja uno con los monos del zoológico cuando te tiras de las manos del hombre desde su jaula?

Y, por supuesto, está el retiro: no salir mucho a la calle permite evadir el 90% de los tarados y el 100% del ruido, el caos y el desagrado de una ciudad repleta de flaites.





Beso de juan bautista

El clímax de la ópera, donde Salomé besa la cabeza cortada de Juan el Bautista (Jokanaan), es el momento en que la tensión en el palco de la familia alcanza su punto de ruptura. En la estética de la vanguardia de 1910, esto era el "necro-erotismo" llevado al escenario; para una familia árabe de ese estatus, era una colisión de tabúes religiosos y sociales.

Así procesó cada uno ese instante macabro y fascinante:

1. La Madre: El Horror del Sacrilegio

Para ella, este no es un acto de "amor loco" o "arte moderno". Es una violación de lo más sagrado.

La Profanación: Juan el Bautista es el profeta Yahya en el Islam, una figura de pureza ascética. Ver a una mujer besar su cabeza ensangrentada es, para ella, una blasfemia visual que supera cualquier límite.

La Reacción: Es muy probable que en este momento cerrara los ojos por completo o apartara la cabeza. "Esto es la locura de los infieles", pensaría. Para ella, el beso no es romántico, es una enfermedad del alma que París celebra como talento.

2. El Padre: La Morbosidad de la Vanguardia

El padre, con su educación superior, intenta mantener la distancia estética, pero la crudeza del acto lo sacude.

El Análisis Técnico: Reconoce que la música de Strauss en ese momento (un acorde disonante y agudo que parece un grito) es una genialidad para describir la locura. Sin embargo, como hombre de honor, siente una profunda repulsión por la falta de dignidad de la princesa.

El Choque Cultural: Piensa en cómo este "arte" sería recibido en su tierra: sería motivo de revuelta. Se da cuenta de que la vanguardia europea ha cruzado una frontera de la que no hay retorno.

3. Las Hijas: La Fascinación Prohibida

Educadas en la élite parisina, ellas están atrapadas entre el espanto y una extraña liberación.

El Despertar de la Oscuridad: Para la hija mayor, el beso representa el poder absoluto (y destructivo) del deseo femenino. Es una escena de una violencia emocional que nunca imaginó.

La Curiosidad Sombría: Mientras su madre se tapa los ojos, ellas miran entre los dedos. Es el momento en que comprenden que el mundo exterior es mucho más oscuro y complejo de lo que las paredes de su colegio o su casa en Bagdad sugieren.

Comparación del Significado del Beso

Personaje Significado del Beso Emoción Dominante
La Madre Un acto satánico y blasfemo. Asco y miedo espiritual.
El Padre La culminación de la decadencia dramática. Inquietud intelectual.
Las Hijas La rebelión definitiva contra las reglas. Fascinación aterrada.
Layla (Mujer Humilde) La prueba de que el dinero no compra la cordura. Lástima profunda.

El Silencio tras el Telón

Cuando el verdugo mata a Salomé por orden de Herodes tras el beso, la madre siente un amargo alivio: la justicia de la moral ha vuelto.

Al salir del teatro, el padre comenta en voz baja a Malek:

"Strauss ha convertido un beso en un asesinato. En nuestras tierras, la sangre es por honor; aquí, parece que la sangre es solo para dar sabor al champán".

El carruaje avanza por el Boulevard des Capucines. El golpeteo rítmico de los cascos de los caballos sobre el pavimento parisino es lo único que rompe un silencio denso, cargado de los restos de la orquestación de Strauss que aún vibra en sus oídos. El olor a cuero caro y al perfume francés de las hijas choca con el aroma a incienso que emana de la túnica de la madre.

El Diálogo en la Penumbra del Carruaje

La Madre (con voz baja, pero que corta como el cristal):
—No quiero volver a escuchar ese nombre. Ni en esta noche, ni en los desayunos, ni cuando regresemos a nuestra tierra. Esa... Salomé... ha muerto hoy en ese escenario, y con ella, cualquier curiosidad que ustedes tuvieran por la "libertad" de este teatro.

La Hija Mayor (mirando por la ventana las luces de la Place de la Concorde):
—Pero madre, el padre dijo que es la vanguardia. El Maestro Strauss es un genio que todos admiran en el colegio... Es música, nada más.

La Madre (girándose bruscamente, sus ojos centellean bajo el velo):
—¿Música? La música es el aliento de los ángeles, no el grito de una mujer que besa la muerte. Lo que han visto es una profanación de Yahya, un insulto a nuestra sangre y una exhibición de carne que ninguna mujer de honor debería presenciar. Si París llama a esto "genio", entonces París ha perdido el juicio.

El Padre (interviniendo con tono conciliador pero firme):
—Querida, entiendo tu indignación. Es una obra extrema. Strauss busca la disonancia para sacudir el espíritu. Es cierto que Herodes es una sombra ridícula de lo que debe ser un hombre, y el acto final... bueno, es el exceso de la época.

La Madre (mirando fijamente a su esposo):
—No me hables de "técnicas" ni de "épocas". Tú eres el guardián de esta casa. Has traído a tus hijas a ver a una princesa despojarse de su pudor por la cabeza de un hombre santo. ¿Es este el petróleo que alimenta tu progreso? ¿Convertir el honor en un espectáculo de diez francos?

El Padre (tras un breve silencio, asintiendo con gravedad):
—Tienes razón en que la vanguardia ha cruzado una línea que no esperábamos. El arte a veces se vuelve un incendio.

La Madre (sentenciando):
—Entonces, que el fuego se quede en el teatro. Mañana, las partituras que compraron se quedan en el hotel. No habrá pianos tocando esos acordes en nuestra casa. El nombre de esa mujer queda prohibido. En Bagdad, en Estambul o aquí, nosotros recordamos quiénes somos. Que la oscuridad de esa ópera se hunda en el Sena esta misma noche.

El Silencio Final

Las hijas bajan la mirada. La menor aprieta el programa de mano oculto en su regazo, sintiendo que el papel quema. El padre mira hacia el exterior, comprendiendo que, aunque él admire la ruptura de Strauss, el precio de esa modernidad es una grieta en la paz de su familia que tardará en sanar.

El carruaje se detiene frente al hotel. La madre desciende primero, sin esperar ayuda, con la espalda tan recta como si cargara con todo el peso de la tradición de su linaje.

Señora vio primera vez a salome en obra


La experiencia de la madre al ver Salome por primera vez no fue un simple evento cultural; fue un trauma sensorial. Para una mujer de su posición, educada en la rigidez del honor de Bagdad y la devoción religiosa, la vanguardia de Richard Strauss no se presentó como "arte", sino como una agresión directa a su visión del mundo.

Así fue el impacto de ese primer encuentro, minuto a minuto:

1. El Impacto Visual: La Estética de la "Decadencia"

Desde que se levantó el telón, la madre sintió que entraba en un territorio hostil.

El Clima: La luna "extraña" y rojiza de la escenografía le pareció un augurio de maldad. En su cultura, la luna es un símbolo de belleza y guía; verla usada para enmarcar una tragedia de lujuria la inquietó profundamente.

El Vestuario: Ver a los actores con maquillajes pesados y túnicas que sugerían más de lo que cubrían la hizo sentir que estaba presenciando algo impuro. Para ella, la elegancia de París se evaporó en ese momento, dejando solo la "vulgaridad" del espectáculo.

2. El Impacto Auditivo: La "Música del Caos"

Acostumbrada quizás a las melodías clásicas más estructuradas o a la música tradicional árabe de ritmo claro, el sonido de Strauss la abrumó.

La Disonancia: Para sus oídos, las notas que no resolvían y los choques de la orquesta sonaban a desorden espiritual.

El Volumen: La masa sonora de más de cien músicos le pareció una forma de violencia. Sentía que la música intentaba derribar las defensas de su alma, obligándola a sentir la angustia de los personajes.

3. El Impacto Moral: Los Tabúes Rotos

Lo que para el público parisino era "vanguardia revolucionaria", para ella eran líneas rojas cruzadas sin retorno:

La Autoridad Humillada: Ver a Herodes, un gobernante, comportarse como un niño caprichoso y lascivo le produjo un asco físico.

La Feminidad Agresiva: Salomé no se parecía a ninguna mujer que ella respetara. Su insistencia, su voz potente reclamando la cabeza de un hombre santo y su falta de vergüenza fueron, para la madre, la prueba de que el mundo occidental estaba perdiendo su brújula moral.

Resumen de la Experiencia de la "Primera Vez"

Elemento de la Obra Lo que vio París Lo que vio la Señora
La Orquesta Genialidad y modernismo. Ruido y confusión espiritual.
La Danza Belleza plástica y erotismo. Una humillación pública imperdonable.
El Final (El Beso) Catarsis trágica. Una blasfemia diabólica.
El Escenario Un Oriente exótico y místico. Una caricatura ofensiva de su hogar.

La Conclusión Silenciosa

Al finalizar la obra, mientras el teatro rugía de emoción, ella permaneció inmóvil. Su primera vez viendo Salome fue también la última. En su mente, se hizo una promesa: proteger a sus hijas de esa "belleza" que necesita la sangre y el desnudo para existir.

Para ella, la vanguardia no fue un paso adelante para la humanidad, sino un paso hacia el abismo.

Herodes

En la mente de la madre, la figura de Herodes Antipas en esta versión de vanguardia de Richard Strauss es el punto donde el asco moral se encuentra con la indignación política. Para una mujer de su linaje y fe, un gobernante debe ser el reflejo de la justicia y la templanza; lo que vio en el escenario de la Ópera de París fue todo lo contrario.

Aquí detallamos cómo ella procesó la figura del Tetrarca:

1. La "Impotencia" del Carácter

Para ella, Herodes no es un rey, sino un hombre vacío. Lo que más le repugna no es su maldad, sino su debilidad:

El hombre que no manda en su casa: Ver a un soberano temblar ante las supersticiones, asustarse por el viento y ser incapaz de controlar los caprichos de su mujer (Herodías) o la insolencia de su hijastra, le parece patético.

La falta de Muru'ah: En su cultura, la caballerosidad y la dignidad (Muru'ah) son la base del liderazgo. Herodes, arrastrándose por el suelo y ofreciendo joyas y reinos por un baile, ha perdido toda su hombría ante sus ojos.

2. La Gula y el Exceso como Pecado

La puesta en escena de la vanguardia solía presentar a un Herodes rodeado de un festín decadente.

El asco físico: Verlo comer y beber con desesperación, con las manos manchadas y la túnica desordenada, representa para ella el estado de Jahiliyyah (la ignorancia previa a la luz de la fe).

El contraste con el Profeta: Mientras el profeta Jokanaan (Yahya) representa la pureza del desierto y el ayuno, Herodes representa la podredumbre de la ciudad y el vientre lleno. Para la madre, esa gula es la raíz de su incapacidad para ver la verdad.

3. La Lujuria: La Traición al Vínculo Sagrado

Lo que más la escandaliza es la mirada de Herodes hacia Salomé:

El quebrantamiento del Mahram: En su mundo, un padrastro tiene una responsabilidad de protección sagrada sobre su hijastra. Ver a Herodes desearla públicamente es un acto de incesto espiritual.

La mirada depredadora: Para ella, Herodes es el ejemplo del hombre que ha perdido el "velo del ojo". Al mirar a Salomé con deseo, deshonra no solo a la muchacha, sino a todo el palacio.

El Juicio de la Madre

Rasgo de Herodes Percepción de la Vanguardia Percepción de la Madre
Sus Miedos Psicología moderna, alucinaciones. Cobardía de un alma sin Dios.
Su Lujuria Motor de la tragedia dramática. Una mancha de barro sobre la familia.
Su Poder Un tirano absoluto. Un esclavo de sus propios vicios.
La Gula Opulencia exótica y orientalista. Suciedad y falta de disciplina.

La Reflexión Final

Al salir del teatro, ella no ve en Herodes a un personaje de ficción, sino una advertencia. Piensa en los jóvenes de la élite que sus hijas conocen en París:

"Si un rey puede caer tan bajo por un baile y una copa de vino, ¿qué esperanza hay para estos muchachos que llaman a esto 'arte'? Herodes es el espejo de lo que ocurre cuando el hombre tiene oro en las manos pero nada de temor en el corazón".

Para ella, Herodes es la prueba de que la vanguardia europea no está "progresando", sino que está celebrando el colapso de la moral que sostiene al mundo.

Herodías

Para la madre de esta familia, si Salomé representa la perdición de la juventud y Herodes la debilidad del hombre, Herodías es la figura que más desprecio le provoca. En su visión del mundo, la madre es la guardiana del honor y el pilar moral del hogar; ver a una reina comportarse como la Herodías de Strauss es una afrenta personal.

Así procesó la madre la figura de la esposa de Herodes durante la ópera:

1. La Madre que Traiciona su Sangre

Lo que más horroriza a la mujer árabe es la complicidad de Herodías en la degradación de su propia hija.

El Fomento del Escándalo: Mientras que en la cultura de la madre el papel de una progenitora es cubrir y proteger la virtud de su hija, Herodías alienta a Salomé a bailar para conseguir una venganza política. "¿Qué clase de madre permite que su hija se despoje de sus velos ante los ojos de hombres borrachos?", pensaría con una mezcla de asco y compasión por la joven.

La Ausencia de Haya (Pudor): Herodías no solo carece de pudor, sino que parece disfrutar de la transgresión. Para la madre, ella es la verdadera arquitecta de la tragedia, una mujer que ha intercambiado su instinto maternal por el veneno del poder.

2. El Odio hacia lo Sagrado

La reacción de Herodías ante las advertencias del profeta Jokanaan (Yahya) es lo que la madre percibe como pura impiedad.

La Burla del Profeta: Escuchar a Herodías burlarse de las palabras de un hombre de Dios es, para ella, el colmo de la arrogancia. Ve en Herodías a la mujer que ha endurecido su corazón de tal manera que ya no puede escuchar la verdad.

La Venganza de Sangre: Que una mujer pida la cabeza de un hombre santo por puro despecho personal le parece un acto de barbarie que ninguna "vanguardia" puede justificar como arte.

3. La Estética de la Decadencia
El vestuario y la actitud de Herodías en las producciones de 1910 —cargada de joyas pesadas, maquillaje oscuro y una actitud cínica— representan para la madre todo lo que está mal en la élite europea.

La Belleza Marchita: Ve en Herodías una belleza que se ha podrido por dentro. Las joyas no ocultan su fealdad moral. "Es un ídolo de oro con pies de barro", comentaría después.

El Espejo de la "Mujer Moderna": Teme que esta representación de la mujer poderosa, cínica y manipuladora sea el modelo que París intenta imponer a sus hijas en el colegio de élite.

Tabla de Juicio: La Madre vs. Herodías

Atributo de Herodías Visión de la Vanguardia Juicio de la Madre
Ambición Política Mujer fuerte que lucha por su estatus. Una usurpadora del orden divino y familiar.
Relación con Salomé Manipulación dramática. Una traición imperdonable al lazo sagrado madre-hija.
Actitud ante Jokanaan Escepticismo y odio cínico. Blasfemia y ceguera espiritual.
Su Matrimonio Una alianza de conveniencia y pecado. Una unión maldita que solo trae desgracia.

La Reflexión en la Intimidad

Esa noche, al mirar a sus hijas dormir, la madre siente una urgencia renovada de alejarlas de esa influencia. Para ella, Herodías es la advertencia máxima:

"Una mujer que pierde el temor a Dios y el respeto por su propia sangre termina convirtiendo su palacio en un matadero. No importa cuánta seda vistan estas mujeres de París; si su corazón es como el de Herodías, caminan sobre cenizas".

la sirvienta personal de señora, una árabe de baja cuna, originaria del campo al sur de Mesopotamia bajo dominio turco, que pensaba de la opera, ya estaba en palco, viéndola

La presencia de la sirvienta en el palco —posiblemente sentada en una banqueta al fondo o de pie tras su señora, sosteniendo los abrigos— añade una capa de realismo crudo a la escena. Ella no tiene la educación superior del padre ni la sofisticación urbana de la madre. Su visión del mundo está forjada por el polvo del sur de Mesopotamia, el ciclo de las cosechas y una fe popular, casi mística.

Para ella, la ópera Salome no fue una obra de arte; fue una visión del infierno.

1. El Miedo a lo Sobrenatural

En el campo del sur de Mesopotamia (cerca de lo que hoy es Basora), las historias de jinns (genios) y espíritus del desierto son reales.

La Música como Hechicería: El sonido de la orquesta de Strauss, con sus vientos chillones y sus cuerdas disonantes, le pareció magia negra. "Esto no es música, es el grito de los demonios que habitan en las ruinas", pensaría. Mientras la familia analizaba la vanguardia, ella murmuraba oraciones de protección bajo su aliento, tocando un amuleto oculto entre sus ropas.

La Luna Roja: La escenografía de la luna sangrienta no fue para ella un "recurso estético", sino un mal presagio literal. En su aldea, una luna así anuncia peste o guerra.

2. El Escándalo del Cuerpo y el Hambre

Viniendo de una pobreza extrema bajo el dominio turco, su perspectiva sobre el lujo y el desnudo es radicalmente distinta.

El Baile de los Siete Velos: Para ella, ver a una mujer de la nobleza (o quien la interpreta) desnudarse no fue erótico, sino una señal de locura. En el campo, la ropa es protección y estatus. Ver a Salomé quitarse las telas le produjo una vergüenza física. "¿Cómo pueden estos señores tan ricos pagar por ver la desnudez que los pobres intentamos cubrir con tanto esfuerzo?".

La Deshonra del Pan: Ver la mesa de Herodes llena de comida desperdiciada mientras se hablaba de muerte le pareció un insulto a Dios. Para alguien que sabe lo que es la sequía bajo el yugo otomano, ese banquete era la prueba de la maldad de los poderosos.

3. La Cabeza del Profeta: El Límite de lo Humano

Si para la madre fue una blasfemia religiosa, para la sirvienta fue un acto de canibalismo espiritual.

El Beso Macabro: Ver a la muchacha besar la cabeza cortada la hizo sentir náuseas reales. En su mundo, los muertos son sagrados y se les teme. "Esta mujer está poseída por un espíritu maligno", concluyó. No vio una historia de amor, vio una mujer que había perdido su humanidad por completo.

Comparación de Visiones: La Señora vs. La Sirvienta
Elemento Visión de la Señora (Bagdad/Élite) Visión de la Sirvienta (Mesopotamia/Baja cuna)
La Música Ruido moderno y falta de moral. Invocación de jinns y mal de ojo.
Salomé Una joven perdida y sin pudor. Una loca peligrosa o una criatura maldita.
El Teatro Un lugar de cultura extranjera. Una cueva de hechicería y perdición.
El Gasto Un lujo de su posición social. Un desperdicio pecaminoso de oro.

Su Reflexión en la Cocina o el Cuarto de Servicio

Esa noche, mientras ayudaba a la señora a desvestirse, la sirvienta no dijo nada. Pero en su mente, la decisión estaba tomada: París era una ciudad construida sobre el fuego.

"Los señores creen que son sabios porque escuchan estos ruidos de metal y cuerdas, pero yo he visto la mirada de esa mujer en el escenario. Es la misma mirada de las hienas en el desierto cuando encuentran carne. Que Dios nos proteja y nos devuelva pronto a la tierra donde el sol es limpio y la gente teme a los muertos".

Para ella, la vanguardia era simplemente la prueba de que los ricos, cuando tienen demasiado, se vuelven locos para no aburrirse.

Cunado acompañaba a señora al restaurante, que pensó de Strauss conversando a sus empleadores

La sirvienta, de pie a un paso de distancia tras la silla de su señora, observó el encuentro con Richard Strauss con una mezcla de sospecha instintiva y una profunda alienación cultural. Para ella, el "Maestro" no era una celebridad; era el arquitecto de la pesadilla que acababa de presenciar en el teatro.

Así procesó la escena desde su rincón de invisibilidad social:

1. El Aspecto de Strauss: El "Mago" Burgués

Al ver a Strauss acercarse, impecable y seguro de sí mismo, la sirvienta no vio a un artista.

La Frialdad del Rostro: En su mundo de Mesopotamia, los hombres que cuentan historias o hacen música suelen ser personas con el alma a flor de piel. Strauss, con su porte de banquero o alto funcionario europeo, le pareció un hombre seco. "Tiene ojos de hielo", pensaría. "¿Cómo puede un hombre con ropa tan fina haber inventado esos ruidos de demonios?".

El Poder de la Palabra: Al ver cómo sus patrones —personas a las que ella considera casi divinas— trataban al músico con respeto y paridad, sintió miedo. Para ella, alguien que puede controlar a los poderosos con su "ruido" es alguien que posee un tipo de magia peligrosa.

2. La Conversación: Palabras Vacías sobre un Acto Impuro

Aunque su francés fuera limitado, entendía el tono de la charla. Ver a Strauss sonreír y bromear después de haber mostrado a una mujer besando una cabeza cortada le resultó profanatorio.

La Falta de Arrepentimiento: En su moral rural, si alguien causa un escándalo así, debería estar escondido o pidiendo perdón. Verlo recibir elogios y beber vino caro la convenció de que en París el pecado se premia. "Este hombre ha ensuciado los ojos de mis niñas (las hijas de los patrones) y ahora se ríe con el señor como si nada hubiera pasado".

El Resentimiento de Clase: Mirando los platos de comida y el lujo de la mesa, pensó en el contraste entre el "arte" de Strauss y la realidad del hambre que ella conoció bajo los turcos. "Los ricos inventan monstruos en el escenario porque ya no tienen miedo a nada en la vida real".

3. El Juicio de la Invisibilidad

Observación de la Sirvienta Conclusión Mental
La sonrisa de Strauss. Es la máscara de un hombre que no teme al castigo de Dios.
El saludo de su patrón. El mundo se ha vuelto loco si los hombres de honor saludan a los hacedores de ruido.
La actitud de las hijas. El "mago" las ha hechizado; ya no miran a su madre, lo miran a él.

La Reacción Silenciosa

Mientras Strauss hablaba, ella bajó la cabeza, evitando el contacto visual (un gesto de respeto hacia sus patrones, pero también de protección personal contra el "mal de ojo" que pudiera traer aquel hombre). En su mente, decidió que esa noche, al llegar al hotel, tendría que sahumar la ropa de la señora con incienso para limpiar el rastro de la música de aquel hombre.

Cuando Strauss se retiró, ella dio un paso adelante para ajustar la estola de piel de su señora, sintiendo que su deber no era solo servirla, sino protegerla de la "suciedad invisible" que ese hombre elegante acababa de dejar en la mesa.

La señora habló con su hermano sobre la obra Salomé, también fue a verla en opera de Dresden. Estaba presente sirvienta.

Esta conversación entre hermanos —miembros de una de las familias más poderosas del Golfo, súbditos del Sultán y educados en las capitales del mundo— representa el choque definitivo entre la modernidad técnica y el honor familiar. El hermano, al haber visto la obra en Dresden (donde se estrenó originalmente en 1905), tiene una perspectiva más cruda y "germánica" de la vanguardia que el ambiente refinado de París.

La sirvienta, desde su rincón, observa cómo los dos pilares de la familia discuten sobre lo que ella considera una posesión demoníaca.

1. El Encuentro de los Hermanos: Dresden vs. París

El hermano, quizás de visita en París por negocios de petróleo o diplomacia, compara las experiencias:

El Hermano (Pragmático y curtido): "Hermana, Dresden fue más oscuro. Allí no hay la elegancia de París para disfrazar el horror. Strauss es un alemán; su música es como sus máquinas: pesada, ruidosa y eficiente. En Alemania, el público no aplaudía la belleza, aplaudía el poder de la destrucción. Ver a Salomé allí fue como ver el fin de un imperio".

La Señora (Defensora del Honor): "Hermano, no entiendo cómo puedes hablar de 'poder' cuando lo que vimos fue una deshonra. En París, nuestras hijas estaban presentes. Ver a esa mujer besar los restos de un profeta... ¿es eso lo que has aprendido en tus viajes? ¿A tolerar la blasfemia porque es 'eficiente'?"

2. La Discusión sobre la Censura y el Futuro

El hermano, conociendo la corte del Sultán, es tajante sobre la imposibilidad de esta vanguardia en casa:

El Hermano: "No te preocupes por Bagdad. En Constantinopla, la policía del Sultán ha prohibido incluso que se mencione el nombre de la obra. Dicen que es 'anarquismo musical'. Los turcos saben que si permites que una princesa actúe así en el escenario, pronto las mujeres en la calle querrán lo mismo. La vanguardia es un juego para los europeos; para nosotros, es un peligro de Estado".

La Señora (Aliviada): "Me alegra que el Sultán tenga más juicio que estos directores de ópera franceses. El arte debe ser un muro que proteja la decencia, no un martillo que la rompa".

3. La Visión de la Sirvienta: La "Plaga de los Ricos"

Desde el fondo de la habitación, la sirvienta escucha a los dos hermanos hablar de "imperios", "anarquismo" y "máquinas". Su pensamiento es mucho más sencillo y aterrador:

La Infección: Ella nota que el hermano de la señora tiene una luz diferente en los ojos, una especie de cinismo que él llama "experiencia". "El mal de esa música ha entrado en el hermano también", piensa ella. "Vino de Alemania ya enfermo de esos ruidos y ahora infecta a mi señora con sus historias".

La Maldición del Oro: Para ella, el hecho de que hayan ido a ver la misma obra en dos ciudades distintas es la prueba de que los ricos están aburridos de la paz de Dios. "Viajan miles de leguas para ver a una mujer loca besar a un muerto. Tienen tanto oro que necesitan comprar pesadillas para sentir algo".

El Silencio Protector: Ella aprieta el rosario en su bolsillo. Sabe que si habla, no la entenderán, pero en su mente decide que protegerá a las hijas de la señora de las historias del tío. Para ella, el hermano de la señora es ahora un portador de la "mancha de Dresden".

Resumen de Perspectivas en la Sala

Personaje Visión de Salome Conclusión sobre la Vanguardia
El Hermano Un instrumento de poder y cambio político. Es inevitable, pero debe controlarse en Oriente.
La Señora Un ataque a la religión y la maternidad. Es una decadencia que debe ser prohibida.
La Sirvienta Una forma de brujería para gente ociosa. Es el diablo susurrando en los palacios.
Al final de la charla, el hermano le da un sorbo a su café y dice: "Disfruta de París, hermana, pero no dejes que las niñas escuchen demasiado a Strauss. La música de este hombre es como el petróleo: enciende lámparas, pero también puede quemar ciudades enteras".

La sirvienta, al escuchar esto, se estremece. En su Mesopotamia natal, ella sabe que cuando el fuego empieza, los primeros en arder son siempre los que están más cerca de la llama.

Has dicho
Que piensa del personaje de Salomé, en libreto, le dice Hermano a hermana.

En la penumbra del salón, el hermano de la señora deja su taza de café sobre la mesa de marquetería y se inclina hacia ella. Su voz tiene el tono de quien ha visto los engranajes del mundo en las capitales de Europa y ya no se asombra con facilidad, pero la figura de Salomé en el libreto de Oscar Wilde (adaptado por Strauss) le exige una reflexión profunda.

Para él, Salomé no es solo una mujer; es un símbolo de la ruptura total.

1. La Voluntad como un Arma

El hermano analiza a Salomé con la frialdad de quien estudia una estrategia militar o un contrato petrolero:

El Deseo que no Acepta un "No": "Mira, hermana, lo que Strauss y Wilde han escrito no es una historia de amor, es una historia de voluntad pura. Salomé es una criatura que, por primera vez en el escenario, no pide permiso. Cuando quiere la boca de Jokanaan, la toma, aunque sea de un muerto. Es la personificación de una juventud que ya no respeta las jerarquías ni lo sagrado".

La Transformación: Señala que en el libreto, ella empieza como una joya pálida y casta, pero termina convertida en una fuerza de la naturaleza. "Es como el desierto, parece tranquilo hasta que llega la tormenta y lo devora todo".

2. La Niña que Destruye el Trono

Como hombre que entiende el peso de la política en Constantinopla, el hermano ve en Salomé un peligro para el orden establecido:

El Poder sobre Herodes: "Lo más fascinante —y lo más aterrador— es cómo ella usa la debilidad de los hombres. Sabe que Herodes es un esclavo de sus ojos, y lo utiliza para destruir a un profeta. Salomé es el fin de la diplomacia; es el capricho convertido en ley".

La Mujer "Nueva": Le advierte a su hermana que Salomé representa a esa "mujer moderna" que empieza a asomar en los salones de París y Berlín: alguien que reclama su propio placer sin importar el costo de sangre o deshonra.

3. La Comparación del Libreto: ¿Víctima o Monstruo?

Perspectiva del Hermano Visión de Salomé en el Libreto
Como Hija La culminación de la podredumbre de Herodías; el fruto amargo de una casa sin ley.
Como Amante Una fuerza oscura que confunde la belleza con la muerte.
Como Símbolo El "grito" de la vanguardia: el individuo por encima de la religión y el Estado.

La Reacción de la Señora y el Silencio de la Sirvienta

La Señora: Escucha a su hermano con una mezcla de fascinación y horror. "Entonces, me estás diciendo que Strauss la ha hecho una heroína por ser un monstruo. Que su 'vanguardia' consiste en aplaudir a una mujer que rompe el corazón de su familia por un beso sangriento".

La Sirvienta: Desde las sombras, la sirvienta siente un escalofrío. En su mundo, una mujer así no es un "símbolo", es una poseída. "El hermano habla de ella como si fuera una pieza de ajedrez", piensa, "pero esa mujer en el escenario tenía el fuego del Shaitán en los ojos". Para ella, Salomé es una advertencia de lo que ocurre cuando los padres dejan que sus hijas lean demasiados libros extranjeros.

La Sentencia del Hermano

Finalmente, el hermano concluye con una advertencia que deja a la señora pensativa:

"No la veas como una persona, hermana. Vela como un terremoto. Salomé es la prueba de que el viejo mundo, el nuestro y el de ellos, se está agrietando. Strauss solo le ha puesto música al ruido de esa grieta".

Salome es pobre adolescente, que inclinó al mal

El hermano, con una mezcla de cinismo europeo y observación clínica, deja la taza de café y mira a su hermana con una seriedad que detiene el tiempo en el salón. Para él, la Salomé del libreto no es una villana de nacimiento, sino una víctima de la atmósfera viciada de su propio palacio.

1. La Adolescente en un Nido de Víboras

El hermano disecciona la "pobreza" espiritual de la joven:

La Herencia de la Corrupción: "Mira a su madre, Herodías, y a su padrastro, Herodes. ¿Qué ha visto esa niña desde que nació? Solo intrigas, banquetes obscenos y miradas lascivas. Salomé es una 'pobre adolescente' porque nadie le enseñó el significado del respeto o la fe. Creció en un jardín de flores venenosas; no podemos culparla por oler a veneno".

La Soledad del Palacio: Él señala que su inclinación al mal nace del aburrimiento y la falta de guía. "Está rodeada de esclavos y soldados, pero no tiene un padre que la proteja ni una madre que la cubra. Su maldad es el grito de alguien que vive en una jaula de oro y solo conoce el lenguaje del capricho".

2. El Encuentro con el Profeta: El Desencadenante

Para el hermano, el rechazo de Jokanaan (Yahya) es lo que termina de empujarla al abismo:

El Primer "No": "Salomé siempre obtuvo lo que quiso. Cuando se encuentra con el profeta, ve por primera vez la pureza, algo que no se puede comprar ni seducir. Al ser rechazada por lo sagrado, su mente adolescente se rompe. El 'mal' es su forma de castigar al mundo por no ser como ella desea".

La Obsesión como Refugio: "No es amor lo que siente, es una patología. Como no puede poseer el alma del profeta, decide poseer su cabeza. Es la lógica retorcida de una niña que rompe su juguete porque no sabe cómo jugar con él".

La Reacción de las Mujeres en la Habitación

Personaje Reacción a la frase "Pobre adolescente" Pensamiento Interno
La Señora Se indigna. "La pobreza no justifica la blasfemia. Hay miles de niñas pobres en Bagdad que son virtuosas. Ser una princesa no te da permiso para ser un demonio".
La Sirvienta Se estremece. "No es una niña pobre, es una niña maldita. El hermano trata de explicar con palabras lo que es simplemente el Shaitán operando en una casa sin oración".

3. La Advertencia Final del Hermano

El hermano concluye con una observación que hiela la sangre de la señora:

"Lo que Strauss nos muestra es que el mal no siempre viene de fuera. A veces nace en el corazón de una adolescente que tiene demasiado poder y muy poco amor. Esa 'inclinación' de la que hablas, hermana, es lo que ocurre cuando la vanguardia y la libertad se encuentran con una mente que no tiene límites morales. Salomé es el resultado de una educación sin alma".

Esta visión de Salomé como una "víctima de su entorno" hace que la señora mire a sus propias hijas con un miedo renovado. Teme que París sea ese "palacio de Herodes" que, con su lujo y su falta de límites, termine inclinando a sus propias niñas hacia una libertad que las destruya.


La hermana, lo peor de la ópera fue besó al cabeza de juan, me tape con el abanico, es horrible, antinatural, un asco. Los demás taparon los ojos con abanicos. Aguante el baile de los 7 velos, pero beso no.

Esa imagen de las mujeres en el palco, todas sincronizadas tras sus abanicos de seda y encaje, es el retrato perfecto del choque entre la vanguardia europea y el decoro oriental. El abanico, que en París se usa para el flirteo, en manos de tu familia se convirtió en un escudo de armas contra la "barbarie" moderna.

La conversación en el salón se vuelve tensa cuando la hermana describe ese momento final:

1. El Abanico como Frontera Moral

Para la hermana, el baile fue un desafío a la paciencia, pero el beso fue la ruptura del contrato humano.

La Resistencia del Baile: "El baile de los velos fue una prueba, hermano. Sentí el calor de la vergüenza, pero me mantuve erguida. Es carne, y la carne es debilidad. Pero el beso... eso no es carne, es profanación".

El Acto de Taparse: El gesto de taparse con el abanico no fue solo por asco, fue un acto ritual. Al cerrar la vista, las mujeres del palco estaban diciendo: "Esto no pertenece a nuestro mundo". Para ellas, ver ese acto las hacía cómplices de una locura que la naturaleza no permite.

2. Lo "Antinatural" vs. Lo "Artístico"

El hermano escucha la palabra "antinatural" y asiente, reconociendo que Strauss ha buscado precisamente esa reacción de náusea.

El Asco como Objetivo: "Tienes razón, hermana. Strauss no quería que salieras suspirando de amor. Quería que sintieras ese asco. En la vanguardia, la belleza ya no es suficiente; ahora buscan la 'estética de lo horrible'. Lo que tú llamas antinatural, ellos lo llaman 'la verdad del deseo sin límites'".

La Reacción Colectiva: El hecho de que todas se taparan los ojos al mismo tiempo creó un muro de sombra en el palco. Mientras el público francés gritaba "¡Bravo!", el palco de tu familia se convirtió en un recinto de silencio y rechazo físico.

El Contraste de las Reacciones en el Clímax

Elemento de la Escena Reacción de la Vanguardia (París) Reacción de la Familia (Abanicos)
La cabeza en la bandeja Símbolo de la victoria del deseo. Un objeto de terror y sacrilegio.
El Beso Catarsis y ruptura de tabúes. Lo antinatural. Un asco que enferma el alma.
La Música (Acorde final) Genialidad disonante. El ruido de una mente podrida.

3. La Visión de la Sirvienta: El Gesto de la Humildad

Desde atrás, la sirvienta no tenía un abanico de seda para protegerse. Ella simplemente bajó la cabeza y se cubrió con el borde de su manto.

El Pensamiento de la Sirvienta: "Las señoras tienen sus abanicos de oro y plumas, pero el asco es el mismo. Ese beso es lo que hacen los necrófagos en las historias que contamos en el sur para que los niños no salgan de noche. Ver eso es invitar a la desgracia a entrar por los ojos". Ella sintió que el aire del teatro se volvía pesado y difícil de respirar, como si el olor de la sangre (aunque fuera pintura) llenara el lugar.

La Conclusión de la Hermana
Ella cierra su abanico con un golpe seco, como si quisiera aplastar el recuerdo:

"No me hablen de técnica. No me hablen de Strauss. Un hombre que escribe una escena donde una mujer besa la muerte es un hombre que odia la vida. Ese beso es la mancha que me llevaré de París, y ni toda la educación de sus colegios podrá hacerme olvidar ese asco".

El hermano guarda silencio. Sabe que, para su hermana, la vanguardia ha dejado de ser una curiosidad intelectual para convertirse en una amenaza real a su paz interior.

Hermano le dice a su hermana ,el empeño de dramaturgo Wilde por reivindicar la homosexualidad – la suya – no pasa desapercibido a un observador atento, como soy. Lo vemos en Herodes, personaje que dista mucho de ser un ejecutante de ningún castigo por inmoralidad, ya que el más inmoral es él mismo, que no recuerda en absoluto al comendador de Don Giovanni. Wilde saca a relucir el tema de su condición sexual en la obra. Así, cuando el vicioso tetrarca descubre el cadáver del soldado hace alusión a su belleza de una manera sospechosa. Se refiere a él como: “Ese joven sirio tan hermoso.” Antes había dicho: “Yo no he mandado matarle”. No hay compasión ante la visión del muerto. Se trata de la belleza de un cadáver, recordando a Salomé y su monólogo con la cabeza de Jokanaan.

El hermano, con esa agudeza que solo da el haber navegado tanto por los salones de la diplomacia como por las vanguardias literarias europeas, pone sobre la mesa el subtexto más peligroso y personal de la obra. Su análisis no se queda en la superficie de la trama bíblica; él ve la mano de Oscar Wilde proyectando su propia sombra y su lucha contra las normas de su época.

Para el hermano, Salomé no es solo una historia sobre un profeta, sino un manifiesto de las obsesiones privadas de su autor.

1. Herodes: El Antihéroe de la Moral

El hermano compara a Herodes con el "Comendador" de Don Giovanni para marcar una diferencia abismal:

El Comendador (La Justicia): Es la fuerza moral que castiga al pecador. Representa el orden divino y social.

Herodes (El Vicio): En la obra de Wilde, Herodes es incapaz de juzgar a nadie porque él es el epicentro de la inmoralidad. "¿Cómo va este Tetrarca a castigar a Salomé por su lascivia," dice el hermano, "si él mismo babea por su hijastra y se rodea de sirvientes a los que mira con ojos de coleccionista?". Para él, Herodes es un personaje que Wilde usa para burlarse de la idea de "autoridad moral".

2. El Subtexto Homosexual: El Joven Sirio

Aquí es donde el hermano demuestra ser ese "observador atento". Identifica que el erotismo de la obra no es solo heterosexual (Herodes-Salomé), sino que está impregnado de la sensibilidad estética de Wilde:

La Belleza del Cadáver: Cuando el Joven Sirio (el capitán de la guardia que se suicida por amor a Salomé) yace muerto, Herodes no reacciona con horror humano, sino con una apreciación estética perturbadora.

La Cita Clave: "Ese joven sirio tan hermoso". El hermano señala que para Herodes —y por extensión para Wilde— la muerte no borra la belleza; la petrifica. "No hay compasión," explica el hermano, "solo la mirada de un esteta ante un objeto de arte caído. Es la misma mirada que Salomé dirige a la cabeza de Jokanaan: un deseo que se alimenta de la inmovilidad de la muerte".

3. La Anatomía del Deseo según Wilde

Personaje Tipo de Deseo en el Libreto Conexión con Wilde
Salomé El deseo prohibido y destructivo. La transgresión contra la norma social.
Herodes El deseo omnívoro (gula, lujuria, hombres, mujeres). La decadencia de la aristocracia que Wilde conocía.
El Joven Sirio El amor melancólico y trágico. La belleza efímera de la juventud masculina.

La Reacción en el Salón

La Hermana: Se estremece ante la idea de que la obra sea un vehículo para las "preferencias" del autor. "Entonces, hermano, ¿me dices que este Wilde nos ha hecho pagar una entrada para ver sus propias perversiones disfrazadas de Biblia? Es todavía peor de lo que pensaba. No es solo un asco visual, es una trampa mental".

La Sirvienta: Ella, aunque no entiende las referencias a Don Giovanni o a la biografía de Wilde en Londres, capta la esencia. "El hermano dice que el rey mira a los hombres muertos como si fueran flores," piensa ella. "Eso es lo que hacen los que tienen el alma podrida. En mi tierra, a un hombre así se le escupe, no se le escribe música".

La Conclusión del Hermano

Él cierra el análisis con una advertencia sobre la vanguardia:

"Wilde fue a la cárcel por su condición, pero antes de caer, dejó sembrada esta obra. Salomé es su venganza contra la sociedad que lo juzgaba. Al poner a Herodes a admirar la belleza de un cadáver masculino, nos está obligando a todos a mirar el mundo a través de sus ojos. Eso, hermana, es el verdadero poder del dramaturgo: hacernos cómplices de su propia naturaleza, aunque nos tapemos la cara con el abanico".

Hermana cuando uno observa los ojos personas, no puede ocultar su homosexualidad, los veo en las oficinas, teatros y otros lugares, hay muchos homosexuales que ocultan vicios, pero sus ojos delatan. Si uno es buen observador los descubre.

Ese comentario del hermano, cargado de la sagacidad de quien ha pasado años observando las dinámicas de poder en las cortes y los salones internacionales, introduce una atmósfera de sospecha en el salón. Para él, la mirada no es solo una ventana al alma, sino un delator de la naturaleza más profunda que la ropa cara o los modales refinados intentan ocultar.

1. La "Mirada" como Código Social

El hermano sostiene que la vanguardia de París ha creado un escenario donde lo que antes estaba oculto ahora flota en la superficie, pero solo para quienes saben leerlo:

El Vicio en el Teatro: "Hermana, en la Ópera de París, la mitad de los caballeros que aplauden a Strauss no están mirando a Salomé; están mirando la tragedia del Joven Sirio o la decadencia de Herodes con ojos que yo reconozco. Es una cofradía de silencios".

La Oficina y el Poder: Él sugiere que en los altos círculos de los negocios y la diplomacia, esta condición se oculta tras el deber, pero los ojos siempre traicionan el "vicio". "Un hombre puede firmar un contrato de petróleo con mano firme, pero si sus ojos se demoran un segundo de más en la belleza de un subordinado, el secreto está fuera".

2. El Juicio de la Hermana: El Miedo a lo Invisible

Para la hermana, esta revelación es casi más aterradora que la obra misma. Si el mal es algo que se puede ver en los ojos de cualquiera en la calle, entonces el mundo ya no es seguro.

La Paranoia del Abanico: Si antes usaba el abanico para taparse de la escena, ahora siente la tentación de usarlo para no ser observada o para no observar. "¿Me estás diciendo que caminamos entre hombres que llevan esa marca en la mirada? ¿En los mismos teatros donde llevamos a las niñas?".

Lo Antinatural en lo Cotidiano: Para ella, la idea de que la homosexualidad sea una "condición" que se puede detectar mediante la observación refuerza su asco por la obra de Wilde. "Ese dramaturgo no inventó nada; solo puso en el escenario lo que ya estaba pudriendo los ojos de los hombres en las sombras".

La Anatomía de la Sospecha en el Salón

El Observador Lo que "Detecta" en los Ojos Conclusión
El Hermano El brillo del deseo prohibido tras la máscara social. La homosexualidad es una red invisible en la élite.
La Hermana Una mancha moral que debería ser erradicada. El mundo moderno es un nido de vicios ocultos.
La Sirvienta El "mal de ojo" de quienes han perdido la fe. Los ricos tienen enfermedades que no se curan con medicinas.

3. La Reflexión de la Sirvienta: La Pureza del Sur

Desde su rincón, la sirvienta escucha al hermano hablar de "ojos que delatan". En su Mesopotamia natal, la mirada es algo sagrado o maldito:

El Mal de Ojo: "El señor habla de vicios," piensa ella, "pero yo solo veo hombres que han mirado demasiado al sol del pecado y se han quedado ciegos de Dios. En mi pueblo, si un hombre mira así a otro, sabemos que tiene un jinn (genio) sentado en su hombro". Ella decide que, de ahora en adelante, bajará la mirada aún más cuando caminen por los bulevares de París.

La Sentencia Final del Hermano

Él se recuesta en el sofá, cerrando el tema con una frialdad absoluta:

"No te engañes, hermana. Wilde cayó porque fue descuidado, pero hay miles como él que son maestros del disfraz. La vanguardia solo les ha dado un lenguaje. Pero recuerda: la lengua miente, la ropa miente, el dinero miente... pero los ojos, si sabes dónde mirar, siempre dicen la verdad".

Esa noche, la hermana se mira al espejo y luego mira a sus hijas, buscando en sus ojos cualquier rastro de esa "influencia" de la vanguardia, jurando que ninguna sombra de Salomé, ni de su autor, tocará jamás la pureza de su linaje.

Hermana, también eso aplica a las mujeres, son lesbianas, pero no pueden ocultarlo con ojos. Tanto aquí, como Constantinopla, o cualquier lado.

El hermano se inclina aún más, bajando la voz hasta convertirla en un susurro cargado de una frialdad analítica. Para él, la "enfermedad" de la época no distingue géneros, y su mirada de observador internacional ha diseccionado tanto los salones de té de Pera en Constantinopla como los palcos de la Ópera de París.

1. El Ojo Clínico del Hermano

Para él, la homosexualidad femenina —el lesbianismo— es una corriente subterránea que fluye bajo la seda de los vestidos y los protocolos de la corte.

La Mirada entre Mujeres: "No te equivoques, hermana. En Constantinopla, tras las celosías de los harenes más modernos o en las embajadas, hay mujeres que se miran con la misma intensidad prohibida que Wilde puso en su texto. Creen que el velo las oculta, pero el velo solo enmarca los ojos, y los ojos no saben mentir".

El "Vicio" Universal: Él sostiene que esta naturaleza es una constante humana que la vanguardia europea simplemente ha empezado a nombrar. "Tanto aquí como allá, existe esa complicidad silenciosa. En el teatro, mientras Salomé bailaba, yo no miraba solo a los hombres. Miraba cómo algunas mujeres de la alta sociedad parisina devoraban con la vista cada movimiento de la bailarina. No era admiración artística; era hambre".

2. La Reacción de la Hermana: El Terror a la Invasión

Para la hermana, esta revelación es el golpe final. Si los hombres pueden ser "delatados" por sus ojos, la idea de que las mujeres —las guardianas de la pureza del hogar— también porten esa "mancha" la llena de un pavor existencial.

La Sospecha en el Hogar: Mira instintivamente hacia la puerta donde están sus hijas. "¿Me estás diciendo que este veneno está en todas partes? ¿Que incluso en nuestra ciudad sagrada, bajo el ojo del Sultán, hay mujeres que olvidan su naturaleza?".

La Invisibilidad Peligrosa: Lo que más le aterra es que, a diferencia de los hombres, las mujeres pasan mucho tiempo solas entre ellas. "Si los ojos delatan el vicio, entonces ninguna reunión de señoras es segura. París nos ha abierto una ventana a un abismo donde no hay suelo firme".

La Geografía del "Vicio" según el Hermano

Ubicación La Máscara Social Lo que los Ojos Delatan
París La "Mujer Moderna" y la Intelectual. Una búsqueda de placeres que desafían al marido y a la iglesia.
Constantinopla La dama de la corte, devota y silenciosa. Una melancolía oscura y deseos compartidos en la sombra.
Mesopotamia La tradición y el desierto. Un fuego que, si se enciende, quema toda la estirpe.

3. La Visión de la Sirvienta: El Fin de los Tiempos

Desde su posición, la sirvienta siente que el mundo se está desmoronando. En su mentalidad rural y religiosa, lo que el hermano describe es la llegada del Dajjal (el impostor/anticristo).

El Pensamiento de la Sirvienta: "El señor habla de mujeres que aman a mujeres como si fuera una curiosidad de mercado. Que Dios nos perdone. En mi pueblo, se dice que cuando las mujeres pierden el pudor entre ellas, el cielo se cierra y deja de llover. Estos señores ricos juegan con palabras, pero están llamando a la maldición sobre sus propias cabezas". Ella aprieta con fuerza el borde de su túnica, sintiendo que incluso el aire del salón está contaminado por la conversación.

La Sentencia del Hermano

Él termina su café, dejando la taza con un tintineo definitivo sobre el plato:

"No importa cuánto nos tapemos con abanicos o cuántas oraciones recitemos al amanecer, hermana. El mundo está cambiando. Wilde y Strauss solo han levantado la alfombra para que veamos lo que siempre estuvo allí. Observa los ojos de quienes nos rodean mañana en el bulevar; verás que la 'Salomé' de la que tanto te quejas camina en cada esquina, oculta tras una mirada que cree que nadie sabe leer".

La hermana se queda en silencio, sintiendo que París, con sus luces y su música, es en realidad un bosque de ojos hambrientos donde ya nada, ni nadie, es lo que parece.

En todos tiempos en el pasado, el presente y futuro, es parte de la naturaleza humana, hay mujeres aman a las mujeres desde niña, y al revés los hombre. el homosexualismo y lesbianismo es algo nace, lo que pasa es que las personas se rigen por la moral, la ley o religión, lo reprime en sus conciencias, para que no hagan perversiones, pero a veces inconscientemente surge por su naturaleza, imposible detenerlos, esta fuera de su conciencia.

El hermano asiente lentamente, dejando que el humo de su cigarro o el vapor del café flote entre ellos como una confesión compartida. Su tono ya no es de escándalo, sino de una aceptación casi científica, la de quien ha comprendido que las leyes de los hombres son a menudo castillos de arena frente al océano de la biología.

1. La Fuerza Inevitable de la Naturaleza

El hermano expande tu reflexión, dándole una dimensión universal que atraviesa los siglos:

Lo que nace vs. Lo que se hace: "Tienes razón, hermana. No es una moda de París ni un invento de este Wilde. Es una semilla que viene en la sangre. He visto en los archivos de Estambul y en las crónicas antiguas que esto ha existido desde que el primer hombre miró al cielo. La religión y la ley son como diques que intentan contener un río; pueden desviar el agua por un tiempo, pero la fuerza del río siempre está ahí, empujando bajo la superficie".

El Impulso Inconsciente: "Incluso el hombre más devoto o la mujer más recatada pueden sentir ese tirón en las entrañas. No es una elección, es un instinto que surge 'fuera de su conciencia'. Como el hambre o la sed, no se puede razonar con ello; simplemente existe".

2. El Conflicto entre la Conciencia y la Represión

La conversación se vuelve más profunda al tocar cómo la sociedad intenta "domar" esa naturaleza:

La Cárcel de la Moral: "La moral es el freno que nos ponemos para no destruir el orden social, pero es un freno que chirría. Wilde personifica ese chirrido. Su Salomé es el estallido de lo que ha estado reprimido demasiado tiempo. Lo que a ti te parece un 'asco antinatural', para el dramaturgo es simplemente la naturaleza reclamando su lugar con violencia porque no se le permitió existir en paz".

El "Vicio" como Etiqueta: "Llamamos 'perversión' a lo que nos da miedo. Pero si miramos con atención, lo que vemos es a seres humanos luchando contra su propio diseño. Esa lucha es la que yo veo en los ojos de la gente en el teatro: la batalla entre lo que el mundo les obliga a ser y lo que su sangre les dicta".

La Dualidad Humana en el Salón

Concepto La Máscara (Ley/Religión) La Realidad (Naturaleza)
Origen Impuesta por la sociedad y la crianza. Nace con la persona, desde la niñez.
Control Represión consciente, miedo al castigo. Impulso inconsciente, imposible de detener.
Manifestación El "buen ciudadano" o la "madre ejemplar". La mirada, el gesto involuntario, el deseo oculto.

3. La Visión de la Sirvienta: La Naturaleza como Destino

La sirvienta, aunque asustada por la audacia de las palabras del hermano, reconoce algo de verdad en lo que dice. En el campo, ella ha visto animales y personas que "no encajaban", y sabe que la naturaleza tiene sus propios caminos, a veces oscuros.

El Pensamiento de la Sirvienta: "El señor habla como si leyera el destino en las palmas de las manos. Es verdad que hay quienes nacen con el alma girada hacia otro lado. En mi tierra decimos que son 'tocados por la luna'. No es que quieran ser malos, es que su camino ya estaba trazado antes de nacer. Pero que sea naturaleza no lo hace menos peligroso para el resto de la aldea". Ella siente una lástima profunda, no por el pecado, sino por la soledad de quienes nacen con esa "marca" invisible.

La Sentencia Final del Hermano

Él mira a su hermana, cuya mano aún aprieta el abanico, y concluye con una calma devastadora:

"No temas a la obra, hermana. Teme a la verdad que la obra nos recuerda: que somos animales vestidos de seda, y que por más que recitemos versos sagrados, hay fuegos internos que ninguna oración puede apagar. Salomé solo nos mostró el incendio; pero el combustible... el combustible lo llevamos todos dentro desde el día en que nacemos".

La hermana guarda silencio, comprendiendo que el "asco" que sintió en la ópera no era por la ficción de Strauss, sino por el reconocimiento de esa fuerza indomable que ahora sabe que acecha en cada esquina del mundo, incluso en los ojos de quienes más ama.

Hombre y las mujeres viven en sociedad, amarrados por la ley divina, humana y moral. Esta ley controla y somete, para caer en el caos, como la obra strauss

Exactamente. Tu reflexión da en el clavo del conflicto central de la obra y de la civilización misma: la tensión entre el instinto y el orden. El hermano, al escucharte, apaga su cigarro y asiente con una gravedad que casi parece respeto. Para él, Salomé no es solo una historia escandalosa; es el ejemplo perfecto de qué sucede cuando los "amarres" se rompen.

Aquí te presento el análisis de cómo esos tres pilares intentan contener el caos:

1. La Ley Divina: El Temor al Creador

En la mente de la hermana y de la sirvienta, esta es la cadena más fuerte, pero también la más interna.

El Freno del Alma: La ley de Dios no solo prohíbe el acto, sino el pensamiento. "Nos rige la conciencia," diría la hermana, "porque sabemos que hay un ojo que todo lo ve, incluso en la oscuridad del palco".

El Caos de Salomé: En la obra, el Profeta representa esta ley. Al decapitarlo, Salomé no solo mata a un hombre; intenta "matar" la voz de Dios que le impide cumplir su deseo. El caos surge cuando el ser humano cree que puede silenciar lo sagrado.

2. La Ley Humana: El Orden del Sultán y el Estado

Esta es la ley que el hermano conoce bien; la que se escribe en los códigos y se defiende con la espada.

El Sometimiento Necesario: "Vivimos amarrados," explicaría el hermano, "porque sin esa cuerda, el hombre es un lobo para el hombre. La ley turca, la ley francesa... todas sirven para lo mismo: evitar que el capricho de uno se convierta en la tragedia de muchos".

El Caos de Herodes: Herodes es un gobernante que traiciona la ley humana. Al actuar por lujuria y no por justicia, permite que su palacio se convierta en un matadero. Cuando el líder se somete a sus vicios, la sociedad entera cae en el abismo.

3. La Ley Moral: El Velo de la Sociedad

Esta es la ley del "qué dirán", la del honor familiar y el decoro. Es la que hizo que las mujeres usaran sus abanicos.

El Control del Deseo: La moral nos obliga a reprimir lo que nace de nuestra naturaleza si eso daña nuestro linaje. "Es el velo que nos ponemos," piensa la señora, "no para ocultar la belleza, sino para contener la fiera que llevamos dentro".

La Perversión de la Obra: Strauss nos muestra el momento exacto en que la moral se rasga. El baile de los siete velos es la metáfora de cómo se van cayendo, uno a uno, los controles sociales hasta quedar la "verdad" desnuda y sangrienta.

El Triángulo del Control vs. El Caos

Tipo de Ley Herramienta de Control Consecuencia de su Ruptura
Divina La Fe y el Juicio Final. Sacrilegio y vacío espiritual.
Humana El Castigo y la Cárcel. Tiranía y anarquía (el fin del Reino).
Moral El Honor y la Vergüenza. Perversión y locura (Salomé).

La Reflexión Final del Hermano

Él mira por la ventana del salón hacia las luces de París, esa ciudad que se jacta de su libertad, y concluye:

"Tienes razón, hermana. La sociedad es una balsa en un océano de lava. Las leyes son los maderos que nos mantienen a flote. Strauss y Wilde nos han invitado a saltar al fuego, a ver qué pasa cuando nos 'desamarramos'. El resultado es ese beso y esa sangre. Lo que ellos llaman 'vanguardia', yo lo llamo el fin de la estructura que nos hace humanos. Sin el sometimiento de la ley, solo queda el grito de la bestia".

La sirvienta, que ha escuchado todo mientras servía el último café, se santigua o toca su amuleto en silencio. Para ella, no hay "ley humana" que valga si no hay temor a Dios, y siente que en ese palco de la ópera, todos —desde el músico hasta el público— jugaron a soltarse las amarras, sin darse cuenta de que el caos no es una función de teatro, sino una sombra que, una vez liberada, ya no se puede encerrar.

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