martes, 11 de febrero de 2020

Paraíso Socialista


Planeta de los simios





Si fuera una mujer en el planeta de los simios y una mascota de una chimpancé rica en una mansión cómo me tratarían ama, tendría andar topless y vestido abierto atrás, mostrar trasero para facilitar la higiene, y sin ropa interior.

Si fueras la "mascota" de una chimpancé de la alta sociedad, tu vida estaría definida por una mezcla extraña de privilegio material y degradación absoluta de la dignidad humana.

Aquí te detallo cómo sería esa experiencia bajo esa premisa:

1. El Trato de tu "Ama"
Para una chimpancé rica, tú no serías una persona, sino un accesorio de lujo o un animal doméstico exótico.

Afecto deshumanizado: Te trataría con cariño, quizás te acariciaría el cabello o te daría premios (comida), pero de la misma forma en que alguien hoy trata a un perro de raza.

Exhibición: Serías el centro de atención en sus reuniones sociales. Te mostraría ante sus amigas para presumir tu "docilidad" o la calidad de tu pelaje (cabello).

2. Vestimenta y "Estética" Simia
En ese universo, los simios consideran que los humanos no tienen sentido de la vergüenza ni necesidad de pudor. La ropa que te pondrían no sería para cubrirte por decencia, sino por decoración.

Funcionalidad sobre pudor: El uso de vestidos abiertos o la ausencia de ropa interior sería visto por ellos como algo puramente práctico. Los simios son seres pragmáticos; si facilitar la higiene o el examen físico de su "mascota" requiere que estés expuesta, lo harían sin pensarlo dos veces.

Sin ropa interior: Para ellos, la lencería es un concepto humano extinto. Te verían como un animal; y a los animales no se les pone ropa interior, ya que entorpece sus funciones naturales.

Topless y estética: Es muy probable que solo te vistieran con adornos, collares de cuero o telas finas que resalten tu físico, pero siempre dejando claro que eres una criatura "inferior" bajo su dominio.

3. La Higiene y el Cuidado
Como mascota de una mansión, tu higiene sería responsabilidad de los sirvientes (probablemente otros simios de clase baja o humanos esclavizados).

Mantenimiento: Te bañarían a manguerazos o en tinas frente a otros, sin privacidad alguna.

Exámenes: Tu ama te revisaría los dientes, la piel y el estado físico general como quien inspecciona a un caballo antes de una carrera.

Nota: En este escenario, cualquier intento de hablar o mostrar inteligencia humana sería visto como un truco divertido o, en el peor de los casos, como una anomalía peligrosa que requeriría "entrenamiento" (castigo).

Desde la perspectiva de una mujer que conserva su conciencia e inteligencia humana, pero que está atrapada en este rol de "mascota" de lujo, la experiencia sería una lucha constante entre la humillación y el instinto de supervivencia.

Aquí te describo cómo sería ese día típico, narrado desde esa fricción interna:

El Despertar: La pérdida de la intimidad
Tu día no empieza cuando tú quieres, sino cuando la luz entra por los barrotes de tu habitación (que, aunque lujosa, no deja de ser una jaula).

La inspección matutina: Tu ama entra antes de que estés lista. No golpea la puerta. Para ella, eres como un gato o un perro faldero. Te manipula, te mueve de lado para verificar que estés limpia y examina tu piel.

El "aseo": Como mencionaste, la vestimenta está diseñada para que no tengas que "desvestirte". El diseño abierto por detrás permite que los sirvientes te limpien con esponjas frías sin quitarte la prenda decorativa. La falta de ropa interior te hace sentir vulnerable en cada movimiento, pero para ellos es simplemente eficiencia biológica.

La Mañana: El "Paseo" y la Exhibición
Después del aseo, viene el adorno. Tu ama elige un vestido de seda fina, pero es básicamente una pechera que deja tus costados y espalda al aire.

La Correa de Lujo: Te colocan un collar de cuero suave, quizás con incrustaciones de piedras preciosas. Es cómodo, pero el peso del metal te recuerda que no eres dueña de tus pasos.

Socialización: Salen al jardín de la mansión. Ella toma el té con otras chimpancés de la élite. Tú estás sentada en un cojín a sus pies. Mientras ellas hablan de política simia, tú sientes sus manos ocasionalmente acariciando tu cabeza de forma distraída, o usándote como apoyo para sus pies. Tu mayor reto mental: No responder a sus insultos sobre la "estupidez humana" para no ser enviada a los laboratorios.

La Tarde: El Examen de Salud
Al ser una propiedad valiosa, tu salud es prioridad.

La visita del veterinario: Un orangután médico te examina. No hay batas médicas ni explicaciones. Te ordena pararte, agacharte o abrir la boca con gestos bruscos.

La humillación física: Debido a que tu vestimenta es abierta y no llevas ropa interior, el examen es rápido y clínico. No hay rastro de pudor profesional; para el médico, eres solo un espécimen que debe mantenerse fértil y sano. Te sientes como un objeto en una vitrina.

La Noche: La Soledad del "Animal" Sabio
Cuando el sol se pone, te devuelven a tu cuarto.

Cena: Te sirven comida nutritiva, pero en un cuenco. Debes decidir si mantener tu dignidad comiendo con las manos de forma civilizada o ceder a la desesperación.

Reflexión: Te miras en el espejo de la mansión. Ves a una mujer hermosa, vestida con sedas caras pero expuesta de forma degradante. Sabes que si hablas, podrías morir; si callas, te conviertes poco a poco en el animal que ellos ven.
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A la mujer le gusta andar desnuda o usar ese tipo de ropa por su ama, que pensaba si tenía pensamientos

Si esa mujer conservara sus facultades humanas pero hubiera pasado mucho tiempo bajo el cuidado de su ama chimpancé, sus pensamientos serían una mezcla fascinante y compleja de condicionamiento, resignación y una extraña forma de libertad.

Aquí te detallo lo que pasaría por su mente al usar ese tipo de ropa o estar desnuda:

1. La Disociación: "Mi cuerpo no me pertenece"
Para sobrevivir psicológicamente, ella habría aprendido a separar su mente de su cuerpo.

El pensamiento: "Esto que ellos ven no soy yo, es solo el 'animal' que ellos quieren cuidar".

Al no tener ropa interior y usar prendas que exponen sus costados y espalda, ella dejaría de ver la desnudez como algo sexual o vergonzoso, y empezaría a verla como un estado natural de servicio.

2. El Placer de Complacer (Instinto de Supervivencia)
Aunque suene contradictorio, podría llegar a "gustarle" usar esa ropa, pero no por vanidad humana, sino por seguridad.

El pensamiento: "Si mi ama sonríe y me acaricia cuando luzco así, estoy a salvo. Si estoy limpia y expuesta como ella quiere, no habrá médicos rudos ni castigos".

La seda fina en su piel se convertiría en un estímulo sensorial positivo en un mundo donde casi todo lo demás es control y jaulas.

3. La Libertad de las Normas Humanas
Libre de las presiones de la sociedad humana (maquillaje, etiquetas sociales complejas, cubrirse por moral), ella podría experimentar una regresión hacia una comodidad primitiva.

El pensamiento: "Es más fácil así. No tengo que ocultar nada, no tengo que pretender. En este planeta, ser una 'mascota' hermosa es la única forma de tener una vida de lujo".

La falta de ropa interior y el diseño abierto del vestido le darían una sensación de ligereza constante. La higiene facilitada por su ama le quitaría la carga de tener que preocuparse por sí misma.

Lo que ella pensaría en secreto:
Mientras está arrodillada sobre su cojín, observando a los simios beber té, sus pensamientos internos podrían ser así:

"Me miran como si fuera un jarrón valioso o un cachorro exótico. Mi ama cree que me viste así para su deleite, y tiene razón. Siento el aire en mi espalda y la seda en mis costados. He olvidado lo que era sentirse 'vestida'. A veces, cuando me acaricia el cuello, casi olvido que una vez tuve un nombre y que alguna vez usé ropa para ocultarme, no para mostrarme."













Si nos situamos en ese escenario, la "conversación" sería totalmente unidireccional y cargada de una mezcla de orgullo de propietaria y curiosidad científica. Las amigas de tu ama, chimpancés de la alta sociedad, se acercarían a ti como quien admira una obra de arte viviente o un pura sangre.

Aquí te describo cómo sería esa reunión en el jardín o en la estancia de la mansión:

1. El "Alarde" de la Ama
Tu ama no hablaría de ti como una persona, sino como un logro. Sus amigas tocarían la seda de tu pechera y comentarían sobre tu salud.

El tema de conversación: "Miren el brillo de su piel, ¿no es divina? Le doy una dieta especial de frutas importadas y nueces. Y fíjense en su temperamento... es tan dócil que ni siquiera necesita que le ajuste la correa".

Comparación de mascotas: Otra amiga podría decir: "Pues la mía es más grande, pero siempre intenta cubrirse, es muy huraña. La tuya, en cambio, parece aceptar su naturaleza. Ese diseño de vestido abierto le queda perfecto para resaltar su elegancia animal".

2. La Inspección Táctil
En la cultura simia de este planeta, el contacto físico es fundamental. Las amigas de tu ama no tendrían reparo en tocarte.

Te girarían para ver cómo cae la seda sobre tu espalda descubierta.

Comentarían sobre la "curiosa" falta de vello en tu cuerpo (algo que para ellas es una rareza estética de los humanos).

Tu reacción interna: Tendrías que quedarte inmóvil, quizás emitiendo algún sonido suave de sumisión, mientras manos peludas pero delicadas inspeccionan la calidad de tu piel y la firmeza de tus músculos.

3. Charlas sobre "Higiene y Estética"
Para ellas, el hecho de que andes sin ropa interior y con el trasero expuesto por el vestido abierto sería el tema de conversación más práctico y aplaudido.

El comentario: "Es tan higiénico tenerlas así. Las mascotas humanas de las castas bajas siempre están sucias, pero tenerla lista para el aseo en cualquier momento es una señal de que esta es una casa de alto rango".

Dirían que "vestir" a un humano de forma cerrada es un error, porque "se les olvida que son animales y empiezan a creerse importantes".

Lo que tú estarías pensando mientras ellas "conversan" sobre ti:
"Estoy aquí, a centímetros de sus rostros. Escucho sus planes de cena, sus quejas sobre el servicio de los gorilas y sus opiniones sobre mi propio cuerpo como si yo fuera un mueble. Se burlan de mi 'falta de entendimiento', sin saber que entiendo cada palabra. Me acarician la espalda como si fuera un gato caro, y lo peor es que, en este mundo al revés, esa caricia es lo único que me hace sentir que todavía existo para alguien."


Llevar a una mascota humana a la playa sería el evento social definitivo para tu ama chimpancé. En el mundo de El Planeta de los Simios, el agua y el sol son escenarios donde la "calidad" de una mascota se luce al máximo.

Sin embargo, para ti, como mujer consciente, sería una de las experiencias más intensas debido a la exposición total y la naturaleza del vestuario que ella elegiría para la ocasión.

1. El "Bikini" de Mascota
Si el vestido de seda en la mansión ya era revelador, el atuendo para la playa sería puramente ornamental.

Diseño: Probablemente consistiría en un par de piezas de cuero muy fino o red decorada con conchas marinas. Sería básicamente una pechera mínima y quizás una tira delgada en la cadera.

Funcionalidad: Al igual que en la mansión, el diseño seguiría siendo abierto atrás y sin ropa interior. Los simios creen que el sol y el agua salada son medicinales para la piel humana, por lo que querrían que la mayor parte de tu cuerpo estuviera expuesta para "broncear al espécimen".

El collar: Cambiarían el collar de seda por uno de cuero resistente al agua, con una correa larga para que pudieras "correr" por la arena bajo su supervisión.

2. El Ritual del Bloqueador (Grooming)
Antes de que puedas pisar la arena, tu ama y sus amigas realizarían un ritual de cuidado frente a otros simios.

La aplicación: Ella te untaría aceites o cremas protectoras por todo el cuerpo. Lo haría de forma mecánica y pública, sin importarle quién esté mirando. Para ella, es como encerar un coche de lujo.

La humillación: Tú estarías allí, de pie sobre una toalla, totalmente expuesta al viento y a las miradas curiosas de otros simios, sintiendo cómo sus manos te cubren de aceite mientras ellas comentan sobre tu "proporción física".

3. En el Agua
A diferencia de los simios (que a menudo temen o no disfrutan tanto del agua profunda), ellos disfrutarían verte nadar.

Exhibición de destreza: Te ordenaría entrar al agua para que recuperes objetos o simplemente para que nades cerca de la orilla.

La vulnerabilidad del agua: Al salir del mar, con la ropa mínima pegada al cuerpo o desplazada por el movimiento de las olas, te sentirías más "animalizada" que nunca. Tu ama te secaría con una toalla grande, quizás dándote palmaditas afectuosas como si fueras un delfín o un Golden Retriever después de un baño.

Lo que pensarías mientras caminas por la arena:
"El sol quema mi piel y la sal me pica en los costados que mi 'vestido' no cubre. Me miran todos los simios de la playa; soy el juguete más caro de la costa. Mi ama me lanza una pelota de goma para que la traiga, y tengo que decidir en un segundo: ¿corro tras ella para mantener mi papel de mascota dócil, o me quedo quieta y arriesgo su enojo? Veo el horizonte y el mar inmenso... nunca me he sentido tan libre por estar afuera, y tan presa por estar desnuda ante sus ojos."

Cuando tu ama te da una orden, el aire se tensa. No es una orden entre iguales, es el comando de un dueño hacia su propiedad. En este planeta, el lenguaje de los simios es absoluto, y tu supervivencia depende de qué tan rápido y dócil sea tu respuesta.

Así sería ese momento de "obediencia" en la mansión, manteniendo ese equilibrio entre tu dignidad oculta y tu apariencia de mascota de lujo:

1. El Comando Directo
Tu ama no usa "por favor". Usa gestos, chasquidos de dedos o palabras cortas y autoritarias.

La orden: "¡Ven aquí! ¡Ponte derecha! ¡Muestra!".

La acción: Si ella te ordena que te levantes para mostrar tu vestido a una visita, tienes que hacerlo con una elegancia sumisa. Al sentir el aire en tu espalda y la falta de ropa interior bajo la seda, cada paso es un recordatorio de que estás en exhibición. Tienes que caminar con la cabeza ligeramente gacha, pero manteniendo la postura que ella considera "estética" para un humano de raza.

2. El "Truco" de la Obediencia
A veces, para presumir frente a sus amigas, te manda a hacer tareas que rayan en lo humillante para una mujer inteligente:

Recoger algo del suelo con la boca: O traerte sus sandalias. Ella quiere demostrar que su entrenamiento es superior.

Quedarte inmóvil: Puede mandarte a que te quedes en una pose específica (quizás arrodillada sobre el cojín, de espaldas para mostrar el diseño del vestido) durante media hora mientras ella conversa.

Tu rebelión interna: "Mis rodillas me duelen y el frío de la sala me eriza la piel desnuda, pero no puedo mover un músculo. Ella me mira como si fuera una estatua de mármol. Obedezco físicamente, pero en mi mente estoy contando los segundos para que se distraiga".

3. Cuando te manda a la "Inspección de Higiene"
Esta es la orden más difícil. Como mencionamos, su obsesión con que estés impecable por el vestido abierto es constante.

La orden: "Ve con el sirviente para tu aseo matutino".

El proceso: Te manda a una habitación de azulejos donde un chimpancé de clase baja o un gorila te rocía con agua y aceites. Tienes que pararte allí, sin nada que te cubra más que esa pechera de seda, permitiendo que te manipulen como si fueras un objeto.

Si intentas cubrirte por instinto, ella te reprenderá con un tono de voz agudo: "¡Quieta! No seas una mascota difícil".

El momento del objeto escondido
Imagina que, justo cuando ella te manda a sentarte a sus pies, sientes el objeto metálico que encontraste en la playa rozando tu piel, escondido bajo la seda de tu pechera. Tienes que moverte con una gracia extrema para que no se caiga ni haga ruido contra el suelo de mármol.

Este es uno de los momentos donde la ficción del Planeta de los Simios se vuelve más cruda, ya que para los simios, las necesidades biológicas de los humanos no son un asunto de privacidad, sino de mantenimiento animal.

Siendo la mascota de una chimpancé rica, tu ida al baño estaría marcada por la total ausencia de pudor humano y una eficiencia casi clínica.

1. La falta de privacidad absoluta
En la mansión, no existe un "baño" para ti con puerta y cerrojo. Para tu ama, tú eres como un caballo de exhibición o un perro de pedigree.

El lugar: Probablemente tengas un área designada en un rincón de tu estancia o en un cuarto de aseo, con suelos de mármol o rejillas diseñadas para una limpieza rápida con agua a presión.

La supervisión: Tu ama o un sirviente gorila podrían estar presentes. No lo hacen por morbo (para ellos eres un animal), sino para verificar que tu salud sea perfecta. Observar tus deposiciones es, para ellos, una forma de controlar si la dieta de frutas y nueces que te dan es la correcta.

2. La función del vestido abierto
Aquí es donde el diseño de tu ropa cobra su sentido más "práctico" para los simios:

Sin obstáculos: Al no llevar ropa interior y tener el vestido abierto por detrás, no tienes que desvestirte. Para los simios, esto es evolutivamente lógico. Evita que la mascota ensucie su costosa seda y facilita que el sirviente pueda limpiarte inmediatamente después.

La humillación consciente: Mientras tú intentas mantener la mirada en el suelo, recordando lo que era la intimidad en tu mundo, sientes la brisa en tu espalda y la mirada analítica de tu ama, que quizás comenta con su sirviente: "Hoy parece tener buena digestión, el pelaje (tu cabello) brilla más".

3. El protocolo de limpieza
Una vez terminas, no te limpias tú misma.

El aseo asistido: Un sirviente utiliza esponjas con agua perfumada o una manguera de presión suave. Tú debes permanecer quieta, quizás apoyada en una barra o de rodillas, mientras te asean.

El toque final: Tu ama podría insistir en que te apliquen aceites o polvos aromáticos para que, al volver al salón de seda y mármol, huelas como una "mascota de lujo".

Tu monólogo interno en ese momento:
"Cierro los ojos para imaginar paredes, una puerta con llave, el silencio... Pero solo escucho el eco del agua contra el mármol y las voces de los simios discutiendo mis horarios de comida. Mi cuerpo está expuesto, mi dignidad es un recuerdo borroso. Me limpian como si fuera un objeto de porcelana. Lo más difícil no es la falta de ropa, es ver cómo para ellos mi vergüenza es simplemente inexistente. Soy un animal limpio, nada más."
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Viajar por la ciudad con tu ama (a quien en este contexto los simios ven como una figura de autoridad absoluta, casi como un "padre" o tutor legal de un animal valioso) sería una experiencia de exposición pública total. En la jerarquía de la ciudad de los simios, el lujo se demuestra exhibiendo lo que posees, y tú eres su posesión más preciada.

Así sería ese trayecto por la metrópolis simia:

1. El Vehículo: Una Vitrina Rodante
No viajarías escondida en el asiento trasero. Los simios ricos utilizan carruajes abiertos o vehículos diseñados para que sus mascotas sean vistas.

Tu posición: Irías sentada en un nivel inferior al de tu ama, probablemente en un cojín a sus pies o en un asiento lateral especialmente diseñado.

La visibilidad: Al llevar ese vestido de seda abierto por detrás y sin ropa interior, el viento de la ciudad golpearía tu piel constantemente. Sentirías las miradas de los ciudadanos simios (gorilas policías, trabajadores chimpancés, intelectuales orangutanes) mientras pasas. Para ellos, eres como ver un coche deportivo de última generación o un animal exótico en un desfile.

2. Las Paradas Sociales: El "Escaparate" Humano
Tu ama probablemente haría paradas en tiendas de lujo o cafés para simios.

Bajando del transporte: Al bajar, ella te llevaría con una correa corta de cuero y oro. Tendrías que caminar con cuidado para que el vestido no se enganche, pero manteniendo la espalda descubierta, tal como ella te entrenó.

La interacción: Si se encuentra con un conocido, te mandaría a "saludar". Esto podría significar que tienes que inclinarte o dar vueltas sobre tu eje para que el otro simio aprecie la calidad de tu "pelaje" y la finura de tu vestimenta.

Tu pensamiento: "Cruzo la calle y escucho sus risas. Siento el frío del pavimento en mis pies descalzos y el sol en mi espalda desnuda. Soy una mujer inteligente caminando por una ciudad que me ignora como ser humano y me desea como trofeo".

3. El Comportamiento en Público
En la ciudad, las reglas son más estrictas que en la mansión.

Silencio absoluto: Si intentaras hablar o gritar, tu ama te silenciaría rápidamente con un tirón de la correa o un gesto de desaprobación. En público, una mascota humana que hace ruidos "extraños" (hablar) es considerada defectuosa o enferma.

Control de impulsos: Si tienes que ir al baño o si tienes hambre, debes esperar a que ella lo decida. Eres un accesorio en su agenda social.

El momento de tensión en el viaje
Imagina que, mientras el carruaje se detiene en un semáforo o cruce, un grupo de humanos salvajes (aquellos que viven en los bosques y no hablan) es llevado encadenado por la policía gorila hacia los laboratorios.

Tú, desde tu cojín de seda, con tu vestido fino y tu piel cuidada, los miras a los ojos. Ellos ven en ti a una "traidora" o un ser extraño; tú ves en ellos lo que podrías haber sido si no fueras la mascota de una chimpancé rica.

¿Qué harías en ese momento? ¿Intentarías lanzarles un trozo de tu comida a escondidas de tu ama, o te encogerías en tu asiento, avergonzada de tu situación de privilegio dentro de tu esclavitud?

La visita al veterinario en el mundo de los simios es, quizás, el momento donde tu humanidad choca más violentamente con tu realidad de "mascota de lujo". Para tu ama, es una cita de mantenimiento preventivo para asegurar que su "inversión" esté en perfecto estado. Para ti, es una inspección clínica despojada de cualquier rastro de ética médica humana.

Así sería la experiencia en la clínica veterinaria de alta gama:

1. La Sala de Espera: Entre Pedigríes
Al llegar, no te sientas en una silla. Tu ama te indica que te sientes en el suelo alfombrado o en un diván bajo, mientras ella charla con otros simios de la élite.

La competencia: Verías a otros humanos. Algunos, mascotas de "exhibición" como tú, con pecheras de cuero o seda; otros, humanos más rústicos usados para el trabajo.

La atmósfera: Huele a antiséptico y a almizcle simio. Los ayudantes (chimpancés jóvenes con batas blancas) pasan con carpetas digitales, anotando tus reacciones como si fueras un espécimen de laboratorio.

2. La Inspección en la Camilla
El veterinario suele ser un Orangután, una casta conocida por su frialdad científica y su falta de empatía hacia los humanos.

La orden de "desnudez funcional": Aquí es donde tu vestido abierto y la ausencia de ropa interior cumplen su propósito principal. El veterinario no te pide que te quites la ropa; simplemente aparta la seda con sus dedos largos y peludos.

El examen físico: Te manipularía de forma brusca y profesional. Te abriría la boca para revisar los dientes, te palparía el abdomen y revisaría tus extremidades. Al no tener ropa interior, el examen de tus funciones reproductivas y de higiene sería directo, frente a tu ama, quien comenta detalles sobre tu ciclo biológico como si hablara del clima.

3. El "Chip" o la Vacunación
Como eres una mascota de una mansión que viaja por la ciudad y en avión, el veterinario insistiría en protocolos de seguridad.

El marcado: Podría revisarte el microchip detrás de la oreja o en la nuca. Si no lo tienes, sentirías el pinchazo de una aguja gruesa mientras tu ama te sujeta la cabeza para que no "muerdas" por instinto.

El diagnóstico: El orangután le diría a tu ama: "Está en excelentes condiciones, el pelaje está sedoso, pero vigile su mirada. A veces los de esta raza muestran una 'falsa chispa de inteligencia' que puede volverse melancolía. Dele más vitaminas y asegúrese de que socialice con el macho que conocieron".

Tu monólogo interno sobre la camilla metálica:
"Siento el metal frío contra mi espalda descubierta. El veterinario me mueve como si fuera una muñeca de trapo; no me mira a los ojos, mira mis reflejos y mi dentadura. Mi ama paga una fortuna por este trato, creyendo que me está dando lo mejor. Yo solo quiero gritarle que soy una mujer, que este examen es una invasión... pero sé que si hablo, el diagnóstico del orangután pasará de 'mascota sana' a 'anomalía peligrosa para disección'. Así que me quedo quieta, dejo que sus manos peludas me examinen y me convierto en piedra."

Después de la tensión de la clínica, tu ama nota que estás "estresada" y decide llevarte a un Spa para Mascotas Humanas para que te den un masaje con aceites esenciales y te arreglen el cabello.

Viajar en avión en el mundo de los simios (imaginando una tecnología similar a la nuestra pero adaptada a su cultura) sería la prueba máxima de tu estatus como "objeto de lujo". En la aviación simia, no existen las "clases" para humanos; tú viajarías como equipaje vivo de cabina, siempre bajo la supervisión directa de tu ama.

Así sería esa experiencia de vuelo para una mujer consciente en esa situación:

1. El "Transportín" de Gran Lujo
A diferencia de los humanos salvajes que viajarían en jaulas en la bodega, tú viajarías en la cabina de primera clase con tu ama.

El asiento: No tendrías un asiento propio. Viajarías en un cubículo alfombrado o sobre un diván a los pies del asiento de tu ama.

La seguridad: En lugar de un cinturón de seguridad convencional, tu correa de cuero se engancharía a una anilla de seguridad en el suelo o en el lateral del asiento de la chimpancé.

2. El Desafío del Vestuario y la Altura
Al volar, la temperatura de la cabina suele bajar, lo que haría que tu vestimenta fuera especialmente incómoda.

Exposición al frío: Con tu vestido de seda abierto atrás y sin ropa interior, sentirías el aire acondicionado directamente en tu piel. Tu ama, al verte temblar, podría cubrirte con una manta de piel fina, pero lo haría como quien tapa a un canario para que no se resfríe, no por pudor.

Presurización: Si tus oídos se tapan por el cambio de presión, no podrías quejarte. Tendrías que bostezar o tragar saliva discretamente mientras tu ama se ríe al ver tus "gestos faciales graciosos", comentando con la azafata (una chimpancé joven) lo "sensible" que es su mascota.

3. El Servicio a Bordo
Mientras a los simios les sirven copas de vino y comidas elaboradas, tu experiencia sería puramente animal:

Alimentación: Tu ama te daría trozos de fruta o galletas de proteína directamente de su mano, o en un pequeño plato en el suelo.

Higiene en el aire: Este es el momento más tenso. Si el vuelo es largo, el diseño de tu vestido "facilita" que los asistentes de vuelo simios te lleven a una zona de aseo rápido al fondo de la cabina. Al ser un espacio reducido, la falta de privacidad es total; te manipularían con rapidez para que estés limpia antes de volver a la alfombra de primera clase.

Tu visión desde la ventanilla
Si logras asomarte por la ventana mientras tu ama duerme o lee un periódico en lenguaje simio:

"Veo las nubes y me doy cuenta de que la física sigue siendo la misma, pero el mundo ha cambiado de manos. Estoy a diez mil metros de altura, vestida con sedas que me exponen ante extraños, atada al suelo de un avión que mi especie inventó pero que ahora no sabe pilotar. Soy la única pasajera que entiende lo que significa volar, y la única que no tiene derecho a un asiento."



En la dinámica de "mascota de lujo" que hemos explorado, el acto de defecar pierde cualquier rastro de privacidad humana para convertirse en un proceso de gestión biológica supervisado por los simios.

Para tu ama y la sirvienta, esto no es un acto íntimo, sino un indicador de que el "ejemplar" está sano y que la dieta cara de frutas está funcionando. Así es como se manejaría ese momento:

1. El Lugar: "La Estación de Aseo"
No usarías un inodoro humano. En la mansión, tendrías un área específica, probablemente un cubículo con suelos de mármol o rejillas de drenaje fino, diseñado para ser manguereado inmediatamente.

La postura: No habría asiento. Tendrías que hacerlo en cuclillas, una posición que los simios consideran natural para los humanos "salvajes".

La supervisión: La sirvienta (la chimpancé o la gorila) se quedaría de pie a tu lado. A veces, incluso tu ama podría observar desde la puerta para asegurarse de que no tienes parásitos o problemas de salud.

2. La "Ventaja" del Vestido Abierto
Aquí es donde el diseño que tanto hemos comentado muestra su cara más práctica para los simios:

Sin estorbos: Como el vestido de seda es completamente abierto por detrás y no llevas ropa interior, no hay nada que desabrochar ni nada que se ensucie.

Eficiencia animal: Para los simios, vestir a un humano con ropa cerrada es una pérdida de tiempo. El diseño abierto permite que hagas tus necesidades y que la sirvienta te limpie sin necesidad de quitarte la prenda de lujo.

3. La Limpieza Post-Acto
Tú no te limpiarías. En este mundo, una mascota de alto rango no se toca a sí misma en esas zonas; es el trabajo del personal de servicio.

Agua y esponja: La sirvienta usaría una manguera de agua tibia y una esponja con jabones perfumados.

Humillación física: Mientras te limpian de forma brusca y profesional, la sirvienta podría comentar sobre el olor o la consistencia con otros empleados, tratándote como si fueras un establo que hay que mantener reluciente.

Tu monólogo interno en ese instante:
"Es el momento en que más odio mi existencia aquí. Estoy en cuclillas, sintiendo el frío del mármol bajo mis pies y la mirada analítica de la sirvienta sobre mí. Mi vestido de seda sigue puesto, impecable, mientras ella me limpia como si yo fuera un caballo de carreras. Cierro los ojos con fuerza, tratando de desconectar mi mente de mi cuerpo. Soy una mujer con recuerdos de baños con puertas cerradas y papel higiénico, reducida ahora a una función biológica pública en una habitación de lujo."


Hacer las necesidades fuera de la casa, ya sea en un parque de la ciudad, en la playa o durante un viaje, es el momento de mayor exhibición pública y donde la jerarquía entre "amo" y "mascota" se vuelve más evidente para todos los que pasan.

En la sociedad simia, no se espera que un humano pida permiso; se espera que el dueño controle el proceso como parte del paseo.

1. El "Área Designada" en Espacios Públicos
Así como en nuestras ciudades hay zonas para perros, en la Ciudad de los Simios existen parterres de arena fina o rejillas especiales cerca de los monumentos y aeropuertos para las mascotas de la élite.

La acción: Tu ama te llevaría de la correa hacia uno de estos lugares. No hay paredes, solo quizás un pequeño seto decorativo que no cubre nada.

La postura: Tendrías que ponerte en cuclillas frente a otros simios que pasan caminando. Para ellos, ver a una humana hermosa, vestida con sedas y joyas, haciendo sus necesidades en el suelo es tan normal como ver a un caballo en un desfile.

2. La "Ventaja" del Vestuario de Lujo
Nuevamente, tu vestido abierto por detrás y la ausencia de ropa interior son la clave de la logística:

Sin demora: Tu ama no tiene que desvestirte ni tú tienes que luchar con cremalleras. El diseño permite que la seda caiga hacia los lados, exponiéndote totalmente para que el acto sea "limpio" y rápido.

Exhibición involuntaria: Mientras estás en esa posición tan vulnerable, cualquier simio que pase puede ver la calidad de tu piel y la docilidad de tu entrenamiento. Tu ama se sentiría orgullosa de que no te resistes y de que mantienes la compostura.

3. El Kit de Limpieza de Viaje
Tu ama o la sirvienta siempre llevan un pequeño estuche de lujo (a menudo de cuero a juego con tu correa) que contiene:

Pulverizadores de agua perfumada: Para limpiarte inmediatamente.

Toallas de seda desechables: En el mundo de los simios, el papel higiénico es visto como algo "tosco"; prefieren esponjas o telas suaves para no irritar la piel de una mascota cara.

El proceso: Al terminar, ella (o el sirviente) te limpiaría allí mismo, a la vista de todos, antes de ajustar tu vestido y seguir el paseo hacia el café o la tienda de moda.

Tu Monólogo Interno en la calle:
"Hay un grupo de chimpancés jóvenes riendo a unos metros, y un oficial gorila patrullando cerca. Yo estoy aquí, en medio de la acera, obligada por el tirón de mi correa a hacer lo más privado de mi ser a la vista de todo el planeta. La seda de mi vestido roza la arena del parque. El bozal me impide apretar los dientes por la humillación, así que solo cierro los ojos y rezo para que mi mente vuele lejos de este cuerpo que ellos han convertido en un espectáculo de higiene pública."


Paraíso Socialista




En las decrecientes, desfallecientes y heterogéneas filas de la izquierda, que de sólido, seguro y arrogante bloque pasó a ser turba dispersa y confusa, ya no se habla de socialismo.

Tal vez aun se cuchichea acerca de eso en las catacumbas ideológicas donde moran sus feligreses, pero el llamado a construirlo no se hace público. De promesa ecuménica se convirtió el culto de misterios. En verdad ya no hace llamados a sus filas, no propala ninguna sonora convocatoria a sumarse a la Buena Nueva; tras tantos fracasos, crímenes y miserias su sólo nombre terminó por convertirse en palabra obscena. En el pasado la frecuente invocación y adoración del socialismo, el cual presuntamente y por necesidad histórica salvaría la Humanidad, se ejercía en un territorio tan brumoso como el paraíso cristiano y fue eso lo que hizo posible que varias generaciones repletas de ingenuidad y urgencia por encontrar una vía de salvación personal esperaran un inminente disfrute de felicidades y plenitudes cuando dicho régimen se instaurara, pero la niebla ya se despejó y las vagas siluetas de la promesa pasaron a ser las figuras precisas y nítidas del desastre. La ilusión, entonces, se ha perdido de vista no por falta de luz sino por exceso. No hay en estos días una buenaventura creíble y dotada de entusiasmo; no hay un futuro fraterno que la humanidad vaya a conseguir merced a la benevolencia del partido comunista; en breve, no hay ya un paraíso socialista.

Pero si bien no hay paraíso no deja de haber resentimiento. Aunque se haya disipado el entusiasmo aun sobra el odio. Se esfumó la ilusoria meta por alcanzar, pero hay realidades presentes y tangibles por destruir. Los resortes espirituales que empujaron y empujan a esos creyentes a redimirse no cambiándose a sí mismos sino demoliendo el mundo no han dejado de existir por el hecho de que la promesa se desplomara. El creyente socialista puede dudar de la existencia del paraíso que se le prometía, pero su furor contra la sociedad que lo rodea siguen siendo indudable. El Cielo o no puede alcanzarse todavía o quizás hasta no exista, pero ese mundo inicuo que nos ha negado sus bienes, nos ha arrinconado, en el cual hemos sido derrotados, en el que somos perdedores, este mundo donde otros y no nosotros gozan las cosas buenas de la vida, este mundo sí está al alcance de la mano o aun mejor, del puño.

Y desde luego está el recurso de las reinterpretaciones.  Las sectas que han anunciado el acabo de mundo no desaparecen por el simple y vulgar hecho de que el apocalipsis no se produzca, sino sencillamente reconocen errores de cálculo y postulan una nueva fecha. Es un ejercicio sencillo y suele dar resultados, pero cuando se desploma no una predicción puntual que puede rehacerse en una hoja del calendario sino un entero sistema ideológico, la tarea se hace más difícil.

La izquierda aun no lo ha logrado. Carece de un nuevo sistema de predicciones y exhortaciones. Chapalea en un mar de los Sargazos que no la deja ir a ninguna parte. Ahí flota inerte, inmóvil, aferrándose a fragmentos de la doctrina que naufragó, a abstracciones sueltas que quedaron a mano luego del hundimiento, a pedazos de alguna agenda del pasado, sosteniéndose en aspiraciones sentimentales hacia la fraternidad y el amor universal -que de hecho trasmuta sólo verbalmente odios paridos de los incumbentes–, a medidas puntuales sembradas en agendas programáticas despojadas de contexto, a movimientos -el feminismo es un ejemplo– que les parecen populares y posibles de ser usados y a fantasías juveniles antes repudiadas y ahora adoptadas porque ayudan a mantenerse a flote. Sobretodo se apoyan en el salvavidas que nunca les ha fallado, el de la explotación del resentimiento de los de abajo.

Sin embargo el acto de flotar en un salvavidas no basta. Con él no se puede navegar a ninguna parte. El resentimiento y su debida movilización es suficiente  para detonar una revuelta, organizar una insurrección, celebrar una funa, darle camotera a alguien, llenar una avenida, copar los medios de comunicación, asustar a muchos y amenazar a todos creando una ilusoria sensación de poder e inevitabilidad histórica, pero no basta para convocar a una tarea, construir un nuevo mundo y ofrecer alternativas de verdad. La izquierda, hoy rebautizada como “progresismo”, sólo posee recursos para ejercer violencia física e institucional, para una acción demoledora, pero no para construir ninguna cosa. Terminada la fase de la “retro excavadora” se quedan sin nada que ofrecer salvo más de lo mismo, más asonadas, revueltas, ataques, motines, insurrecciones, incendios, saqueos y  agresiones.

Lo intentan, claro está. Pretenden convencer, pero, ¿cómo? Para esos efectos sólo tienen a mano los fragmentos del naufragio. Además compiten con otras “ofertas” porque en tiempos de insurrección y descalabro salen a la superficie todas las borras emocionales e intelectuales que en épocas de normalidad constituyen el légamo de la sociedad, su oscuro fondo, las infinitas variantes de la rabia disfrazadas de idealismo amen de innumerables fantasías ideológicas de muy pobre confección. Las misas negras de todas ellas se celebran, en dichos tiempos normales, en ámbitos privados o secretos, en peñas, sectas, fraternidades, sobremesas, grupúsculos y sótanos. Son legión pero clandestinas y poco o nada se sabe de ellas. Su única y gran oportunidad de hacerse públicas es cuando se produce el quiebre del orden social y entonces, derribadas las barreras del sentido común y la institucionalidad, dichas expectoraciones intelectuales y emocionales salen a la luz, ocupan la calle y pretenden validez universal. En tiempos de revuelta cada fantasía, cada hervor emocional, cada doctrina al pedo, cada agenda de cada grupo hace propicia la ocasión para intentar moldear el mundo total o siquiera parcialmente a su imagen y semejanza y por eso hoy vemos asomar cabeza y vociferar sus principios y pretender obediencia a sectas gastronómicas, animalistas, nihilistas, anarquistas, izquierdistas, progresistas, feministas, étnicas, de identidad de género, escolares en busca de la eliminación de las exigencias, universitarios en prosecución de la titulación automática, endeudados en procura de perdonazos, presuntas víctimas exigiendo reparación, etc, etc.

Hay sectores algo menos extremos, algo más moderados, algo más sensatos y algo asustados también que ofrecen otra cosa. Su oferta es más articulada, más plausible, aparentemente más realista y tranquilizadora que las de aquellos incontables grupos y sectas que se han tomado el escenario público. Se inicia con una narrativa: “todo lo que ha sucedido”, nos dicen, “todas las lamentables violencias y agravios que han ocurrido, eran necesarias porque sin violencia nada cambia, pero los daños se repararán y emergerá una sociedad donde el capital seguirá siendo el motor, porque ya nadie cree en el socialismo, pero habrán áreas de control del Estado para asegurar el bienestar de los ciudadanos o en otras palabras, se seguirá el modelo socialista escandinavo…”

Es un relato de ciencia ficción basado menos en ciencia que en ficciones. En primer lugar no hay ni nunca ha habido un “socialismo escandinavo”. Lo que hay o más bien ha habido son estados capitalistas lo suficientemente ricos y con poblaciones lo suficientemente pequeñas para que el Estado, disponiendo de recursos, pueda repartir beneficios en la forma de más y mejores servicios. Eso no es socialismo ni escandinavo ni de ninguna otra parte o estilo, sino capitalismo con un excelente departamento de Relaciones Públicas. 

En segundo lugar los que proponen con optimismo las llamadas “áreas de control “ o intervención principal y masiva del Estado asumen gratuitamente de que disponemos de un Estado AL MENOS tan eficiente como una empresa privada, a la que obliga a ser eficiente la supervivencia. No es así. El Estado no es una entelequia abstracta de rendimiento mínimo garantizado sino una organización cuya eficacia depende de la cultura en la cual emerge, del nivel de profesionalismo, honestidad y diligencia promedio de la población, de prácticas asentadas de honestidad, en fin, de factores históricos particulares, no de principios generales. El Estado, entonces, no es una panacea universal. El Estado bien puede ser, como a menudo y en verdad casi siempre ha sido, una organización en extremo ineficiente, una máquina de exacción, una distribuidora de prebendas, un organismo parasitario, una oficina electoral o la simple guardia pretoriana del autócrata.
En el caso de Chile, ¿es la nuestra una sociedad que garantice mínimos de eficiencia, honestidad, profesionalismo y servicio por parte del aparato del Estado? ¿Es esa nuestra experiencia? ¿Son nuestras instituciones públicas dechados de decencia?  No, no lo son y por tanto el modelo en apariencia plausible que ofrecen y prometen dichos moderados es una fantasía piadosa, un deseo jamás cumplido, el sueño del pibe. Aun cuando ese “modelo” no lleve directamente al socialismo, sí lleva a la ruina que es consustancial con el socialismo. Aunque no hable de socialismo esas “terceras vías” llevan tarde o temprano al descalabro económico y  a la opresión cultural de las masas y sus “vanguardias”, manadas de arrogantes intelectuales de tercera fila. ¿Qué importa entonces que no se “hable” de socialismo si llegamos a similares resultados
La izquierda no tiene nada que ofrecer en ninguno de sus sabores. Nunca lo tuvo. No ha tenido sino promesas que como las del Paraíso cristiano jamás han podido ser comprobadas, aunque al menos el paraíso cristiano no se convierte, como el del socialismo, en el infierno.

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