martes, 12 de febrero de 2019

Conde Jan Nepomucen Potocki de Piława



Retrato de Jan Potocki, por Alexander G. Warneck.

(Pików, 8 de marzo de 1761 - Uladowka, 2 de diciembre de 1815) fue un noble, científico, historiador y novelista polaco, capitán de zapadores del Ejército Polaco, célebre por su novela El manuscrito encontrado en Zaragoza.
De familia aristocrática, recibió una sólida educación clásica en Ginebra, Lausana y París, siendo ingeniero militar en Austria y Hungría. Erudito, viajero, etnólogo, arqueólogo e historiador, está considerado uno de los fundadores de la arqueología eslava. Su dominio de varios idiomas, polaco, ruso, francés, alemán, italiano, árabe, además de latín y griego clásicos, lo llevó a ejercer una de sus aficiones predilectas, viajar.

Biografía  

Escritor polaco, de origen noble, también conocido como el conde Potocki. Nació en el castillo de Pikow en Polonia, en la región de Podolia. A los 12 años marchó a Suiza, donde continuó sus estudios primero en Lausana y después en Ginebra. A su regreso a Polonia ingresó en la carrera militar, abandonada poco después para dedicarse a sus dos pasiones, los viajes y el estudio. Adquirió un conocimiento enciclopédico, y dominó casi todas las lenguas modernas, a la vez que se contagió del espíritu progresista que dominaba en la corte polaca.
Su primer viaje lo llevó a Turquía y Egipto, y más tarde a Marruecos, España, Holanda, Baja Sajonia, el Cáucaso y Mongolia.
Precursor del espíritu romántico que reinaría cincuenta años después, Potocki viajó al sur de Europa, visitó Italia, Sicilia y Malta, desde donde pasó a Túnez en 1779 como invitado del príncipe Alí-Bey y desde allí marchó a España. En España visitó Sevilla, Granada, Córdoba, Sierra Morena y Madrid, donde parece que conoció el estudio de Goya.
En 1781 inició un segundo viaje por Turquía, Grecia, Egipto, Albania y Montenegro y regresó en 1784 a Polonia. Se casó en 1785 con Julia Lumbmirska, con la que tuvo dos hijos. Fue invitado a París por su suegra, donde frecuentó círculos próximos al enciclopedismo de Diderot, a los ocultistas seguidores de Swedenbor y a los Rosa-Cruz. Viajó a Holanda, y allí fue testigo presencial de la insurrección popular contra el ejército prusiano.
Regresó a Polonia para participar como diputado de la Dieta a principios de 1788; desde su escaño propugnó la revolución desde arriba: la abolición de la esclavitud, la participación del tercer estado en las tareas de gobierno y el abandono del militarismo prusiano. Tachado de jacobino y vigilado por la policía, instaló en su palacio una imprenta clandestina en la que realizó panfletos revolucionarios. En junio de 1791 viajó a Marruecos, donde el caíd de Tetuán le recibió con grandes honores. Posteriormente viajó a Rabat como invitado del emperador Muley Yésid, y después a Larache, Arcila y Tánger. Durante su permanencia en Marruecos, España declaró la guerra a Marruecos, y Potocki decidió regresar a Cádiz para después visitar Coimbra, Cintra y Madrid. Regresó, finalmente a Varsovia, no sin antes participar en una sesión de la Asamblea Nacional Revolucionaria en París.
Tras la muerte de su esposa de tisis en 1794, dejó a sus hijos a cargo de su suegra y se dedicó, de nuevo, a viajar y estudiar.
En 1799 contrajo matrimonio con su prima Constance Potocka, con la que en 1801 tuvo un único hijo, Bernard. En los años siguientes se dedicó al estudio y a la realización de numerosas obras sobre etnología, historia, geografía y viajes. En 1804 en San Petersburgo publicó la primera parte de su extraordinaria novela El manuscrito encontrado en Zaragoza. Allí trabajó como alto funcionario de la Dirección de Asuntos Asiáticos.
En 1805 el zar Alejandro I le envió en misión diplomática a China, compuesta por más de 250 personas, y mandada por el conde Golovkine. Por deseo del zar, Potocki viajó con él como jefe de la misión científica adjunta. Al regreso de esta misión, el zar le nombró su consejero personal, cargo que ostentó hasta 1812 cuando los polacos se alzaron en masa contra el imperio ruso. Por esta razón, Potocki solicitó permiso del zar para retirarse a sus posesiones en Podolia, donde, desengañado de la vida pública, se consagró al estudio y al trabajo.
En 1815, después de la batalla de Waterloo, y perdidas todas las esperanzas de los polacos de tener una Polonia independiente, vivió sus últimos días aquejado de fiebres y con una fuerte depresión. Se suicidó en su biblioteca de un tiro en la sien con una bala de plata que el mismo fabricó.

Obras.

Originalmente las obras de Potocki están escritas en francés.

Parades y Cassandre démocrate, 1792; Les Bohémiens d'Andalousie, 1794; Éssai sur l'Historie Universelle; Recherches sur la Sarmatie, 1788; Voyage en Turquie et en Egypte, 1788; Voyage dans quelques parties de la Basse-Saxe pour la des antiquités slaves ou vendes, 1801; Fragments historiques et géographiques sur la Scythie, la Sarmartie et les Slaves, 1801; Historie primitive des Peuples de la Russie, 1802; Voyage dans les Steppes d'Astrakhan et du Caucase, 1802. Manuscrit trouvé a Saragossa, 1804.

El Manuscrito encontrado en Zaragoza (Alianza Editorial, Madrid) es una novela fantástica; publicada su primera parte en San Petersburgo en 1804, fue escrita en francés y es su obra mas conocida; en ella un supuesto soldado del ejército de Napoleón, en el sitio de la capital aragonesa, encuentra un manuscrito en el que se habla de bandidos, almas en pena y adictos a la cábala.
La primera edición de 1804 fue muy limitada. La segunda, con el título de Avadoro, historie espagnole, se publicó en París en 1813, con una extensión de cerca de mil páginas.
Cultura
‘Manuscrito encontrado en Zaragoza’, la obra maestra que definió la literatura fantástica occidental
Hace 220 años en San Petersburgo, fue publicada la primera parte de esta visionaria novela cuya trama involucra fantasmas, demonios y cabalistas, en un relato de historias como espejos firmado por el conde polaco Jan Potocki

Ian Castelo Espinoza
28 Jun, 2025

A inicios del siglo XIX, el conde polaco Jan Potocki continuó la tradición fantástica literaria en Europa con su novela 'Manuscrito encontrado en Zaragoza'.

El mundo se requiebra entre el sueño y la realidad dentro de Manuscrito encontrado en Zaragoza, la novela más famosa del conde polaco Jan Potocki (1761 - 1815) que se publicó a inicios del siglo XIX, definiendo así el rumbo de la literatura fantástica occidental.

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Posesión demoniaca, espectros, delirio y pecado mueven los hilos de la historia que está narrada a partir de distintas “jornadas” que constituyen cada uno de los capítulos de la novela, dentro de los cuales Potocki hace uso de la “myse-en-abyme” (puesta en abismo, por su traducción en francés), técnica literaria que consiste en insertar una historia dentro de otra historia, estructura común en obras de gran peso universal como Las mil y una noches, Don Quijote la Mancha o Los cuentos de Canterbury.

Sin embargo, antes de que Potocki cuente las jornadas del protagonista, el escritor abre la novela con una “advertencia” que pone en contexto las singularidades del supuesto manuscrito que contiene toda la historia.
Entre los aprisionamientos y masacres de la Guerra de Independencia Española (1808 - 1814), enmarcada en los conflictos napoleónicos que enfrentaron a la nación de Cervantes, Reino Unido y Portugal contra Francia, es hallado un manuscrito que encierra relatos enigmáticos sobre fantasmas y demonios.

El supuesto escrito es encontrado durante el enfrentamiento armado por un oficial anónimo del ejército francés, quien fue parte de la toma de la ciudad de Zaragoza y decide adentrarse en las profundidades de la región hasta dar con una casa abandonada.
“En un rincón advertí, sin embargo, esparcidos en el suelo varios cuadernos escritos, y al echarles una ojeada comprobé que contenían un manuscrito en español. Aunque mi conocimiento de esa lengua es escaso, sabía de ella lo necesario para darme cuenta de que era un texto entretenido, en el que se hablaba de bandidos, de almas en pena y de adictos a la cábala”.

Días después, el oficial es apresado por sus enemigos españoles, cuyo capitán no solo termina por perdonarle la vida al descubrir que conserva bajo su cuidado el manuscrito, sino que también lo invita a su casa y, tras varias insistencias del soldado francés, le hace una traducción al francés del enigmático texto.

Pasada esta anécdota, Potocki introduce al lector dentro de la mirada de Alfonso van Worden, un joven español nombrado capitán de las Guardias Valonas por el rey Felipe V, el cual cuenta en primera persona los extraños sucesos que le suceden en su camino por Sierra Morena - tierra mítica que pisaron Don Quijote y Sancho Panza - junto con su criado López y su zagal Mosquito.

En su intrincado viaje, cuyo destino es Madrid, Worden es advertido por el posadero de Andújar para que evite el camino de Sierra Morena a toda costa porque “no se sabe lo que puede ocurrir cuando los demonios se hacen dueños de una comarca”.

Sin embargo, el joven capitán ignora las advertencias del posadero en nombre de su honor y valentía. Poco tiempo después, Worden y sus dos acompañantes llegan al Valle de los Hermanos, una inquietante zona en la que se encuentran los cadáveres de dos bandidos colgados de un árbol.

A lo largo de las jornadas de van Worden, este enigmático espacio concentra gran parte de los sucesos cuyas fronteras pisan de manera incierta los terrenos de la ilusión, el delirio y lo sobrenatural. Pisar el Valle de los Hermanos implica para los personajes encadenarse a una condena indeterminada, quizás tan eterna como la misma llama del infierno. De hecho, en su primer paso por esta región, López y Mosquito desaparecen sin dejar un solo rastro, como si el viento se los hubiese llevado.

Alfonso, escéptico y aguerrido, continúa su camino por Sierra Morena hasta que se encuentra con la Venta Quemada, una lúgubre casa cuya inscripción termina por tentar al protagonista, sellando su destino para siempre. Dice la inscripción:

“Señores viajeros, tened la caridad de rogar por el alma de González de Murcia, que fue ventero de la Venta Quemada. Y sobre todo, seguid vuestro camino y no se os ocurra, bajo ningún pretexto, pasar aquí la noche”.

Fiel a su carácter rebelde y tenaz, el jefe de las Guardias Valonas hace lo contrario: dormir en la venta.

Al igual que el Valle de lo Hermanos, Venta Quemada es tierra fértil para extrañas apariciones. En medio de la noche, Worden descubre, al escuchar doce campanadas, que dos encantadoras mujeres -llamándose ellas mismas como sus primas- viven en la casa: Emina y Zibedea.

El encuentro con estas mujeres supone el desbordamiento psíquico, espiritual y físico de van Worden, quien se ve seducido por ellas al mismo tiempo que desconfiado, inquieto. “No sabía ya si eran mujeres o demonios disfrazados de mujer. No me atrevía siquiera a mirarlas. Puse mi mano sobre mis ojos, y me sentí desfallecer”.

A partir del encuentro de Alfonso con estos siniestros personajes, Manuscrito encontrado en Zaragoza adquiere claros tintes del género fantástico literario, pues a lo largo de la historia el lector no deja de dudar en torno a la naturaleza de los acontecimientos relacionados con Emina y Zibedea. Mientras que van Worden está seguro de que sus supuestas primas existen en la realidad, otros personajes, como el ermitaño, le aseguran que en realidad son demonios que lo están arrastrando al mismo infierno.

La inquietante presencia de estas mujeres de pronto se acerca más a la existencia de un orden sobrenatural dentro del mundo que a la experimentación del delirio en cuanto otros hombres son presa de sus encantos, como el cabalista don Pedro de Uceda, cuyo conocimiento de la cábala y las operaciones místicas del universo le permite ahondar sobre la naturaleza de los vampiros y su relación con Emina y Zibedea.

“Los vampiros, entre otros, son una invención nueva, si puede hablarse así. Yo distingo dos especies: los vampiros de Hungría y Polonia que son cadáveres que salen de sus tumbas durante la noche, y van a chupar la sangre de los humanos. Y los vampiros de España, que son espíritus inmundos que dan vida al primer cuerpo que encuentran y le infunden toda clase de apariencias y...”

El crítico literario Tzvetan Todorov, en su Introducción a la Literatura Fantástica, analiza la misteriosa aparición de estas mujeres al definir su concepción de lo fantástico literario, argumentando que la novela se podría considerar dentro de ese género porque la realidad misma de los personajes parece quebrarse.

Además, estos personajes femeninos se aproximan a la larga tradición literaria de la mujer como representación del demonio. Es decir, como símbolos del mal, del pecado y la perdición.

En su larga travesía, Alfonso van Worden es testigo de otras aventuras tan alucinantes como la suya, como la del filósofo Atenágoras, en donde Potocki ubica, valiéndose de su amplio conocimiento histórico y literario, el primer relato de fantasmas de la historia.

“Había en Atenas una casa muy grande y espaciosa, que se hallaba deshabitada. Con frecuencia, en el silencio más profundo de la noche, se oía un ruido de hierros que chocaban con otros hierros, y si se escuchaba con más atención, un ruido de cadenas que parecía venir de lejos e iba acercándose”.

Asimismo, la novela se vale del mito (la cábala) para reflexionar en torno a la palabra misma a través de la evocación poética.

“Sabéis que Adonai creó el mundo con la palabra, y después él mismo se hizo palabra. La palabra golpea el aire y el espíritu, y obra sobre los sentidos y sobre el alma”.

La novela fue publicada en dos partes, aunque ediciones posteriores solamente retomaron las partes relacionadas con lo fantástico.
Este 2025, se cumplen 220 años de la publicación completa de la primera parte de Manuscrito encontrado en Zaragoza, editada en San Petersburgo en 1805. La segunda parte se publicó en 1813 en París, a cargo del editor Gide Fils, la cual retomó algunos de los capítulos ya contenidos en el primer apartado.

Al año siguiente, el mismo editor reimprimió la obra con el título Las diez Jornadas de la Vida de Alfonso van Worden con algunos cambios y adiciones.
La novela, escrita originalmente en francés, fue traducida por primera vez al polaco en 1847 por Edmund Chojecki y en 1956 el académico Leszek Kukulski, uno de los especialistas en la vida y obra de Potocki más importantes, publicó en Varsovia una edición crítica del libro.
En 1958, el reconocido crítico literario Roger Callois publicó en la editorial francesa Gallimard una versión no completa de la novela que abarcó sobre todo la parte de la historia que mejor se inscribe en el género fantástico y cabalístico.
Uno de los encargados de traducir la novela de Potocki al castellano fue el escritor y crítico literario español José Luis Cano, quien retoma la versión no completa de Roger Callois para Alianza Editorial.
Jan Potocki nació el 8 de marzo de 1761 en el castillo polaco de Pikow y el 2 de diciembre de 1815, encerrado en su biblioteca, el autor se suicidó con un balazo de plata en la cabeza.



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