miércoles, 27 de enero de 2016

Fernando Villegas relata incidente que vivió en mall


Fernando Villegas relata incidente que vivió en mall

El sábado 20, el sociólogo y columnista de La Tercera tuvo un altercado en un acceso del Parque Arauco. (23/06/2009)

Sin darnos cuenta, debemos ser un país muy feliz, sin nada verdaderamente grave que examinar, para que los medios se hagan cargo de un evento tan insignificante, banal y corriente, como lo es un breve pugilato de 15 segundos de duración entre dos adultos, celebrado a la entrada de un mall.

El que uno de los protagonistas de esa payasada haya sido yo, persona conocida, no cambia en nada su insignificancia. No lo convierte en “noticia”, ni siquiera en “sabroso chisme”. Quizás la noticia -pero ya conocida por todos, muy a nuestro pesar- sea que haya siempre alguien dispuesto a precipitarse a un teléfono a contar lo que ha visto, por poca cosa que sea. Quizás la noticia sea, entonces, que hemos llegado a un nivel de hociconismo que no conoce límites.

¿Fue una pelea épica? 

Difícilmente lo es un pugilato entre ciudadanos de paz que por razones microscópicas caen en ese desaguisado. Ni siquiera saben intercambiar buenos golpes. No hay knock-outs, caídas estrepitosas, campanas salvadoras, seconds, toallas, apuestas, nada: sólo hay un par de tipos dándose aletazos sin mucha puntería ni consecuencias.

En este caso, tanto mi “rival” como yo, terminada la brega, nos ofrecimos mutuas explicaciones, convenimos en haber protagonizado una soberana tontería, nos dimos la mano y cada quien entró al mall a hacer sus compras. Ambos estábamos ilesos, pero algo abochornados. Ahí terminó todo y ahí debió quedar todo, salvo porque al día siguiente comenzaron los telefonazos, ni siquiera de la prensa deportiva especializada, sino de los profesionales del chisme. Mientras escribo estas líneas, no tengo la menor idea de en qué historia vayan a trasformar dichos especialistas mi negativa a decir nada, más allá de que dicha pelea fue asunto menor concluido en paz y sin víctimas fatales.

Sin embargo, ya que estamos en eso, aclaro de inmediato: el origen del altercado fue tan insignificante como lo son siempre las discusiones por espacio en el estacionamiento. No hubo una “narrativa” política o agravios que pueda recordar o sean memorables; no hubo nada, sino los insultos habituales de lado y lado y luego un estallido de agresión física mutua, prontamente detenida por la acción de buenos ciudadanos que se interpusieron rápidamente para que no siguiéramos haciendo  el ridículo.

En breve, una pelea callejera sin resultados mayores. Aun así, dada esa “repercusión” pública azuzada por la prensa, no he tenido otro remedio que escribir estas líneas para “aclarar el incidente”, como si fuera cosa que atañe a la nación.

Y ya que estamos en esto, hago propicia la ocasión para ofrecer disculpas a quienes estaban presentes, especialmente a las damas, las cuales se perturban cuando son testigos de estas situaciones. Las ofrezco, también, al señor con quien nos repartimos un par de malos combos por nuca, lo cual hago a nombre de la responsabilidad que a mí me toque asumir, así como acepto en el acto las que él pudiera darme por sus propias responsabilidades. Ambos fuimos por un momento un par de idiotas y si acaso alguna vez nos topamos de nuevo, espero que sólo sea frente a un Carmenère cosecha 2006 o más vieja.





Cuál es la relación de Fernando VIII con los bancos.

La relación de Fernando VIII con los bancos fue de absoluta desconfianza, control y arcaísmo. A diferencia de sus sucesores, que se integraron en el sistema financiero moderno, el "Rey Deseado" gobernó con una mentalidad del Antiguo Régimen, viendo a los bancos más como una amenaza a su poder absoluto o como un botín que explotar en momentos de crisis.

Aquí te detallo los puntos clave de este vínculo:

1. El Banco de San Carlos: El banco "intervenido"

Cuando Fernando VII regresó a España tras la Guerra de la Independencia, se encontró con el Banco de San Carlos (el antecesor del Banco de España, creado por Carlos III).

Hostilidad política: El rey desconfiaba del banco porque había servido a los gobiernos liberales y a la administración de José Bonaparte.

Uso como caja de caudales: En lugar de fomentar su independencia para sanear la economía, Fernando VII presionó a la entidad para que financiara sus constantes deudas personales y militares, lo que llevó al banco a una situación de asfixia técnica durante años.

2. La creación del Banco de San Fernando (1829)

Debido a que el Banco de San Carlos estaba prácticamente quebrado, el ministro de Hacienda de Fernando VII, Luis López Ballesteros, convenció al rey de crear una nueva institución: el Banco de San Fernando.

Un banco para el Rey: A diferencia de un banco central moderno, este nació con el objetivo principal de ser el apoyo financiero exclusivo de la Corona.

Privilegios: Fernando VII le otorgó el monopolio de la emisión de billetes en Madrid a cambio de que la entidad cubriera los agujeros de la Real Hacienda. Fue una relación de supervivencia mutua bajo las órdenes directas del monarca.

3. El rechazo a la Banca Internacional

Mientras el resto de Europa (especialmente tras la caída de Napoleón) empezaba a trabajar codo con codo con los grandes banqueros como los Rothschild, Fernando VII fue muy reticente.

El estigma de la religión: Como monarca absolutista y defensor de la fe católica, veía con recelo el capital que venía de banqueros judíos o protestantes del extranjero.

Préstamos desesperados: Solo al final de su reinado, cuando España perdió casi todas sus colonias americanas y el Tesoro estaba vacío, empezó a aceptar créditos de bancos franceses y holandeses, pero siempre bajo condiciones leoninas y con gran sospecha.

4. La Bolsa de Madrid (1831)

Bajo su reinado se fundó la Bolsa de Madrid. No fue por una convicción liberal del rey, sino por una necesidad técnica: el Estado necesitaba un lugar donde negociar la deuda pública que los bancos ya no podían absorber por sí solos. Fue un paso hacia la modernización financiera que el rey aceptó a regañadientes para evitar el colapso total.

5. Las "Maletas" de Fernando VII

A nivel personal, se rumoreaba que el rey no confiaba plenamente en los bancos españoles.

Siguiendo la tradición de los monarcas absolutistas, mantenía gran parte de su fortuna en metálico, joyas y cuentas privadas en el extranjero (principalmente en Londres), por si tenía que huir del país nuevamente (como ya había ocurrido con la invasión napoleónica).

Resumen de su perfil financiero

Característica Relación de Fernando VII con la Banca

Visión El banco debe estar al servicio del poder absoluto del Rey.
Institución Clave Banco de San Fernando (creado para su auxilio).
Conflicto Desconfianza hacia los banqueros liberales e internacionales.
Consecuencia España se quedó rezagada respecto a la revolución financiera europea.

Fernando VII fue el último rey que intentó tratar a los bancos como meros prestamistas forzosos. Tras su muerte, su viuda María Cristina de Nápoles y su hija Isabel II cambiarían esto radicalmente, integrándose de lleno en el capitalismo bancario.


Te gustaría saber más sobre cómo su ministro López Ballesteros logró convencer al rey para crear los primeros presupuestos modernos del Estado a pesar de su resistencia?

¡Es una historia de pura astucia política! Luis López Ballesteros fue probablemente el ministro más brillante de Fernando VII, un "tecnócrata" antes de que existiera el término, que logró algo que parecía imposible: poner orden en la caótica billetera de un rey absolutista.

Para convencer a Fernando VII, Ballesteros no apeló a la modernidad o a la justicia, sino al instinto de supervivencia y al poder personal del monarca. Aquí te explico su estrategia:

1. El argumento del "Orden como Poder"

Fernando VII odiaba que le dijeran en qué gastar su dinero. Ballesteros le dio la vuelta al argumento: le explicó que, sin un presupuesto, eran los acreedores y los funcionarios corruptos quienes controlaban al Rey.

La lógica: Si el Rey sabía exactamente cuánto entraba y cuánto salía, recuperaba el control total sobre sus ministros. Un presupuesto no era una limitación, sino una herramienta de mando.

2. La creación del primer Presupuesto General (1828)

Ballesteros convenció al Rey para publicar, por primera vez en la historia de España, el Presupuesto General del Estado.

El "Truco" del superávit: Ballesteros presentó las cuentas de forma que siempre pareciera que el Estado podía sostenerse. Esto dio una confianza sin precedentes a los banqueros extranjeros, que por fin empezaron a prestar dinero a España con intereses más bajos.

3. La Caja de Amortización: El muro de contención

Uno de los mayores logros de Ballesteros fue separar la deuda del Estado de los gastos diarios del Rey.

Creó la Caja de Amortización para gestionar los pagos a los bancos de forma automática. Esto evitaba que el Rey tuviera que decidir cada mes si pagaba a sus soldados o a los banqueros, eliminando el estrés financiero constante que tanto molestaba a Fernando VII.

4. El Ministerio de Fomento y la Bolsa

Ballesteros le vendió al Rey la idea de que España necesitaba un mercado de valores para que los ciudadanos "invirtieran en la Corona".

Al fundar la Bolsa de Madrid (1831), logró que el capital privado fluyera hacia el Estado sin que el Rey tuviera que pedir "limosna" o favores humillantes a la banca internacional.

5. La "paz" financiera

Gracias a Ballesteros, la última década de Fernando VII (la Década Ominosa) fue, paradójicamente, una de las más estables en lo económico. Ballesteros logró:
  • Centralizar las aduanas.
  • Crear el Código de Comercio (1829).
  • Fundar el Tribunal de Cuentas para vigilar que nadie robara... excepto quien el Rey permitiera.
En resumen: López Ballesteros convenció al Rey haciéndole creer que la modernización económica era la mejor forma de mantener el absolutismo. Fue el hombre que preparó el terreno para que, a la muerte del Rey, la banca ya estuviera lista para el gran salto que darían María Cristina de Nápoles e Isabel II.

¿Te gustaría que te contara qué pasó con este sistema cuando Fernando VII murió y estalló la Primera Guerra Carlista? El dinero de los bancos volvió a ser el protagonista.

¡Ese es el momento exacto en el que el sistema de Ballesteros saltó por los aires! Con la muerte de Fernando VII en 1833, España no solo heredó un problema de sucesión entre Isabel II y el infante Don Carlos, sino una quiebra técnica absoluta. El orden presupuestario desapareció para dar paso a la urgencia de las balas.

Aquí te cuento cómo el dinero de los bancos decidió, literalmente, quién ganaría la guerra:

1. Los bancos ante el dilema: ¿Isabel o Carlos?

La guerra fue, en el fondo, una lucha de créditos.

El bando carlista: Representaba el pasado, el absolutismo y la tradición. No tenía acceso a la gran banca internacional (que era liberal por naturaleza). Se financió mediante pequeñas aportaciones, exacciones en el territorio que controlaban y algunos préstamos de potencias absolutistas (Rusia, Prusia, Austria), pero siempre de forma precaria.

El bando isabelino: Representado por la regente María Cristina, entendió que para ganar necesitaba el apoyo de la burguesía y de los banqueros de Londres y París. Para atraer ese dinero, tuvieron que prometer reformas liberales. El dinero obligó a la monarquía a ser liberal.

2. Juan Álvarez Mendizábal: El banquero convertido en Ministro

Aquí entra en escena una de las figuras más polémicas de la historia: Mendizábal. Él no era un político de carrera, sino un financiero que había hecho fortuna en Londres.

Su misión era clara: conseguir dinero para que el ejército isabelino no se amotinara por falta de paga.

La Desamortización (1836): Fue su medida estrella. Al expropiar las tierras de la Iglesia y sacarlas a subasta, no solo buscaba dinero rápido, sino crear una nueva clase de propietarios (burgueses y banqueros) que, al comprar esas tierras, quedaban vinculados para siempre a la causa de Isabel II. Si ganaba Don Carlos, perderían sus tierras.

3. El papel crítico de los Rothschild

Durante la guerra, los Rothschild se convirtieron en el verdadero pulmón de la regente.

Facilitaron préstamos que permitieron comprar fusiles y uniformes.

A cambio, exigieron el control de las minas de Almadén. Fue un intercambio de "soberanía por supervivencia". Los banqueros sabían que el mercurio era un activo seguro, mientras que el trono de la niña Isabel era una apuesta de alto riesgo.

4. La quiebra del "Sistema Ballesteros"

El orden que López Ballesteros había intentado imponer se desmoronó:

Deuda flotante: El Estado empezó a emitir pagarés a corto plazo con intereses altísimos para pagar la guerra, creando una bola de nieve de deuda que España tardaría casi un siglo en digerir.

Dependencia total: La Corona dejó de ser la "dueña" de los bancos para convertirse en su "cliente cautivo".

5. El nacimiento de la nueva oligarquía

Al final de la guerra, los banqueros que habían financiado a Isabel II se convirtieron en los nuevos dueños del país. Muchos de ellos recibieron títulos de nobleza y pasaron a formar parte del Senado. La relación de "préstamos a cambio de favores" que mencionábamos con Isabel II nació precisamente en este caos de la guerra carlista.

En conclusión: La victoria de Isabel II no se decidió solo en los campos de batalla de Navarra o el Maestrazgo, sino en los despachos de Londres, París y Madrid. Los bancos apostaron por el bando liberal porque era el único que les ofrecía un mercado moderno donde invertir y tierras que comprar.

Qué pasó con Ballesteros

Tras la muerte de Fernando VII en 1833, el destino de Luis López Ballesteros fue el de un hombre atrapado entre dos mundos. Aunque había sido el arquitecto de la economía del absolutismo, su mentalidad técnica y ordenada no encajaba con el caos de la guerra civil y la política radical que estaba por venir.

Aquí te detallo qué fue de él y de su legado:

1. El retiro ante la tormenta
A la muerte del rey, Ballesteros fue consciente de que su tiempo había pasado. La nueva regente, María Cristina, necesitaba políticos que pudieran lidiar con la guerra y las exigencias de los liberales (como Mendizábal), no solo gestores de presupuestos.

Abandono del poder: Se retiró de la primera línea política casi de inmediato. Aunque era un hombre de confianza de la monarquía, su asociación con la "Década Ominosa" de Fernando VII lo hacía sospechoso para los liberales más exaltados.

2. Reconocimiento institucional

A pesar de las diferencias ideológicas, el sistema financiero que él construyó era tan sólido que los nuevos gobernantes no pudieron ignorarlo.

Prócer del Reino: En 1834, fue nombrado Prócer del Reino (un cargo similar a senador vitalicio) en el nuevo sistema parlamentario del Estatuto Real.

Voz de la experiencia: Durante sus últimos años, actuó como consultor informal. Los nuevos ministros de Hacienda, aunque querían cambiar el rumbo político, seguían consultando las estructuras de control que él había diseñado para el Banco de San Fernando y la Bolsa.

3. La amargura de ver su sistema desmoronarse

Lo más difícil para Ballesteros fue presenciar cómo la Primera Guerra Carlista destruía su mayor logro: el equilibrio presupuestario.

Vio cómo el Estado volvía a emitir deuda sin control y cómo se vendía el patrimonio nacional (la Desamortización) para pagar fusiles. Para un hombre obsesionado con el orden y la contabilidad, ver la Hacienda convertida en una "caja de guerra" fue un golpe personal.

4. Su fallecimiento y legado

Murió en Madrid en 1853, habiendo sobrevivido veinte años a Fernando VII. Para entonces, España ya estaba inmersa en la era del ferrocarril y la gran banca industrial.

El padre de la Hacienda moderna: Aunque sirvió a un rey absolutista, hoy es recordado como el fundador de la administración financiera moderna en España. Sin sus reformas previas, la transición económica del reinado de Isabel II habría sido imposible.

¿Qué quedó de su obra?

Paradójicamente, las instituciones que él creó para "salvar" el absolutismo fueron las que permitieron que el liberalismo sobreviviera:

El Presupuesto: Se convirtió en la ley anual más importante del país.

La Bolsa de Madrid: Pasó de ser un mercado de deuda real a ser el motor del capitalismo español.

El Ministerio de Hacienda: Su estructura interna apenas cambió en décadas, demostrando que su diseño era puramente técnico y eficaz.

¿Te gustaría saber por qué, a pesar de su gran labor, Ballesteros fue a menudo criticado por los liberales de la época como "el contable del tirano"?

La crítica de los liberales hacia López Ballesteros no era técnica, sino ética y política. Para los defensores de la libertad, Ballesteros fue el hombre que "maquilló" la cara económica del absolutismo, permitiendo que la tiranía de Fernando VII fuera sostenible.

Aquí te explico los motivos por los que se ganó ese apodo tan duro:

1. La "Eficiencia" al servicio del Absolutismo

Los liberales argumentaban que un gobierno despótico no debería ser eficiente. Si el Estado estaba en quiebra, era más probable que el Rey tuviera que ceder poder y convocar Cortes.

La crítica: Al sanear las cuentas, Ballesteros le dio a Fernando VII el oxígeno necesario para no tener que negociar con los liberales. "El contable" hizo que el absolutismo fuera viable económicamente, retrasando la llegada de la democracia.

2. El Presupuesto como Secreto de Estado

Aunque creó el primer presupuesto, Ballesteros lo manejaba con una opacidad que enfurecía a los intelectuales de la época.

Sin control nacional: Los liberales querían que el presupuesto fuera discutido y votado por los representantes de la nación. Ballesteros, en cambio, lo presentaba solo al Rey. Para sus críticos, esto no era modernización, sino "despotismo ilustrado": todo para el pueblo, pero sin el pueblo (y bajo el control del monarca).

3. El origen de los fondos

Para llenar las arcas, Ballesteros no dudó en mantener sistemas de recaudación que los liberales consideraban injustos o anticuados.

Aduanas e impuestos indirectos: Se le criticó por asfixiar el comercio interior mientras protegía los intereses de la Corona y de la aristocracia que apoyaba al régimen.

4. Su papel en la "Década Ominosa"

Ballesteros fue ministro durante el periodo más represivo de Fernando VII (1823-1833), una época de ejecuciones (como la de Mariana Pineda o Torrijos) y persecución política.

Cómplice por omisión: Mientras los liberales eran fusilados o enviados al exilio, Ballesteros seguía en su despacho contando reales. Para los exiliados en Londres o París, él era el facilitador que pagaba el sueldo a los verdugos y a la policía política del Rey.

5. La desconfianza del "Justo Medio"

Paradójicamente, Ballesteros también era criticado por los ultrarrealistas (los futuros carlistas), quienes lo consideraban "demasiado moderno" o secretamente liberal por querer crear una Bolsa y un Código de Comercio.

El hombre solo: Esto lo dejó en una posición aislada: para los liberales era un traidor a la libertad, y para los ultras era un caballo de Troya de la modernidad.

Un juicio histórico dividido
Hoy, la historia lo trata con más benevolencia. Se le ve como un profesional que entendió que, independientemente de quién gobernara, el Estado necesitaba una columna vertebral financiera. Sin embargo, en su tiempo, el estigma de ser quien "llevaba los libros" a un rey absolutista fue una mancha que nunca pudo borrar del todo.

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